ESTE SALÓN

Posted: 19th marzo 2013 by Aurora in Literatura
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-Este Salón, es lo que tiene, que podemos darle la forma que queramos.- la periodista comprometida dirige al pintor en la eliminación de las mamparas. Luego tendrá que girar los focos hacia los retratos- Colocamos las sillas en esta dirección, y ya tenemos la atención de todos focalizada en las tres señoras.

-Que buenos retratos, ya lo dije el otro día- el pintor se queda, más que mirando, estudiando los cuadros de Madrazo.

Ha estado colocando el que ofreció para el Salón. Al final me decidí por “la luz que tiembla en una ventana sin casa”. Lo ha encajado perfectamente en el mejor lugar. El Salón ahora vale más  con el recuerdo diario a Herta Müller.

-Estos retratos, podrían estar hechos ahora?- pregunta la actriz de televisión. Acaba de llegar.

-Alguien podría hacerlos ahora. Yo, no podría. Tendría que volver a nacer, si acaso.

-Es curioso, verdad, que siendo hija de dos románticos señalados, teóricos y autores, Cecilia Böhl de Faber fuera en su vida, y en su obra también, una dama perfectamente de la Ilustración. Tan equilibrada.

-Se casó tres veces.

-Y qué. Se le morían los maridos. Pero, era medida y serena. Con el primero, no. Pero con los otros dos, fue feliz. La adoraban. Su madre, no era equilibrada. Su madre doña Frasquita era vehemente y apasionada y hasta se separó del alemán, por un tiempo. Pregunta por ahí, verás.

-Y es curioso que, siendo coetáneas, estas otras dos damas fueran exactamente románticas, en vida y en obra. Sobre todo, Avellaneda.

-Ya en la vejez, doña Cecilia aceptó conocer a la divina Tula. Antes no había querido porque le molestaba su vida licenciosa entre comillas. Pobre Tula, con lo que sufrió. Total, sólo tenía veinte años menos que Fernán Caballero. Ya eran mayores las dos, cuando se conocieron. Y las dos estaban solas.

-Pienso que Fernán Caballero nos daba, ella sola, para una tertulia.

-A ver si la podemos traer. Problemas de agenda, no tendrá.

-Quién sabe!

-No ha asomado el morro mi compañero por aquí?- pregunta la actriz de televisión.

-No lo hemos visto.

Se aleja unos pasos para llamar por el móvil. No termina de marcar cuando alguien la empuja por la espalda. Es el compañero, que trae a la rapsoda cogida por el cuello. La periodista  da una carpetilla a cada uno.

-Está coloreada la parte de cada cual. Los poemas no llevan color porque ya sabemos quién los lee. Rojo para ti y azul para ti. Leéis alternativamente.

-Como en los premios Goya!

-Bueno. A ver si sale bien.

El pintor ha terminado su trabajo. Duda entre quedarse o irse.

-Es que no conozco a estas escritoras.

Le digo que cuando lo considere oportuno, puede hablar a los tertulianos de su tema favorito. Del clima, en pintura y en literatura. Que no es cosa tan distinta. Parece que se anima.

-Bueno. Si la señora Müller dijo que venía a escuchar y a aprender, siendo quien es, yo puedo hacer lo mismo.

Ya todos los sillones miran hacia los retratos. Supervisamos las bandejas. Hay que alejar las flores de los focos de luz. Empiezan a entrar los visitantes. Vuelven los actores. Se colocan. Silencio:

Para trazar un escueto perfil del romanticismo, se puede empezar aludiendo a la libertad como rechazo de lo establecido y como bandera desplegada en el corazón de algunos jóvenes, ya en el último tercio del siglo dieciocho (Cadalso, Goethe, Lessing. Posteriormente Byron, Scott, Hugo, Espronceda, Larra etc.)

Proclamar la libertad es proclamar el derecho a ser individuo único y distinto de los demás, derecho a no ser considerado como masa, derecho a ser original.

