EN LA CORRIENTE SOCIAL

Posted: 16th febrero 2014 by Aurora in Crítica
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EN LA CORRIENTE social realista y republicana de los años cincuenta, con Celaya, Sz. Ferlosio, Otero, Aldecoa, León Felipe, Fz. Santos, etc., hay una voz muy frecuentemente femenina, la de Ángela Figuera: “mujer de barro soy, mujer de barro”.

 

Particularmente, prefiero la Figuera agenérica, o incluso transgenérica, como si utilizase esta vía para salir de sí misma y contemplar el mundo, y vivirlo sólo como ser humano. A veces: “Madres del mundo, tristes paridoras, gemid, clamad, aullad por vuestros frutos”. Puede ser  voz de hombre. Puede ser voz de mujer. El “redoble de conciencia”, de Blas de Otero, ángel fieramente humano. “No me podrán quitar el dolorido sentir, si ya del todo primero no me quitan el sentido” (Garcilaso, Égloga Iª)

 

CARTA ABIERTA A JESÚS DE NAZARET. (Dios Hijo)  Cielo

Perdona que te escriba. De seguro no harás cuenta de mí. Soy poca cosa.

Segundo López Sánchez, carpintero, casado, con mujer y cinco hijos.

Trabajo en un taller. (Y las chapuzas). Soy uno de tus pobres. Pero ocurre

que ya no tengo fuerza ni paciencia. Señor, que es mucha brega y poco trago.

Señor, mejor que bajes y lo veas. Yo soy de pocas letras, más decían

que fuiste del oficio cuando mozo. No sé cómo andaría en aquel tiempo

lo de vivir del tajo y ser pobre, pero lo que es ahora

es un milagro mayor que el de los panes y los peces poner algo en la mesa

y repartirlo para que llegue a todos. Haz la prueba.

Ven a carpintear entre nosotros y vive del jornal. Sudarás sangre

como en el huerto. Y sal por los caminos, y ponte a predicar como solías

contra los fariseos, y repite aquello de los ricos y la aguja,

y echa a los mercaderes de la iglesia, y a ver qué pasa. Y resucita a un muerto

de los prohibidos, y habla de reparto y di que den lo suyo a quien lo gana.

Si no te crucifican como entonces, es porque ahora,

apenas se abre el pico te hacen callar. Bonita está la cosa.

Señor, ven a ayudarnos, por tu Madre.

Que no digan ni Cristo lo remedia. Que no somos tan malos como dicen.

Pero es ya mucho machacar el hierro, luego se pone al rojo

y se arma una, en fin, no canso más, tú te harás cargo.

De obrero a obrero te lo pido y firmo:

Tu humilde servidor       Segundo López

 

SAN POETA LABRADOR

Yo era poeta labrador. Mi campo era amarillo y áspero.

Todos los días yo sudaba y lloraba para ablandarlo.

Tras de los bueyes, lentos, firmes, iba la reja de mi arado.

Mis surcos eran largos, hondos. (Mis versos son hondos, largos).

Por el otoño lo sembraba sin desmayar, año tras año.

Iba un puñado de belleza por cada puñado de grano.

Y un puñadito de verdad. (Esto sin que lo viera el amo).

Por San Poeta Labrador, a mediados del mes de mayo,

cuando en la Iglesia Catedral, arden las velas del milagro,

me arrodillé sobre la piedra antes de que cantara el gallo,

y estuve así reza que reza, la frente humilde, en cruz los brazos.

A Dios el Padre, a Dios el Hijo y a Dios el Espíritu Santo,

con toda urgencia les pedía que nos echaran una mano.

Pedía por todos los buenos, por los que dicen que son malos.

Por los sordos con buen oído y por los ciegos de ojos sanos.

Por los soldados de plomo y por el plomo de los soldados.

Por los de estómago vacío y por los curados de espanto.

Por los niños de culo al aire y por las niñas de ojos pasmados.

Por las madres de pechos secos y por los abuelos borrachos.

Por los caídos en la nieve, por los quemados del verano,

por los que duermen en la cárcel, por los que velan en el páramo,

por los que gritan a los vientos, por los que callan asustados,

por los que tienen sed y esperan y por los desesperanzados.

Ardientemente, largas horas, estuve así pidiendo y orando.

 

Con las rodillas desolladas, sabor a incienso entre mis labios,

yo, San Poeta Labrador, cuando ya el sol estaba en alto,

salí en el nombre de Dios Padre, del Hijo y del Espíritu Santo,

con ojos anchos de esperanza, salí al encuentro del milagro:

(ángeles a la tarea sobre mi tierra arando, arando,

bajo la sombra de sus alas, altas espigas, rubio grano,

pan de justicia para todos. Amor y paz desenterrados.)

 

Miré. Miré. Los ángeles no estaban. Inmóviles los bueyes.

Sólo el campo.

Dejé secar la sangre en mis rodillas. Miré al frente y empuñé el arado.

 

((No hay por qué esperar milagros. Nosotros solos hemos de labrar el campo. No lo puedo evitar. Esta poesía social de los cincuenta me hace pensar  que hemos dado un salto de arcoíris para caer en la otra orilla del mismo río))

 

 

 

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  1. Richard dice:

    Sí, el paso del tiempo está en que ahora no se miraría al cielo. Tienes toda la razón

  2. Jon dice:

    Que si pensamos en el ambiente, lo que es informativos de TV debates, redes, barrios, prensa, pues que sí, se va viendo que la cosa se repite. Tiene bemoles