ENTRE EL SIGLO XVI Y EL XXI

Posted: 4th marzo 2019 by Aurora in Crítica
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ENTRE EL XVI Y EL XXI

 

 

 

Partiendo del respeto por la duda de Montaigne, (1533-1592): “Saber mucho da ocasión para dudar más”; del descreimiento en los conocimientos impuestos de Descartes, (1596-1650), conceptos preexistentes: “Todo debe ser objeto de análisis”. “Pienso luego existo”. Innatismo frente a la tabula rasa de Locke (1632-1704) el conocimiento surge solamente  por  la experiencia derivada de la percepción sensorial.

Ambos, Montaigne y Locke, dirigen sus enseñanzas a las clases privilegiadas. Tienden a  formar al individuo gentelman para que sea feliz; no cuestionan de manera importante el funcionamiento de la sociedad,

el ginebrino Jean Jacques Rousseau (1712-1778) analiza al ser humano y a la sociedad formada por seres humanos. Y palpa la inarmonía que existe  en las relaciones individuo-grupo (el individuo no es feliz ni equilibrado). Y se pregunta y analiza. Y convierte la máxima cartesiana: “Cogito, ergo sum”, en: “Siento, luego existo”. Y viene la idea de la libertad individual: sentimiento y libertad que abrirán las puertas a la rebeldía romántica.

Escribe Discurso sobre las ciencias y las artes (1750) y afirma el carácter irreconciliable entre naturaleza y cultura. La cultura creada por los grupos humanos, agrede a la Naturaleza y a la naturaleza humana. De antiguo  viene el “Homo mensura”, el hombre creyéndose rey de la creación, “Medida de todas las cosas”. Por qué, se pregunta Rousseau. Y mira fijamente a Protagoras.

Escribe Discurso sobre el origen y fundamentos de la desigualdad entre los hombres. (1754). Surge la idea de poder mejorar la educación del ciudadano para aliviar los males que aquejaban a la sociedad: desigualdad, injusticia, pobreza. El hombre, alejado de su vida natural, es víctima de las sociedades que ha creado. Sobre todo, es víctima el hombre sin fortuna, lógicamente; está degradado en todos los aspectos: miseria y pasiones desbocadas. El rico puede permitirse las pasiones desbocadas aunque le cuesten caras. Cuestión: cómo el hombre natural, naturalmente bueno, crea sociedades corruptas y corruptoras? Lo trae la ambición, la desigualdad de oportunidades y el ambiente urbano.

Escribe El Contrato Social (1762) libro de filosofía política. Elucubra, propone la  posibilidad de que el individuo llegue a un acuerdo con la sociedad si el pueblo participa de la soberanía, si puede conciliarse libertad y obediencia, si se establece un contrato. Le parece posible si se inicia y se llega a una educación, o re-educación del hombre tal como él piensa que fue: naturalmente bueno y a una con la Naturaleza. Todos, reeducados, formarán un grupo social bueno para todos y cada uno.

La aspiración del hombre, el hombre incontaminado, natural y como en estado de gracia, nos remite al “Beatus ille.” de Horacio.  Lo tenemos en Menosprecio de Corte y alabanza de aldea, de Fray Antonio de Guevara (1539). Fray Luis trasplanta el “beatus ille”  a su finca de “ La Flecha: “… a mí, una sencilla mesa de amable paz bien abastada, me baste…” El villano en su rincón, de Lope. La posterior Pablo y Virginia de St. Pierre, (1789)

Rousseau tiene fe en este hombre natural, naturalmente bueno. No puede plantearse lo que es el ADN, lo que ya traemos, quizá roto, quizá problemas neurológicos;  y escribe con fe su Emilio o De la educación (1762)

El método pedagógico va a funcionar perfectamente, como un teorema, un axioma, una máquina bien engrasada. Es un libro filosofico-pedagogico-literario. No es una novela, es un tratado. Hay muchas verdades, mucha cosa buena. Hay un producto acabado perfecto. Demasiado perfecto para ser posible.

