CHEN YU NOS TRAE A SÓCRATES DE LA MANO

Posted: 18th julio 2016 by Aurora in Crítica
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CHEN YU NOS TRAE A SÓCRATES DE LA MANO

 

 

LOS CUATRO de siemple se han ido a los Balkanes; el Pintor este año no va y con Rajzner está en las montañas de Asturias; así que me han dado vía lible para que reciba en el Salón y proponga una sesión que va a ser de mi tema favorito. Y el tema favolito de esta chica china es Sócrates dentro de mi carrera de Filosofía que estudio aquí, y en China estudio la Filosofía oriental y no tengo ploblema con eles y errrres. Tengo otros ploblemas, jeje.

ME CONMUEVE de Sócrates su bondad como también de otros pensadores olientales. La bondad es estar por encima de las pequeñas y grandes miserias de la naturaleza humana: paso de hacer daño y me aleglo de la felicidad ajena. Amen.

_ Qué puede haber más triste para los engendradores que el que los engendrados sean malos?- pregunta Sócrates a su amigo Hipias en un diálogo sobre las Leyes. Nos lo cuenta Jenofonte.

PIENSO y pienso, y decido que para que un humano sea buena persona, en cualquier tiempo y lugar, basta con que no tenga ambición de poder. Ni el hombre sobre la mujer ni viceversa. Ni el adulto sobre el niño. Ni el hijo sobre la madre. Lo más malo de este mundo es el poder. El legal y todos; porque leyes letales pueden sancionar poderes legales, no valen. Es lo que he aprendido de Sócrates, un hombre que ha pasado a la historia no por bueno sino por sabio. Cuando, para ser sabio hay que ser bueno y al revés. Y tenemos muy en cuenta, como precisa mi tutor jesuita que corrige mi ejercicio, que sabio es muy otra cosa que erudito; puedes tener muchos datos en tu cabeza y ser un perfecto imbécil y una mala persona; no vales.

PASA que, ante su juicio inminente y su más que previsible condena, su amigo Hermógenes, viéndolo ocupado en cosas distintas a pensar en el juicio, le dijo:

_ No deberías, Sócrates, pensar en tu defensa?

_ Pero, no te parece que me haya ocupado de ella toda la vida?- respondió Sócrates- Te preguntarás cómo y yo te responderé: Viviendo sin cometer injusticia alguna; medio éste, a mis ojos el mejor, para preparar mi defensa. Por qué sorprenderte si la divinidad juzga que me es más provechoso dejar la vida en estos momentos? No sabes que, hasta el presente, no hay hombre que me gane en haberla pasado mejor que yo? Porque noto muy bien, y es en verdad un dulce pensamiento, que he vivido toda mi vida en piedad y en justicia; de manera que, admirándome  por ello de mí mismo, he descubierto que mis habituales tenían de mí la misma opinión; pero, al presente, si continuo progresando en edad, sé muy bien que tendré que pagar el tributo a la vejez: se debilitará mi vista, oiré peor, disminuirá mi inteligencia y olvidaré más deprisa de lo que aprenda. Y si me doy cuenta de la pérdida de mis facultades, si llego a desagradarme a mí mismo, cómo podré ya encontrar placer en vivir? Así que, con razón los dioses me han disuadido de preparar un discurso, a pesar de que vosotros creáis que debiera por todos los medios buscar los de librarme; porque si lo hubiese hecho, habría tenido que resolverme, en vez de terminar ahora mi vida, a morir atormentado por enfermedades o por la vejez, sobre la que se echan todas las dolencias; y esto con total privación de alegrías.

JENOFONTE no comenta las palabras de Sócrates y yo no debería comentarlas. Pero necesito decir que esta reflexión de Sócrates no quita valor al convencimiento que tiene sobre su inocencia

_ Así que, si me hago odioso a los jueces, prefiero morir a mendigar servilmente por mi vida y hacer que se me otorgue una vida mucho peor que la muerte.

LOS CIUDADANOS prominentes de Atenas querían quitarse de encima a Sócrates, y para montarle un juicio formal, lo acusaron de impiedad con los dioses de la ciudad y de corromper a la juventud. Y de algunas otras cosas.

_ De seguro, varones, que quienes hayan enseñado a los testigos a perjurar, dando contra mí falso testimonio, y los que se hayan dejado sobornar, necesariamente tienen que sentirse culpables de grande impiedad y de no menor injusticia. Pero, yo, por qué voy a tenerme en menos de lo que era antes de las acusaciones pronunciadas contra mí, puesto que no se me ha convencido de que haya hecho algo de lo que se me acusar? Jamás se me ha visto ofreciendo sacrificios a otros dioses fuera de Júpiter, Juno y las demás deidades de su corte, ni he sacrificado a demonios nuevos; ni he jurado por ellos, ni por el nombre de ningún otro dios. En cuanto a los jóvenes, será pervertirlos acostumbrarlos a la fortaleza y a la frugalidad? Y por lo que se refiere a esas acciones por las que la ley pronuncia sentencia de muerte, como son: profanación de templos, robo con perforación, venta de hombres libres, traición a la patria, ni siquiera mis acusadores se han atrevido a decir que yo haya hecho jamás semejantes cosas. De manera que me pregunto, sorprendido, qué acción habéis podido encontrar en mí digna de la pena de muerte.

_ Sí, por cierto,- dijo Méleto- conozco más de uno a quien has pervertido de manera que confía en ti más que en sus propios padres.

