EL SALVADOR

Posted: 12th enero 2020 by Aurora in Literatura
Tags:

EL SALVADOR

 

 

–El día quince de septiembre empezábamos la reunión bajo el título de “Cambiamos de Continente”.- recuerda Palka– Y yo dije que me había interesado por los países de América Central, y de El Salvador en particular porque un amigo mío es profesor en San Salvador, y que empezaba el tema como un  aperitivo. Después hemos recalado, por orden de comienzo,  en Guatemala y en Honduras, y no quiero yo pasar de largo por El Salvador por la simple razón de que empezáramos con él. Así es que, os traigo, como va siendo habitual, un poeta y una poeta que nacieron en ese país de unos siete millones de habitantes, de grandes bosques de bálsamos, en un “territorio español” desde los años veinte del siglo dieciséis, tras grandes batallas como las de Acajutla, Cuzcatlan, Tacuzcalco; tristeza da recordar estas cosas. Independencia en 1824. Ya entonces territorio de aires húmedos y cálidos del Pacífico, de lagos y volcanes y huracanes de El Caribe.

Pues, en mil ochocientos sesenta y siete nace en Apopa el que será uno de los grandes poetas salvadoreños: Vicente Acosta, y os aviso: esta velada va de sonetos; unos modernistas y otros no, iremos viendo:

Salud, vientos de octubre, bien venidos!/Al romper en alegre sinfonía,/recordáis con tristeza del alma mía/ tiempos mejores para siempre idos!/ La cometa de vuelos atrevidos,/ pintoresca y triunfante, que ascendía,/ y una puesta de sol, que era una orgía/ de luces y matices encendidos./ Mirándose en el río gemebundo/los cocoteros de sonante palma/ con su verde abanico siempre abierto./ Las golondrinas aturdiendo el huerto:/ sólo flores y luces en el mundo,/ sólo sueños y cantos en el alma!

— Opino que basta con coger unas pinturas, unos pinceles y un lienzo, y tenemos a la vista física el escenario.-dice la Catedrática Pelirroja

Malena va a leer ahora, de Carmen González, poeta salvadoreña nacida en mil novecientos cincuenta y ocho, un soneto que os va a sorprender, seguro.

— Del rumor de tus manos me alimento/ y mi hoguera renuevo en lluvia fría./ Surge de ti fluyente geometría:/ venero de la luz, cálido acento./ El seno de la vela que hincha el viento/para partir a la ventura un día,/ y tu tierra en su quieta geografía,/ trazada en gozo exacto y fiel tormento./ Se abre el ojo a la flor de la belleza/ que se desata con fervor de río/ y se instala a soñar en tu cabeza./Por tu perfecto floreciente estío/ cruza la tarde donde, libre y presa,/ la luz corre desnuda por el río.

— Qué bonita figura: la luz corre desnuda por el río

— Sería tonto decir que es una figura propia de mujer poeta?

— Sí. A mí me trae resonancias lorquianas. Las ideas y las sensaciones son a-genéricas, opino yo.

–También existen las influencias que pasan a ser afinidades, como proponía Umbral

— Seguid vosotros si queréis, yo voy a insistir con el señor Vicente Acosta, y avanzamos.- dice Palka– Y tengan en cuenta la figura que sugiere el título “El Platanar”: Impasible y compacto regimiento,/tendido en las cañadas laderas,/ luce el bosque triunfal de sus banderas,/ que en sus manos alegres agita el viento./ Convidando al amable esparcimiento/están las verdes matas altaneras,/ que se cargan de frutas tempraneras/ del encendido tópico al aliento./ Un sol canicular deja teñido/el verde platanar con tintas rojas/ en el lienzo del aire estremecido./ Mientras, buscando alivio a sus congojas,/el duro caporal duerme rendido/ al plácido susurro de las hojas.

— Braaavoo, cuadrao, perfecto, Yarek, se ve que has estado eligiendo!

— Pues ahora vais a bramar de entusiasmo,- anuncia Malena– porque vais a encontrar ecos de un soneto famosísimo, ecos. Dice así:

No me mueve, mi amor, para quererte/ la lucha dulce con que me has mentido,/ ni la fecunda gracia que has vertido/ en mi piel, sin llegar a merecerte./ El ojo no ha logrado conocerte,/ ni el beso alcanza a asir todo el sentido,/ ni la voz dice todo lo vivido,/ ni consigo explicarte ni entenderte./ La luz que brilla al fondo en tu mirada/ es la estrella que arde y que me mueve/ a cruzar esta ausencia desolada./ Y es la fe que sostiene el lazo leve/ adonde la pasión inconfesada/ se le resbala, amor, y se le llueve.

— Me lo sé, lo recitaba mi madre a veces. Cuando estaba ya ida, o sea más en el otro mundo que en éste, aún intentaba recordarlo, y mi hermano le hacía la segunda voz, era muy emocionante: No me mueve, mi Dios, para quererte, el cielo que me tienes prometido, ni me mueve el infierno tan temido, para dejar, por eso de ofenderte. Lo reconocéis?

Lope, es Lope de cuerpo entero!

Titilan los focos del centro, con el grito entusiasta, Yu Yu se cubre la cabeza con las manos y parece que le tiembla todo el cuerpo. Tres jóvenes muy jóvenes se han quedado mudos y fríos y no saben hacia dónde mirar.

-Tenéis la letra del soneto entero, de Lope?- preguntan al vacío.

 

El búho de Rousseau baja de su árbol y se pasea por los hombros de los dos jóvenes. Les picotea un poco en la cabeza, algo les querrá decir. Queda entrañable.

La Periodista Comprometida, la P.C., me dice que está estudiando la posibilidad de un viaje a El Salvador. Me apunto desde ahora. O, quizá, a todos los países del istmo, apunta.

También me apunto.

 

Be Sociable, Share!