DOS POETAS ROMÁNTICAS POCO, MAL, O NADA CONOCIDAS

Posted: 8th octubre 2012 by Aurora in Literatura
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Para trazar un escueto perfil del romanticismo se puede empezar aludiendo a la libertad (rechazo de lo establecido) como bandera desplegada en el corazón de algunos jóvenes ya en la segunda mitad del siglo dieciocho (Young, Cadalso, Goethe, Lessing, Schelegel, Byron). Proclamar la libertad es proclamar el derecho a ser individuo único y distinto de los demás.

Si damos un paso atrás, vemos en el siglo XVII un fuerte absolutismo como sistema de gobierno y una férrea normativa artística en las Academias; se publican algunas Poéticas (normativa en la literatura). Sin olvidar la férrea disciplina moral y eclesiástica. Sistemas despóticos con los que no acabó la Revolución francesa (1789). Y, posteriormente, el yugo aplanador que Napoleón quiso imponer en Europa, (otra vez un Imperio) levantó la legítima ambición de libertad de los pueblos, que se alzaron contra todo ideal uniformador fuera en  la política, en cultura o en religión. Derecho a ser individuo, ( y los nacionalismos).

Pero, a la caída del Imperio, las monarquías europeas restauradas volvieron a sus reglamentaciones estrictas de gobierno y despóticos sistemas políticos y culturales. Y el romanticismo se volvió revolucionario. Se reivindica la libre inspiración sin academicismos ni mayores cortapisas que las que cada individuo quiera imponerse en sus manifestaciones, artísticas o no. Van a ser postergados los mármoles griegos del neoclasicismo y se va a tender a la morbidez en las  formas y en los sentimientos.

El yo espiritual de cada individuo era la medida del universo para ese individuo, así que proyectaron los románticos hacia fuera lo mejor de sí mismos con una pasión por la vida que acabó por ser la clave de su tragedia: no consiguieron ver realizado el mundo ideal en el que habían intentado vivir dentro de sí mismos como embrión del que deseaban ver fuera de sí mismos. Entonces, se podría concluir que el romanticismo es un modo de sentir la vida y por tanto      un estilo de vida: “la tristeza, la añoranza del pasado, la desesperación, el mal del siglo, la efusión de sentimientos, la pasión, el dandismo. El romántico vive desde sus sentimientos, se afirma la originalidad….”.

“El romántico, rebelde aunque provenga de las filas de la clase media, busca el mundo espiritual, la experiencia personal intensa, y la libertad. Cultiva así la excentricidad e intenta que su vida toda sea un desacato a las normas….” Y “se puede afirmar que el romanticismo significa una respuesta artística a la crisis del Antiguo Régimen y que refleja las contradicciones del cambio histórico-social, resultado de las transformaciones en los modos de producción que determinan el poder de la burguesía como clase dominante” (Rico, 13-16). Goethe afinó más aún al decir que el romanticismo era una enfermedad, un tipo de neurosis. Y que él se curó.

En esta atmósfera colorida, un tanto exasperada y llena de contrastes brutales, ya en el XIX, dominado el panorama poético por los “poetas de cementerio”, vemos desenvolverse a Carolina Coronado y a Gertrudis Gómez de Avellaneda; dos poetas románticas siempre citadas (prácticamente no hay más) y siempre mal conocidas. También ahora.

CAROLINA CORONADO

Nace, quizá en 1823, en Almendralejo, Badajoz. Pertenece a la clase media acomodada y liberal: su abuelo, político, murió víctima de la triste España de Fernando VII. Y su padre sufrió cárcel y persecuciones.

En principio es destinada a las labores femeniles: borda, aprende música y pintura (se entiende femeniles de clase media acomodada). Tiene vedado el acceso a la cultura, como todas las niñas, por su propio bien; porque si es culta no se casará. (Podíamos meditar aquí, ¿por qué los hombres rechazaban una esposa culta? ¿Era verdad exclusiva o era (también) que las mujeres como colectivo, preferían no tener que competir además en este terreno, puesto que ya tenían el de las cintas, los polisones, los abanicos, los efeites, los dengues y los desmayos? Quién lo sabe?)

