EL TEMA ETERNO

Posted: 21st abril 2015 by Aurora in Crítica
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VIENE la P.C., la Periodista Comprometida agitando unos papeles en la mano izquierda, justo en el momento en que yo me iba del Salón. Trae el entrecejo muy fruncido. Me pide unos minutos.

– A ver, que te leo una cosa que me tiene frita y es muy importante para mí; luego te digo por qué. Va:

«EN UN PERÍODO de cincuenta y cinco años (1796-1851), nacen un corrillo de escritoras españolas, peninsulares y de colonias, que aún hoy pueden interesar:

MÁS POETAS como Gómez de Avellaneda, Coronado o Castro. Más prosistas como Fernán Caballero, Sinués o Pardo Bazán. Y/o ensayistas como Arenal, propiamente Pardo Bazán e incluso Sinués. Y, seguramente, sin exhaustividad.

SEGÚN GUSTOS, peldaños arriba-peldaños abajo, se ofrece una escalera de sensibilidades dispares que van desde el feminismo tradicional al feminismo rupturista. Y siempre hablan -en-mu-jer. Salvo Pardo Bazán.

– Lo veo bien encajado. Pero, adónde quieres llegar?

– Ahí está lo negro. Quiero resaltar el hecho de que los treinta y nueve años menos que tiene Sinués respecto a Fernán Caballero, no la hacen más avanzada y feminista en el sentido de rupturista y combativa. Sino igualmente tradicional. No avanza nada.

– Y?

– Pues que me pongo de mal humor, y tampoco avanzo. Tú crees que se puede decir de una chica, oye atentamente, o sea escucha: «Clemencia era linda como un ángel.» Espera, no te revuelvas todavía, que sigo leyendo:

«ERA MUY NIÑA para poder penetrar en las profundas simas del corazón de los hombres criados en el gran mundo, y se sintió arrastrada con vehemencia hacia sir George…»

– Se casa y es maltratada. Ah, los hombres y sus profundas simas del corazón!

– No, qué va. Como da nombre a la novela, tiene que ser inteligente, ejemplar. Se casa con un hombre sensillo, no inglés, y es feliz. Bueno, será feliz. Es que se lo merece.

– Justo, tienes razón. Si es linda como un ángel tiene que ser feliz.

– Los antiguos, ya sabes, opinaban que lo bello es lo bueno. O al revés.

– Justamente.

– Es que, Fernán Caballero escribe historias que sólo están en su cabeza. Sí que es realista en cuanto usos y costumbres. Pero los personajes son de goma. Los describe hasta cansarte, pero son de goma y los maneja como quiere para que sirvan a sus tesis, o teorías moralizantes. Y lo curioso es que cuarenta, cincuenta años después, Sinués hace lo mismo; el mismo tipo de literatura chismosa y moralizante.

– Y?

– No, pero Fernán Caballero se conoce bien. Dice, tengo aquí copiada una carta suya; dice:

«MIS NOVELAS, señor, como novelas valen bien poca cosa. No hay imaginación creadora. Así carecen de intriga, de interés, y su lectura no despierta curiosidad ni fija la atención. Son pinturas de caracteres, de los vicios ridículos de la época y de las hermosas cualidades que desaparecen…»

– Oye, pues tuvo su fama. Sabes que Bélgica le concedió un premio rey Leopoldo.

– Sí.  Y se lo retiraron al saber que era mujer.

– Ya. Lo que supongo que pasa es que estás preguntándote todo el rato si alguien que se dedica a la literatura tiene legitimidad para moralizar.

– Me machaco a preguntas, ya lo sabes. Ella era muy humilde, era sabia, eso es cierto. Durante muchos años no quiso publicar sus novelas para no convertirse, como decía, en «un autor con naguas; que ha sido y es, para mí, el ser más antipático que darse pueda…»

– Bueno, era humilde y discreta, y se esconde detrás de un nombre de varón. Que es el nombre de un pueblo manchego, por otra parte. Y?

– En cambio, Sinués opina, y aquí sí que hay cambio. O, quizá sea sólo aparente, el cambio; opina que:

«UNA SEÑORITA cuya educación abrace el amor y el cuidado del hogar y el conocimiento perfecto de una de las manifestaciones del arte, puede educar a sus hijos y hasta escribir algunos libros que ayuden al bienestar de los suyos, porque la literatura ya va siendo lucrativa…»

– Tienes razón, es un avance aparente, porque en el siglo XVIII, y en el XIX, había montón de mujeres que escribían. Ricas, eso sí, de familias con posibles. Y mayormente francesas.

– A una niña de cuento de Sinués, una señora le dice: «Es usted un ángel, hija mía».

– Sí que tenían fijación con los ángeles.

– Es que Sinués, sabes cómo califica a la infancia?

– No.

«ESE PEQUEÑO mundo sonrosado y alegre que se llama infancia».

– Y en qué mundo sonrosado y alegre pretendía vivir esa señora?

– No, si ver la pobreza, la veía. Pero actúa como si la pobreza tuviera que existir para que los ricos de alma buena hiciesen caridad, y para que resaltara la mala baba de los ricos de mala baba. O sea que la pobreza es funcional respecto a los ricos. Es ética y estética. No sabes lo que tarda en describir el atuendo de las gentes ricas. Imagina el que tarda en describir el de la gente pobre.

– Pero, seguro que es una pobreza noble, digna, que huele a lejía y a zurcido fino.

– Aquello de pobres pero felices porque tienen mucho amor. Que dan envidia y ganas de decir: «Ay, quien fuera pobre!»

