CAMBIAMOS DE CONTINENTE

Posted: 15th septiembre 2019 by Aurora in Literatura
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CAMBIAMOS DE CONTINENTE

 

— Hay épocas en que nos enquistamos en nuestra propia aldea, ocupad@s en nuestros propios asuntos y preocupad@s por el futuro nuestro y de nuestro alrededor. De pronto, hay un espasmo y nuestra memoria actualiza la importancia de otras aldeas, próximas o lejanas; la importancia de otros humanos que respiran, seguramente, con los mismos anhelos que nosotros. Que todos, en realidad.- ha expuesto Palka como en susurros reflexivos. Muy propio de él.

— A qué te refieres en concreto?- pregunta la Catedrática Pelirroja.

— Miraba un mapa del continente americano, porque necesitaba información para mis clases. Y me fijo en los pequeños países de Centroamérica; algunos, bañados por los dos grandes océanos. Y he recordado a un profesor polaco que trabaja en El Salvador, profesor como yo, de Lenguas y Literaturas ibéricas. Y mis ojos, o mi intención, se han quedado en este pequeño país acostadito entre Honduras, Guatemala y el Pacífico. Viene pintado de amarillo, otros de verde o naranja, encima del todo apunta el rojo de México. Países donde siempre el aire está caliente, por diversos motivos. Y se me ha ocurrido preguntarme esto: Además de Rubén Darío, nicaragüense, qué otras voces líricas y no líricas, conocemos de estos pequeños y entrañables países? Y me he respondido: Ninguna en el sentido de divulgación.

— Qué vergüenza, tienes toda la razón.

— Y he traído, cogidos rápidamente de una antología francesa, unos poemas de hombre y de mujer poetas, del siglo diecinueve, como un aperitivo si me permitís la expresión. Porque tengo en proyecto ahondar en este terreno; me apetece y me parece interesante. Este hombre viene con un poema social, y la mujer con dos sonetos líricos. Y me vais a decir: a la mujer le das preeminencia. Pues, no; va la segunda porque el hombre nació antes. Y tiene dos poemas porque el poema del hombre es extenso. He pretendido ser equitativo.

Incluso el búho de Rousseau ha aplaudido la iniciativa del profesor polaco colaborador de El Salón. Ya sabía él que iba a ser bien acogida su iniciativa, porque viene preparado: desenrolla unos  folios y comienza a leer

 

Alberto Masferrer nace en Tecapa, en 1886, y muere en San Salvador en 1932. Fue profesor, ensayista poeta, político y periodista.

— Es que, estas personas de pensamiento tienden a ser generosas, y quieren compartir lo que van aprendiendo, lo difunden. El ejemplo se repite. Aquí mismo tenemos un ejemplo.- dice El Redactor.

–Efectivamente. Pues en 1928, funda y dirige el periódico “Patria”. Qué se puede esperar de un periódico progresista en un país asolado por la pobreza, que siempre es injusta. Ustedes mismos. En Chile también trabajó en la prensa, en la misma línea de reclamar justicia y pan para todos. Va a tener una cierta proyección de vida política por cuanto lo nombran Cónsul. Pacifista en medio de revueltas violentas. Fue docente en distintos países centroamericanos. Escribió sobre temas de justicia social, como parece lógico. Atiendan:

Un andrajo de mi vida me queda: se perdió/en misérrimas luchas lo que era fuerza y flor./ Rateros y falsarios hacen explotación/de mi luz, de mi anhelo, de mi fe y mi valor./ Cuánta odiosa mentira serví, sin querer yo!/Cuánto lucro y engaño con mi luz se amasó!/ Porque fui humilde y simple; porque en toda ocasión/creí que quien me hablaba tenía sed de Dios./ Lo que no profanaron los demás, lo mejor/que me dio el Destino, eso lo manché yo,/ porque siempre fui débil, inestable, porque soy/tal vez un pobre loco que enloqueció de fervor./Y entre el diablo y el mundo hicieron de mi sol,/ en vez de luz, tinieblas; en vez de paz, dolor./ Mas yo no culpo a nadie de mis caídas, no,/ ni me inquieta un instante mi justificación: si por necio o por débil mi vida fracasó,/ y en mi jardín florecen el mal y el error,/ inútil sería ya saber si he sido yo/ el culpable o la víctima de una maquinación./ Si el fruto está podrido, es que el gusano halló/ en él propicio ambiente para su corrupción./ Fue la obra de un demonio, del azar o de un Dios?/ Es igual. No revive la flor que se agostó./ Ahora, con los harapos de mi fe y mi valor/ y lo que todavía me resta de ilusión,/ he de alzar mi castillo, y en él, como blasón,/ en un palo de escoba y hecho un sucio jirón/haré flamear al viento mi enfermo corazón./ Y en ese vil andrajo que será mi perdón/escribiré con sangre, menosprecio y rencor/este emblema del hombre que es su propio señor:/ “Para juzgarme, nadie; para acusarme, yo.”

