EN UN SALÓN CON ARABESCOS

Posted: 22nd junio 2015 by Aurora in Crítica, Literatura
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EL PINTOR OFICIAL está haciendo al pastel unas panorámicas preciosas de salones morunos, y patios con fuentes y aljibes, por los que algunas mujeres de largas melenas rubias y túnicas hasta el suelo, llevan en brazos racimos de flores como si fueran niños recién nacidos.

HOMBRES con barba puntiaguda y turbante, están parados y observan. Piensan, luego escribirán.

EL PINTOR es muy bueno con los juegos de luces y sombras, no es difícil entrar en los ámbitos que crea. Coloca contra la pared los cartones que da por terminados y gira los focos para iluminarlos. Se agradece, nadie habla, todo parece bien; estamos a gusto y expectantes.

– Como ya he dicho antes, hoy hablaremos de poesía andalusí. El tema báquico es uno de los más frecuentes en la lírica arábigoandaluza, junto con el del amor y la belleza.- explica El Redactor- Bien es verdad que no todo el vino que bebían era de uvas: había otros zumos de frutas, cuyo uso era más o menos considerado como lícito.

– Me encanta esto de que busquemos maneras de funcionamiento de otros Salones como éste, del tiempo que sea y de otras culturas, también.- dice la Actriz de Televisión.

– Salir de la aldea, quieres decir.

– Los visitantes de aquellos salones palaciegos solían integrarse o bien al alba o SABUH, o bien por la noche o GABUK. El lugar de la reunión podía ser interior: una sala. O el patio interior de una casa, o una quinta de recreo en el campo o almunias, que se llamaban.

– Y navegando por el río, también, cómo lo veis?

– Sí, el único río del mundo donde sucedía tal cosa era el Guadalquivir, según dice al-SAKUNDI. Allí se celebraban fiestas literarias, fiestas de belleza podríamos decir. Y regatas.

– Sería el único río en su tiempo, porque en el Ebro también se dieron, cuando la Taifa de Zaragoza.

– Gracias por el apunte. El anfitrión enviaba invitaciones en verso para las tertulias poéticas y literarias: «Circulaban, primero, en mesitas volantes, platos llenos de delicadas viandas y golosinas. Después se ponía ante cada comensal una bandeja, un pomo, una copa y un aguamanil. En el centro del MACHLIS o corro, ardían las candelas, cuyo reflejo hería los búcaros de narcisos, las carnosas hojas de las plantas de lujo y las pirámides de frutos brillantes».

– Sí, aquí en el centro estarían bien unos búcaros con velitas de aromas.- dice la Actriz de Televisión. Se le han ido los sentidos a los patios preandaluces, se le nota en la mirada.

– De ben HAZM, de Córdoba, siglos diez-once, voy a recitarles un poema.- anuncia Malena, La Recitadora Oficial- Me levanto y me quito el sombrero. Y quiero decirles que el contenido y la sensibilidad podrían remitir lo mismo a un autor que a una autora. Pero se titula: «La visita de la amada», para que no haya confusión. Y, bueno, confusión puede haber, si bien lo mirás. De todas formas quiero confesar que una vez soñé que yo había escrito este poema, hace muchos años.

– O siglos, más bien. Si no, la cosa no alcanza.

– Va: Viniste a mí un poco antes de que los cristianos/ tocasen las campanas, cuando la media luna

surgía en el cielo

como la ceja de un anciano cubiertas casi de todo por las canas,

o como la delicada curva de la planta

del pie.

Y, aunque era aún de noche, con tu venida brilló

en el horizonte el arco del Señor, vestido de todos los

colores, como la cola de los pavones.

– A mí me ha tocado recitar «Fiesta en un jardín».- dice el Actor de Televisión- Y como no puedo deletrear el nombre del poeta, lo escribo en la pizarra, como hace Gay de Liébana. Nada menos que ABU-L-QASIM-BEN- AL- SAQQAT, de Málaga y del siglo doce. Muy sensual os va a parecer, si hacéis el viaje conmigo. Silencio religioso, por favor:

A la sombra de aquel día giraban los deseos sobre nosotros como esferas astronómicas de felicidad.

Lo pasamos en un jardín al que una nube, armada con el acerado sable del relámpago, escanció la bebida

de la madrugada.

El rojo vino nos dio como almohadas los macizos de murta y parecíamos reyes

sobre el trono de los verdes boscajes.

La mano del amor nos ensartó para la  alegría; nosotros éramos

las perlas, y los amores los hilos.

Nos atacaban como lanzas los pechos de las doncellas, moviéndonos guerra,

y para defendernos no vestíamos otra cota que nuestras pieles de fanak.

Ante nosotros se destapaban caras deliciosas, que parecían lunas entre la noche de las trenzas.

