DELEITO

Posted: 16th junio 2013 by Aurora in Crítica
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DELEITO

 

Seguimos con el tema precedente: KAIBARA: Apuntes para la situación de la mujer (y del hombre), aquí y allá.

 

El Rey Pasmado surge de la novela de Torrente Ballester (Crónicas del Rey Pasmado, de 1.989) y es recogido por Imanol Uribe para su película El Rey Pasmado, de 1991. Es el que dio paso a mi reflexión y nos situó en el siglo XVII. También es llamado El Rey Poeta, y para mí siempre ha sido El Rey Farandulero, aunque es cierto que debió de escribir algunos versos y que amaba la música y el arte en general, y fue generoso mecenas: Felipe IV Habsburgo.  La época de su reinado: 1621 a 1665 fue la época de mayor diversión generalizada en todo el país, sobre todo en Madrid. Quizá porque el Imperio se desmoronaba. Que no el estado del bienestar, por supuesto. Por eso, seguramente,
los que se divertían como locos eran los que más tenían. Que perder. Aún no existían los paraísos fiscales. Y… “De perdidos, al río”; refrán castellano.

“….la mujer conservaba algo del atavismo moruno, manteniendo su reclusión, dando carácter de clandestinidad a las más de sus relaciones con el sexo fuerte, y estimulando su frívola y caprichosa superficialidad”.

“……reminiscencias medievales en la mentalidad española, hacían de la mujer mitad monja y mitad odalisca”.

“….mantenida en un aislamiento absoluto, era, de ordinario, una perfecta ignorante”. ((No debemos generalizar: Me. D’Aulnay dice que las españolas leen poco y escriben menos. Zabaleta sostiene que se pasaban leyendo los días festivos. Y hubo mujeres literatas e historiadoras, que conoceremos otro día. Siempre que se habla de “las mujeres” o de “los hombres”, hay que preguntarse, lamentablemente: de qué clase?))

“….las doncellas y damas honestas solían vivir bajo la custodia de severos guardianes domésticos (esposos, padres, hermanos; ver La dama duende, de Calderón) siempre con vistas a guardar impoluto su honor” ((el de ellos))….. Me. D’Aulnoy, quien, por lo que vio o le contaron, destaca nuestros puntillos de honor en su aspecto de tragedia, afirma que: “aparece la nación española, ((ella estuvo en la Corte-Madrid)), en cuanto se relaciona con venganzas y amores, como un país furioso y salvaje”.

Viajeros -historiadores- ingleses y franceses dejan escrito su asombro ante las costumbres conyugales españolas: “Los maridos que quieren que sus mujeres vivan bien, se hacen tan absolutos que las tratan casi como a esclavas, temerosos de que una honesta libertad las emancipe de las leyes del pudor” (Bertaut Brunel). ((Como esclavas en el entendimiento no tanto por un trabajo no remunerado, como en el sentido de privación de libertad))

“…. como en la Grecia y la Roma clásicas, el puesto que  en la sociedad ordinaria de los hombres dejaba libre la Señora, había de ocuparlo la cortesana”.

Y llegamos a la doble moral:

Fuera de Japón, la palabra “geisha“ ha tomado un significado que no se ajusta a la verdad. Realmente, nunca fue una mujer prostituta, y su misión consistió siempre en entretener y alegrar a los comensales con su belleza, su conversación culta, sus cantos y sus bailes. Era una institución nacional, antes de la adopción de las costumbres occidentales; era una profesión respetada y protegida. Las geishas satisfacían necesidades más psicológicas que físicas: eran psiquiatras con gracia especial, se puede decir. Pero, gracia que venía de una formación durísima recibida durante muchos años, en escuelas propias, y de un atenerse a códigos morales que, si eran sobrepasados suponía la destitución de la infractora y pasar a una categoría muy inferior, la de shogi, es decir puta o ramera.

Necesidad de esta curiosa institución? El hombre quería ser lobo en su casa, ya lo vimos en el tema anterior “Kaibara”,  y era cordero en la casa de té del Yoshiwara. Para otros menesteres menos psíquicos, ya estaban las yamino onna. El Yoshiwara era el barrio de esparcimiento al que, en días de fiesta acudían familias enteras, con sus niños. Había casas de té de geishas, burdeles de yamino onna, teatros, especie de barracas de feria, etc. Nunca prostitución por la calle.

“El Emperador no es un dios!”, reconoció Hiro Hito en la radio pública, después del desastre de Hiroshima y Nagasaki. Y el general yanqui McArthur comenzó a disponer en Japón, porque para algo había ganado la guerra. En 1946 dictó la “Proclama de la Liberación”. Se cargó la institución “psiquiátrica” de las gheisas. Con lo que aquellas mujeres cultas y refinadas, se fueron a la calle. A depender de hombres proxenetas.  Esto, al filántropo y moralista estadounidense, no pareció importarle: impuso la moral yanqui, la buena, la del vencedor; era lo que tenía que hacer, sí o no. Es el estúpido ejercicio estúpido del poder.

