DESDE LA TRIBUNA

Posted: 10th marzo 2014 by Aurora in Crítica
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DESDE LA TRIBUNA

 

 

ANTES, el machismo berroqueño, recalcitrante, como de derecho divino, consideraba inferior a la mujer, debilucha y floja, física y psíquicamente.

Y queriendo protegerla, es un decir, la convertía en víctima. La superioridad varonil estaba en la mirada, en el mayorazgo, en el tono de voz, cualquiera que fuese; estaba en la costumbre, en las leyes y en las Sagradas Escrituras. Para más inri, podía rastrearse la condición limitada de la mujer en un libro traducido por Fray Luis de León, que lleva el alegre título de El cantar de los cantares, escrito nada menos que por Salomón, hombre arcaico de la Biblia tenido por sabio; yo diría que está entre el lirismo erótico y la psicología del más acendrado y alegre machismo: “yo te comparo, amada, a una yegua uncida al carro del faraón”. ((Nos ponemos en aquel lejano contexto, pero nos cuesta, nos cuesta))

Entonces, entre Salomón y el Espíritu Santo, Fray Luis escribe La perfecta casada en el último cuarto del siglo XVI. Como un médium, desde El libro de los Proverbios, del propio Salomón, el libro del fraile viene a ser un comentario al capítulo 31. El Fray pone la aguja en manos de la mujer, y le ciñe la rueca a la cintura y “le menea el huso entre los dedos”. Son parte sancionada de “sus labores”.  Aparte, irán, el Espíritu Santo y él, señalando el carácter femenino: sea honesta, sea modesta, sea laboriosa, madrugue, trabaje, no se pinte, obedezca al esposo, no ha de ser gastadora. Etc. Etc.

En el siguiente siglo XVII, María de Zayas, una de las pocas mujeres de cultura, y sobre todo con carácter suficiente como para enfrentar una vida pública en ese mundillo, en el de las ideas, precisamente alude a la maldita rueca, y a las almohadillas, y en definitiva al encasillamiento que trae consigo mayor debilidad para la mujer, puesto que le era negado el derecho a tener, cada una, su carácter propio: “Hasta cuándo, vanos legisladores….”etc.” ( ver: ellos y ellas y ellos y ellas….. octubre de 2012 en el Salón)

En el siguiente siglo XVIII, Olympe de Gouges, en el marco de la Revolución francesa, pide el derecho a subir a la Tribuna de las ideas y las resoluciones en política, puesto que el derecho de las mujeres a subir al cadalso igual que los hombres, sí es respetado. Ella presentó, en 1791 la “Declaración de derechos de la mujer y la ciudadana”, y por ello y por otros escritos, fue guillotinada dos años después.

En el siguiente siglo XIX, por traer una muestra  que germina en este mismo suelo, don Severo Catalina, (1832) un conocido escritor y político, ministro de Isabel Segunda, solterón y misógino, escribe sobre la mujer que da gloria leerlo: parece que la defiende contra los malos, en cuyo bando se encuentra él mismo sin darse cuenta: “Eduquemos a la mujer,  e instruyámosla si queda tiempo”. ((Al menos, distingue bien entre educación e instrucción, conceptos que ahora no suelen ser diferenciados en el uso. Ahora bien, claramente parece en su intención: que “eduquemos” viene a ser sinónimo de “domestiquemos”, nosotros, los hombres)) “El principal secreto de la educación no consiste en formar mujeres sabias, debe consistir en formar mujeres modestas”.(( Debía de ser un proceso muy laborioso y largo, porque no estaba prevista su instrucción en las instituciones de enseñanza. Ni permitida, lógicamente. Hubo que luchar, no regalaron nada)).

Por las mismas épocas, y por traer muestras de todo, vive una escritora, novelista y teórica del feminismo engañoso, o sea del machismo solapao: doña Pilar Sinués (1835). Opina rotunda que la palabra libertad “una de las palabras más bellas que contiene el diccionario”, no debería figurar en un hipotético diccionario exclusivo “para nuestro sexo”: “es la primera que en él debiera suprimirse. La dependencia, si es un yugo para la mujer, es también para ella el amparo, la protección…….Por eso, la emancipación de la mujer es un sueño peligroso, y llegaría a ser una gran desgracia si se realizase…..” Claro que al lado tenemos a doña Concepción Arenal (1820) que trabaja por lo contrario, aunque muy condicionada por la religión oficial. Escribía en los periódicos: tenía su tribuna mal que bien respetada.

