Avance de la novela ‘El proteus anguinus’

Posted: 15th octubre 2012 by Aurora in Obras propias
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“Un ruido de guerra, por ejemplo, es el de los zapatos o las botas pisando sobre los cascotes al andar por una avenida cubierta de escombros. El ruido del coche que rueda y machaca los derribos, que parece que va saltando sobre una ciudad destruida como es Vukovar, en  noviembre de mil novecientos noventa y uno. Los esqueletos de los edificios que han conformado la avenida o la calle, edificios que están ahora en estructura, frecuentemente dañada, totalmente despojados, denuncian, mudos, los bombardeos. Otro ruido de guerra,  por ejemplo, es este desolado silencio”.

– ¿Apago la radio?.- preguntó el hijo.

– Sí, si quieres. Ya va siendo hora de marchar.

Mientras seguía cepillándose los dientes, le vino a la memoria un nombre de mujer. En realidad, se lo adjudicó a una mujer simplemente porque terminaba en –a. Nombre y apellido. O quizá fueran dos primeros nombres: Olivera Despina.

(Página 1)

***

En otra mesa, bajo otra de las lámparas que había impedido apagar a su chambelán, estaba una gran lámina en la que venía dibujando, desde hacía unos meses, la fortaleza que mandaría construir cuando tuviera el poder. Había memorizado las formas de una maqueta vista en la saleta del ala Oeste del palacio de Blanquerna. Era una fortaleza no enorme ni tampoco pequeña. En medio se elevaba un torreón cuadrado de seis plantas, alrededor del cual se organizaban unos edificios de una, dos y tres alturas. Estos edificios, que servían de alojamiento, recepción y gobierno, (ya iría más adelante poniendo letreros en cada uno), estaban cercados por un muro de cuatro metros de alto rodeado por un foso profundo y lleno de agua. Atención, Visoki, tienes que localizar primero el río, se dijo. A trechos regulares, sobre el muro, debería haber torres de vigilancia, y sobre todo en los ángulos de la fortificación. Como entrada, (ésta sólo estaba esbozada en el dibujo), un puente levadizo de día que será puerta cerrada de noche. Barbacana abovedada rematada por dos torres pequeñas de vigilancia sobre el puente. En el interior, una calle de árboles de altura similar llevará hasta la iglesia de San Esteban, que mandará construir. No muy grande. Y rodeando todo lo anterior, la gran muralla.

Se preguntó si tendría tiempo para salir a pescar cuando fuera Knez, o Tzar, o lo que tuviera que ser, alguien tendría que decidir lo que iba a ser; o él mismo lo decidiría. La calma que necesita un pescador, la paciencia, el sonido de las aguas mientras puede verse saltar a las carpas o a los lucios, iban bien con su carácter reflexivo. A Vuk le gustaría más ir a cazar, era más impetuoso. Podría subir al Tara y al Zlatar, donde abundan los oso, los lobos y las gamuzas.

(Página 71)

***

Estaban bajando de la fortaleza de Nish, a orillas del Nishava. Una fortaleza otomana construida sobre la fortaleza bizantina que se levantó sobre el castro romano, interesante pero más de lo mismo: atracón de historia, piedra, dominio y destrucción, decía Ivo; octubre es el mes más bonito por aquí, la temperatura aún es buena. Hay bosques rojizos, la gente está en los últimos trabajos del campo. Por qué no salimos de Nish. Tengo unos días libres antes de volver allá.

Había alquilado un caedizo Shkoda  Favorit pintado de marrón y beige, y fue llenando el depósito en tres surtidores sucesivos antes de salir de Nish. El combustible estaba escaso y carísimo. Irene se ofreció a costear el cincuenta por ciento de la excursión pero Ivo no lo admitió, cómo va a cotizar una lectora tan atenta de mi libro favorito, ah, pero has escrito otros?, algunos, sí. Decidió que ya encontraría el momento apropiado para aportar su parte alícuota, tranquilamente. Ivo era persona muy calmada, se encontraba bien en su compañía, parecía difícil chocar con él. Pero, debía mantener su independencia económica, pensó; cotizaría.

– Sos loca.- le había dicho Zurtza.- Irte así no más con un desconocido a la Serbia profunda, casi a la Vieja Serbia. No pensás en lo que hacés.

(Página 126)

***

La repentina nevada a finales de marzo en Bosnia, facilita el alto al fuego; uno más. Éste será respetado porque no se ve a un metro de distancia y es imposible el movimiento de tropas sobre la nieve. El jefe de los cascos azules, general Morillon, se afana en llevar víveres a Srebrenitsa. Ya han colocado la placa con su nombre en la calle que se llamaba Mariscal Tito. Esta nevada dificulta las condiciones de vida de trescientos mil desplazados.
Es una ironía, decir desplazados; no es porque cambien de lugar o de plaza, solamente; es que les han robado la suya. Ivo no está con ellos. O sí. Si ha recibido un disparo y ha perdido la memoria. ¿?

Disparos de armas ligeras rompen el silencio de la nevada. En Sarajevo, los apostados detrás de las esquinas disparan sobre los que van buscando combustible para no morirse de frío en sus casas vacías de comida. Qué nombre se puede poner a eso. Anotar: niña con muñeca llega a Svornik tras ser evacuada de Tuzla. Ya sabré para que lo anoto.

Karlovach y Sisak bombardeadas. Teóricamente, la guerra acabó el año pasado en Croacia. Ivo tenía familiares en Karlovach. Esta ciudad ha recibido ciento cincuenta proyectiles. Es una errata o son ciento cincuenta mil, no sé. Misil tierra-tierra Luna soviético contra Zagreb. ¿Ha intentado hacer la compra en un supermercado de Belgrado con los estantes vacíos? Un abuelo lo intenta, se le ve desolado. ¿Ha enviado a buscar comida donde sea? Un abuelo la está buscando entre la basura en un barrio de Sarajevo, entre cascotes, edificios machacados y un coche reventado. Las fotos son muy elocuentes, tanto como las palabras: la ciudad asediada se muere de hambre y en la ciudad capital del asedio, no hay comida. Los que han orquestado todo esto, deciden si quieren comer o no, y qué quieren comer y qué no quieren comer.

(Página 225)

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  1. Antón Etxebarría dice:

    Me gusta tu estilo. Se echa de menos el resto de la historia.