Gazapos

Posted: 28th septiembre 2012 by Aurora in Crítica
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GAZAPOS–CURIOSIDADES–MANÍAS  Y  MODAS–GAZAPOS–CURIOSIDAD

He tenido ocasión de leer protestas más o menos airadas hechas por filólogos, académicos y escritores; comentarios más o menos pacientes o jocosos, sobre la distorsión que nuestro idioma viene sufriendo, y que se refleja clarísimamente en los medios de comunicación; medios que deberían servir precisamente para lo contrario, como todo el mundo sabe.

En los últimos tiempos, la televisión es la mayor caja de resonancia para todo lo bueno y lo malo que se instala en nuestras salitas y en nuestras vidas, referido al idioma. Los informativos, por poner un ejemplo, en todas las cadenas de los cuatro puntos cardinales, se han convertido en una parla extrañísima emitida por señoras y señores de cuidada presencia, que se atropellan en la emisión de palabras; que se ahogan y toman aire a destiempo, que hablan mirándonos aparentemente a los ojos para captar nuestras atención; pero que, sin embargo, parecen no saber lo que están diciendo. Como cantantes que siguen de lejos una melodía que recuerdan mal, o que cantan en un idioma que no conocen. Algo así, que vacía de contenido tanto lo que pretenden contarnos como su agradable presencia en la pantalla. Hasta el extremo de que si no fuera por el recurso a la imagen, no sabríamos muchas veces lo que quieren comunicarnos.

Vamos a ver: si la acentuación predominante en castellano, es llana, ¿por qué abunda tanto, últimamente, la aguda? Tipo aragonés o francés, quiero decir. Vemos algunos ejemplos: buenas tardés. Esta modeló. La Liga de Campeonés. Él detenidó. (¡El artículo determinado y la preposición deben ser átonos en castellano!) Én Haciendá. Ét caeterá.

 

Pero, es que también abundan muchísimo las esdrújulas de contrabando, e incluso las proparoxítonas, asociadas o no a la anterior acentuación aguda. Vemos: sólidaridád. Térroristá. Díputadós. Tódaviá.

“En condiciones normales, tan sólo un grupo de palabras, los llamados adverbios en –mente, poseen dos sílabas tónicas”. Por ejemplo: só-la-mént-te. Alguien podría decir, quizá, que algunas condiciones extraordinarias justifican la utilización mencionada arriba, pero, si se conocen esas condiciones, resulta difícil creer que no se haya puesto remedio. Si tenemos en cuenta, además, que la curva ascendente indica en nuestro idioma la presencia de un interrogante, podríamos sudar copiosamente ante un número extraordinario de preguntas rápidamente encadenadas, que no tienen ninguna respuesta.

También se dan las pausas inadecuadas que separan sintagmas, o, por el contrario, unen sílabas o palabras inadecuadamente, Por ejemplo: súlibre/expresión. La primera mujer/presidente de los EEUU. Cercanosá/vías de comunicación. Délbarrio/sévillano/délos Remedios. Déuna/forma ódeotra. “Lo decíamos al comenzar el Museo”; en vez de: “lo decíamos al comenzar: el Museo….” “Como recordarán
el pasado once de septiembre
…” (Perdón, ¿en qué tiempo estamos? Qué tal si hacemos una pausa y ponemos una coma en recordarán?)

Nueva cita de Don Antonio Quilis: “El grupo fónico medio mínimo es el de ocho sílabas; el grupo fónico máximo es de once sílabas”. Se refiere a las tendencias fonéticas del castellano, y aunque su estudio se centra aquí en la versificación, está claro que deberíamos emitir un número adecuado de sílabas, con sentido completo, en una sola emisión. Para lo cual tenemos que hacer pausas, o inhalar aire, en los momentos precisos, para no asfixiarnos ni confundir al personal.

Respecto a la acentuación, dicho está que es predominantemente llana, y si la respetamos, ella nos lleva naturalmente a la bajada de tensión necesaria en la emisión de voz, para conseguir la musicalidad propia del castellano; aunque no siempre sea imprescindible la pausa equivalente a una coma en la escritura. Si lo que se persigue es marcar el énfasis, por qué no hacerlo sobre la sílaba tónica, en vez de tantear hasta dar con otra, sea cual fuere y salga lo que saliere, como decía el pintor de Orbaneja, citado por Cervantes. Es como hablar a ciegas.

En definitiva, se trata de la costumbre

A) de emitir apresuradamente grupos enormes de sílabas con una musicalidad saltarina, esdrújula o aguda, que no es propia del castellano.

B) por el contrario, la emisión se produce en intensidad aburridamente monótona y acaba en una curva aguda y pizpireta pero poco ilustrativa, ya que la musicalidad propia de un idioma es, precisamente, uno de sus significantes parciales.