Si damos un paso atrás, vemos en el XVII un fuerte absolutismo como sistema de gobierno, y una férrea normativa artística en la Academia, las poéticas (Boileau… XVIII Luzán) Sistemas despóticos con los que no acabó la Revolución (1789). Y posteriormente, el yugo aplanador que Napoleón  quiso imponer en Europa, levantó la legítima ambición de libertad de los pueblos, que se alzaron contra todo ideal uniformador, fuera en política, en cultura o en religión, (derecho a ser individuo, derecho a ser pueblo: origen de los nacionalismos).

Pero, a la caída del Imperio, las monarquías europeas restauradas volvieron a sus reglamentaciones estrictas de gobierno y despóticos sistemas políticos y culturales, si sólo queremos recordar a Fernando Séptimo y la sangría de intelectuales hacia el exterior. Pues el romanticismo se va a hacer revolucionario. Reivindica la libre inspiración sin academicismos ni mayores cortapisas que cada individuo quiera imponerse en sus manifestaciones, artísticas o no. Van a ser postergados los mármoles griegos del neoclasicismo y se va a tender a las morbideces de formas y sentimientos.

El yo espiritual de cada individuo era la medida del universo para ese individuo, así proyectaron los románticos hacia fuera lo mejor de sí mismos con una pasión por la vida que acabó por ser la clave de su tragedia. Porque no consiguieron ver realizado el mundo ideal en el que habían intentado vivir dentro de sí mismos como embrión del que deseaban ver fuera de sí mismos. Entonces, se podría concluir que el romanticismo es una forma de sentir la vida y por ende un estilo de vida: “La tristeza, la añoranza del pasado (cualquier tiempo pasado fue mejor?) la desesperación, el mal de siglo, la efusión de los sentimiento, la pasión….El romántico vive desde sus sentimientos, se afirma la originalidad…”  “….El romántico, rebelde aunque proceda de las filas de la clase media, busca el mundo espiritual, la experiencia personal intensa, y la libertad (oposición al Poder). Cultiva así la excentricidad e intenta que su vida toda sea un desacato a las normas…” (Rico)

Hoy podríamos decir que pudo ser una neurosis por exceso de exuberancia  y deseos altruistas, una neurosis francamente envidiable.

En esa atmósfera colorida, un tanto exasperada y llena de contrastes brutales, bipolar, vemos desenvolverse a Gertrudis Gómez de Avellaneda y a Carolina Coronado. Dos poetas románticas siempre citadas y siempre mal conocidas. También ahora. Quizá.

Gertrudis Gómez de Avellaneda nace en Puerto Príncipe (hoy Camagüey, Cuba) en marzo de 1814. Huérfana de padre a los nueve años, el tener que soportar al padrastro, también militar, fue el principio, se supone,  de su rebeldía; del violento deseo de evasión que palpita en ella durante toda su vida. Rompe noviazgos y bodas preparadas para ella o deseadas, en principio,
por ella.

Por escándalos y amoríos, la familia deja la isla y vuelve a España. Vemos ya el inicio del carácter desajustado propio del romanticismo, que nunca es una elección sino una predisposición.

 

La vemos, acodada en la borda, pensando este soneto de 1836, fecha del viaje:

¡Perla del mar! ¡Estrella de Occidente!

¡Hermosa Cuba! Tu brillante cielo,

La noche cubre con su opaco velo

Como cubre el dolor mi triste frente.

¡Voy a partir! La chusma diligente

Para arrancarme del nativo suelo

Las velas iza, y pronta a su desvelo

La brisa acude de tu zona ardiente.

¡A Dios, patria feliz! ¡Edén querido!

Do quier que el hado en su furor me impela

Tu dulce nombre halagará mi oído.

¡Ay, que ya cruje la turgente vela,

El ancla se alza, el buque estremecido

Las olas corta y silencioso vuela.

Vive y se enamora en Sevilla y ya la llaman la divina Tula, con fama de ligera y frívola; en realidad, esperando al compañero ideal. Surgen varios novios, alguno amena con el suicidio si Gertrudis no accede al matrimonio en el plazo de tres meses; qué atmósfera sofocante par Gertrudis. Nadie que ella no quiera podrá llevarla adonde ella no quiera. Y aparece Cepeda, parece que va a ser el hombre necesario. Es mil ochocientos treinta y nueve. Ignacio Cepeda es un joven estudiante de Leyes. Viven una atormentada relación, ella pide, exige. No es el hombre necesario. No se atreve con el volcán que la divina Tula lleva en su interior. La relación acabará en nada. O en lo que tenía que acabar. Cepeda se casará, a despecho de Tula y su correspondencia amorosa será editada en mil novecientos siete por la viuda de Cepeda. Qué sangrante es a veces la vida. Afortunadamente, Tula murió sin conocer esta sangrante burla del Destino.