En primer lugar, propone una educación natural en etapas. Lo más importante: la libertad de desarrollo. En principio, relación con las cosas-la vida-. No libros- no verdades acabadas- no historia- no religión- no normas de mundos adultos que no comprende; es un dejar hacer a la inteligencia en contacto con el día a días del ámbito rural-natural. Establece cuatro etapas de maduración y diseña qué orientaciones habrá en cada una. Lo magnífico es que el aparente método de aprendizaje natural de Emilio, bien diseñado por Rousseau-tutor, sirve para que el propio tutor, aparentemente, aprenda del desarrollo de Emilio. Hombre nuevo-libre madura a medida que va estableciendo libre contacto con las cosas, de ahí que vayan surgiendo las experiencias y los aprendizajes; es un abrir puertas y ventanas al saber natural y al sentir libre. En cuatro etapas de crecimiento, el humano irá aprendiendo lo que es el cuerpo (sí mismo), los sentidos (en relación con lo-los otros), el cerebro (la inteligencia, la capacidad de observar, analizar, discernir etc.), el corazón (los sentimientos: ternura, amor, empatía, amistad, y las pasiones amorosas).  La madurez del ser humano (hombre) se inicia a los veinte años. En una persona analítica y libre, los errores y desaciertos propios equivalen a los castigos en una educación  restrictiva impuesta desde arriba. Según el diseño de Rousseau, el ser humano llega a la madurez libre, puro, liberado de la irracionalidad: bondadoso, que no conoce el odio para sí ni para los demás.

–Un apunte muy importante: Emilio se ha criado sin familia, es huérfano. Si queremos leer entre líneas: la familia es uno de los grupos sociales que está enfermo,  funciona mal y por tanto no puede educar bien.

La “educación naturalista” de Rousseau va a crear escuela, pero la cultura occidental sigue enfermando: pesa más la ciudad (error) que el campo (verdad, armonía).

–Otro ejemplo. Tenemos en el Eusebio (1786), un hermano de Emilio, veinticuatro años más joven. Es más literario. Su autor, Pedro de Montengón (Alicante, 1745-1824) es otro ilustrado, muy pendiente de la regeneración social a través de la educación del individuo, que “se esmeró en adaptar y proponer las corrientes filosóficas y literarias europeas al ámbito hispano”.

El Eusebio es una novela filosofico-pedagógica. Tiene mucho de Rousseau y de Emilio, y tiene mucho también de observación y pensamiento originales.

Importante: tampoco Eusebio tiene familia.  Aparece náufrago y huérfano en la costa nor-oriental americana, y encuentra a una pareja de mormones, los Myden, que lo adoptan, y va a vivir con un cestero sabio que será su tutor-orientador pedagógico. No va a estar Eusebio tan alejado de la sociedad humana como Emilio, pero las sabias directrices de Hardyl y su dejar hacer, van a conducirlo hacia la racionalidad serena y sana, también en etapas pero, al tratarse de una biografía novelada y no de un tratado, resulta el desarrollo más real y creíble, menos de diseño, aunque, en el fondo, sea tan rigurosamente científico y creyente en la sana razón humana como el Emilio. También es un personaje de diseño, lógicamente, porque en el fondo se trata de dar por bueno un sistema educativo.

Los dos niños son de origen acomodado, pero en la adolescencia aprenden un modesto oficio porque es lo sano. Por qué es lo sano? Porque así empezaron los hombres primitivos a enriquecerse con sus experiencias. Eusebio tiene más posibilidades de ir aprendiendo en contacto con semejantes que funcionan, precisamente, de manera que el niño- adolescente vaya recibiendo enseñanzas bien preparadas por Hardyl para que encajen en sus etapas de evolución, pero no tanto en compartimentos estancos como hace Rousseau.

Hay cierto bizantinismo en esta novela que sirve para enriquecer la aridez del tratado, que queda en el fondo. Si Emilio conoce a Sophie, una mujer ideal diseñada para él,  Eusebio conoce a Henriqueta. Ambos, en sus momentos ideales con el grado justo de madurez. Hay romanticismo en la forma: “No, Eusebio, partid. Robaos a mis ojos, a mi dolor, aunque sea el precio del sacrificio de mis esperanzas!”

