CHEN YU Y SU PARTE TERCERA

Posted: 5th abril 2016 by Aurora in Crítica
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CHEN YU Y SU PARTE TERCERA

 

He pensado que antes de que vengan todos de las vacaciones y esto vuelva a empezar en serio, voy a completal los dos trabajos míos con unos textos de libro porque así estará perfecto, y tiene más autoridad lo que decía yo en los anteriores. Como siempre viene alguien por el Salón a ver si hay sesiones, y se quedan mirando los cuadros y los retratos, y las fotos y los dibujos que hay por todas partes, miran también los textos pinchados en el pizarrón, y leen. Palacios dice que, a veces, el búho de Rousseau baja de su árbol y también mira y lee. Recuerdo que los griegos antiguos tenían a estas aves como símbolo de sabiduría, con esos ojazos que todo lo observan. Miral es cosa distinta de obserbal.

Bueno, el primer texto que cuelgo ahora y que empieza a ilustral los anteriores, es del sofista ANTIFONTE (relativismo moral). Muy curioso este filósofo del siglo –V, porque fue el primer psiquiatra cuyo conocimiento ha llegado a nosotros.

“La justicia consiste en no trasgredir los preceptos legales de la polis a que uno pertenece como ciudadano. Un hombre (o una mujer) se servirá de la justicia sacando el máximo provecho para sí mism@ si ante testigos defiende la soberanía de las leyes, mientras que cuando está sól@ y sin testigos, defiende los dictados de la naturaleza. En efecto, las disposiciones legales (Nomos) son artificiales, pero las de la naturaleza (Physis) son necesarias. Las leyes existen por convención y no son naturales, pero los dictados de la naturaleza son naturales y no convencionales…”

“Si alguien que infringe los preceptos legales es capaz de ocultar su conducta ante quienes los han establecido, quedará libre de infamia y de castigo; si no es capaz de ocultar su conducta, no. Por el contrario, si alguien se opone más allá de lo posible a las exigencias innatas impuestas por la naturaleza, el daño no será menor porque sea capaz de ocultar su conducta ni será mayor porque lo sepa todo el mundo. Y es que, en tal caso, el daño no proviene de la opinión de los hombres (y mujeres) sino de la verdad de las cosas. La investigación acerca de todo esto, tiene su razón de ser en que la mayoría de las acciones justas según la ley (Nomos) son hostiles a la naturaleza (Physis)”

 

El segundo texto es de ARISTÓTELES (-IV) en su Ética a Nicómaco, y dice así:

“Si la felicidad es una actividad ejercida conforme a una capacidad, es razonable que se trate de la capacidad más perfecta de la parte mejor del hombre (y de la mujer). Ahora bien, la parte mejor del hombre (y de la mujer) es la RAZÓN, o como quiera que llamemos a aquella parte de nosotros que por naturaleza parece ser la más excelente y principal y poseer la intelección de las cosas bellas y divinas; pues la razón es o algo divino o, ciertamente, lo más divino que hay en nosotros. Por tanto, su actividad-según la capacidad que le es propia- será la felicidad completa.

“Más aún, parece que esta actividad se busca por sí misma pues no tiene ningún resultado fuera del conocimiento mismo, mientras que con otras actividades buscamos más o menos algo aparte de la actividad en sí.

“ … pero tal vida sería superior a la condición humana: en efecto, no vivirá así en cuanto hombre (o mujer), sino en cuanto reside en él (o ella) algo divino; y cuanto difiere esto del compuesto, otro tanto excede esta actividad de las que se realizan conforme a las demás capacidades. Ahora bien, si la RAZÓN es algo divino en relación con el hombre (o la mujer), también la vida conforme a ella es divina en relación con la humana. No hay que tener, como algunos aconsejan, sentimientos humanos puesto que somos hombres (y mujeres), ni sentimientos mortales puesto que mortales somos, sino inmortalizarse en cuanto sea posible e intentarlo todo para vivir de acuerdo con lo más excelente que hay en nosotros mismos… Y parecería que cada uno de nosotr@s consiste precisamente en esto, que lo principal es también lo mejor. Sería por tanto, absurdo, no escoger la vida propia sino la de algún otro ser. Y esto está de acuerdo con lo que dijimos anteriormente, pues lo propio de cada cosa es, por naturaleza, lo más excelente y agradable para cada cosa; para el hombre (y la mujer), por tanto, la vida según la inteligencia, si es que el hombre (y la mujer) son primariamente esto. Y esta vida es, además, la más feliz”(guiada por la razón y la Ley Natural)