Tula no se deja caer en los fracasos sentimentales, porque no vive para vivir el amor solamente, sino para crearlo; por tanto, escribe, es imparable. Vive en Sevilla y en Madrid y publica libros, estrena dramas y tiene verdadero éxito en salones y Liceos.  Alterna con los poetas de El Parnasillo, (Espronceda, Tassara…) y Bretón dice de ella: ¡Es mucho hombre, esta mujer! Refiriéndose a la fuerza de su inspiración o carácter, que viene a ser lo mismo.

Acaba de estrenar con éxito el drama  Lucrecia , y Tassara se enamora de ella. Viven su amor sin ocultarlo, es el años mil ochocientos cuarenta y cuatro y  Zorrilla estrena su Don Juan.  Está asegurado el contexto para estos amores  al límite.

Se rompe el idilio porque Tassara la cree infiel. O es lo que dice. Pudieron ser celos. Falta de seguridad en sí mismo. Tula está embarazada, sola en el Madrid de mediados del diecinueve, donde las mujeres van con mantilla por la calle, y llevan carabina, las que se lo pueden permitir. No consigue que Tassara quiera ver a la niña, que muere lentamente durante los siete meses de vida que trae. Para un ser humano, hombre o mujer, lleno de amor, esta indignidad rebasa los límites de la comprensión. Tula cree que jamás volverá a hacer poesía. Y escribe el poema: “Adiós a la lira”, del que Nuria va a leer algunas estrofas:

Hay en el brillante estío,                    lánguidas, inertes calmas.

De luz y vida la tierra                        parece hallarse cansada.

En las horas más ardientes                el movimiento hace pausa;

Su cáliz pliegan las flores                   sus alas encoge el aura.

Así del hombre en la vida                  hay una edad que aun lozana

Del pensamiento parece                    que descolora las galas.

Su inefable poesía                             le niega ya la esperanza,

Y aún no le ha dado perfecta                        su inspiración la desgracia.

Así, el vate se asimila                                    al ruiseñor,  que no canta

Cuando en la siesta ardorosa             del sol aspira las llamas.

…..

Armónicos sones guardan                 llegó para mí el estío

Y goza su siesta el alma.                     ¡Ven! ¡Recibe de mis ojos

Esta lágrima… y descansa.                Que hace ya sobrado tiempo

Que mi carrera acompañas    ………  …….

En mil ochocientos cuarenta y cinco obtiene los dos primeros premios de la competencia poética organizada por el Liceo Artístico y Literario de Madrid. Y a partir de este  momento, Gómez de Avellaneda figura entre los escritores de mayor renombre de su época.

En mil ochocientos cuarenta y seis se casa con don Pedro Sabater, que enferma muy pronto y muere el uno de agosto en Burdeos. Ante este nuevo golpe, Gertrudis se recluye en un convento y se da a las prácticas piadosas. Escribe poemas dedicados al marido muerto. No se agotó su lira.

En mil ochocientos cincuenta y cuatro presenta su solicitud de entrada en la Academia, para ocupar el sillón que había sido de don Nicasio Gallegos. En votación legal, le es denegada su solicitud.

-Un momento, por favor! Unos cuantos años después, a Pardo Bazán ni le entran las ganas de presentar la solicitud. Decían algunos académicos que le harían un favor si no la admitían, porque la libraban de la rechifla y la envidia de las otras mujeres. Lo he leído hace poco.- ha sido una voz de mujer, tranquila y serena, bien timbrada.

Suenan aplausos para la intervención. Los lectores esperan, tranquilos, poder volver a su turno. Está saliendo todo bien. Todos están atendidos.

Abre salón en Madrid. Tiene vida social como escritora reconocida. Escribe dramas, novelas y poesía. Alfonso Munio (1844) Saúl (1849) Baltasar (1858). Traduce en verso obras de Dumas, de Maquet y de Ugier.

