EXTRAÑAS LECCIONES DE AMOR

Posted: 14th septiembre 2015 by Aurora in Literatura
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ESTE VERANO, durante el viaje por Europa del Este, Yárek Palka estudiaba la poesía de César Vallejo para desarrollarla y explicarla en sus clases. Siempre me ha parecido un poeta difícil, Vallejo; bronco, oscuro, «fieramente humano», en carne viva y con un idioma que huele a tristeza, que grita siempre por qué, Señor, por qué; en su nombre propio y en nombre del grupo humano.

LA P.C. (la Periodista Comprometida) tenía que hacer para su revista un trabajo sobre Khalil Gibrán, y, en los recorridos largos, su atención se concentraba detrás de un muro de silencio y de una carpeta atestada de papeles. Recordaba yo a veces los largos versículos de su poesía o, quizá pueda decirse, de los poemas en prosa de Gibrán,  profundos y didácticos.

EL REDACTOR y yo hacíamos fotos, por placer y por encargo.

UNA NOCHE, después de cenar, estuve hojeando los libros que manejaban y me fijé en las fechas de nacimiento y de muerte de ambos poetas, y me pareció curioso no que fuesen coetáneos, sino que murieran con sólo siete años de diferencia y a una edad, los dos, temprana y próxima: Gibrán el libanés, nueve años mayor, a los cuarenta y ocho; y Vallejo el peruano, a los cuarenta y seis.

A PARTIR DE ENTONCES, entre Palka, la P.C. y yo nos rifábamos los libros, y El Redactor se encargó en solitario de las fotos: mejor, porque hace unas fotografías muy buenas y yo no.

DEJO para más adelante un estudio lo más a fondo posible de la obra de estos poetas, y me quedo en principio con dos composiciones cortas, ambas de hondo sentimiento y pensamiento, y tan dispares que parecen pertenecer, como de hecho quizá pertenezcan, a universos bien distintos. Y, sin embargo, complementarios.

Nacisteis juntos y juntos para siempre.

Estaréis juntos cuando las alas blancas de la muerte esparzan vuestros días.

Sí, estaréis juntos en la memoria silenciosa de Dios.

Pero dejad que los vientos del cielo dancen entre vosotros.

Amaos el uno al otro, pero no hagáis del amor una atadura.

Que sea, más bien, un mar movible entre las costas de vuestras almas.

Llenaos el uno al otro vuestras copas, pero no bebáis de una sola copa.

Daos el uno al otro de vuestro pan, pero no comáis del mismo trozo.

Cantad y bailad juntos y estad alegres, pero que cada uno de vosotros sea independiente.

Dad vuestro corazón, pero no para que vuestro compañero lo tenga,

porque sólo la mano de la vida puede contener los corazones.

Y estad juntos, pero no demasiado juntos, porque los pilares del templo están separados,

y, ni el roble crece bajo la sombra del ciprés

ni el ciprés bajo la del roble.

K.G.

 

Amor, ya no vuelves a mis ojos muertos;/ y cuál mi idealista corazón te llora.

Mis cálices todos aguardan abiertos/ tus hostias de otoño y vinos de aurora.

Amor, cruz divina, riega mis desiertos/ con tu sangre de astros que sueña y que llora.

¡Amor, ya no vuelves a mis ojos muertos/ que temen y ansían tu llanto de aurora!

Amor, no te quiero cuando estás distante/ rifado en aceites de alegre bacante,

o en frágil y chata fracción de mujer.

Amor, ven sin carne, de un icor que asombre;/ y que yo, a manera de Dios, sea el hombre

que ama y engendra sin sensual placer!

C.V.

 

((Lo que va de una voz en tercera persona a una voz en primera persona. Lo que va de una voz salida desde el cerebro a una voz salida desde la garganta))

 

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  1. Lerena dice:

    Son dos poetas que tienen mucho que decir, me alegra verlos aquí

  2. Kaíto dice:

    Ya se me hacía larga tanta vacación, aunque el trabajo de Rajzner ha sido genial. Bien venida y a seguir con los amigos del Salón

  3. Anne dice:

    O extrañas formas de sentir amor que vienen a darnos un revolcón para pensar en direcciones nuevas. Muy interesante