Quiere decirse que, según la acentuación (musicalidad) entendemos muchas veces el significado de las palabras. Y esta nueva costumbre acaba con este significante parcial tan necesario, con la consiguiente pérdida de sentido en el mensaje. Cantantes, políticos; locutores (aunque ahora ya casi no quedan, en su lugar hay periodistas) comentaristas, señoras y señores que pasaban por allá. Falla la acentuación y fallan las pausas oportunas.

Y qué decir en cuanto a manejo de estructuras: “Son gases que su efecto…” “Un señor en donde….. “El plan hidrológico quiero decirles que…”

Y en cuanto al manejo de palabras, recuerdo a mi viejo profesor de latín cuando cogía carrerilla para decir: “Mentalizado, no; convencido, sí. Motivación, no; motivos, sí. Influenciado, no; influido, sí. Ofertar, no; ofrecer, sí. Garrapatear por garabatear, no. Chapucear por chapotear, no. ¡No se puede masacrar a un potro! ¡No pulula una sola persona! Escuchar por oír, no! Dimitido por dimisionario, no! Martirizarse por inmolarse, no! “Se pudo prevenir pero no preveer”, es un horror” “Le puedo cerciorar de que ella es feliz”, es un horror!  “Problema prioritario a resolver”, no significa en buen castellano! Resucitación por resurrección, ¿por qué, por qué? Jurar y perjurar, probando y reprobando, ¡no significa reduplicación!” Exigimientos por exigencias…..! Todo esto se oye; se oye y se lee!”

No venía todo seguido, evidentemente: a días, y sin querer llegar a la exhaustividad. Lo que sí recuerdo perfectamente, es que siempre terminaba muy congestionado.

Y añado yo de mi cosecha, porque al buen alumno lo hace el trabajo de campo: del inocente sustantivo “índice” se extrae alevosamente el verbo “indizar” (¿yo indizo, ellos hubieron indizado?)

El acto de acudir a un lugar o acontecimiento, da el vicio de “la personación”, (Hacerse persona? No tenemos ya el verbo “presentarse”, que es hacerse presente o presencia, acudir, y que todos entendemos?)

¿Qué puede decirse sobre el sustantivo espurio “impartición”, extraído o más bien sustraído del generoso verbo impartir (repartir, comunicar, dar). Digan si no es buscarse dificultades, anunciarse de esta manera: XXX “comunica de la impartición de cursos….” (¿no serían los cursos para aprender el manejo del idioma?)

Y cómo podemos reaccionar al oír, (nunca escuchar!) del verbo pernoctar, el grosero sustantivo “pernoctación!” o pernoctaciones. Quizá se nos ocurra alguno más que “estancias”,  que es mucho más elegante, y de casta.

Del adjetivo “externo” (dícese de lo que obra o se manifiesta al exterior, opuesto a interno), se crea alevosamente el verbo “externalizar”, que invita a salir corriendo, lo mismo que el lógico sustantivo externalización (¿exteriorización?)

La conjugación del verbo “vehiculizar” no podría yo acometerla ahora mismo.

 

Es decir, de verbos se extraen nombres y de nombres se extraen verbos con una total frescura, que no frescor; y si bien es cierto que resulta ser uno de los mecanismos de creación de palabras, de hacerlo, valdría la pena que lo hiciéramos bien y no cargáramos con casillas innecesarias la retícula del idioma. A estas alturas, recuerdo el recurso analógico de los niños: “Mi papá mi dició. Yo he veído”.

 

¿Por qué ese desacato por parte de gente con estudios, puesto que tiene estudios, y de gente sin estudios, puesto que no los tiene? Por qué ese dispendio de la Lengua en lo que respecta a invención de palabras innecesarias? Caso diferente es el de las jergas, o los idiotismos, en su segunda acepción, evidentemente.

 

Del cosmos (orden) de la Lengua, hemos pasado al caos del “yo hablo como se me pone” (o me se pone). Poco alivio nos proporciona el que la Madre Academia admita voces por muy en la tele que aparezcan o por muy en la calle que estén: familia desordenada, come poco y mal.

Y qué decir de la ambigüedad hacia el genérico masculino; se llegan a oír cosas como: “Algunos de mis amigos y amigas”. Ya metidos en el dispendio (quizá justificado en épocas de justa reivindicación mujeril, ahondaremos en ello en el futuro, si os place) ¿no habría que decir: algunos de mis amigos y algunas de mis amigas? El artículo precede al nombre y adelanta su género y su número, si o no? ¿Cómo escribir LOS amigos/as, si lo que queremos es borrar las sombras del dominio masculino? No sé qué es lo que queda peor delante de nosotras y nosotras: ¿miembros y miembras?

Si el sustantivo es no marcado –o, la búsqueda del femenino –a puede resultar legítima; pero cuando acaba en –e, o en consonante, los resultados suelen ser innecesariamente groseros. Además, si el mundo masculino no reivindica “El cliento, o el juezo”, por qué el mundo femenino reivindica “la clienta o la jueza”? Por qué no respetamos el derecho al trabajo que tiene el artículo, y le permitimos marcar el género del sustantivo cuando éste es o no es marcado: el alcalde-la alcalde. El juez-la juez. Más igualdad, imposible.