–Entiendo que su postura es contraria a la que tanto se ve ahora, de hedonismo más descarado: el tú también y el tú más. Lo que dice este hombre de sí mismo, el asumir la propia responsabilidad en todo, podríamos decirlo todos y cada uno, y cada una de nosotros y nosotras: es un examen de conciencia riguroso y respetable. Poco frecuente, ya.

— Totalmente verdad, totalmente de acuerdo. Y comento: detesto el genérico masculino tanto como el femenino, pero tendríamos que poner arreglo a esta reduplicación.

–Va, déjalo; resulta musical.

–Pero, pesada, no me lo negarás.

–Vale, pero no es el tema de hoy.

–Vale, tienes razón. Y razona.

Claudia Lars, es pseudónimo. Nace en 1899 en Armenia, y muere en 1974 en San Salvador. Salvadoreña por la madre porque el padre era estadounidense, ingeniero. Lo digo porque la profesión del padre, en muchísimos casos, justifica el que las hijas salgan de casa a estudiar y proyectarse, porque entonces, el status es alto. En este caso, justifica que tenga un mentor en la adolescencia, un militar, que publica su cuaderno de poemas, que está hoy perdido. Marcha a EEUU y enseña español, no sé si tanto castellano. Allí conoce a intelectuales y casa con uno de ellos, nombrado Cónsul. Escribe poemas, colabora en emisiones de radio para programas infantiles. Estamos en los años treinta. Atiendan: este es un soneto que dedica a Gabriela Mistral, poeta chilena de la época; diez años mayor que Lars:

Una rosa de angustias –mar y viento-/ y la tierra que gime en tierra oscura,/ una secreta herida de ternura/ y el camino interior del pensamiento./ Tu nombre fijo, tu divino intento,/ la suelta voz que llega, larga y pura,/ este compás de sangre, que asegura/ tus cantos recogidos en mi acento./Dulce voz invisible para el día/ de la flor y la erguida melodía,/ con el pájaro leve y la campana./ Lo diste sin saber, pero se advierte que te sigue, imantado hasta la muerte,/ el paso fiel de tu pequeña hermana.

–Una confesión, bellísima, de fraternidad y admiración. Qué elegancia. Me encanta que la gente sea bien educada.-dice la Catedrática Pelirroja.

–Ahora sigue un soneto que se titula: “Casa sobre tu pecho”:

–((No he dicho eso que digo siempre: a Palka, le das un buen soneto y le haces feliz)).- me susurra la Actriz de Televisión

–A medio otoño,  casi del olvido/volviendo con la rosa del verano,/el mar del corazón bajo tu mano/ y el camino del ayer para tu oído./ No es golondrina, no, la que ha venido/ al cielo de este cielo cotidiano;/porque llega del frío más lejano/sabe escoger la tarde de su nido./ Así, con simples nombres de acomodo,/ voluntaria de ser, en nuevo modo,/tu sabor y tu clara compañía,/ si recojo praderas en tu casa,/ ya presiento la rosa que no pasa/ y soy nueva en la rosa todavía.

— Un soneto casi conceptista.- dice un señor asistente asiduo.

— Sí. Pues he creado este tema porque quiero exponer mi pensamiento: hay voces que no nos llegan; por eso, al menor indicio, o a la menor sorpresa, debemos ir a su encuentro. Tanto se ha dicho respecto a que no había mujeres en los ámbitos de la cultura en siglos pasados, y estamos desvelando su existencia. No importa el número: sabemos que tenían el viento en contra. No importa si son magníficas: hay de todo. Lo que importa es demostrar que entre ellas, las hay que tienen la misma capacidad que los hombres que tienen esa capacidad. Lo mismo ocurre con estos países de voces silenciadas: hay que ir a su encuentro. Con respeto y con amor. No voy a emplear la palabra descubrir porque tiene resonancias demasiado dramáticas. Hay que desvelar. Me parece más acertada esta palabra. Hay que retirar el velo que cubre la cultura de un país y la situación política y social. Muchas veces enmascaradas o calladas. Quitar el velo del miedo. Y, ahora pienso que me he pasado a la poesía directamente. Ya me perdonarán.

Yarek Palka, polaco y profesor, enrojece hasta las pestañas. Tiene sonrisa de adolescente tímido, lo conocemos muy bien; casi siempre nos conmueve. Enseña un fajo de folios. Quiere decir que el tema continuará; se ha tomado el asunto con interés. Siempre lo hace.

 

 

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