Pero la niña ya viene con un empuje de interés: arranca a leer libros más o menos clandestinamente, sin criterio, (en la mitad del siglo XX, aún solía ocurrir esto). A los diez años compone su primer poema: un epitafio a su alondra muerta. No puede haber comienzo más romántico ni precoz: naturaleza y muerte. Ya va a ser individuo, va a despuntar entre sus conocidas, que se ajustaban más a la descripción de la norma que hace el Marqués de Baramendi (La Revolución de Julio en Episodios Nacionales: “La educación de mis amiguitas…supone un caudal de saber religioso, todo de carrerilla sin enterarse de nada; escriben muy mal, con una ortografía que parece el Carnaval del Alfabeto; en aritmética no pasan de las cuatro reglas practicadas con el auxilio de los rosados dedos; en Historia, fuera de la de José vendido por sus hermanos y de la de Moisés recogido en el Nilo, están rasas, y sólo saben que hubo aquí godos muy brutos, y después moros que eran derrotados por Santiago…” (etc)

Según su padrino Hartzenbusch, (Los amantes de Teruel), Carolina comienza pronto a recibir “la educación más brillante que el país permitía”.

A los catorce años escribe: Yo me siento violenta y comprimida

Como el niño que hablar quiere y no sabe…

Fue creándose su propio mundo de ensoñaciones, quería ser tortolilla para amar como las tórtolas:

Mis suspiros lastimados

Mis arrullos gemidores

Mezclaremos….

Y, a los dieciséis años va a escribir la obra que le dará notoriedad: “A una palma”:

Alza gallarda tu elevada frente,

Hija del suelo ardiente,

Y al recio soplo del aquilón mecida,

De mil hojas dorada,

De majestad ornada,

Descuella ufana sobre el tallo erguida….

……

Alza
gallarda tu cabeza al viento

En blando movimiento,

La corona agitada mal prendida;

Y despreciando el brío

Del huracán bravío,

Descuella ufana sobre el tronco erguida.

En esta última estrofa tenemos el espíritu romántico, es una composición que apareció en “El Piloto” y mereció buenas críticas de su paisano Juan Donoso Cortés, nada menos (famoso intelectual y poeta de la época, diplomático y político. Después vino el elogio de su otro paisano, si bien accidental: (Espronceda nació en Almendralejo porque sus padres estaban de paso):

“A Carolina Coronado después de leída su composición”:

Dicen que tienes trece primaveras

Y eres portento de hermosura ya… (Tenía dieciséis, quizá, en cualquier caso más de trece) “….. Virginal capullo/ cierra tu cáliz a mi loco amor/ que nacimos de un aura al mismo arrullo/ Para ser, yo el insecto, tú la flor……” etc.etc. Todo un Espronceda juguetón en plan….moscardón.

En 1844 ya tiene el sistema nervioso muy castigado de tanto sentir, y tiene su primer ataque cataléptico. El año anterior había aparecido su primera colección impresa y prologada por Hartzenbusch.

Hay un Alberto que quiere llevársela a América. Se aman muchísimo, pero ella no quiere dejar a su familia y su entorno. Poca exaltación parece, para tanto romanticismo. Ya es conocida en la provincia, viaja mucho, es rica y mimada.

Vive en Sevilla, y se desenvuelve entre la aristocracia de rancio abolengo; es hiperestésica, se deja arrobar ante la naturaleza, lo grande, lo bello. Es liberal pero no rompe con nada, borda una bandera, es mujer.

