DON QUIJOTE VALEDOR DE DONCELLAS

Posted: 19th abril 2016 by Aurora in Literatura
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DON QUIJOTE CERVANTES, VALEDOR DE DONCELLAS

 

 

YÁREK PALKA es el catalizador de los programas. Los justifica o no, o más o menos; sopesa y busca el equilibrio, porque la audiencia es exquisita en esto. Al principio, los temas, o las conferencias o charletas en el Salón, aparecían sin programación previa. Ahora, los visitantes nos dan ideas para programar los temas, y Palka orienta el ritmo; el suyo es un ritmo eslavo, o sea como frío, o muy calculado; pero  de oscura ternura.

 

HYPATIA DE ALEJANDRÍA, en el siglo V, no asumió el rol femenino que “la sociedad” asigna a la mujer desde tiempo inmemorial y decidió dedicarse al cultivo de su inteligencia. Es símbolo del espíritu libre tanto como lo pudieron ser los grandes pensadores y científicos de la antigüedad: hombres que decidían sobre su destino: esto quiero ser. Fue inventora, estudiosa y maestra carismática. Para ser, no necesitó ser mujer.

JUANA INÉS de ASBAJE y Ramírez de Santillana, ya en la mitad del siglo XVII, tampoco quiso asumir su condición femenil: ni marido ni hijos. Pero su época era aún más represora de la mujer sola que la época de Hypatia; o quizá, Juana de Asbaje no tuvo un padre que la amparase en su decisión de vivir, precisamente, sin el apoyo de un hombre-marido para dedicarse libremente al tipo de existencia elegido: como Hypatia, eligió el camino del conocimiento, que, en la época, era incompatible con su condición de mujer hacendada en el México colonial. Es cierto que su madre tuvo el acierto de renunciar a su responsabilidad educadora, y encauzó a la niña prodigio hacia la corte virreinal, donde le permitieron, quizá con un tanto de curiosidad jocosa o morbosa, debida a sus pocos años, que se dedicara al estudio: era el encanto de las veladas cortesanas. Luego, decidió encerrarse en un convento jerónimo, en una celda de lujo convertida en academia y sala de tertulias eruditas. Fue inventora, matemática, música, literata, astrónoma, teóloga. Sobre el derecho de las mujeres a elegir libremente una existencia de conocimiento, escribió: “no sólo les es lícito, sino muy provechoso”.

A PRINCIPIOS del mismo siglo XVII, Cervantes rompe una lanza, nunca mejor dicho, por el derecho de la mujer a elegir su destino, renunciando, si quiere, a la cáscara femenina que “la sociedad” le echa encima: objeto de culto si es bella, objeto de placer si lo permite, objeto de rapiña si es rica. Objeto. Y hembra sufridora y paridora, en realidad, aunque sea bella y rica.

PARA EMPEZAR, Don Cervantes Quijote se explaya sobre la EDAD DORADA, el mito romántico sobre un tiempo en que el hombre y la mujer eran más inteligentes de lo que han venido siendo, y vivían en paz, qué curioso; y compartían todo: “no había ni tuyo ni mío”, y la vida era armoniosa y bella. “Las doncellas y la honestidad andaban, como tengo dicho, por dondequiera, solas y señeras, sin temor que la ajena desenvoltura y lascivo intento las menoscabasen, y su perdición nacía de su gusto y propia voluntad. Y agora, en estos nuestros detestables siglos, no está segura ninguna…..” Cosas así, llenas de juicio, decía el loco Don Quijote a los cabreros.

OYE ALLÍ CONTAR, alrededor del fuego de la cena y la compañía, la historia de Grisóstomo, un enamorado estudiante y poeta aficionado que, pasado de amores por una pastora llamada Marcela, y desdeñado por ésta, acaba de morir; pero ya ha escrito una larga canción desesperada que será conocida por los pastores y por Don Quijote y Sancho y por quien leyere esta historia: Ya que quieres, cruel, que se publique/ de lengua en lengua y de una en otra gente/del áspero rigor tuyo la fuerza/ haré que el mesmo infierno comunique/ al triste pecho mío un son doliente/ con que el uso común de mi voz tuerza…

