Fragmentos de 'Viejas historias de Euskal Herria'

Posted: 15th octubre 2012 by Aurora in Obras propias
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La matriz de estos cuentos se halla, sobre todo, en testimonios recogidos de viva voz. También es importante el caudal de datos conocidos en los trabajos de investigación de los señores Barandiarán, Estornés, Caro Baroja y otros.

Mi labor ha consistido en ampliar, enmarcar y dar forma literaria deliberadamente sencilla, a ese abigarrado mundo de recuerdos de un pasado remoto, como una fe natural en el poder evocador de la recreación literaria, sin embellecer necesariamente ese lejano panorama de creencias y prácticas mágicas, leyendas y mitos, que dotan de singularidad a una existencia posible en un lejano pasado de nuestro entorno cultural,
en el cual, la inmersión necesaria para su comprensión, desde la curiosidad y el respeto, dan como resultado numerosos reflejos de los estratos tradicionales de la cultura vasca.

No son cuentos pensados para niños.

Extraigo páginas, y, aunque van juntas, no están unidas.

He ido a visitar a mi vecino para hacerle ver que no pienso traerle disgustos. Me decían los que me han visto hacer la casa, que él se quejaba de tener vecino tan cerca; que decía: aldexko, aldexko auzuak ondo izateko. Sin embargo, he tenido que andar toda la mañana para llegar hasta su casa; no me parece a mí que estemos tan cerca. Creo que habrá pasto suficiente para sus animales y los míos, y que no tendremos que entrar en pleitos. Tiene árboles y tiene río, como yo. La hija que vive allí es fuerte, pero ellos son viejos y yo podré ayudar si me lo piden……… Me veo solo con la niña y con la cabra, en medio de la cocina. Y la niña lloraba y a mí se me caía la casa sobre el corazón. Ya, nada de lo que veía me parecía igual. Los montes y los valles de verdes tan distintos, con niebla o con sol…. Una noche, la mujer apareció, con los ojos cerrados, blanca y transparente, y decía que sí con la cabeza. Entonces grité y la niña se despertó….Días y noches se me juntaban en el sudor y el miedo y yo seguía oyendo aquellas risas y aquellas palabras…… Pensé tapiar la puerta y las ventanas, pero sabía que no iba a servir de nada. La chimenea tapié un día, y nos pusimos negros de humo y no podíamos respirar, como si bildur-aize hubiera entrado en casa………………………………

Era Gabonzar y el padre saldría a cenar con ellos en la gran cocina, al lado del hogar en el que se quemaba el tronco de la buena suerte, sobre el que la mujer del hijo mayor atendía con cuidado la cena. Él contempló el fuego sin hacer otra cosa, y los dos jóvenes de la familia estaban preparando contentos un pellejo de cabrito para quemarlo en el exterior después de cenar, como era costumbre. Fuera, caía a ratos una lluvia densa, fina y silenciosa, ondulada por el frío viento que soplaba.

Salió la madre del dormitorio y se dejó caer en un banco al lado del hijo mayor, con gestos de cansancio.

– Desde que vino de los pastizales he estado cuidando a este hombre que es más niño que un niño.- se quejó- He hecho lo que debía hacerse, y ya está bien. Pero me ha enfadado tanto, que me gustaría que fuera a buscar sus abarcas perdidas en los montes y no volviera más.

– No sientes lo que dices.- dijo el hijo mayor- Los dos necesitáis estar juntos. Esta casa no sería la misma sin vuestras discusiones.

– Esta casa es la misma cuando él está con las ovejas durante los veranos, y será la misma mientras yo tenga vida.- dijo la madre con su manera seca de decir las cosas, mientras se tocaba el alto cuerno blanco que adornaba su cabeza de mujer casada…..Después de cenar, el hijo más joven puso el pellejo de cabrito en el extremo de un palo y encendió un buen fuego a la entrada de la casa, entre una meta de helecho y el viejo laurel.

-¡El agua y el fuego, por debajo de la rodilla!- gritó la madre desde una ventana de la cocina- ¿Necesitas quemar tus ropas y tus cabellos, y los árboles y hasta las estrellas? ¿Necesitas gastar tanta madera para prender un pellejo tan pequeño? ¿Es que no cuesta esfuerzo traerla del monte?

……………….

– Ha ido al sur en busca de grano. Ya sabes que aquí cosecharemos poco porque ha llovido demasiado y en mal momento.- contestó la madre sin dejar de trabajar- En cambio, nuestros hermanos de naba-herri lo recogerán antes, y éste ha sido para ellos un año muy bueno.

– ¿Por qué ir tan lejos?- preguntó la niña- ¿Nuestros vecinos del valle no siembran garia?

– No.

– ¿Por qué?

– No lo sé. Siembran otros granos.

– ¡Es mejor su pan?

-No lo he probado nunca, pero creo que no. Es oscuro y áspero, según he oído decir. Alcánzame aquel kaiku; éste va a llenarse pronto.

……..

