EL AMOR DE MACHADO

Posted: 16th noviembre 2015 by Aurora in Literatura
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EL PINTOR OFICIAL, esta vez ha orientado las sillas y sillones hacia la pared en la que cuelgan los retratos de Gertrudis Gómez de Avellaneda, Carolina Coronado y Emilia Pardo Bazán. Con mucho acierto, ha tratado de paliar con luces y bandas de colores los tonos oscuros de las damas siglo diecinueve, porque solamente resaltaba del conjunto el vestido blanco de la divina Tula.

ESTAMOS ya los habituales y siguen entrando visitantes. Todavía el Pintor curva un poco en anfiteatro las filas de sillas y sillones para que haya mejor perspectiva. Ya ha empezado con sus bocetos, maneja unas libretas descomunales, se rodea de cajas de ceras y carboncillos. Va cayendo el silencio.

 

Pregunté a la tarde de abril que moría:

Al fin la alegría se acerca a mi casa?

La tarde de abril sonrió: La alegría

pasó por tu puerta – y luego, sombría:

Pasó por tu puerta. Dos veces no pasa.

 

Leonor tiene quince años y Antonio tiene treinta y cuatro, es mil novecientos nueve. Se casan, viajan a París, viven en París y Leonor enferma en mil novecientos once. Vuelven a Soria el veinte de septiembre.

La muerte ronda mi calle: llamará.

Ay! Lo que yo más adoro se lo tiene que llevar.

La muerte llama a mi puerta, quiere entrar.

Ay, Señor! Si me la llevas, yo no te vuelvo a rezar.

Ay! Mi corazón se rompe de dolor.

Es verdad que me la quitas? No me la quites, Señor!

………

… Mi corazón espera, también hacia la luz y hacia la vida

otro milagro de la primavera.

……

Una mañana dorada de un día de primavera/ vi sentada la muerte a su cabecera.

Leonor muere el uno de agosto de mil novecientos doce. Entre sus manos tiene un ejemplar de Campos de Castilla, el libro que Antonio ha ido formando ante ella, o con ella; cuyos poemas le han ido diciendo qué clase de hombre la ama. Un libro por el que ella aprendió a preguntarle por sí mismo, para conocerlo mejor:

«Ni un seductor Mañara ni un Bradomín he sido…» dices aquí; quiénes son estos caballeros, Antonio? Qué quiere decir «sangre jacobina», Antonio?  Aquí dices: «Soy en el buen sentido de la palabra, bueno». Buen hombre sí que eres, Antonio, buen hombre sí que lo eres. Qué es ser clásico, qué es exactamente ser romántico?, dices si lo eres o no lo eres, Antonio. Y, cuando te vayas «en la nave que nunca ha de tornar», me llevarás contigo, Antonio? Aquí no me vas a dejar…

Antonio piensa que para volver a Soria, como recomendaban los médicos de París, ha tenido que pedir un préstamo a Rubén Darío: trescientos francos.

Piensa, según le escribe a Unamuno, que él ha estado sufriendo más que ella, quien, al fin y al cabo «no pensó en morirse y su enfermedad no era dolorosa». Había sido tierno enfermero, la paseaba por Soria y sus campos en una silla de ruedas de diseño propio, queriendo, anhelando que metiera en sus pulmones deshechos aquel aire puro de las montañas azules:

Soñé que tú me llevabas/ por una blanca vereda/ en medio del campo verde/ hacia el azul de las sierras/ hacia los montes azules/ una mañana serena…

El aire de la sierra, curativo; lo habían dicho los médicos franceses.

Señor, ya me arrancaste/ lo que más quería/ Oye otra vez, Dios mío, mi corazón clamar. / Tu voluntad se hizo, Señor, contra la mía./ Señor, ya estamos solos mi corazón y el mar.

 

CUÁNTAS apelaciones a Dios, para un «no creyente». «Hablaba en verso y vivía en poesía». En la poesía caben los dioses y las diosas, y son vividos, unos y otras, con la verdad que sólo tiene la poesía.

PIDE, tantea con desesperación un cambio de escenario, porque tiene que salir de aquella congoja soriana que acabará con él; su familia y amigos comprenden y apoyan. En Madrid, adonde querría ir, no hay vacantes, y por Real Orden de 15 de octubre de mil novecientos doce, se le concede plaza en el Instituto de Baeza, gracias a la decisiva intervención de Don Francisco Rodríguez Marín.

«Cinco años en la tierra de Soria, hoy para mí sagrada: allí me casé, allí quedó mi esposa…»

Entre mil novecientos doce y mil novecientos diecinueve vivirá en Baeza sin poder olvidar a Leonor, sin dejar de sentirla con él:

… Sentí tu mano en la mía, tu mano de compañera/ tu voz de niña en mi oído… eras en sueños tan verdadera…

LE DISTRAE de sus congojas la situación en la que vive la gente de Baeza…. «Es la comarca más rica de Jaén, y la ciudad está poblada de mendigos, y señoritos arruinados en la ruleta… apenas sabe leer un 30% de la población…», le cuenta a Unamuno.