A ti mi voz, a ti mi arpa querida…

Muere Alberto, el marino que se fue solo a América. Y se queda sin ensueños. Incluso llega a hacer voto de castidad: entre el individuo y la divinidad, sin testigos, libremente. Precipitación y torbellino de impulsos, en el desequilibrio nervioso hacia situaciones límite, es perfectamente romántica. Si Alberto murió en el mar y no puede consolarse visitando su tumba, al menos vivirá un tiempo en la ciudad de Cádiz desde donde partió, y allí están fechados los últimos poemas para él, en el año cuarenta y ocho:

Ya nunca, gentil compañero,

Ya nunca volveremos a vernos los dos;

Por eso es tan triste mi acento postrero,

que nada hay más triste que el último ¡adiós!

obra

Va escribiendo dramas de corte histórico (constante del romanticismo, la búsqueda de una supuesta perfección en tiempos pasados), que alcanzarán más o menos éxito: Alfonso IV de León, Un alcalde de Monterilla; y un drama lírico: El divino Figueroa. Vive y estrena en Madrid con éxito desigual, es retratada por Madrazo, artista de corte. Es recibida por la reina Borbón.

Suenan cañonazos de guerra por Europa, es 1843: “Al contemplar del mundo los horrores y el estrago horrible de las balas….” vuelve a su Extremadura natal, al “valle sosegado”            Ya están los ojos de mirar cansados,

Ya no puedo, Señor, con tanta pena,

Yo me torno a la ermita, donde suena

La campana. Y que truenen los nublados;

Yo buscaré el reposo de mi alma:

No quiero tempestad, quiero la calma.

Tiene veinticinco años, y está cansada; pero continúa con su actividad literaria. Establece extraños paralelismos en unos curiosos ensayos: “Safo y Santa Teresa”. Vive una aguda controversia pública con una escritora francesa. Es profundamente creyente y esto choca en un ánimo tan exaltadamente romántico, porque ha de verse limitada en su afán de libertad. Se casa con un estadounidense secretario de embajada. ¿Y aquel voto de castidad, recién muerto Alberto? Es un buen matrimonio: un buen partido y un marido-padre.

Escribe novelas: Paquita, Adoración, no encontraba dificultades para publicar, son obras de “la insigne poetisa orgullo de los márgenes del Guadiana”. Quizá no fuera gran novelista, pero se aprecia en ellas una gran inteligencia, sentido del humor y fina ironía. Feminista teórica y culta. Su obra representa el eterno femenino. Irá perdiendo el estro poético: su vida es muy reglada, vive en Madrid y abre salones en la Castellana. Va dejando la poesía, es esposa y madre. Habrá reediciones sucesivas de su obra, eso sí. Se da a la prosa con poca fortuna; se autocensura porque ya no es independiente: ahora es casada y burguesa, y discreta que ha de velar por el buen nombre de un marido con  cierta relevancia.

Sus libros eran vendidos por suscripción, es decir que desde la familia real hacia abajo, individuos o familias compraban tantos o cuantos ejemplares y se agotaban las ediciones. Como ejemplo curioso, tenemos que al final de su novela La Sigea, figura el listado de compradores: Su Majestad la Reina Doña Isabel II por 6 ejemplares; S.M. el Rey id., Su Alteza Real la Srma. Señora Princesa de Asturias id; SAR el Srmo. Sr. Infante D. Francisco por dos; Duques de Alba, Rivas, Osuna, Tamames, Condes de Velle, Quinto Alcolea…. Manuel. Personalidades políticas, literarias y artísticas: José Quintana, Francisco Luján; Hartzenbusch, Salamanca, Cañete….Federico Madrazo…. Bretón de los Herreros y un largo etc.

Permitirá que aflore su vena lírica para conmemorar ciertas efemérides, por ejemplo: “A la abolición de la esclavitud en Cuba”:

Si libres hizo ya de su mancilla

El águila inmortal los africanos,

Por qué han de ser esclavos los hermanos,

Que vecinos tenéis en esa Antilla….

…. o borras el baldón que horror inspira,

o esa tu libertad, pueblo, es mentira.

 Militante contra la pena capital       en tiempos de revueltas y algaradas en los últimos años del reinado de Isabel II, se comprometió personalmente para ocultar a personalidades en embajadas y en su propia casa. Eso sí puede pasar por romanticismo: es crítica, se opone, milita en cierto modo; la libertad es su bandera.

