Borja

Posted: 30th septiembre 2012 by Aurora in Literatura
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Borja es una pequeña ciudad que sestea tranquila en el frío invierno y en el calor del verano. Es ciudad de veraneo familiar. Los años se quedan risueños en las calles frescas y las plazas escuetas; quizá guiñen un ojo a quien sepa mirar. Parece que nada cambia. Está guarnecida de aldeas vinícolas y bodegas de productor. El vino sin tratar llega a los dieciséis grados. El paisaje es rudo, de tierra reseca y pedregosa. El aire es recio.

 Por qué tuve yo un sueño tan decadente referido a un entorno más bien rudo como éste. No era solamente la anciana, sólida de por sí, tratando de reconstruir lo que estaba derribando. Estaba sola. Me recordaba a la mujer con alcuza de Dámaso Alonso, y la letanía:  estaba sola,

      y estaba sola,

Quiere construir un hombre recio. Es ya mayor y no se deja.

Es una  pared la que está derribando ella misma, en su propio sueño. Se despierta y comprueba que la pared del sueño tiene cara. Se quita y se pone las gafas. Se asusta, toca la pared: porque sigue en pie, la pared, y está húmeda. Sale huyendo. No está despierta del todo. No está despierta. Todo es una pesadilla. Huye, en la pesadilla. Trata de escapar. Escapa. La pierdo. Mi sueño continúa. Hay grupos de gente junto a la pared repintada. Llaman la atención los orientales, disparan  cámaras y sonrisas. Sonríen mucho.

Una vez, dijeron a un japonés que aquí se podían tirar las cáscaras de gamba al suelo. Era necesidad, no había otra forma de desembarazarse de ellas. Y las tiraba y se quedaba mirando el suelo ensuciado, sorprendido, quizá, de que el propio suelo no protestara. Y sonreía. Como estos orientales y sus cámaras.

Y occidentales, venían. Llegaban hasta la pared emborronada y se reían; los occidentales se reían a mandíbula batiente. El mundo entero hacía fotos y reía y yo me esforzaba por entender la causa de tanta risa y todo era una pesadilla; no entender era la pesadilla, yo estaba al margen de mi propio sueño porque no encontraba el mecanismo de la risa. ¿Por qué se ríen? Y me fui de allí.

Las calles tienen un brillo húmedo, negro. Jirones de arcoiris cuelgan de algunos balcones, de los más altos. Unos enmascarados bailan la conga y gritan: “Míster Been en Borja lo arreglará”! Alguien patina y  cae. Funcionaban las cámaras de los móviles desde todas las partes del mundo. Gritaban: “¡Es un icono nuevo!”  “¡Es un nuevo icono!” “¡Es un icono popular!” “Así es como vemos ahora el mundo, es nuestro icono!”

Yo iba de unos a otros y llevaba puesto el icono; pero el viejo, el de antes. Aquello no era nuevo. Los salivazos. Los meneos. Los latigazos. Era una pesadilla. Por qué se ríe la gente. Por qué. Por qué.

Los jirones del arcoiris colgantes de los balcones, desleídos en el sueño, reptan hasta la pared; de nuevo la pared  emborronada de la que ha surgido un icono popular, según gritan por megafonía. También gritan: “Nos ha puesto en el mapa!” Unos gritos pisan a otros gritos, se empujan, bailan la conga.

Hay corriente y siento frío. “Puede actuar la justicia”, dice una máscara. La gente seguía riendo y yo seguía preguntándome por qué.

Y me desperté. Y sigo preguntándome por qué.

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  1. Luisa dice:

    Yo también me lo preguntaba. Recuerdo que me sentí extraterrestre, por aquellos días. Me daba vergüenza el asunto. Había falta de pudor y falta de respeto. Un asunto tan pequeño. Entretenerse la gente con cosas así. Y me refiero a la gente de la prensa.