– Estoy hojeando,- dice el Redactor entre los aplausos que no son para él- y no me resisto a leeros éste, y eso que no lo tenía yo decidido. Es una «Escena de Amor», de Ben JAFACHA de Alcira, entre el once y el doce:

Sus miradas eran de gacela; su cuello, como el del ciervo blanco;

sus labios rojos, como el vino; sus dientes, como las burbujas.

La embriaguez la hacía languidecer en su túnica bordada de oro,

que la ceñía como las estrellas brillantes se entrelazan en torno a la luna.

La mano del amor nos vistió en la noche con una túnica de abrazos

que rasgó la mano de la aurora.

– De todas formas, según he leído,- dice la P.C.- a la vez que los poetas cantan al amor sensual, y al vino, hay una corriente ascética que desmiente la veracidad de los temas o la sinceridad de los poetas, y los considera, más que realidad, pues eso, meras convenciones poéticas. Por ejemplo, que recuerde que has citado antes: BEN HAZM hablará mucho de su llanto de amor, pero admitirá a continuación, en prosa, que no ha llorado nunca; y entonará alabanzas al vino, pero cuando acaba el poema, hará protestas de religiosidad y dirá que jamás lo probó. Otro ejemplo que recuerde es el del destinatario de una declaración de amor EN VERSO, y contestará en otro poema de una manera ambigua, «PORQUE TAL ES EL USO DE LA POESÍA», pero adjuntará una notita EN PROSA, para que se entienda que la respuesta a la declaración es NO.

– Exacto.- dice EL Redactor.  Y no es raro el amor platónico, ya está estudiado. Fijaos qué curioso: ya en el desierto de antes del Islam, el platonismo es la actitud amorosa que caracterizó a algunas tribus beduinas, entre ellas las de los BANU UDRA, que significa precisamente: «HIJOS DE LA VIRGINIDAD». Y que más tarde, en la Bagdad del siglo diez, el teólogo BEN DAWUD de ISFAHAN, en su libro KITAB-AL-ZAHRA, o sea «LIBRO DE LAS FLORES» hizo «la primera sistematización poética del amor platónico. Los teólogos DAHIRÍES formaban una escuela a la que pertenecía BEN DAWUD, y encontraron en este amor que llamaron UDRÍ en recuerdo de sus antepasados del desierto, encontraron un sustitutico del amor divino. Este movimiento apasionó a Bagdag y repercutió en la Córdoba del Califato. Como ejemplo de ese sentimiento, Malena va a leer un poema de BEN FARRACH titulado:

«Castidad»

– Aunque estaba pronta a entregarse, me abstuve de ella, y no obedecí/ la tentación que nos ofrecía Satán.

Apareció sin velo en la noche, y las tinieblas nocturnas, iluminadas por su rostro

también levantaron aquella vez sus velos. /No había mirada suya en la que no hubiera

incentivos que revolucionaban los corazones.

Mas di fuerzas al precepto divino que condena la lujuria

sobre las arrancadas caprichosas del corcel de mi pasión, para que mi instinto no se rebelase contra la castidad.

Y así, pasé con ella la noche como el pequeño camello sediento

al que el bozal impide mamar.

Tal, un vergel, donde para uno como yo no hay

otro provecho que el ver y el  oler.

Que no soy como las bestias abandonadas que toman los jardines como pasto.

((Cuando se han disipado los aplausos, todos parecen querer hablar al mismo tiempo:

– Pienso en el tiempo que hará falta para escribir los poemas estos; y no sólo para escribirlos, es que hay que verlo todo, y sentirlo, antes de ponerse a escribir. Y hay ideología, y técnica.

– Cuántas veces habrá ciento cuarenta caracteres en estos poemas, pordiós!

– Y TIEMPO! para corregirlos y perfeccionarlos, que no saldrían bien a la primera.

– Y en árabe!- se exclama un señor mayor con bigote. No falta a ninguna sesión.

– Tiempo, tiempo, eso que ahora no tenemos.

– Veo una descompensación.- anuncia Marta y es como si pusiera una denuncia.

– Qué descompensación?.- pregunta El Redactor; se pone fiero y eso que aún no ha terminado la carrera.

– Que has traído tres poemas de amor sensual, y sólo uno de amor udrí.

– Ah, sí. Bueno, en otra ocasión traeré tres poemas de amor udrí y uno de amor sensual. Pero largo.

– Vale. Pues creo que estamos todos de acuerdo.

 

((Parece que está surgiendo aquí una hermosa amistad))

 

Lean     Poemas arábigoandaluces   de Emilio García Gómez. Será un placer

 

 

 

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  1. Inma dice:

    Oh tempora, oh mores

  2. Aingeru dice:

    Yo aquí siempre me asombro. Me asombro, me divierto y me entero. Y eso que tampoco tengo mucho tiempo. Hasta estoy haciendo amistad con el búho de Rousseau

  3. Andrés dice:

    Parte de historia parte de literatura. Incluso música cuando no la hay. Buen ambiente, gente estupenda. Como para no salir de ahí.