PASEA solitario por los cerros que lo separan de Úbeda, por las sierras de Cazorla y Segura y las fuentes del Guadalquivir:

Tiene Cazorla nieve/ y Mágina tormenta.

Su montera Aznaitín. Hacia Granada,

montes con sol, montes de sol y piedra.

Pero recuerda, recuerda siempre. O revive, no deja de soñar:

Allí en las tierras altas/ por donde traza el Duero su curva de ballesta/ en torno a Soria/ entre plomizos cerros/ y manchas de raídos encinares/ mi corazón está vagando en sueños. No ves, Leonor, los álamos del río/ con sus ramajes yertos?7 Mira el Moncayo azul y blanco/ dame la mano y paseemos./ Por estos campos de la tierra mía,/ bordados de olivares polvorientos/ voy caminando solo/ triste, cansado, pensativo y viejo.

PERO la poesía empuja hacia la luz y hacia la vida, es otro milagro; la poesía lo sostiene. Trabaja el folklore como lo trabajaron su padre y su abuela Cipriana. Escribe las Nuevas Canciones. Se agarra a la existencia, tiene cosas que hacer y si no, las inventa, porque mientras viva, vivirá Leonor. Ahora ya, es ELLA.

ENTRE mil novecientos quince y mil novecientos diecinueve estudia por libre la carrera de Filosofía y Letras y puede dejar aquel «pueblón manchego». En otoño sube a Segovia; de nuevo cerca de Madrid y su vida cultural inquieta; retoma la actividad teatral junto a su hermano Manuel. La docencia nunca lo ha compensado, es demasiado bueno para ver sufrir, o aburrirse a los alumnos; trata de que no lo vean como a un ser superior, detesta los exámenes, es un hombre de paz, un hombre bueno más que un buen profesor.

EN CUANTO llega a Segovia, participa en una Fundación para la enseñanza libre y gratuita: se educó y se instruyó en la ILE, y se tiene que notar.

Pasa el tiempo…

…más cantar no puedo/ se ha dormido la voz en mi garganta/ y tiene el corazón un salmo quedo/ Ya sólo reza el corazón, no canta.

EN mil novecientos veintisiete es elegido miembro de la Real Academia Española. Nunca tomó posesión. «Es un honor al cual no aspiré nunca; casi me atreveré a decir que aspiré a no tenerlo nunca. Pero, Dios da pañuelo a quien no tiene narices», escribe a Unamuno. No era un hombre vano; la poesía es antiacademia, Don Antonio nunca fue ni quiso ser, un santón.

PASA el tiempo y reverdece el rosal del amor:

PILAR:

Si yo me muero antes, irás algún día/ a esperarme en secreto allí, en nuestro rincón./ Me verás a tu lado como me ves ahora/ y me leerás tus versos con temblorosa voz….

Si yo me muero antes, llegarás a mi tumba/ a llorar y a llevarme una muda oración/ Y una rosa sangrientaa cortarás de su rama/ que subirá a buscarte desde mi corazón.

ANTONIO:

«Llego a Segovia, vida mía, con la esperanza, la seguridad de una carta tuya… En ella encuentro tus versos maravillosos, que me han hecho llorar y que guardo en mi corazón. La última estrofa, sobre todo, sólo se escribe con el alma cuando se es grande poeta… Pero, cuidado! Que eso a que la poesía alude, no puede ser. No. Por ese camino iré yo antes que tú. Así debe ser, diosa mía. No eres tú la gloria y la luz de este mundo? Qué sería de él sin ti? Las diosas  son inmortales en todos los sentidos….»

DESDE junio de mil novecientos veintiocho mantienen una amistad amorosa Pilar de Valderrama y Antonio Machado.  Ella tiene treinta y nueve años y él tiene cincuenta y tres.

-Yo casi que lo dejaría aquí.

-Cómo, nos vas a dejar así?- pregunta el Pintor.

-Vas a dejar tus retratos y dibujos a medias?- le pregunta la P.C.

-No. Yo continúo hasta terminar. Puede ser otro día.

-Pues, nosotros también. Otro día. Te parece bien?

EL PINTOR suelta su carcajada. Es lo de siempre, el pique entre ellos. Es que son como niños.

 

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  1. Leyre dice:

    Me pregunto que pensarán las tres escritoras-poetas colgadas en sus cuadros que miran al Salón. Quizá La chiquilina Leonor Izquierdo pudiera estar entre ellas cuando mayor

  2. Leandro dice:

    Con todo esto me animo a buscar libros. Es lo bueno que tiene, crea interés y curiosidad, este Salón

  3. René dice:

    La ingente obra poética y de pensamiento de Machado le hace acreedor a un total respeto por su vida privada. En esta primera entrega veo que será así también en las que falten. Enhorabuena

  4. Vanesa dice:

    Me va gustando la primera parte. Al pintor le diría que tenga paciencia de artista, que todo llegará. A ver si la segunda parte me coge con las castañas recién asadas. Seguro que a Don Antonio le encantarían con las historias al lado de una chimenea

  5. Ane dice:

    Esto sí que es novedad. Toda la vida pensando yo en Leonor, y bueno Ahora en Pilar y Leonor, sorpresa que da la vida