AVELLANEDA Y SU ESPEJO DEFORMANTE, NOS DAN EL QUIJOTE DE AVELLANEDA

 

 

 

YÁREK PALKA, nuestro polaco más occidentalizado, ha estado rebuscando en bibliotecas para traernos un sucinto resumen sobre Avellaneda y su Quijote. Últimamente vamos por el camino de presentar temas que van completándose en el tiempo. Él decidirá.

En los últimos ochenta, un erudito abulense, Don Arsenio Gutiérrez Palacios, dio la penúltima campanada respecto a la personalidad del autor de “Don Quijote el Malo”, “parece que asentado en buenos fundamentos”. Se llamaba en realidad Alonso Fernández de Zapata y era clérigo cura que ejerció su ministerio en cinco localidades abulenses, de una de las cuales tomó su apellido: Avellaneda, pueblo del partido de Piedrahíta, donde ejerció entre los años 1597 y 1616.

Apareció la obra en Tarragona en el año 1614, o sea, nueve años después de la publicación de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, llamado el Bueno.

En esos años transcurridos, la gente que con anterioridad se había deleitado leyendo las novelas de caballerías, había convertido la obra de Cervantes en un auténtico best seller. Parece ésta una razón para que la obra de Avellaneda tuviese el éxito asegurado nada más nacer, pero  hay datos respecto a que el público lector, muy pronto supo encontrar los verdaderos valores del original y de la copia. No influiría mucho para la desafección el aspecto inmoral del plagio, puesto que en la época, “en asuntos de propiedad intelectual todo el mundo se hacía un sayo con la capa del vecino”.  Seguramente fue la calidad de la copia y el sentido crítico lo que llevó  al público lector a no situarla ni siquiera cerca de la obra de Cervantes.

En el Quijote de Cervantes, un loco convertido en héroe, o quizá mejor en antihéroe (quién dice que Valle Inclán inventó el esperpento?) hace reír y llorar, porque en  cada capítulo, Don Alonso se hace más próximo, más entrañable y familiar, más querido abuelo sabio, iracundo contra las injusticias, aleccionador, bueno y generoso. Con gusto lo llevaríamos a casa envuelto en una mantita y llamaríamos al médico para ver si lo liberaba de su tortura del bien y de la gloria. “Al de Avellaneda, por el contrario, queremos llevarlo a casa por la fuerza y encerrarlo para que no acabe haciéndonos daño. Nos molesta su presencia, su continuo cornear la realidad sin razón ni motivo. En uno nos apena la locura del caballero fracasado; fracasado pero haciendo honor a las reglas que se impone; fracasado pero fiel a sus principios; sin gloria pero honesto. El “otro” es un plebeyo grosero y malintencionado, que, disfrazado de caballero, denigra las leyes de caballería. Esto es lo que vio el pueblo, y lo olvidó”.

De no haber sido por Le Sage (1704) más o menos hispanista y hábil traductor, que lo retocó y elegantizó al gusto del refinado XVIII francés, el libro de Avellaneda habría caído en un olvido total.

No se puede negar que el Quijote de Avellaneda tiene su cota de mérito literario, no es que se trate de una obra deleznable, pero se apropia de unos personajes y los hace vivir entre la primera y la segunda parte del de Cervantes, y no pudo resistir la comparación, y su lectura tan conveniente sirve sobre todo para hacernos apreciar la categoría de primera línea y la categoría de segunda o tercera línea; categoría de caricatura porque el autor no llega a la profundidad de pensamiento y de sentimiento de Cervantes –y- de su personaje, y por tanto nos ofrece actitudes superficiales, sin objeto, sin ideología ni filosofía. “Ni la trágica grandeza de la locura del hidalgo, ni el buen sentido de su escudero. Su Quijote es un feroz energúmeno, loco de atar, y Sancho un glotón asqueroso e insaciable. Las situaciones de sal gorda se multiplican hasta el hastío. Su pensamiento es vulgar, y bajo su concepto de la vida. Dice Menéndez y Pelayo: “Si bien no es un escritor pornográfico, es de los peor olientes que pueden encontrarse”.

En su prólogo, el autor ya comienza burlándose de Cervantes porque tiene una sola mano y tiene “más lengua que manos”. Y “quéjese de mí por la ganancia que le quito de su segunda parte”. Aunque asegura tener la misma intención que Cervantes al escribir el libro: “…tenemos ambos un fin, que es desterrar la perniciosa lición de los vanos libros de caballerías”.