Y UNA LARGA RISTRA de estrofas lacrimógenas. De todas formas, la lista de los enamorados desairados por esta pastora, parece larga. Y sólo ocurre una cosa: Marcela es muy hermosa, y como anda libre por esos prados y serranías con sus cabras, ha de ser para mí. Para mí, para mí, para mí. Casualmente, también ocurre que es rica. Rica, hermosa e independiente. Para qué queréis más. Es asediada y acusada de cruel y altiva, aunque, el cabrero relator de la historia reconoce que “… no se piense que porque Marcela se puso en aquella libertad y vida tan suelta y de tan poco o de ningún recogimiento, que por eso ha dado indicio, ni por semejas, que venga en menoscabo de su honestidad y recato; antes es tanta y tal la vigilancia con que mira por su honra, que de cuantos la sirven y solicitan ninguno se ha alabado, ni con verdad se podrá alabar, de que le haya dado alguna pequeña esperanza de alcanzar su deseo. Que, puesto que no huye ni se esquiva de la compañía y conversación de los pastores, y los trata cortés y amigablemente, en llegando a descubrirle su intención cualquiera dellos, aunque sea tan justa y santa como la del matrimonio, los arroja de sí como con un trabuco. Y con esta manera de condición hace más daño en esta tierra que si por ella entrara la pestilencia; porque su afabilidad y hermosura atrae los corazones de los que la tratan a servirla y a amarla; pero su desdén y desengaño los conduce a términos de desesperarse, y así no saben qué decirle sino llamarla a voces cruel y desagradecida, con otros títulos a éste semejantes que bien la calidad de su condición manifiestan. Y si aquí estuviésedes, señor, algún día, veríades resonar estas sierras y estos valles con los lamentos de los desengañados que la siguen” .   “…… Así le fatigaban a Grisóstomo los celos imaginados y las sospechas temidas como si fueran verdaderas….”

APARECE, en lo alto, Marcela, en el entierro poético y lacrimógeno de Grisóstomo. Y Ambrosio la increpa: “¿Vienes a ver, por ventura, ¡oh fiero basilisco destas montañas!, si con tu presencia vierten sangre las heridas desde miserable a quien tu crueldad quitó la vida, o vienes a ufanarte en las crueles hazañas de tu condición, o a ver desde esa altura, como otro despiadado Nero el incendio de su abrasada Roma?

-No vengo, ¡oh Ambrosio! a ninguna cosa de las que has dicho,-respondió Marcela-, sino a volver por mí misma y a dar a entender cuán fuera de razón van todos aquellos que de sus penas y de la muerte de Grisóstomo me culpan; y así ruego a todos los que aquí estáis me estéis atentos; que no será menester mucho tiempo, ni gastar muchas palabras, para persuadir una verdad a los discretos. Hízome el cielo, según vosotros decís, hermosa, y de tal manera que, sin ser poderosos a otra cosa, a que me améis os mueve mi hermosura, y por el amor que me mostráis, decís y aun queréis que esté yo obligada a amaros. Yo conozco, con el natural entendimiento que Dios me ha dado, que todo lo hermoso es amable, mas no alcanzo que, por razón de ser amado, esté obligado lo que es amado por hermoso a amar a quien le ama. Y más, que podría acontecer que el amador de lo fermoso fuese feo, y siendo lo feo digno de ser aborrecido, cae muy mal decir: “Quiérote por hermosa; hasme de amar aunque sea feo”. Pero, puesto caso que corran igualmente las hermosuras, no por eso han de correr iguales los deseos; que no todas las hermosuras enamoran; que algunas alegran la vista y no rinden la voluntad; que si todas las bellezas enamorasen y rindiesen sería un andar las voluntades confusas y descaminadas, sin saber en cuál habían de parar; porque, siendo infinitos los sujetos hermosos, infinitos habían de ser los deseos. Y, según yo he oído, el verdadero amor no se divide y ha de ser voluntario y no forzoso. Siendo esto así, como yo creo que lo es, ¿por qué queréis que rinda mi voluntad por fuerza, obligada no más de que decís que me queréis bien? Si no, decidme: si como el cielo me hizo hermosa me hiciera fea ¿fuera justo que me quejara de vosotros porque no me amábades? Cuanto más, porque habéis de considerar que yo no escogí la hermosura que tengo; que tal cual es, el Cielo me la dio de gracia, sin yo pedilla ni escogella… Yo nací libre; y para vivir libre escogí la soledad de los campos; los árboles destas montañas son mi compañía; losd árboles destas montañas on mi compañía; las claras aguas destos arroyos son mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y mi hermosura… A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras; y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado ninguna a Grisóstomo, ni a otro alguno, en fin, de ninguno dellos, bien se puede decir que antes lo mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos, y que por eso estaba obligada a corresponder a ellos, digo que cuando en ese mismo lugar donde se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad y de que la tierra gozase del fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino? Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido, ¡mirad ahora  si será razón que de su pena se me dé culpa! Quéjese el engañado; desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas; confiese el que yo llamare; ufánese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito… El que me llama fiera y basilisco, déjeme como cosa perjudicial y mala; el que me llama ingrata, no me sirva; el que desconocida, no me conozca; quien cruel, no me siga; que esta fiera, este basilisco, esta ingrata, esta cruel y esta desconocida, ni los buscará, servirá, conocerá, ni seguirá en ninguna manera… Yo, como sabéis, tengo riquezas propias, y no codicio las ajenas; tengo libre condición, y no gusto de sujetarme; ni quiero ni aborrezco a nadie; no engaño a éste, ni solicito a aquél, ni burlo con uno, ni me entretengo con el otro. Tienen por término mis deseos estas montañas, y si de aquí salen, es a contemplar la hermosura del cielo, pasos con que camina el alma a su morada primera.

