CUANDO LA POESÍA REFLEJA SU TIEMPO

Posted: 3rd junio 2017 by Aurora in Literatura
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CUANDO LA POESÍA REFLEJA SU TIEMPO

 

 

De la ciudad se va borrando, poco a poco,

la huella de los morteros.

Han pasado tantos meses!

Gloria Fuertes

 

 

Ángel González nos acerca un campo de batalla que él ha visto; nos lo acerca al oído, a nuestros propios ojos, al olfato, al gusto y al tacto; y, por decir, a la mente y al corazón. Lógicamente, no lo acerca sólo en su aspecto físico, no con dimensiones escrupulosamente medidas y cotas de terreno; no con los dos árboles que quedaron algún día temblando solitarios o el arenal reseco que compone su suelo, o el verde prado que pronto quedará machacado por millones de pisadas y de explosiones, porque el campo de batalla no lo hace la naturaleza, lo hacen los hombres, es decir, al menos hasta entonces, los machos humanos. Porque, este poeta pudo ver con sus ojos alguna batalla de la cruel “guerra del 36”, ya que nació en 1925. O ha podido verlo en sueños, vívido, y nos lo reproduce. Lo importante de un campo de batalla es que la gente, allí, se mata: se matan unos a otros, con armas y con odio y con miedo, allí los hombre4s no se mueren: se matan. Las fieras luchan por alimento, por territorio, por hembras; el que vence permite que el vencido se vaya. Pero los hombres buscan el exterminio; no hay mayor saña. Si alguien escapa no es por benevolencia, es que el enemigo estaba cargando el arma y no le dio tiempo a disparar. Alguien queda para contarlo; alguien, quizá, que pudo esconderse como una comadreja en su guarida mientras pensaba en aquello que era la esperanza: “Mi corazón: tu nido. Muerde en él, esperanza”.

 

Hoy voy a describir el campo/de batalla/tal como yo lo vi, una vez decidida/la suerte de los hombres que lucharon/muchos hasta morir,/otros/hasta seguir viviendo todavía./No hubo elección:/murió quien pudo,/quien no pudo morir continuó andando,/los árboles nevaban lentos frutos,/era verano, invierno, todo un año/o más quizá: era la vida/entera/aquel enorme día de combate.

Por el Oeste el viento traía sangre,/por el Este la tierra era ceniza,/el Norte entero estaba/bloqueado/por alambradas secas y por gritos,/y únicamente el Sur,/tan sólo/el Sur/ se ofrecía ancho y libre a nuestros ojos./ Pero el Sur no existía:/ni agua, ni luz, ni sombra, ni ceniza/llenaban su oquedad, su hondo vacío;/ el Sur era un enorme precipicio,/un abismo sin fin de donde,/lentos,/los poderosos buitres ascendían./Nadie escuchó la voz del capitán/porque tampoco el capitán hablaba./Nadie enterró a los muertos./Nadie dijo:/ “ dale a mi novia esto si la encuentras/un día”./Tan sólo alguien remató a un caballo/que, con el vientre abierto,/agonizante,/llenaba con su espanto el aire en sombra:/ el aire que la noche amenazaba./ Quietos, pegados a la dura/tierra,/ cogidos entre el pánico y la nada,/ los hombres esperaban el momento/último,/sin oponerse ya,/sin rebeldía./ Algunos se murieron,/como dije,/y los demás, tendidos, derribados,/pegados a la tierra en paz al fin,/esperan/ya no sé qué/–quizá que alguien les diga:/ “amigos, podéis iros, el combate…”/ Entre tanto/es verano otra vez/y crece el trigo/en el que fue ancho campo de batalla.

 

–Yo me he planteado traer a Gil de Biedma, que tiene prácticamente la misma edad, y lo traigo en plan coral.- dice El Redactor– Por una razón que vais a entender enseguida: porque al leerlo para la exposición, veía a mi abuelo en una estrofa sobre todo, en todo el poema pero sobre todo en una estrofa. Y después de mi abuelo, también pude ponerle otras caras. O sea que, dentro de este poema que traigo, cabían millones de personas, algunas de las cuales he conocido en mi vida. Así que, venimos a dramatizarlo. Cada estrofa para un compañero o compañera. Va:

 

–En abril del treinta y nueve/cuando entraste, primavera/embellecía la escena/de nuestra guerra civil./ Y era azul el cielo, claras/ las aguas, y se pudrían/en las zanjas removidas/ los muertos de mil en mil.