En las dos igual, una misma visión del pueblo. Entrecomilla pueblo, por favor. Oye cómo describe a una niña de familia rica:

«ERA BLANCA Y ROSADA, con largos y espesos cabellos castaños…. su boca era bonita aunque algo triste porque Enriqueta, como todas las niñas que sienten mucho, no era alegre; prefería un buen libro a correr y saltar con el aro y el cordón de seda, y su mayor placer consistía en aliviar con limosnas a los desgraciados…»

– Pues, no sé ni qué decir. Porque también tuvo su fama, o popularidad.

– En las dos tienes el mundo de arriba, de condeses y marqueses, y el mundo de abajo, de honradez y hambres. No se cuestionan nada!

– Pues resáltalo en el trabajo.

– Escucha:

«MI ELVIRA es ya lo que tanto he deseado: el ángel de su casa»!

– Sí que es manía.

– No entiendo cómo, después de tantos siglos considerando y deseando que la mujer sea un ángel, no se han incorporado ya las alas al ADN de las mujeres. Alitas!

– A veces aciertas de pleno, zaska!

– No, verás. Virginia de Mendoza es una niña rica.

– Creíble, tiene partícula: de Montijo, de Faber, de Orleáns.

– Mucha guasa. Bueno, es una adolescente insoportablemente vanidosa y por tanto estúpida y no tiene amigas. Y, mira, lo que es una madre inteligente: la obliga a tratar con una costurerita, a lo que Virginia se niega. Pero, en el día del cumple de Virginia, la madre invita a la costurerita, es la única invitada a la fiesta. Total, que se caen bien porque la costurerita es buena como un ángel, claro. Y Virginia dice:

– Me parece que soy dichosa desde que puedo decir: » ¡tengo una amiga!»

– Lo creo.- repuso la madre- Los helados goces de la vanidad jamás han compensado los afectos del corazón.

– Es didactismo a lo ñoño.

– Me encanta esa palabra, es la más ñoña que conozco.

– Es feminismo cursi.

– A eso voy, y de ahí no salgo. Me debato!

– Ñoño y cursi son sinónimos?

– No hay sinónimos exactos en ningún idioma, porque iría contra el principio de economía del lenguaje.

– Eso, ahora ya no se tiene en cuenta; ahora no es que haya libertad, ahora hay libertinaje furibundo y dispendioso.

– Lee a Sinués la diferencia que hace entre coquetería y coquetismo, aparentemente sinónimos. La palabra masculina, coquetismo, tiene sentido peyorativo, dice:

«EL COQUETISMO lo ejercen únicamente las mujeres de corazón frío, y de poco elevados sentimientos»

– Y de la coquetería,  voz en femenino, dice que es conveniente y constituye el primer encanto de la mujer. Que es conocimiento de su propio mérito y hace a la mujer amable y graciosa. O sea que la coqueta puede ejercitar el coquetismo y la coquetería.

– No lo sabía. Sí parece que sigue con su afán moralizador.

– A veces tiene su poco de gracia; te leo esto:

» PARA AQUELLA MUJER no había recursos: no sabía bordar, ni le agradaba leer, había olvidado tocar el piano y dibujar, dos habilidades en que sobresalía de soltera, y hallándose sin saber qué hacer, se hizo lo que todas las mujeres de talento escaso: se hizo santurrona»

– Que tampoco es exactamente igual a beata, lo digo por lo de los sinónimos.

– Estáis afiladas, ella y tú. Déjame adivinar de qué va el tema, creo que ya lo he cogido.

– Es el tema sin principio ni final. Gómez de Avellaneda es sólo dieciocho años más joven  y  Arenal es veinticuatro años más joven. Que Bölh de Faber, me refiero a ella, es que la tomo como punto de partida. Y, fíjate si están años luz de ella. Y viene Sinués, después, y vuelta al carro, Y vienen unas universitarias flamantes en los años veinte y treinta, y vuelta al carro después de la guerra. Y estoy tan quemada yo que no le saco chispa al trabajo, y me voy de vacaciones y tengo que entregarlo mañana por la tarde porque si no, Luciana me fulmina!

– Que no le das la salsa que necesita, quieres decir. Plantéatelo como Lope con el soneto que le pide Violante.

– Pues considera que te miro con sendos interrogantes en ambos ojos. Si quieres te los dibujo con el boli.

– No hace falta. Te lo recito y sacas conclusiones, y haces lo que te parezca. Malena lo recitaría mejor, pero se ha ido a Buenos Aires con Martita .

Va:

Un soneto me manda hacer Violante,/ y en mi vida me he visto en tanto aprieto;

catorce versos dicen que es soneto,/ burla burlando van los tres delante.

Yo pensé que no hallara consonante/ y estoy a la mitad de otro cuarteto,

mas si me veo en el primer terceto,/ no hay cosa en los cuartetos que me espante.

Por el primer terceto voy entrando,/ y parece que entré con pie derecho,

pues fin con este verso le voy dando.

Ya estoy en el segundo y aun sospecho/ que voy los trece versos acabando;

contad si son catorce y ya está hecho.

 

((Da mucho gusto ver cómo la P.C. va desarrugando el entrecejo. Hasta parece que sonríe: ha comprendido la estrategia que le propongo, vía Lope))

 

 

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  1. Renata dice:

    Lástima que no estuviera Malena Rajzner. No es que recite mejor es que el acento argentino tiene su encanto particular.
    Me encanta todo lo del Salón.

  2. Ana dice:

    La mezcla de fantasía y realidad hace todavía más interesantes los temas. Porque mezcla distintas épocas y anima mucho

  3. Amalia dice:

    Me ha gustado ver en apuros a la P.C.
    Pero siempre se sale con la suya