Muere su hija Carolina y enloquece en paroxismo de desesperación. No quiere enterrarla. La embalsaman y guardan en un armario del convento de las monjas Pascualas de Recoletos. Otro de sus hijos había corrido suerte similar. Y no serían los únicos. Cuando salió de su nuevo estado cataléptico, quiso renunciar al mundo de la Corte, y la familia salió de Madrid. Se instalarán en un palacete cercano a Lisboa. Su marido era un personaje excéntrico pero muy práctico, como para compensar; entre otros trabajos curiosos contribuyó a la instalación del cable submarino que unía los dos continentes. Carolina tenía cada vez más abundantes ataques catalépticos. Muere Horacio Perry, el marido complaciente, en 1891, y permanecerá embalsamado veinte años en la capilla de la casa de Mitra. Carolina se aviene mal con la muerte: no era el marido muerto, era “El Silencioso”. Admite mal que bien el matrimonio de su hija Matilde con el novio eterno, pero a condición de que la hija siga compartiendo con ella la alcoba y el marido no se presente jamás ante ella. Es la decadencia. Pero quedan tantos de sus versos y de sus ramalazos de sentimiento:

Una corona no, dadme una rama

De la adelfa del Gévora querido,

Y mi genio, si hay genio, habrá obtenido

Un galardón más grato que la fama….

….. y siento que mi espíritu es más fuerte

en esta vida que os parece muerte.

El espíritu romántico se quiebra, pero no se dobla. Resiste vaivenes y envites y saca fuerza de la fibra más entrañada. Es el carácter más noble y generoso que se da en la naturaleza humana; no importa en qué época surja, porque ni empezó ni acabó con el movimiento romántico.

Núñez de Arce le pide en 1902 que envíe a Madrid un poema en honor del paisano Espronceda con ocasión de ser trasladados sus restos, y los de Larra, al pabellón de hombres ilustres del siglo XIX. Composición que fue leída en el Ateneo.

Murió en enero de 1911, cuando ya el movimiento romántico se había quedado colgado en las ramas del Simbolismo, del Modernismo…

Se refugia el espíritu en la nada

Cual si a extinguirse fuera nuestro aliento,

Y en el vago no ser, desorientada,

Cesa de la criatura el sufrimiento.

Gertrudis Gómez de Avellaneda

 

nace en Puerto Príncipe en marzo de 1.814. Huérfana de padre a los nueve años, el tener que soportar al padrastro (ambos militares) fue el principio de su rebeldía, del violento deseo de evasión que palpita en ella durante toda su vida. Rompe noviazgos y bodas, preparadas para ella o deseadas en principio por ella.

Por escándalos y amoríos, la familia deja la isla de Cuba y vuelve a España. Vemos ya el inicio del carácter desajustado
propio del romanticismo, que nunca  es una elección sino una predisposición.

Vive y se enamora en Sevilla, y ya la llaman “la divina Tula” con fama de ligera y frívola; en realidad esperando al compañero ideal (diferencia con la modosa, seria y cabal, socialmente considerada Coronado). Surgen varios novios, alguno amenaza con suicidio si Gertrudis no accede al matrimonio en el plazo de tres meses; qué atmósfera sofocante para Gertrudis: nadie que ella no quiera podrá llevarla adonde ella no quiera. Y aparece Cepeda, estudiante de leyes y sevillano, parece que va a ser el hombre necesario, Pero no; no se atreve con el volcán que la divina Tula lleva en su interior. (Recordamos a las mujeres de doña María de Zayas, que se lanzaban a vivir la vida con el mismo desafuero que el varón, quien prefería una necia incluso si era fea; no hay cambio!) Fue una relación tormentosa que acabará en nada. O en lo que tenía que acabar:

En vano ansiosa tu amistad procura

Adivinar el mal, que me atormenta en vano….

….Pero es un mal terrible, sin remedio

que hace odiosa la vida, odioso el mundo

que seca el corazón…. ¡En fin, es tedio! (10)

 

Cepeda se casará a despecho de Tula, y su correspondencia amatoria será editada en 1.907, precisamente por la viuda Cepeda; qué sangrante es, a veces, la vida. Gertrudis no lo supo nunca.