Al poco tiempo, todos estaban de acuerdo en que Zikin debía hacer aquel trabajo, y ante la unanimidad, él aceptó. Realmente, ya tenía ganas de ver a los jentiles de cerca. De sus observaciones a los de Ausa, (la niña que bajaba a buscar agua, el padre y la madre trabajando siempre, silenciosos y pacíficos) había deducido que no eran temibles como se hacía creer.

……………….

Bajaron los hombres en silencio. El mayor se quedó junto a la peña, tratando de calcular cuánto pesaría, y el otro siguió hasta la casa. Al poco tiempo volvió acompañado de un joven musculoso, de cabeza pequeña y ojos muy juntos, que a una señal del padre se dispuso para abrazar la piedra.

– Pesará lo que dos hombres fuertes.- trató de disuadir el que había apostado el puerco.

El joven pareció no oírle y concentró todo su esfuerzo en la tarea. Al cabo, en medio de resoplidos y maniobras de manos, rodillas y hombros, cumplió lo que el padre había prometido.

– Nunca hubiera pensado que un hombre solo pudiese. Entre dos, hubiera dicho yo, y muy fuertes. Bueno, mañana tendrás tu puerco y tus pieles.

– Y tú tendrás tu grano.

….

– He perdido el puerco grande en una apuesta. Tengo que cumplir, pero no quiero que la madre se entere.

El hijo era callado hasta la exageración, y además sentía por el padre un cariño especial, así que nada dijo. Pero, naturalmente, la señora pronto notó la falta del puerco que pensaba matar aquel año. Eran necesarias sus carnes y sus grasas para mantener a la familia. Hacía extremos de lástima, hablaba sola de la mañana a la noche. Y finalmente, y pensando que el animal había sido robado……

……..

Y lo llevó al establo y cerró con cuidado la puerta por dentro. Abrazó a una gallina roja que no quería dejarse abrazar, y mirándola fijamente, y con voz profunda, iba repitiendo junto a la cresta: txito, lan, etxe, leku. La gallina miraba a lo lejos con sus ojillos redondos, amarillos y asustados.

– Me llevará algún tiempo, pero lo conseguiré.- dijo el hermano, muy seguro de sí- Ves que les digo palabras cortas, para que aprendan más fácilmente. Mira, estos huevos están formando pollo. Pues les hablo también para que los txitos nazcan con mayor facilidad para hablar. Y mira, esta oveja es la que mejor me entiende. Le digo sube, baja; y me obedece……….Hoy no quiere. Pero, ¿ves cómo tiene cara de rebelde? Eso quiere decir que me entiende, pero que no está por obedecerme. Hay que contar con eso, también; pero todo se andará. Como los niños, primero tienen que entender, luego hablarán………..¡Ibili!.- ordenó el mayor a un asno gris que lo miraba plácidamente- ¡Ibili!- gritó……. ¿Lo ves? Le digo que ande, y anda. Está visto que el que mejor obedece es el asno. Ya verás cómo dentro de poco os daré una sorpresa.

– Gerokuak, gero……… Está enseñando la palabra a los animales, pero como si no os lo hubiera dicho. Hay que tener paciencia con él; es un hombre de ideas.

……………………

-Iré contigo hasta donde encuentre una tierra que me guste, y allí me quedaré. ¿A qué vas a Piñuri?

– Hay un tesoro debajo de una piedra.

– Yo no creo en los malditos tesoros que están debajo de las malditas piedras.

– Peor para ti.- dijo Xangarin.

Recogieron la oveja, que habían dejado atada a unos espinos, y fueron hacia delante.

Había pasado mucho tiempo desde que Xangarin dejó su casa. La barba le llegaba a la cintura. A la melena, toda enredada, le faltaban jirones que iban quedando enganchados por el sotobosque. Tenía la ropa sucia y desgarrada, y los pies le sangraban a menudo porque las abarkas que se había hecho como antiguamente, con corteza de árbol, resultaban muy ásperas para la piel desnuda……….

…………..

-Levantaré una casa de troncos y ramas, no definitiva, hasta ver si me va  bien el lugar. Si es terreno caliente y de buen pasto, haré una casa con piedras y buenos troncos de roble. Pondré una cornamenta de ciervo junto a la puerta, como tenemos en nuestra casa, para que sirva de protección. Y haré una borda para los animales y los aperos, y todo puede ir bien si encuentro mujer trabajadora, como dice la madre.

Al atardecer del cuarto día, oyó correr de agua y el trotar de un caballo, al mismo tiempo. El caballo, montado por un hombre vestido de rojo, se acercaba a él.

– ¿Cómo se llama el río que se oye desde aquí?- preguntó.

– Río Celai.- contestó el hombre de rojo.

– ¿Es buen río?

El del caballo se echó a reír y siguió su camino:

– ¡Es un río de agua!- gritó.

– Claro, todos los ríos de agua pueden ser buenos. Pero algunos mejores que otros. De todas formas, le habrá parecido una pregunta tonta.

Siguió andando y vio que el río no era muy ancho y que corría por un lecho bastante profundo. En los bordes había algunos avellanos y arbustos en flor. “Me recuerda al Urkulu. Es bueno encontrar amigos tan pronto” se dijo.