((Dice Palka que él encuentra los libros de caballerías bastante necesarios para la manera de vivir que tenía la gente del medievo y el renacimiento, porque vivían todos acogotados  entre guerras y religiones: sangre y fuego, y fuego del infierno, sin respiro. Al menos, los libros de caballerías respiraban idealismo y amor; núcleo del romanticismo posterior)).

“No sólo he tomado por medio entremesar la presente comedia con las simplicidades de Sancho Panza, huyendo de ofender a nadie ni de hacer ostentación de sinonomos voluntarios, si bien supiera hacer lo segundo y mal lo primero. Sólo digo que nadie se espante de que salga de diferente autor esta segunda parte, pues no es nuevo el proseguir una historia diferentes sujetos. Cuántos han hablado de los amores de Angélica y de sus sucesos? Las Arcadias, diferentes autores las han escrito. La Diana no es toda de una mano. Y pues Miguel de Cervantes es ya de viejo como el castillo de San Cervantes (o Servando) y por los años tan mal contentadizo… y por ello está tan falto de amigos…”

Realmente, no evidencia un carácter alto, limpio, generoso, bien educado, Avellaneda. Sino todo lo contrario. También tiene que mencionar que Cervantes estuvo en la cárcel: “Pero disculpa los yerros de su Primera parte, en esta materia, el haberse escrito entre los de una cárcel; y así no pudo dejar de salir tiznada de ellos, ni salir menos quejosa, murmuradora, impaciente y colérica, cual lo están los encarcelados”.

-Definiríamos la primera parte del Quijote con esos adjetivos?- pregunta Palka. Y sigue- Sin embargo, él, Avellaneda, que tiene un carácter alegre en todo opuesto al de Cervantes, y tiene dos manos enteras y no ha estado en la cárcel,  nos ha dado una historia de imitación adobada con vulgaridades y ordinarieces de fondo y de forma. Eso sí, cualquiera no la escribiría. Empieza así:

Yo vos endono,/ nobles leyenderos,/ las segundas sandeces sin medida/ del manchego Fidalgo Don Quijote.

-Utiliza, como Cervantes, el recurso literario del “manuscrito hallado”, y también escrito en arábigo; también eso es una copia:

CAPÍTULO I

“El sabio Alisolán, historiador moderno no menos que verdadero, dice que, siendo expelidos los moros agarenos de Aragón, de cuya nación él descendía, entre ciertos anales de historias halló escrita en arábigo la tercera salida que hizo del lugar del Argamesilla el invicto hidalgo don Quijote de la Mancha, para ir a unas justas que se hacían en la insigne ciudad de Zaragoza, y dice desta manera: Después de haber sido llevado Don Quijote por el Cura y el Barbero y la hermosa Dorotea …..”

-Y os voy a demostrar, por contraste, la catadura moral del de Cervantes y del de Avellaneda; no por el aspecto moral en sí sino por quién está hecho de una pieza y quién es un mamarracho, y os lo demuestro  con un argumento muy sencillo: la lealtad

CAPÍTULO II

Oyendo su resolución, alegre Don Quijote, prosiguió diciendo:

-Pues Dulcinea se me ha mostrado tan inhumana y cruel, y lo que peor es, desagradable a mis servicios, sorda a mis ruegos, incrédula a mis palabras, y finalmente, contraria a mis deseos, quiero probar, a imitación del caballero del Febo, que dejó a Claridana, y otros muchos que buscaron nuevo amor, y ver si en otra hallo mejor fe y mayor correspondencia a mis fervorosos intentos, y ver juntamente… ¿Duermes, Sancho?

CAP III

Al punto le puso sobre un escritorio, y volvió de nuevo a repetir a Sancho muy por extenso todo lo que la noche pasada le había dicho, y no había podido entender por estar tan dormido, concluyendo la plática con decir quería partir para Zaragoza a las Justas, y que pensaba olvidar a la ingrata infanta Dulcinea del Toboso, y buscar otra dama que mejor correspondiese a sus servicios