Naaada. Al final, todos son muy felices. Y esta pareja, como la formada por Emilio y Sophie, ya estarán preparados para formar bien a sus vástagos. Y, así.

La vida no funciona de esta manera. Pero, desde el siglo diez y ocho, el ser humano debería haber meditado más sobre estos avisos y estas propuestas.

 

Froebel (Turingia 1782-1871. Montessory, Ancona, Italia, 1870-1952). Decroly (Renaix Bélgica-1871-1932)….

A.S.NEILL, escocés (1883- 1973) Aquí queríamos llegar. Neill reduce mucho las aspiraciones, al menos en apariencia; no ve al niño sano y bueno, es realista, escribe poco y trabaja mucho; no diseña al ser humano sino que trata de curarlo. Se fija en el niño enfermo, y decide que, para él, es más importante el desarrollo adecuado de las emociones que el progreso intelectual, (emociones por sentimientos, seguramente; o emociones y sentimientos). Insisto, porque coge al niño ya maltratado, no lo coge por lo general en la primera etapa de cero a cinco años (el cuerpo). Por eso crea un centro de acogida con el fin de curar en las almas los males producidos en/por la familia como grupo social primario que no suele funcionar bien. Con lo que ya da la razón tácitamente a Rousseau y Montengón.

También le preocupa la regeneración de la sociedad y reconoce que las familias suelen ser criaderos de humanos acomplejados, doloridos, incomprendidos y sufrientes, porque los padres, por el mero hecho de haber engendrado y parido, no tienen por qué ser buenos educadores. Platón daba los niños al Estado y el Estado daba a los niños buena educación a través de personal cualificado: nodrizas y maestros, cualificados y controlados. Y así se formaba un grupo humano sano y pacífico (La República).

Dice Neill: “La solución para la humanidad está en la educación apropiada de los jóvenes. Es lamentable, pero si el señor y la señora Brwon viven juntos de un modo desgraciado porque fueron educados en un ambiente antivida, no se puede hacer nada por ellos”. Porque, cómo educarán estas personas desgraciadas de una forma pacífica y armónica a sus inocentes hijos? No han aprendido. Y así se prolonga la cadena de humanos fracasados, enfermos del alma y de odio. Reflejo de “la sociedad enferma” de Rousseau y otros. Por tanto, hay que aislar a los niños, y va a crear su escuela-albergue SUMMERHILL. Y dice: “Provida es igual a diversión, juegos, amor, trabajo interesante, aficiones, risas, música, danza, en libertad, por propia elección, consideración para los demás y fe en los humanos. Antivida es igual a deber, obediencia, ganancia y poder. A lo largo de la historia ha vencido la antivida, y seguirá venciendo  mientras se adiestre a la juventud para que se acomode a las concepciones actuales de los adultos”.

Neill ha resumido en pocas líneas lo que Rousseau expresó en tres tratados y una pseudonovela didáctica. Su escuela-hogar, más hogar que escuela, para niños social y familiarmente lastimados, era conocida como  “la escuela de haz lo que quieras”. Efectivamente, tras un período curativo de libertad, en el que sólo estaba obligado a respetar los derechos de los demás, el niño elegía libremente lo que quería hacer, en qué dedicar el tiempo, cuál sería su proyección de futuro. Y se curaba.

— Me da la impresión de que se parece a Hardyl, el tutor de Eusebio. Persona bondadosa en principio, llena de sabiduría y sentido común.

–Es que sigue muy parecidos principios desde la empatía, ya no sé si tanto como simpatía: respeto por el desarrollo natural del niño. Eso supone muchísimo estudio, muchísima observación y ganas de un aprendizaje continuo por parte del tutor o del pedagogo.

–Si me permitís una observación: no se puede negar que, ahora, la gente tiene mucha diversión, mucho baile y risa y viaje y despeje, natural o artificial.