El caso llega, por decir, sin solucionar, hasta Simone de Beauvoir ya en la primera mitad del siguiente siglo XX. Intelectual reconocida, no le faltaban tribunas para expresar sus ideas sobre machismo y feminismo: “Las mujeres no han opuesto jamás valores- hembra a los valores- macho de los hombres”. ((Esta idea que comparto, quedó al menos esbozada en el tema citado más arriba, entre otros)):

“…. Cuando quieren liberarse (las mujeres) adoptan las costumbres del varón. La agresividad en el lenguaje… Se han liberado las mujeres en general, ya no llevan corsés, ni en la cabeza ni en el body, y adoptan y soportan la zafiedad del varón en el lenguaje que antes reprimía, y que no es sólo zafio sino beligerante en muchas ocasiones…. Vamos a la guerra. Colaboramos en planes de guerra, pasamos revistas armamentísticas; hablamos como no se atrevían a hablar antes los hombres salvo en ámbito muy privado, entre ellos mismos, con alcohol y tabacazo. Tendrá razón DARWIN cuando dice que “la mujer posee ese rasgo característico de imitación propio de los estadios poco evolucionados?” ¿Imita sin pensar, las actitudes de violencia que dotan al varón, precisamente, del poder de la sinrazón?”

Es que ahora, el machismo, que no se resigna, considera a la mujer como enemiga; porque ahora se ha convertido en rival. Y este machismo sí que es de sostenella y no enmendalla; no recurre a los evangelios; los escribe.

 

“EN MI MOÑO Y EN MI COÑO MANDO YO!”

Lo hemos oído caer desde una tribuna institucional. Lo dice una mujer, en primera persona, no en diferido. Si un hombre aludiera a su órgano sexual en semejante situación, las feministas, en todo o en parte, habríamos clamado: “¡Violencia machista en el lenguaje!”, además de dedicarle algunos calificativos de libre elección. Y se habría aguzado nuestro antimachismo, pensando en las mujeres, en los niños y en los hombres que no son machistas, que  los hay.

Porque, en el caso del que estamos hablando, el tema a debate, o el asunto en realidad, no era libertad sexual sí-no. El asunto era: aborto sí-no-cómo y cuándo.

Feminismo sí, feminismo responsable. Feminismo inteligente, no en la medida que dé pie al varón, como dio en siglos pasados de forma interesada, para creer que LA mujer es un poco débil de mollera. O mucho.

Incorporando a la mujer a su mundo beligerante, los hombres neutralizan una posible masa crítica de sus decisiones políticas. Si son absorbidas a las estructuras del poder macho, ellas aumentan, precisamente el poder masculino.

Por eso, la tan deseada igualdad, la están convirtiendo los hombres (el poder) en una trampa: paridad en el gobierno: sí, hay una ministra de trabajo, pero sigue habiendo una brecha salarial vergonzosa: a igual situación laboral, las mujeres cobran entre un veinte y un treinta por ciento menos que los hombres. La ministra lee en sus papeles “….. eso no debe ocurrir”. ¡OH, de verdad?

Hay una ministra de sanidad, sí. Pero son hombres los que dictan una ley del aborto que regula el quehacer reproductor de las mujeres, y esta ministra asegura estar “…muy cómoda con todas las resoluciones de mi gobierno”.

Si para igualarnos a los hombres tenemos que hacer o decir las mismas bestiadas, incluso superarlas,  qué y quién gana con ello?

Ya María de Zayas, a mi entender, cometió el error de pedir derecho para la defensa de los agravios a base de poder utilizar la espada. Era una faceta en la que igualarse, sí; pero es que el mal venía de muy abajo.

Ya Olympe de Gouges,a mi entender, cometió el error de pedir derechos a cambio del derecho a morir ajusticiadas, en vez de pronunciarse contra la pena de muerte, es decir del sistema penal impuesto por los hombres y sólo por ellos. Como todos  los demás sistemas, por otra parte.

Las mujeres siguen cayendo en la trampa de la libertad mal llevada (según las estadísticas, aumenta la delincuencia juvenil entre las chicas, disminuye entre los chicos. Por qué,  eso no es feminismo, eso no son derechos. ((No quiero ni pensar en el pesimismo de doña Pilar Sinués))

Tiene razón Simone de Beauvoir: la mujer debe hacer propuestas de política y planes que sean alternativos, puesto que hablamos de sensibilidades distintas y que no tienen por qué no ser distintas. El poder hembra no tendría por qué ser igual al que promueve el poder macho.

Poder subir a una tribuna para exponer ideas propias, es algo que han conseguido las mujeres hace muy poco tiempo (Seneca Falls, 1848). Sería positivo que utilizaran ese poder para algo que fuera más sustancioso para el propio género humano. Sería positivo que el género humano estuviera por encima de los géneros gramaticales. Y de los sexos; con denominación más o menos culta.

 

 

 

El pintor oficial, y amigo, me trae una caricatura que ha estado haciéndome en este rato. Está bien, me reconozco. Vienen a ver como flechas la actriz de televisión y el redactor. Estamos mirándola y nos reímos durante unos minutos, le sacamos filo. Más filo. Y ya estamos buscándole sitio en una pared del Salón. Junto a otras.

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  1. Andrés J. dice:

    Lo que más me gusta es la exposición abreviada, porque deja entrever. Peliagudo es el asunto, interesante. Me apunto a los debates.

  2. Angela dice:

    En Séneca Falls empieza el feminismo oficialmente. Contra la esclavitud de negros y de hijas y esposas legales. Fue un buen siglo el 19º para empezar. Queda mucho todavía.

  3. Anne dice:

    Bueno, bueno, buenísimo. Razón, razón, razón. Pensar, pensar, pensar.