-Que yo haya visto en los libros,- dice Palka- una de las características de los caballeros andantes es, precisamente, la lealtad. Lealtad a su dama como lealtad a sus principios éticos o ideológicos, todo es uno porque el caballero andante es, fundamentalmente, una persona decente. Aquí, y en tantos pasajes de su novela, Avellaneda presenta a Don Quijote reflejado en un espejo deformante: si Cervantes hace de él un antihéroe, Avellaneda hace un hombre sin principios; ahí está la caricatura. Veamos cómo se expresa Don Quijote Primero respecto a su amor por Dulcinea, cuando ya en la corte de los Duques escucha el canto de Altisidora que, en cierto modo se le declara o a él se lo parece:

“¡Que tengo de ser tan desdichado andante, que no ha de haber doncella que me mire que de mí no se enamore..! ¡Que tenga de ser tan corta de ventura la sin par Dulcinea del Toboso, que no la han de dejar a solas gozar de la incomparable firmeza mía..! ¿Qué la queréis, reinas? ¿A qué la perseguís, emperatrices? ¿Para qué la acosáis, doncellas de  catorce a quince años? Dejad, dejad a la miserable que triunfe, se goce y ufane con la suerte que Amor quiso darle en rendirle mi corazón y entregarle mi alma. Mirad, caterva enamorada, que para sola Dulcinea soy de masa y de alfeñique, y para todas las demás soy de pedernal; para ella soy miel, y para vosotras acíbar; para mí, sola Dulcinea es la hermosa, la discreta, la honesta, la gallarda y la bien nacida; y las demás, las feas, las necias, las livianas y las de peor linaje; para ser yo suyo y no de otra alguna me arrojó la naturaleza al mundo. Llore o cante Altisidora; desespérese Madama, por quien me aporrearon en el castillo del moro encantado; que yo tengo de ser de Dulcinea, cocido o asado, limpio, bien criado y honesto, a pesar de todas las potestades hechiceras de la tierra”.

-No sé qué pensaréis vosotros,- dice Palka- pero a mí me parece que el principal valor de Don Quijote el de Cervantes, precisamente es que resulta ser una persona de fiar, bueno con el encanto de la inocencia que nunca debimos perder los humanos, si es que la tuvimos alguna vez en sentido extenso. Quizá no. No olvidemos que cuando arremete contra los molinos, lo que quiere conseguir, matando a los gigantes, es acabar con el mal de la Tierra.

 

((Aplausos. No son extraños los aplausos, en el Salón. Y a Palka esta vez se le aprecia de súbito un rojo subido en  toda la piel visible. Aparte de eslavo tímido, es un hombre decente como decente era Don Quijote de la Mancha llamado el Bueno)).

 

 

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  1. Vanessa dice:

    La verdad es que Avellaneda, hoy no pasaría un mínimo examen de feminismo

  2. Anna dice:

    De todas formas, ya son ganas de ser insultante o menospreciante, porque Cervantes tenía sus dos manos enteras, aunque la izquierda estaba casi inutilizada. Cuántos lisiados habría en aquella época de guerra, de los que arrastraban piernas o carecían de brazos o tenían chamuscados los pelos para siempre o carecían de dentadura en la juventud. O costras purulentas. No demuestra Avellaneda tener un céntimo de maravedí de buena educación

  3. Juanamari dice:

    Ya tiene bemoles que un polaco venga a instruirnos sobre el Quijote de Avellaneda, del que hemos oído hablar y no conozco a nadie que tenga el gusto de haberlo leído. Buena idea, ficción y realidad hasta que ya no sabemos distinguir. Buena idea

  4. Mariana dice:

    Yo diría también que el esperpento viene de la literatura caballeresca, y EL Quijote es la quintaesencia de los caballeros andantes: el superesperpento. Valle sólo lo actualiza

  5. Reanto dice:

    Espero cada día a ver qué tema se anuncia. Pienso que ahora quedaría pendiente la primera parte de Cervantes. Incluso las Ejemplares estarían bien, con este poder de concentración das obra y crítica en pocos minutos, es de agradecer

  6. Anton dice:

    De acuerdo, debería circular el Quijote de Avellaneda para que se pudiera opinar, desde el mismo momento en que se lee la obra de Cervantes. Se le menciona pero no se le conoce. Gracias por esta pequeña introducción

  7. Andrés Ald dice:

    Un vaivén de historia literaria y de principios todo en un par de píldoras, que si lo bueno es breve es doblemente bueno. Gracias

  8. Ricardo dice:

    Magnífica idea traer también al de Avellaneda. Hasta Cervantes estaría de acuerdo