Más allá había bosquecillos de castaños, y más lejos, se elevaban unos montes cubiertos de hayas, encinas y robles, ya un poco oscuros porque la noche caía rápidamente.

– Mañana empezaré la casa.- dijo Bortitza en voz alta mientras enredaba los dedos en sus barbas- Aquí tengo también madera suficiente para quemar y para hacer los muebles y aperos  que vaya necesitando. Creo que es un buen sitio.

Bebió los últimos tragos de leche que le quedaban y se tumbó para dormir, bajo el saliente de una gran piedra.

Había pasado cierto tiempo y ya Bortitza tenía levantada su casa de ramas cubiertas con arcilla. Tenía también una vaca roja bien  atada a un árbol que crecía junto al río. Cada vez que la veía, se
acordaba del hombre misterioso, que había vuelto a pasar montado en su caballo, y al que preguntó:

– ¿Cómo se llama aquel monte que se ve al otro lado del río?

– Udalar.- contestó el hombre.

– ¿Hay betizuk por allí?

El hombre de rojo contestó, riendo ya desde lejos:

– ¡Vete y lo verás!

Bortitza pensó que nunca más le preguntaría algo si volvía a pasar; averiguaría las cosas por su cuenta.

………

Estaba una tarde cociendo caracoles en el fuego, dentro de casa, cuando oyó que pasaba gente al otro lado del río, y curioso y alegre, salió a ver la novedad. Se trataba de una pareja y tres niños, muy cargados todos con bultos y jaulas con animales pequeños. Los hijos, dos chicas y un niño, iban cantando:

– Urte berri/zer dakarrazu berri/uraren gaña/baki ta oasuna/urtes, urtes.

Bortitza pensó que aquella misma canción había cantado él con sus hermanos en casa, en unas fechas determinadas.

– ¿Es año nuevo?- preguntó a la familia.

– Claro que es. Y nosotros pensamos establecernos por aquí. ¿Son buenas estas tierras?

Bortitza pensó en la respuesta que daría el hombre de rojo, y se echó a reír:

– Yo vivo aquí desde hace poco tiempo, pero parecen buenas. Si queréis, podéis pasar la noche conmigo. Iba a cenar ahora.

……….

-Pareces hombre de fortuna. Tienes buenas ropas y buenos instrumentos.

– Más rico fui, porque tenía buena casa y buenas tierras.- dijo alegre el desconocido- Esto que me ves encima, me lo dieron en la última casa donde he ayudado algunos años. Pero al nacer, mi madre me llamó Xangarin, y no puedo estar mucho tiempo en un mismo sitio. Ahora voy hacia el mar. He decidido irme a tierras lejanas, a ver qué encuentro.

Bortitza le contó cómo había vivido con unos ladrones extranjeros y el porqué de haber huido de ellos.

– Y ¿has aprendido algo en este tiempo?- preguntó Xangarin.

– He aprendido que los hombres pueden ser tan peligrosos como los espíritus malignos. Lo que no sé es si los hombres vienen del mal o el mal viene de los hombres.

– Eso es muy difícil de averiguar. Además, lo mismo puedes pensar del bien, de lo bueno. Yo conocí a un nekazari a quien unos ladrones quitaron lo que tenía, y otras gentes lo ayudaron a levantar una casa, y le dieron ovejas y ayuda para empezar a vivir en otro valle. Lo que yo quiero saber ahora es cómo son los hombres buenos y malos de otras tierras.

– Tienes razón.- dijo Bortitza……………

…………

-Quizá sean Erge y su hermano, que nos esperan para acompañarnos y quieren darnos un susto.- dijo Oria.

– Pues no nos asustan. Les voy a contestar.

El irrintzi de Arane sonó seguro y desafiante entre los árboles, y se multiplicó en las oquedades de las montañas.

– Tarde o temprano, ya saldrán.

– Quizá estén siguiéndonos entre las peñas.

Sonó un segundo irrintzi, efectivamente, tras unas peñas que acababan de pasar.

– Contesta tú ahora.- dijo Arane mientras apretaba el brazo de su hermana- Así verán que ninguna de las dos tiene miedo.

El grito de Oria no fue tan seguro……..

….Erge y los suyos, las de Ordizia y los de Iturriotz, estaban ya en la cocina, esperándolas alrededor del fuego…….

…. Las mujeres hicieron risas durante un rato y mientras tanto, a Oria se le olvidó que debía marcharse, porque siguió hablando con Arane y con las primas. Pasó un buen rato y todos oyeron maldecir a la madre. Oria se levantó, asustada, sintiendo la mirada de su madre como fuego, y la maldición como un azote de mal augurio. Las mujeres trataron de calmar a la madre…..

……- ¡Es Agamunda!- dijo Arane aterrada. Y mientras corría hacia su hermana, gritó a las otras- ¡Id a casa y que vengan todos con velas encendidas! ¡Ha caído en la sima de Agamunda!

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