Tula no se deja caer en los fracasos sentimentales porque no vive para vivir el amor sino para crearlo; por tanto, escribe, es imparable, estrena dramas.

Vive entre Sevilla y Madrid y publica libros, estrena en el teatro y tiene verdadero éxito en Salones y Liceos. Bellísima, también será retratada, como Carolina, por el pintor de Corte Madrazo. Alterna con los poetas de El Parnasillo (Espronceda, Tassara, Escosura) y Bretón dice de ella: “¡Es mucho hombre esta mujer!” (¡¡!!) refiriéndose a la fuerza de su  inspiración o carácter, que viene a ser lo mismo.( Eso sí, hay diferencia con Coronado, que encarna el eterno femenino, pero hoy habríamos agradecido un poco más de inspiración justiciera al Sr. Breton, porque siempre da mucho gusto poder alabar la inteligencia ajena).

Vida

Acaba de estrenar con éxito el drama Lucrecia, y Gabriel García Tassara se enamora de ella y viven su amor sin ocultarse, es el año 1.844, en que Zorrilla estrena su Don Juan. Estrena Alfonso Munio (retorno al medievo, típico romántico, también lo hace Carolina). Tassara también es poeta, periodista, diputado, embajador en Washington, en fin diplomático. Todo ello no les privó de una relación desastrosa; no quiso reconocer, ni siquiera conocer a la niña que Gertrudis tuvo, y que murió a los pocos meses.

Se rompe el idilio porque Tassara la cree infiel: No existe lazo ya, todo está roto

Plúgole al cielo, ¡bendito sea!..

…Te amé, no te amo ya……

Pierde definitivamente a Cepeda. Se casa dos veces pero siempre está sola. Y escribe mucho. Su segundo marido se llama Pedro Verdugo, un coronel diputado a Cortes, los reyes serán padrinos de la boda. Nuestras poetas románticas pertenecen a la élite: también abre salones en Madrid; tiene vida social como escritora reconocida.

Su marido Verdugo (lo que es el hado adverso del romanticismo!), es atravesado en un lance por un alborotador de teatro que había intentado reventar la representación de una obra de Avellaneda soltando un gato en el escenario. Ella se dirige a la reina pidiendo reparación, y Serrano nombra a Verdugo Gobernador de Cuba. Y por ese rocambolesco suceso, Gertrudis vuelve a la isla que la vio nacer. Pronto quedará viuda, porque el pulmón atravesado de Verdugo no pudo curar del todo, y sucumbió.

Obra

Escribió no menos de veinte dramas de desigual valor, como no podía ser de otra manera dada la premura por vivir, sentir y trabajar, “cultivó todos los géneros, aunque sobresalen sus tres dramas: Alfonso Munio (1844), Saúl (1849) y Baltasar, (1858). Deeste último dice Ferreras que en él “se recrea un verdadero héroe romántico, hastiado de la vida y en ruptura total con el mundo”, y Carmen Bravo-Villasante afirma que “puede catalogarse entre las mejores y más representativas obras dramáticas del siglo XIX”. Es decir, Gómez de Avellaneda toma la figura del rey Baltasar, hastiado de su vida de molicie, y, por el rechazo de una esclava lo va a convertir en un “despertado de un sueño penoso”, oscilante y bipolar, como el mejor romántico. Tradujo en verso obras de Dumas, de Maquet y de Ugier.

Una quincena de novelas con abundante temática suramericana: Sab (1841), un esclavo mulato enamorado de su señora; un tema propio del romanticismo en cuanto amor imposible, ligado al problema de la esclavitud/libertad, muy romántico también con la propuesta emocionada de la igualdad de todos los seres humanos que viene del siglo de las Luces anterior (Declaración… de 1789). Hay en su obra condenas para la Iglesia y el Estado que permiten la esclavitud, y para la clase aristocrática que se enriquece a su costa (todavía están como nuevos los ideales de Gouges 1791). El artista banquero, de 1841 y también de asunto cubano; Epatolino de 1848, es la historia de un bandido italiano que decide redimirse por amor, pero es apresado y condenado a muerte (muy romántico el tema del amor salvífico). De carácter histórico Guatimotzin, de 1846, es una novela histórica sobre la conquista de México por Hernán Cortés, para lo cual se documentó ampliamente en las crónicas de la época. El cacique de Turmequé (1854). Es interesante tener en cuenta que Sab se adelantó en diez años a La cabaña del tío Tom, de HarrietBeecher Stone. Sin embargo, cuando poco antes de morir inició la edición de sus Obras Completas, eliminó Sab  porque la esclavitud no se había abolido aún en España y tratar el tema era peligroso. Es decir, tuvo que eliminarla.