Se casa en mil ochocientos cincuenta y seis con un político de gran influencia: don Domingo Verdugo (lo que es el hado adverso del romanticismo. Va a durar poco la bonanza. Dos años después, durante la representación de Los tres amores , obra deTula, alguien introduce en el escenario  un gato con la intención de reventar la representación. Verdugo se bate y es atravesado en el lance. Ella se dirige a la reina pidiendo reparación, y Serrano nombra a Verdugo gobernador de Cuba. Y por este rocambolesco suceso, Gertrudis vuelve a la isla que la vio nacer. Pronto quedará viuda porque el pulmón atravesado de Verdugo no pudo curar del todo y sucumbió.

Opina Gómez de la Serna que la divina Tula vivió estremecida porque sobre la gloria literaria quería mantener la vibración duradera del verdadero amor. “Así ha quedado en los dos santorales: en el de la pasión que no se resigna a renunciar al ideal, y en el de los genios literarios. Dio sentido y emoción al romanticismo español, encendiendo su antorcha teatral en aquellos días de entusiasmo y candor”.

Curiosamente, la lectura de este párrafo ha salido de color morado, porque cada uno de los lectores debía de tener coloreado el párrafo con su color distintivo, y se han solapado las voces. Pero, han reaccionado bien; han acoplado los timbres de voz, y yo casi diría que ha sido un éxito; una variación.

Una quincena de novelas con abundante temática suramericana: Sab, de 1841. Es interesante señalar que esta novela se adelanta en diez años a La cabaña del Tío Tom, de Harriet Beecher Stone.   El artista barquero (1841) Espatolino 1848 El cacique de Turmequé 1854 .

Abundantísima obra lírica subjetiva y de tono melancólico, como era de esperar. “El amor es su tema fundamental y sus versos eróticos son de extrema y apasionada sinceridad, en la que se funde la expresión robusta con una intensa nota subjetiva de ternura y nostalgia. Sus repetidas desilusiones le inspiraron también versos sarcásticos, de rara energía y amargura.

Volvió de América desarbolada y sola. Vivió en Sevilla y conoció a Fernán Caballero. O, quizá más exactamente a Emilia Böhl de Faber. Las dos famosas, la una serena y famosa contra su voluntad. La otra vehemente y buscadora de gloria y de fama. Queremos recordarla en sus tiempos de juventud, arrebatada, luchadora y buena. Nuria nos va a leer el soneto: “En una tarde tempestuosa” de 1841.

Del huracán espíritu potente

que hoy dejas la región precita,

¡ven, con el tuyo mi furor excita!

¡ven con tu fuego a conocer mi frente!

Deja que el rayo con fragor reviente,

mientras cual hoja seca, o flor marchita,

tu fuerte soplo al roble precipita

roto y deshecho al bramador torrente.

Ven a librarme de la pena extraña

que a un alma altiva con baldón devora

y el brillo puro a la razón empaña.

Ven! Y al inerte pecho que te implora

de tu poder y tu iracunda saña,

el llanto seca que cobarde
llora.

Nuria ha leído con mucha garra. Igual que sus compañeros. Pero ahora todos sabemos que podemos aplaudir porque no interrumpimos a nadie. Ha terminado la primera parte.

Algo sorprendida, le digo al pintor que no ha intervenido.

-No. Yo, ahora querría preguntar a estos chicos, qué hacen aquí, o qué hacen revueltos recitando a señoras antiguas. Me extraña, porque son muy jóvenes.

-Yo,- dice Nuria- porque pienso que con las palabras de a diario, la boca está siempre como vacía de sentidos. Y estas palabras llenan. Algo así.

– Sí, igual.- dicen los lectores, también en color morado. Parece que hay mucha compenetración. La verdad es que las voces empastan bien. Pensaremos en más planes para el futuro, con sus voces. Van a volver a leer. Se apagan los murmullos.

CAROLINA CORONADO nace en 1823, en Almendralejo, provincia de Badajoz. Pertenece a la clase acomodada y liberal: su abuelo, político, murió víctima de la triste España de Fernando VII. Y su padre sufrió cárcel y persecuciones.