–Bueno, no hay que confundir la infantilización de la sociedad a base del hedonismo que proporciona el dinero, para quien lo tenga de sobra; y aquí ya vemos la injusticia de la desigualdad. No hay que confundir la diversión por dinero con la falta de valores. La gente, como tú dices, sigue prisionera de sistemas políticos de mando y dirigismo y hay desigualdades brutales de todo tipo.

–Ah pues, que ni pintado; ahora introduzco yo a un señor muy curioso, que en mil novecientos sesenta escribe una carta pastoral en la que habla de principio a fin de, no sé cómo decir: pedagogía, ni es ni deja de ser.

–Pues, tenemos todo el tiempo del mundo para esperar la mejor introducción. Y, si es de golpe, igual mejor. Mejor empezar por el principio, no?

–Va: Pablo Gúrpide Beope. Navarro. Mil ochocientos noventa y ocho- mil novecientos sesenta y ocho. El hombre está muy preocupado por cosas que ve, que oye; que querría ver y no ve. Tiene mando, tiene proyección.

–Carta pastoral, has dicho. De pastor a rebaño de ovejas?

–Un similar; es Obispo.

–No voy a decir “Con la Iglesia hemos topao” porque está ya muy sobado.

Efectiviwonder. Para empezar, se enfrenta a Rousseau: “La educación es obra esencialmente social. Si la educación  equivaliera a instrucción, podría perfectamente ser algo individual”. Distingue tres sistemas de educación: “La escuela sin Dios. El sistema pestalozziano. El sistema católico”. Erróneos y falsos los dos primeros y verdadero el último”.

–Pues, casi que ya con esto acabamos, no? Porque podemos intuir por dónde va.

–Paciencia, porque es muy interesante su discurso; ayuda a entender muchas cosas, sobre todo a entender la educación y el sistema de enseñanza de los años cuarenta y cincuenta anteriores, y los sesenta y siguientes, y por tanto el tipo de sociedad que se iba formando. Dice: “Entre nosotros existe un triunvirato pedagógico indispensable y clásico: Sacerdote, padre y maestro. Y es indispensable la compenetración del mismo para la obra de la educación de los niños”. Página once.

–Que no había madres y maestras.

–Mi madre era maestra. Y mi padre también.

–Pobre. Que se casaban entre ellos.

–Mucho bromita. De la Escuela, dice que: “…si ha de suplir y complementar la obra de la familia, ha de cooperar por fuerza a la educación cristiana, porque hasta cierto punto representa a la familia y a la Iglesia, que son cristianas”.

–Y estamos en qué época?

–Mitad del siglo veinte. Decir que las familias son cristianas ya es valorar algo que no compete a nadie más que a cada familia.

–Pues, sí, pero hay que ponerse en la época. Pero es que, tiene un parrafito que aclara ese y otros puntos. Oíd. Oíd.

–Hablad, buen Abad, hablad.

–Esto es de “La venganza de Don Mendo”.

–Ya me sonaba. Pues, leo: “La España de Franco ha comprendido perfectamente la importancia de este problema, al establecer obligatoriamente la enseñanza religiosa en las escuelas, en los institutos y en las universidades”

–Casi como que lo dejaríamos aquí, no?

–Por qué? Si hace pensar, es válido. Se me ocurre que, además de las tres patas que señala antes: familia, Iglesia, escuela, tenía que añadir Política Oficial. Veo que se apoya; cuatro patas son mejor que tres.

–Pero es que, desde que se apoya en una doctrina religiosa y/o política, está yendo contra la libertad de educación y de aprendizaje, y del derecho o no ser manipulado ideológicamente que tiene todo menor.

–No, y se lo curra; conoce los sistemas y las propuestas que ya hemos visto. Y los desprecia. Dice que todos tienen una vida efímera. De la propuesta de Rousseau, el naturalismo, dice que tiene origen protestante y filantrópico.

–Y qué?

–No sé, pero dice que Emilio ha influido de manera nefasta: “en materia religiosa es desastroso”, dice.

Emilio cae de rodillas ante el sol, cuando tiene dieciocho años y ha comprendido algo que tiene que ver con lo sobrenatural; como cosa suya, con naturalidad.

–Qué bonito. El pastor ataca a los pedagogos que hemos visto por su excesiva blandura.