ABUNDANTÍSIMA OBRA LÍRICA subjetiva y de tono melancólico, como era de esperar. “El amor es su tema fundamental y sus versos eróticos son de extrema y apasionada sinceridad, en la que se funde la expresión robusta con una intensa nota subjetiva de ternura y nostalgia. Sus repetidas desilusiones le inspiraron también versos sarcásticos de rara energía y amargura, y la llevaron a cultivar la poesía religiosa, el anhelo de la divinidad como refugio frente al fracaso de sus pasiones”.

Vemos que en el caso de estas dos mujeres poetas, la libertad anhelada no las despega de la dependencia religiosa, que se les ofrece, según la tradición, como un refugio para sus debilidades no necesariamente femeninas, sino muy humanas. Como poeta ha sido generalmente considerada como la más alta representante femenina del romanticismo español. Cultivó una métrica muy diversa, es decir que practicó la ingeniería del verso, rasgo poco romántico por lo que tiene de autoimposición y reglas y corsés en la expresión. Muy meritorio pero prácticamente común en el Movimiento.

Y un epistolario amoroso (a Cepeda) que supone textos de excelente idioma y propuestas de sentimiento apasionado: “La mujer a quien acusas, a quien llamas tu verdugo, te ha amado con un amor que no volverás a inspirar…” “….Tula tiene, tú lo sabes, un alma demasiado noble, demasiado altiva; tiene un corazón demasiado apasionado y lleno de delicadeza para dejar lazo alguno al hombre que quiere romperlos….” (Si hurgamos, aunque sea  someramente en su correspondencia, es porque ella misma nos hace su retrato y es interesante saber cómo se ve). Y, para aligerar, estas coplillas de muestra:

Ya del Betis               Boga, boga

Por la orilla                 buen remero.

Mi barquilla                que el lucero

Libre va.                     Va a salir.

Y las auras,                 Y a occidente

Dulcemente,               ledo sube.

En mi frente               en su nube

Soplan ya.                   De zafir.

Un soneto “Al Sol” nos muestra un carácter poético poco “femenino”, un carácter recio nacido y crecido fuera de la pacata España de la época; que sí conformó el carácter de mujer tradicional a Coronado:

Reina en el cielo, Sol, reina e inflama

Con tu almo fuego mi cansado pecho

Sin luz, sin brío, comprimido, estrecho

Un rayo anhela de tu ardiente llama.

A tu influjo feliz brote la grama,

El hielo caiga a tu fulgor deshecho;

¡Sal! Del invierno rígido a despecho,

rey de la esfera, ¡sal! Mi voz te llama.

De los divinos campos, do mi cuna

Recibió de tus rayos el tesoro

Alejóme por siempre la fortuna.

Bajo otro cielo, en otra tierra lloro….

Esta nieve luciente me importuna.

El invierno me mata! Yo te imploro.

Volvió de América desarbolada y sola. Vivió en Sevilla. Murió en Madrid en 1873, a los cincuenta y nueve años de edad.

Libros recomendados: Rico, Francisco: Historia y Crítica de la Literatura española

Alborg, Juan Luis: Historia de la literatura española

Pérez González, Isabel María: Carolina Coronado. Edit. Departamento de Publicaciones Excma. Diputación Provincial de Badajoz, 1986

Gómez de la Serna, Ramón: Antología: poesías y cartas amorosas de G.G. de Avellaneda. Austral, B.A. 1.948

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