 

–Ésta es la misma hermosura/ que entonces abandonabas:/bajo las frescas acacias/ desfila la juventud,/ a cuerpo-chicos y chicas-/con los libros bajo el brazo./ Qué patético fracaso/la belleza y la salud./

 

–Y los años en la cárcel,/como un tajo dividiendo/aquellos y estos momentos/de buen sol primaveral,/ son un boquete en el alma/que no puedes tapar nunca,/una mina de amargura/ y espantosa irrealidad.

 

–Siete mil trescientos días/uno por uno vividos/con sus noches confundidos/en una sola visión/ donde se juntan el hambre/ y el mal olor de las mantas/ y el frío en las madrugadas/ y el frío en el corazón.

 

–Ahora, vuelve a la vida/ y a ser libre si es que puedes/aunque es tarde y no te queden/ esperanzas por cumplir;/ siempre se obstina en ser dulce/ en merecer ser vivida/ de alguna manera mínima/ la vida en nuestro país.

 

–Serás uno más, perdido/ viviendo de algún trabajo/ deprimente y mal pagado/ soñando en algo mejor/que no llega. Quizá entonces/ comprendas que no estás solo,/ que nuestra España de todos/ se parece a una prisión.

 

((Sigue un silencio yo diría que desolado, las miradas están perdidas. Me fijo en Chen Yu: está releyendo sus notas escritas en taquigrafía china y me pregunto si puede haber algo más aparentemente críptico. No habla, piensa y siente, reconcentrada la mirada. Se levanta y aprieta la mano del Redactor como si quisiera decirle nuestro: “Te acompaño en el sentimiento” de los velatorios. Por tu abuelo y por todos los abuelos que cayeron en el campo de batalla de González y en todas las prisiones de Gil de Biedma. No lo dice, pero pensamos en ello.

 

Y aparece la gran sorpresa que algunos teníamos guardada: la poeta María Eugenia Salaberri sonriente de Cantábrico y tímida; mucho más joven que los anteriores ya que nació en mil novecientos setenta y cinco, en unos tiempos muy distintos y que, por lo tanto trae un poema muy distinto también; un poema anunciado en su mirada optimista:

 

–A vivir, que se cansan las palomas/de la cárcel del pecho, que se muere/la alegría si le pones cadenas,/que las flores del árbol se marchitan/si el invierno no acaba, que las sombras/se engrandecen cuando la luz se aleja./ A vivir, a entregarnos como amantes/ en los brazos calientes de la vida,/a vivir cada instante sin reposo,/sin claudicar jamás, como soldados/de un ejército armado de esperanza./A vivir, a buscar cada segundo/en el mar más hermoso y más extraño,/a luchar con los dientes y las uñas/por el derecho al pulso y al latido./A vivir, con tormentas y bonanza,/ con dolor y con dicha, que la fuerza/de la vida se pegue a nuestra carne/como el musgo a la piedra./No habrá nadie/que nos robe la aurora ni la brisa,/no habrá nadie que arranque la bandera/de nuestra ansia de vida, no habrá nadie/que detenga la estrella del aliento./A vivir, a vivir sin pactar nunca/con el miedo a mirar hacia delante./A vivir, a vivir, que no hay derrota mientras llegue la sangre a las muñecas.

 

((No hay aplausos sino apretones de manos, abrazos o amagos de besos. No pediríamos un final feliz, o happy end para los labradores del inglés, porque no querríamos que la atmósfera creada se disipara; es la magia de la poesía))

 

–La poesía no es sólo sentir, es también observar y reflexionar, por eso abarca todos los tiempos, pasado presente y futuro; los abuelos, nosotros y nuestros hijos.- dice El Redactor todavía conmovido: “y los años en la cárcel…….! Escribimos poemas porque no podemos colocar nuestra mente ante un espejo ni le podemos hacer fotos.

 

— Quiere decil que el poema es el espejo de la mente. Muy bien, una china puede entendel eso. Yo un día traigo mis poemas y leo aquí delante de todas las pelsonas y me decís bien o mal; sinceros.

–O, con muchos ceros, quizá.- dice la P.C.- Después del uno, o del dos, etc. quiero decir.

–Ahhhh, chiste malo. Buena pelsona pero chiste malo.

 

 

Y así. Otro día más. Un día con otro. Un paso después de otro paso.

 

 

 

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  1. Ildefonso dice:

    Estos poemas de guerra se podrían escribir hasta el infinito. Hoy mismo, cuántos no. En cuantos sitios.
    Gracias por recordarlos

  2. Richard dice:

    Buenos representantes de la generación de los cincuenta. Y luego la joven con aires nuevos y esperanzas frescas. Abren y cierran mujeres. Nada mejor