 

El texto siguiente es de EPICURO (-IV-III) en su Carta a Meneceo:

“Y como el placer es el bien primero y connatural, precisamente por ello no elegimos todos los placeres, sino que hay ocasiones en que soslayamos muchos, cuando de ellos se sigue para nosotros una molestia mayor. También muchos dolores estimamos preferibles a los placeres cuando, tras largo tiempo de sufrirlos, nos acompaña mayor placer. Ciertamente todo placer es un bien por su conformidad con la naturaleza y, sin embargo, no todo placer es elegible, así como también todo dolor es un mal, pero no todo dolor siempre ha de evitarse. Conviene juzgar todas estas cosas con el cálculo y la consideración de lo útil y de lo conveniente, porque en algunas circunstancias nos servimos del bien como de un mal, y viceversa, del mal como de un bien.

“Cuando, por tanto, decimos que el placer es fin, no nos referimos a los placeres de los disolutos o a los que se dan en el goce, como creen algunos que desconocen o no están de acuerdo o malinterpretan nuestra doctrina, sino al no sufrir dolor en el cuerpo ni turbación en el alma. Pues ni banquetes ni orgías constantes, ni disfrutar de muchachos ni de mujeres, ni de peces ni de las demás cosas que ofrece una mesa lujosa, engendran una vida feliz; sino un cálculo prudente que investigue las causas de toda elección y rechazo y disipe las falsas opiniones de las que nace la más grande turbación que se adueña del alma”.

 

Este último tema se refiere a TOMÁS DE AQUINO (s. XIII) y a su doctrina sobre La Ley Natural.

De acuerdo con la teleología aristotélica (estudia las causas finales), Aquino afirma que el hombre, al igual que cualquier otro ser natural (la mujer, por ejemplo) posee ciertas tendencias enraizadas en la naturaleza. El término tendencia no debe inducir a error. La palabra “tendencia” adquiere a menudo, en psicología, un sentido mecanicista como impulso o predisposición que determina la conducta del individuo. En este caso, como es obvio, ha de entenderse no como pulsión, sino como línea de conducta orientada a un fin específico.

La naturaleza humana posee, pues, ciertas tendencias. Esto es algo que el hombre (y la mujer) tienen en común con el resto de los seres naturales, ya que la existencia de los fines es un rasgo específico de la naturaleza como tal, de toda naturaleza y no exclusivamente de la naturaleza humana. Ahora bien, el hombre se distingue del resto de los seres naturales por su racionalidad (incluso la mujer), porque sólo él (y ella) son capaces de conocer sus propias tendencias y, por tanto, pueden deducir ciertas normas de conducta encaminadas a dar a éstas el cumplimiento adecuado. De este modo se demuestra, a juicio de Aquino, la existencia de la ley natural: como ser racional que es, el hombre (y la mujer) pueden formular ciertas normas de conducta de acuerdo con las exigencias de su propia naturaleza”.

Bueno. No sé si es curioso o no, que a una china le dé por estudial filosofía occidental. Muchos occidentales estudian filosofía oliental, y no pasa nada.

Cuando vuelvan de las vacaciones, yo me volveré a mi silla de última fila y quedaré quieta y calladita de boca.

Tzai Tsien! ( es transcripción fonética de: Adiós!)

 

 

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  1. Hanna dice:

    Me gustaría invitar a Chen Yu para que me dé clases de filosofía occidental y luego si es caso, que sea oriental

  2. Joanna dice:

    Muy buena esta tercera parte, también. Para leer más y ampliar