En principio fue destinada a las labores “propias de su sexo”.  Labores femeniles, de adorno: bordar, un poquito de música, un poquito de pintura. Tiene vedada mayor instrucción porque si es culta no se casará. Como suele ocurrir con niñas oprimidas que de nacimiento traen etiqueta libertaria, arranca a leer más o menos clandestinamente, sin discriminación. Ya en principio eso va a conseguir que se vea “distinta”. Afortunadamente para ella, sus progenitores eran inteligentes. Y ya de adolescente, según su padrino Hartzenbusch, (Los amantes de Teruel) Carolina estaba recibiendo “la educación más brillante que el país permitía”.

A los dieciséis años va a escribir la obra que le dará notoriedad: “A la palma”. Nuria nos va a leer unos versos:

Alza gallarda tu elevada frente,

Hija del suelo ardiente,

Y al recio soplo del aquilón mecida

De mil hojas dorada,

De majestad ornada

Descuella ufana sobre el tallo erguida…….

Composición generosa en versos que apareció en “El Piloto” y mereció buenas críticas de su paisano Juan Donoso Cortés, nada menos. Después vino el elogio de su otro paisano famoso, Espronceda, quien le escribe:

A Carolina Coronado después de leída su composición:

Dicen que tienes trece primaveras, y eres portento de hermosura ya….

Nos preguntaríamos: a una niña de trece o de dieciséis años, que ha escrito una composición poética meritoria, es lógico alabarle su hermosura? Por qué?

En 1844 ya tiene el sistema nervioso largamente castigado, de tanto sentir, y tiene su primer ataque cataléptico. El año anterior había aparecido su primera colección impresa, prologada por Hartzenbusch.

Hay un Alberto que quiere llevársela a América. Se aman muchísimo, pero ella está apegada a su familia y su entorno. Poca exaltación parece, para tanto romanticismo. Ya es conocida en la provincia, viaja mucho, es rica y mimada.

Vive en Sevilla y se desenvuelve entre la aristocracia de rancio abolengo; es hiperestésica, se deja arrobar por la naturaleza, lo grande, lo bello. Es liberal pero no rompe con nada. Borda una bandera: es mujer.

Muere Alberto, el marino que se fue solo a América. Y se queda sin ensueños. Incluso llega a hacer votos de castidad: sin testigos, entre el individuo y la divinidad.

(Tula se recluyó en un convento. Temporalmente)

Precipitación y torbellino de impulsos, en el desequilibrio nervioso hacia las situaciones límite. Es perfectamente romántica. Si Alberto murió en el mar, y no puede consolarse visitando su tumba, al menos vivirá en a ciudad de Cádiz desde donde él partió, y allí están fechados los últimos poemas para él, en el año cuarenta y ocho.

(Cuando Tula está pensando en presentar su candidatura a la Real Academia)

Ya nunca en la vida, gentil compañero,

ya nunca volveremos a vernos los dos.

Por eso es tan triste mi acento postrero,

que nada hay más triste que el último ¡adiós!

Escribe dramas de corte histórico, que alcanzarán más o menos éxito: Alfonso IV de León.   Un alcalde de Monterilla.      El divino Figueroa  , un drama lírico. Vive y estrena en Madrid, con éxito desigual. Es recibida por la reina Borbón. Es retratada por el pintor de la Corte.

Suenan cañones de guerra en Europa, es 1843: “Al contemplar del mundo los horrores y el estrago horrible de las balas…….”

Vuelve a su Extremadura natal, al “valle sosegado”, al que nos lleva Nuria:

Ya están los ojos de mirar cansados,

Ya no puedo, señor, con tanta pena,

Ya me torno a la ermita, donde suena

La campana. Y que truenen los nublados;

Yo buscaré el reposo de mi alma:

No quiero tempestad, quiero la calma.

Tiene veinticinco años y está cansada. Pero continúa con su actividad literaria. Es profundamente creyente y esto choca en un ánimo tan exaltadamente romántico, porque ha de verse limitada en su afán de libertad. Pero uno llega hasta donde llega; a algunas personas, la religión les proporciona, precisamente, libertad.

Se casa con un estadounidense secretario de embajada. Y aquel voto de castidad, recién muerto Alberto?

Va a ser un buen matrimonio.