VOLVEMOS A NUESTRO ENTORNO

“…..Ajenas a cuanto acaecía fuera de la zona de su murmuración, ocupadas sólo en labores o rezos, cuando no en amoríos furtivos, sin leer ordinariamente otro libro que el devocionario, ((¡?), sólo vivían las mujeres para el lujo, la vanidad, la chismografía y el galanteo de ocultis. Prodigaban los antojos ridículos; y no las había más amantes de galas, obsequios, joyas, golosinas, afeites, dijes y perifollos. Entre las remilgadas damiselas era vicio frecuente el de mascar tierra o barro, y lo hacían aún en las visitas, más o menos disimuladamente. Escribe Me. D’Aulnoy: “En casa de la Princesa, varias comieron también tierra sigilada. Ya os he dicho la pasión que muchas tienen por mascar esta tierra, que suele dejarlas opiladas con frecuencia (supresión del flujo menstrual)…. Y frecuentemente los confesores no les imponen otra penitencia que la privación de pasar un día sin probar aquella tierra”. ((Se supone que masticar barro del que estaban hechos ciertos búcaros, les proporcionaba, también, algún tipo de “cuelgue”.  Ver: Babelia-El País: 2-V-92, artículo de José Ángel Montañés: “Las Meninas comían barro”. Efectivamente, parece que podría ser cierta esta historia: Cuadro de Velázquez: la menina de la izquierda está ofreciendo a la infanta un búcaro, un jarrito de los que estas señoras se llenaban el estómago, y la infanta mira sin atreverse, a su madre, reflejada en el espejo del fondo. Como droguilla también era considerado el chocolate ((traído de América, como la patata o el maíz)), que a lo largo del siglo se hizo indispensable desde la mañana a la noche, el cacao euforiza: la mencionada viajera francesa nos cuenta, refiriéndose a una visita a la cual asistió: “Hubo señora que sorbió seis jícaras, una detrás de otra, y esto lo hacen algunas dos o tres veces por día”.

Eran reuniones diarias de mujeres más o menos ociosas.

 

DA QUE PENSAR ESTA CURIOSA SEPARACIÓN DE GÉNEROS:

“…..muy característico en las comidas españolas era la separación entre el señor de la casa, único que se sentaba a la mesa, solo o con sus parientes o invitados varones, y las mujeres y niños, que se acomodaban en el suelo…….. y la esposa y los hijos arréglanse como pueden sentados en el suelo, sobre un tapiz, siguiendo los usos moriscos”.

“…..aunque el libertinaje de la época hacía frecuentes todas las uniones ilícitas, la sostenida por un hombre de calidad con su esclava, teníase por cosa inconfesable….”

((La mencionada señora francesa asegura que una mujer española (Madrid) mantuvo relación con su amante en su propia cama de matrimonio: el marido dormido a un lado y el amante, bastante despierto, al otro lado. Pero es una señora a la que se achaca frecuentemente una cierta dosis de exageración))

MODA EN EL VESTIR:

Recordamos las faldas enormemente ampulosas de las mujeres de este siglo:

“….. el guardainfantes es un armazón de aros de hierro, cuerdas, ballenas, paja, pelo, estera y otras cosas que dieran volumen y solidez a tal artefacto en el cual quedaban las mujeres embutidas…. Se llama así por ocultar ciertos estados orgánicos de la mujer, y su empleo permitía hurtos en el huerto del amor sin la publicidad de las consecuencias.  Contribuía así a disimular y fomentar la típica inmoralidad de la época”.

 

ALGUNAS MUJERES RICAS QUIEREN ACCEDER AL MUNDO DE  LA CULTURA

Así como veíamos a Las Preciosas  francesas ridiculizadas por Molière y otros, veremos a las mujeres del barroco español ridiculizadas por Lope, Tirso y Calderón. Pensemos que algunas, al menos, sí se pasaban un poco hacia el extremo, pero eran ridiculizadas no por eso sino por ser mujeres que querían salir de la esfera impuesta como natural. Algunas hubo instruidas (educación en conventos) que concursaron en Justas y Certámenes poéticos más o menos auspiciados por la Iglesia para conmemorar sus solemnidades. “Cuando en esas fiestas era la premiada una mujer, se acogía el fallo con entusiasmo especial”. ((Por los hombres también? Por algunos? No habrá hombres inteligentes, que no sean entusiásticamente feministas)).

 

Ver: José Deleito Piñuela: La mujer, la casa y la moda en la España del Rey Poeta Espasa 1954

Me. D’Aulnoy (1650-1705)  La Cour et la Ville de Madrid. Mémoires de la Cour d’Espagne  (1678)

Relation du voyage d’Espagne (1679)

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  1. Aurora dice:

    si algún visitante tiene afición el tema, podíamos montar un grupo de estudio y teatro. Solo tiene que dejar su dirección en la dirección del Salón. Lo hemos hecho otras veces. Ánimo

  2. jesús dice:

    En La Dama Duende se ve cómo la pretenden controlar los familiares, masculinos, no hay madre, cierto. Pero ellas se apañaban muy bien para burlar la custodia. Lo que me parecía un caso de teatro, veo que estaba bastante generalizado

  3. Alfonso dice:

    Muchas veces me había preguntado por la razón de aquellos vestidos de mujer tan antinaturales de esa época. Gracias por el dato.
    Enhorabuena por la página.

  4. vanesa dice:

    Me encanta.

  5. Norman dice:

    Me han encantado los dos temas oriente-occidente.

    Bueno para la reflexión

  6. Yoana dice:

    Entiendo que doble moral del general eeuu implica desconocimiento y no querer conocer. Los hombres del siglo barroco español hacen eso que no quieren hagan sus mujeres. La Iglesia de Roma permite hacer lo que hombres y mujeres no deben hacer en la teoría. Es todo doble moral occidental. Teoría y práctica que no se encontran. Entonces, la teoría es estúpida.
    Está bien tu crítica.

  7. Michael Wals dice:

    Fenomenal el trabajo, es muy útil y interesante conocer detayes de vida del siglo XVII y situación de familias. Muy buen planteamiento con situación de mujeres japonesas en la misma época y final de las gehisas. Un trabajo meritorio, mucha ironía y crítica inteligente.