–Claro, es que para hacer creyentes hay que ser inflexible, de alguna manera.

–Eso es una masa mediatizada, eso es conducir un rebaño.

–Mismamente, tenían costumbre.

–Y encuentra un objeto de ira, o al menos de recelo: la ILE. Leo: “No hace mucho tiempo, leíamos en una revista esta pregunta, que nos puso en guardia: Se reorganiza en España la Institución Libre de Enseñanza? La pregunta no es imposible. Quién lo sabe?” Opina que la ILE era la representante de “La Escuela Nueva” que propone la libertad interior, Pestalozzi etc.

–Claro, es que si uno se educa de dentro afuera, es necesaria la exclusión del principio  de autoridad que había en las escuelas de la época, la antigua, y por tanto propone “liberar la escuela de todo influjo externo,  sea la Iglesia o el Estado”. Qué malo era Pestalozzi. El de “mano, corazón y cerebro”.

–No querían aleccionar, sino conducir.

–Y que se eduque con religión o sin religión, Gúrpide lo asimila a la lucha bien/mal, a Cristo y al Diablo, y acaba: “Sin religión, no es posible la educación”.

–Y eso, hace sesenta años escasos. Qué opina de la coeducación?

–Qué va a opinar quien habla continuamente de: el cura, el maestro, el padre, el niño? Además, coeducación había en la ILE.

— Va de la familia: “¡La familia! En nuestro idioma, la familia se llama con una palabra muy expresiva: HOGAR. El hogar es fuego, calor, calor de nido. ¡Nido!, alitas que cubren y un padre que vela”. Página treinta y tres.

–Qué? Un padre que vela? En el siglo pasado?

–A mí no me mires. De las mujeres dice, claramente, que la dignidad se basa en el sacrificio y en la abnegación. La dignidad de la mujer.

–Tiene que ser claramente creacionista, qué vas a esperar; la mujer es una costilla del marido. Eso va en la educación religiosa.

Pestalozzi, Montessori, Decroly, Tolstoi, Tagore, están más en la realidad social que él. El propio Neill, en el mismo tiempo de esta pastoral, trabajaba en su internado con niños deshechos en las familias que funcionan mal, que son casi todas, sin religión o con religión  que dar desde el desayuno a la cena.

–Bueno, él opina que la educación obliga a la familia porque ésta es anterior al Estado

–El derecho por la gracia de dios es abusivo. Miremos, como han hecho estos buenos pedagogos, y otros, los humildes, empáticos y simpáticos, miremos la realidad de las criaturas y de las sociedades, y curemos las neurosis de los menores, a ver si, al salir a la edad madura, pueden ir mejorando los grupos sociales, empezando por la familia. Aunque, no sé. Hay que mirar a la realidad, y este señor, cuando piensa en educación, mira a Cristo Crucificado. Nada que ver, creo yo. Hacer virtuosos a los niños, ya lo intentaban aquellos sabios de hace dos siglos y pico. Ahora diríamos que enseñaban ética y equilibrio sentimental y emocional, que no es lo mismo. Virtuosos no tiene por qué querer decir religiosos. La virtud, el ser correcto o correcta en sociedad, debe ser laico, porque se deber. Punto.

–Es que hay que distinguir educación de domesticación. A los menores, ideología, no; ni política ni religiosa; que viene a ser lo mismo.

–En realidad, qué es Summerhill? Tengo hoy un poco de memoria corta.

–Es libro, es escuela-hogar, es colina llena de sol, es su fundador, es otros libros de este fundador, aunque no muchos. Fíjate, el libro aparece en mil novecientos sesenta, el mismo año que la carta pastoral que hemos visto antes. Neill pretende poner el corazón, equivalente a salud sentimental, por encima del cerebro; para que nos entendamos: “Neill parece dispuesto a sacrificar el cerebro al corazón”, dice de él un colega educador y escritor: HECHINGER: “Él busca poder excluir las restricciones porque busca y enseña a buscar la autodisciplina”. En eso, Neill trabaja desde el respeto, fomenta la capacidad del menor para que comprenda lo que debe y no debe hacer, para bien suyo y del grupo. “La libertad funciona”, dice Neill. “Escribe sus libros no para dictar preceptos ni para exponer teorías, sino para relatar una experiencia real durante cuarenta años”, escribe Eric FROM.