_ Convengo en ello,- contestó Sócrates- en lo que concierne a su instrucción, porque saben que he meditado profundamente estos puntos. Mas cuando se trata de la salud, los hombres tienen también más confianza en los médicos que en sus padres; en las asambleas, todos los atenienses siguen la opinión de los que hablan con sabiduría más que la de los que están unidos con ellos por vínculos de parentesco. Vosotros mismos no escogéis por estrategas a vuestros padres y hermanos, por Júpiter, ni siquiera a vosotros mismos, sino a los que sabéis que tienen mayor experiencia en cosas de guerra.

_ Tal es la costumbre, Sócrates,-respondió Méleto- y esta costumbre tiene su utilidad.

_ Pues bien,- replicó Sócrates- no ha de parecer extraño el que en todas las demás clases de acciones y obras, sean tenidos los mejores no solo por iguales, sino aun por superiores a los demás, y que, con todo, yo dotado de la superioridad que algunos me reconocen en lo referente al mayor bien del hombre, sea por este motivo perseguido por ti para pena capital? Y con todo, Méleto, dices tú que yo pervierto a los jóvenes. Todos sabemos, sin duda, en qué consiste la perversión de los jóvenes. Dime, pues, si conoces a uno sólo al que yo haya vuelto de piadoso en impío; de moderado en violento, de reservado en pródigo; o que de sobrio haya llegado a ser borracho; de trabajador se haya hecho perezoso, o esclavo de cualquier otra pasión desordenada.

JENOFONTE no comenta las palabras de Sócrates pero sí narra el proceso, esa es su intención:

_ Es evidente que tanto Sócrates como aquellos de sus amigos que hablaron en defensa de él, dijeron a este propósito muchas otras cosas; pero yo no me he propuesto referir todos los detalles del proceso; me basta hacer ver que Sócrates daba la mayor importancia a la demostración de que él no había sido jamás impío con los dioses ni injusto para con los hombres… Y tales sentimientos se pusieron de manifiesto aún más, cuando el jurado hubo votado contra él. Porque, en primer lugar, invitado a fijar él mismo una pena, supletoria, rehusó fijarla y no consintió que lo hicieran sus amigos. Díjoles más bien que fijarla sería declararse culpable. Después, cuando sus amigos quisieron sacarlo clandestinamente de la prisión, se negó; y les preguntó en broma si sabían que hubiera fuera del Ática algún lugar inaccesible para la muerte. Por fin, cuando estuvo ya dictada la sentencia, dijo a los amigos que lo acompañaban y se deshacían en lágrimas:

_ Qué es eso, por qué lloráis ahora, precisamente? No sabéis que en el momento mismo de nacer pronunció la naturaleza mi sentencia de muerte? Si yo muriera antes de tiempo, en medio de afluencia de bienes, fuera ello sin duda motivo de aflicción para mí y para los que me aman.

ESTABA presente un tal Apolodoro, grandemente afecto a Sócrates, simple por lo demás, quien le dijo:

_ Sócrates, me es enteramente insoportable verte morir injustamente.

A lo cual, se dice, que Sócrates contestó, poniéndole suavemente la mano en la cabeza:

_ Pero, Apolodoro, preferirías que muriese justamente, a que muera injustamente?

_ Y a la vez, sonreía. Y así, cuando reflexiono acerca de la sabiduría y nobleza de alma de este hombre, no puedo ya olvidarme de él, y, recordándolo, alabarlo. Y si se hubiere dado entre los hombres prendados por la virtud, alguno que hubiera vivido con hombre más benéfico que Sócrates, lo consideraré como el más afortunado de los hombres.

Y YO pienso, chica china: tanto como la comunidad humana ha avanzado en conocimientos técnicos, vemos ladrones, impíos, corruptores, embusteros, tiranos, asesinos, fabricantes de armamento de matar personas, en cantidad tan inconmensurable, y a veces amparados por las leyes. Personas para las que Sócrates, si no desconocido, podría pasar por un pobre hombre que ni siquiera cobraba por sus enseñanzas y estaba a lo que le quisieran dar, un pobre imbécil quizá, les parecerá. En cambio, cuánta mayor calidad humana, es decir alejado de los animales, hay en él, y en Confucio, y en LaoTse y en Buda; aquellos pensadores sencillos de costumbre pero de pensamiento profundo, que meditaban para el bien de todos; que son mayores y mejores hombres que estos corruptos, corruptores, embusteros, ladrones, asesinos, fabricantes de armas de matar personas. Tiranos. Poco humanos es decir más animales.

Terminaré este trabajo otro día porque ahora esta chica china está muy enojada. Enojada y triste, si piensa más en la historia de la humanidad.

Hui Quian.

 

 

 

 

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  1. Mari Ana dice:

    Más leo este tema más enganchada me quedo a Sócrates, al tema, al Salón, a Chen Yu y más busco libros de la antigüedad. Y es de agradecer

  2. Larreina dice:

    Interesante distinción entre erudito y sabio. Quizá sea más fácil ser lo primero y lo que pega más con estos tiempos de éxito y brillantez. Será por eso que se da tanta beligerancia en todos los grupos montados de hombres y mujeres

  3. Leire dice:

    Se puede ver a Sócrates con su túnica y su barba, por encima de lo que eran las preocupaciones del hombre corriente, que respeta las leyes aunque no se fía de los jueces. Ellos quedaron mal, él no

  4. Mari Lez dice:

    Me encanta Chen Yu. Me encanta Sócrates y me encanta verlos juntos esta vez acompañados por Jenofonte nada menos. Podría parecer que no, pero resulta una sesión fresquita de verano