Escribe novelas: PaquitaAdoración. No encontraba problemas para publicar. Son obras de “la insigne poetisa orgullo del Guadiana”. Quizá no fuera una gran novelista, pero se aprecia en ella una gran inteligencia, sentido del humor y fina ironía. Feminista teórica y culta. Su obra representa el eterno femenino.

Irá perdiendo el estro poético: su vida es muy reglada, vive en Madrid y abre salones en la Castellana. Va dejando la poesía, es esposa y madre. Habrá reediciones sucesivas de su obra, eso sí. Se da a la prosa con poca fortuna. Se autocensura porque ya no es independiente: ahora es casada y burguesa y discreta que ha de velar por el buen nombre del marido, de cierta relevancia.

Las ediciones y reediciones de sus libros se compran por suscripción de personalidades, empezando por los habitantes del  Palacio Real.

Permitirá aflorar su vena lirica para conmemorar efemérides, por ejemplo: “A la abolición de la esclavitud en Cuba”. Nuria:

Si libres hizo ya de su mancilla

el águila inmortal los africanos,

por qué han de ser esclavos los hermanos,

que vecinos tenéis en esa Antilla……

….. o borras el baldón que horror inspira,

o esa tu libertad, pueblo, es mentira.

Militante contra la pena capital, en tiempos de revueltas y algaradas en los últimos años del reinado de Isabel Segunda, se comprometió personalmente para ocultar a personalidades en embajadas y en su propia casa. Esto sí puede pasar por romanticismo.

Mueren algunos de sus hijos. No se aviene con la muerte. Los embalsama y los visita. Cae y vuelve a caer en estados catalépticos. Quiere renunciar al mundo y sus vanidades. Deja la familia Madrid y su pompa y se instala cerca de Lisboa.Muere el marido-padre, Horacio Perry. Quedan de ella versos brillantes:

Una corona, no, dadme una rama

de la adelfa del Gévora querido,

y mi genio, si hay genio, habrá obtenido

un galardón más grato que la fama….

…Y siento que mi espíritu es más fuerte

en esta vida que os parece muerte.

El espíritu romántico se quiebra, pero jamás se dobla. Resiste vaivenes y envites y saca fuerza de la fibra más entrañada. Es el carácter más noble y generoso que se da en la naturaleza humana; no importa en qué época surja, porque ni empezó ni acabó con el movimiento romántico. Que esa es otra canción. Böhl de Faber, padre, decía que los primeros románticos fueron los renacentistas. Los primeros cristianos tenían mucho de romanticismo.

Núñez de Arce le pide en mil novecientos dos que envíe a Madrid un poema en honor del paisano Espronceda, con ocasión de ser trasladados sus restos, y los de Larra, al pabellón de hombres ilustres del siglo diecinueve. Envió una composición que fue leída en el Ateneo.

Murió en enero de mil novecientos once, cuando ya el movimiento romántico se había quedado colgado en las ramas del simbolismo y del modernismo.

Se refugia el espíritu en la nada

Cual si a extinguirse fuera nuestro aliento,

Y en el vago no ser, desorientada,

Cesa de la criatura el sufrimiento.

Había yo pensado que este final iba a ser un poco melancólico. Hago sonar, vibrante, el dúo de Adán y Eva, de La Creación, de Haydn. Hace rato que tengo puesto el dedo en la tecla. Proyecto la letra; es una sorpresa incluso para la periodista comprometida:

Adán: Oh, cómo me estimula el rocío de la mañana

Eva: Oh, cómo me conforta el fresco del atardecer!

Adán: Qué delicioso es el jugo de la fruta madura!

Eva: Qué encantador es el dulce aroma de las flores…..

Aplaudimos a los lectores, a la rapsoda. Hacemos salir a la periodista. Aplaudimos
a Haydn. Se mezclan los aplausos con el vibrante final de la composición. Nos aplaudimos todos.

Volverán.

 

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  1. María Luisa dice:

    Me encanta la forma de tratar a las autoras y de presentar las vidas literar¡as. También para Herta Müller y Pardo Bazán. Y la crítica del contenido y la ideología. Un diez.

  2. Antonio dice:

    Genial, nueva forma de crítica literaria.

  3. Carlos dice:

    Interesante y bueno. Fenomenal.