–En eso al menos, no se parece ni a Rousseau ni a Montengón, que son teóricos.

–Se parece en que cree en la bondad del menor. Del niño o la niña feliz, sin obligación de vivir en una familia castradora, como la mayoría. Porque, decidme: a los padres, quién les ha dado el carnet de educadores, ni siquiera con un cinco. El menor que sufre, será, seguramente, un menor retorcido, inestable y sufriente: inseguro, o insegura.

–Es que, la disciplina dogmáticamente impuesta, y los castigos, producen temor, y el temor produce hostilidad. Neill no sabe no ser sincero, hace lo que quiere y cree en lo que hace y está lleno de amores y respetos por las criaturas y por la sociedad en la que tendrían que vivir; por eso ve la necesidad de reformarla: “La agresividad exagerada que vemos en los niños no libres es una protesta contra el odio que se les ha mostrado…La agresividad de tipo peleador es odio, y los niños llenos de odio necesitan pelear. Cuando los niños están en una atmósfera de la que se ha eliminado el odio, no lo muestran”.

–Realmente, asusta poner el termómetro de la agresividad a nuestra sociedad de hoy mismo. Hay agresividad en todos los planos y niveles de edad. Ves por la calle a pequeños de dos o tres años, con sus mayores, gritando alaridos y dando patadas a padres o madres, tirándose al suelo sin dejar de gritar.

–La sociedad demente, de que habla. Y, por otra parte, no ha habido en la historia momento en que la gente gaste más dinero en viajar por lujo, en comer de lujo; no tienes más que mirar las televisiones: hay superabundancia de programas sobre comidas, siempre, a cualquier hora del día; quieren enseñarnos a cocinar y a comer para ser muy felices. Y, a la vez, existen mayores masas de indigentes, migrantes o no. La sociedad está enferma, realmente, y los niños no pueden estar sanos, y a medida que se incorporan al mundo adulto, la sociedad aumenta en grados de enfermedad y demencia.

Neill es internacionalista y pacifista, como no puede ser de otra manera, racionalmente, no tiene ningún tipo de fanatismo. Mira, recuerdo ahora un pensamiento de Montaigne: “Cualquier individuo es mi compatriota”. Con pensamientos así, sólo habría paz, no?

–“El niño difícil es el niño infeliz. Está en guerra consigo mismo y en consecuencia en guerra con el mundo”. Ves, esta idea tan simple implica algo muy patente. “Neill se mete dentro del niño difícil y siente como él. Y de dentro hacia fuera, le da tratamiento, y el niño se cura. Y la niña se cura. Dice cosas como: “Si un niño es libre para decidir por sí mismo, habitualmente no será rencoroso. No encontrará ninguna diversión en hacer que un adulto pierda la paciencia”.

–Y como es buen psicólogo, tiene en cuenta, también, que el niño difícil puede tener alguna lesión cerebral. Algo que, en las familias, a veces no se ve a tiempo. Porque las familias no tienen capacidad para ello.

–Como máxima general: “Estarás siempre del lado del niño, no frente a él”.

–Ahora se dice la cosa esa de meterse en los zapatos del otro. Pero, los padres, todos, por el hecho de ser padres, pueden, saben hacerlo?

–“Vivimos en una sociedad demente, y la mayor parte de nuestras prácticas religiosas son una farsa”, escribe.

–Ay, el pastor! Pero, bueno; la idea del pastor es solo suya o hay que pensar que es idea participada?

–Ahí está lo malo, que es ampliamente participada.

–Y ahora, después de todo esto, adónde vamos?

–Al rincón de pensar.

–A una campa mejor, no?

–Vale. Y debajo de un árbol. A ver si nos cae la manzana en la cabeza.

–Ojalá.

–Esperemos que esté sana.

–Sólo faltaba.

 

 

 

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