DESPUÉS DE LA CUARTA DÉCADA

Posted: 18th septiembre 2018 by Aurora in Literatura
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DESPUES DE LA CUARTA DÉCADA dedicada a mujeres poetas de la Iberia, hoy traemos a poetas hombres, ibéricos.

 

 

Ya todos sentados, la Catedrática Pelirroja nos señala uno por uno con el abanico, para que prestemos atención:

– El jueves pasado, vi que el búho de Rousseau estaba comiendo, o algo así, leyendo quizá, no sé, porque los tenía entre los dedos y se los llevaba a la carita, unos folios en los que alcancé a leer, desde abajo yo, desde el suelo: “Lo que va de ayer a hoy”, y recordé que es el título de la charleta de fecha, os lo voy a mirar: veintisiete de abril del catorce. Trajimos ese día al Salón, a Gutierre de Cetina, Sabina, por este orden, a Caballero Bonald, José Hierro y Serrat.

– Yo ablil una calpeta, voló el aire y se fueron unas hojas al álbol de Rousseau; sí, soy culpable.- dice Chen Yu con tono desmayado.

– No pasa nada, Yu-Yu, me vino muy bien el percance; porque se me ocurrió hacer una versión pasado- presente, también; espero que me perdonéis la falta de originalidad, pero me pareció, y me sigue pareciendo muy sugestivo contraponer poetas con siglos de por medio. Y empieza la idea: siglo diecisiete, Conde de Villamediana, de quien María Teresa Ruestes dice, en una antología buenísima de Planeta-92: “Cabría esperarse un brillante porvenir para este joven de diecisiete años, culto, inteligente, cortés, valiente, dadivoso, buen jinete, amante de los caballos, del arte, de los diamantes y de la poesía”, que también viene todo este daterío de lo que Góngora le dedica en su época. Digamos que lo anterior puede llevar signo positivo, para entendernos. Y contrapone: “Sin embargo, no podemos olvidar su otra faceta como hombre dilapidador, arriscado, intemperante, jugador, irritable, vanidoso, altivo, displicente, maldiciente, mujeriego, homosexual…”

– Toda esa adjetivación le cabrá porque es barroco.

– Una observación muy aguda.

– Nace en mil quinientos ochenta y dos, en Lisboa, pero por accidente. Es cortesano, es Correo Mayor del Reino y su padre también lo fue. Se apellidan Tassis, no sé si sacáis alguna conclusión, por lo del transporte.

-Podría ser.

-Me suena que es el poeta del famoso calambur que estudiábamos en secundaria: “diamantes que fueron antes/ de amantes de su mujer”.

– El mismo. Tiene una obra ingente; lúcida y de primera, y su personalidad también es como para echarle unas cuantas noches sin dormir. Pero, tenemos que conformarnos con gotas de rocío, como pasa siempre:

– Es tan glorioso y alto el pensamiento/ que me mantiene en vida y causa muerte,/ que no sé estilo o medio con que acierte/ a declarar el mal y el bien que siento./ Dilo tú, amor, que sabes mi tormento,/ y traza un nuevo modo que acierte/ estos varios extremos de mi suerte/ que alivian con su causa el sentimiento,/ en cuya pena, si es glorioso efecto/ el sacrificio de la fe más pura/ que está ardiendo en las alas del respeto,/ ose el amor, si teme la ventura,/ que entre misterios de un amor secreto/ amar es fuerza y esperar locura.

– Para mí, un buen soneto es como un cuadro de Rubens; “La primavera” de Boticelli, la Inmaculada de Murillo; no sé decirlo de otra manera: pero me quedaría oyéndolo tiempo como miro los cuadros o como escucho música de Mozart.- dice la P.C. en un rarísimo momento de expansión.

Pues escucha atentamente y pásalo bien: disfruta del paladeo de las palabras que arrastran tantos conceptos como el río sus aguas; por favor, disculpad esta pedantería: Las no cuajadas perlas deste río,/ que en urna breve su cristal desata,/ undoso plectro son, cuerdas de plata/ que alternan voz y llanto con el mío./ Fortuna, pues, común, común desvío,/ a bien conforme vínculo nos ata./ grillos de yelo en margen pone ingrata/ cuando a yerros vincula mi albedrío./ Articulado, pues, el sentimiento/en líquida tiorba, en triste canto,/quejas damos recíprocas al viento./ Dulce de Orfeo emulación, en cuanto/ animadas sus aguas con mi acento,/ su caudal enriquecen con mi llanto.

-Gongorino no es esto?

-Eslo, y no poco ni malo.

– Digo que, me parece curioso que los sonetos de Garcilaso sean más diáfanos, y es poeta anterior, de los primeros sonetos francamente buenos que hay en el país; y se entiende todo mejor.