((Y en diciendo esto, sin querer oír respuesta alguna, volvió las espaldas y se entró por lo más cerrado de un monte que allí cerca estaba, dejando admirados, tanto de su discreción como de su hermosura, a todos los que allí estaban. Y algunos dieron muestras de quererla seguir… lo cual, visto por Don Quijote, parecióle que allí venía bien usar de su caballería socorriendo a las doncellas menesterosas, puesta la mano en el puño de su espada, en altas e inteligibles voces, dijo:

-Ninguna persona del estado o condición que sea, se atreva a seguir a la hermosa Marcela, so pena de caer en la furiosa indignación mía. Ella ha mostrado con claras y suficientes razones la poca o ninguna culpa que ha tenido en la muerte de Grisóstomo, y cuán ajena vive de condescender con los deseos de ninguno de sus amantes, a cuya causa es justo que, en lugar de ser seguida y perseguida, sea honrada y estimada de todos los buenos del mundo, pues muestra que en él ella es sola la que con honesta intención vive.

((Afán de independencia más que de libertad. Juana Inés de Asbaje, o sor Juana Inés de la Cruz, expresó este deseo en prosa y en verso:

PROSA:

“Vivir sola…no tener ocupación alguna obligatoria que embarazase la libertad de mi estudio, ni rumor de comunidad que impidiese el sosegado silencio de mis libros”.

((Es el ambiente que, por una especie de ley natural, las mujeres procuraban para sus maridos teniendo alejados a los niños de los estudios e investigaciones de los padres y dejándolos al margen de los problemas domésticos. Ellos salían a comer a mesa puesta o iban a comer con quien mejor les pareciese. Y a veces, sin despedirse)).

 

VERSO:

En perseguirme, mundo, qué interesas?

En qué te ofendo cuando sólo intento

poner belleza en mi entendimiento

y no mi entendimiento en la belleza?

((Vale la pena conocer el soneto completo. Malena Rajzner lo recita con mucha propiedad: “Yo no estimo tesoros ni riquezas…..”)

 

DESDE EL OTRO LADO del Salón, PALKA  y la P.C. hacen con los dedos el consabido gesto de dar de paso la exposición, o marcar una nota alta, no se sabe; circulan las copas y empezará el debate; los visitantes se reacomodan en las sillas y sillones. Malena me sopla a la oreja:

-Parece que la inteligencia masculina se refugió en la caballería andante, justo en la locura idealista. Adoro a los quijotes, hombres o mujeres; son gente válida.

Levantamos las copas y brindamos. Y suspiramos. Quién dijo aquello que sonó entonces tan exótico: “personas humanas”?)).

 

 

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  1. Mirena dice:

    Me encanta cómo metes en el hilo conductor los temas o los personajes como un collar de cuentas preciosas, y siempre interesantes y todo muy bien traído y muy instructivo y ameno

  2. Richard dice:

    La verdad, hay que pensar que la sociedad es muy bruta referente al machismo, y digo sociedad porque muchas mujeres son machistas como mujeres en cantidad son partidarias de la ablación del clítoris, que no deja de ser una manipulación del poder macho. Otra guerra estéril de la humanidad. «Feliz edad dorada….»

  3. Leandro dice:

    Bien por el feminismo inteligente, pacífico y conciliador. Y por la calidad y selección de los textos, y por los enfoques, y por la inteligencia de los visitantes

  4. Aingeru dice:

    La idea de la liberación de la mujer, o de su derecho a la independencia expresada por un hombre que da voz a una mujer, es muy respetable, y luego la defensa que hace otro hombre de sus propias ideas y de las de la mujer, es un desdoblamiento genial

  5. Marián dice:

    Siempre me pregunto cuánto de Cervantes habrá en el cuerdiloco Quijote. De todas formas, ojalá muchos y muchas fuésemos como ellos