-Precisamente, siempre nos tenemos que poner en la época del poeta para comprender la obra.

-Y, menudo salto tenemos que dar hasta Gimferrer, que nace en el cuarenta y cinco, y García Montero,  que nace en el cincuenta y ocho, y que vienen ahora cada uno por su camino mirando a su estro particular. Si leemos el ensayo sobre  “Los nueve novísimos”, de CASTELLET, del setenta, entenderemos mejor, espero, la poesía de Pere Gimferrer. Fue importante, es importante: yo ya no sé graduar la importancia de los contemporáneos. Lo traemos aquí, lo escuchamos; no lo oímos simplemente: lo escuchamos. Y cada quien, luego lo amplía en sus libros o en los del vecino, y así, se amplía también. Pues se refiere a la técnica del collage que emplean los poetas de esta generación.

-Y la poeta, no olvidemos que entre ellos está Ana María Moix.

-Cierto y bien cierto: Escritura automática, técnicas elípticas, de sincopación, según nos dice Castellet. De todas formas, vamos a tratar de paladear la palabra, no la técnica. Va: Monstruo de oro, trazo oscuro/ sobre laca de luz nocturna:/ dragón de azufre que embadurna/ sábanas blancas en puro/fulgor secreto de bengalas./Ahora, violentamente, el grito/ de dos cuerpos en cruz: el rito/del goce quemará las salas del sentido. Torpor de brillos: la piel-hangares encendidos/ por la delicia devastada./ Fuego en los campos amarillos: en cuerpos mucho tiempo unidos/ la claridad gravó una espada.

Se le caen las gafas a la Catedrática Pelirroja y mientras las recoge y las limpia, Marta  se hace con los folios, muy educadamente:

– Leo yo el siguiente, si me permites: Oscar Wilde llevaba/ una gardenia en el pico./ Color gris, color malva en las piedras y el rostro/ más azul pedernal en los ojos, más hiedra/ en las uñas patricias, ebonita en las ingles de los faunos./ No salgáis al jardín: llueve, y las patas/ de los leones arañan la tela metálica del zoo./ Isabel murió, y estaba pálida,/ una noche como ésta./ Hay orden de llorar sobre el bramido estéril de los acantilados./ Un violín dormirá? Unas camelias?/ Y aquel pijama rosa en pie bajo la lluvia.

Hay un silencio difícil de explicar y tampoco estamos aquí para explicar los silencios: recogimiento, sorpresa, delectación, placer, duda.  Lo bueno es que cada quien escuche a su interior.

García Montero no pertenece a los novísimos de Castellet, pero es muy- muy de este momento.

– Verdaderamente. Mira, si queréis conocer su biografía poética, tenéis La intimidad de la serpiente, de Tusquets 2003. Y os prometo que, a veces, os reconoceréis en algunos poemas, tanto en lo referente al pasado como al presente, o sea para cualquier edad

– Se puede hablar de poesía de lo cotidiano?

– Creo que sí, por eso es tan fácilmente permeable. Tú has estado alguna vez, seguro, en muchos de sus versos. Y tú y yo y etc.- La Catedrática Pelirroja vuelve a señalarnos con la punta del abanico cerrado.

– Opuesto, entonces, a Tassis?- pregunta El Pintor Oficial.

-Es la propuesta. Va:

-Déjame, pensamiento, déjame;/ mañana seré tuyo,/ volaré a ser tu pieza./ Pero hoy,/ mientras la luz araña en los árboles/ y pide una oportunidad,/ quiero que me recoja la inútil primavera./ A la casa del frío/ regresaré mañana, cuando el tiempo/ exponga sus razones/ y el corazón pregunte/ lo que falta por ver:/ cuántos latidos/ pueden quedarle para detenerse.

– “La casa del frío, da frío”.

– Es la magia de las palabras acertadas.

– Sigo: Tus ojos,/ que están llenos de selvas y son un manifiesto/ desordenadamente/ me hacen aventurero/ y revolucionario./ El lugar del crimen:/ más allá de la sombra,/ te delatan tus ojos,/ y te adivino tersa,/ como un mapa extendido/ de asombro y deseo./ Date por muerta/ amor,/ es un atraco./ Tus labios o la vida.

– Lo que tú decías: es un hablar no alambicado, es natural.- opina la Actriz de Televisión.

– Pero, cualquiera no habla así.

– Noto dispersión frente a la concentración de Tassis.

– Y los dos son poesía.

 

Es curioso, el Pintor Oficial no enciende las luces, como ocurre siempre, es inmediato: terminada la lectura  enciende las luces. Seguimos sentados, en silencio, y no echamos de menos la claridad de las lámparas. Recuerdo una promesa de Montero: Con el filo/ de una antigua quimera,/ abriré las ciudades, las palabras.

 

 

 

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