Pero es que, tenemos la batalla dada contra el artículo, no sé por qué. Ahora se le suprime bonitamente del sintagma, como si fuera un desechito inservible: Nos ha comunicado “Casa Real”. “Estamos en Copa del Mundo” (¿dónde, por favor?) En Mancha, en Rioja, en Hurdes, en Zarzuela, en Delegación de Gobierno. Faltan artículos, faltan dedos para enumerar, qué frustración! Ya puestos a ahorrar, por qué no vamos a Delegación Gobierno? También las preposiciones fuera, otro desechito. Y por seguir ahorrando, supongo, se comienza una expresión en infinitivo, como indios: “Decir que…” ¿Puedo decir, tenemos que decir, es conveniente decir que….?

 

Y, junto al ahorro viene el dispendio: se crean palabras innecesarias que son más largas que las ya existentes (se estudia que en la Lengua prima la economía): regularizar, repartición, exigimientos, tarificar, tarificación. ¿Habrá admitido la Academia algo de esto? Miedo me da mirarlo. Esponsorización por patrocinio, término tan delicado, tan justo y medido y puro hijo del latín: hacer de padre: claro como el agua clara. ¿Por qué, esponsorización?, ¿porque es un anglicismo, es esa una razón válida?

 

Las libertades tomadas con las preposiciones traen a nuestro machacado sistema de comprensión grandes sorpresas traicioneras: “A los sacerdotes les preocupa el distanciamiento que los jóvenes tienen con la religión católica”, (cielos, adónde se irán los jóvenes con la religión a distanciarse de qué?) “Grieg compuso con este piano” (de verdad tendría una mano tan grande?, el piano era de tamaño natural). “Disiento contigo” (¿cómo, por favor, vas o vienes?) “Difiero, discrepo con el” (pues nada, los dos de tapas por la Ciudad Vieja, a discrepar en amor y compañía. Qué barbaridad)

 

Y ya, la creación espontánea de quien se encuentra “la alcachofa” de la tele delante de la boca, y enloquece y construye a ciegas, a tontas y a locas: “Aún no he encontrado la hormona de mi zapato…. es verdad,
me gustaría centralizarme un poco en el tema…. aunque es culpable de haberme hecho madre pero en fin, es una niña
inocente….y nadie está a salvo de librarse del estrés y esperaré a que me baje la inflación de la rodillaporque, realmente, ésta es la primera mezquita siria en construir minaretes….y sé muy bien que la parte física de mí que más gusta a los hombres es mi cerebro”. Enormes despropósitos, como “catástrofe humanitaria.”

Es para quedarse ojiplática/o.

 

“Se me ocurre pensar que el idioma es un joyero en el que poder hundir y llenar las manos de palabras preciosas, que lucen más, a veces, con la pátina de los años, porque pueden cargarse de significados históricos. Pero ese joyero no se cierra nunca. Quiero decir que, lo que no se puede hacer, es contraponer “arcaizante” a “popular”, puesto que, precisamente, las realizaciones populares están plagadas de arcaísmos. Puede ser que el literato utilice un registro culto; lo cual es de agradecer, ya que sin ese cultivo el idioma quedaría enganchado en las esquinas nocturnas de lo cotidiano hasta reducirse a los extremos de la simplicidad primera. Claro que, también recurrirá al registro popular, si pretende, como se dice que es de ley, reflejar la realidad que lo circunda o rodea. No olvidemos los nuevos baúles que van llenándose con las joyas nuevas de las jergas periféricas: las lenguas procrean” (Los principios, pag 117)

 

Y en el plano del idioma escrito, podemos extractar de un artículo de Pérez Reverte, las noticias y notas referentes a una hipotética reforma que aplicaría la Real Academia, para hacer más asequible el español como lengua universal a los hispanohablantes. Yo disfruto mucho con estas propuestas ingeniosas:

“Se suprimirán las diferencias  entre c,q, y k; se simplificará el sonido de la s y la z y desaparecerá la doble c reemplazándola por x. Se funde la b con la v y la elle con la ye; desaparecen la h y la r sencilla; se fusionan la g y la j: “Horrible calamidad del kasteyano, generalmente, son las tildes o asentos…. las tildes kedarán kanseladas en el akto, y abrán de ser el sentido común y la intelijensia kayejera los ke digan a ke se refiere kada vocablo.

Los grupos consonánticos st, ps, bs o pt kedaran komo simples y tambien seran prohibidas siertas asurdas consonantes finales ke incomodan y poko ayudan al ciudadano, incluso las eses de los plurales: “Ke ora da tu relo? As un ueco en la pare”

Yegamo trite e inevitablemente a la eliminación de la d del participio y kanselasion de lo artikulo, impueta po el uso: “E bebio te erbio y kon eso me abio”. Asi ke, kateyano karesera de artikulo. Todo etranjero beran ke tarea de aprender nuevo idioma resulta ma fasil. Profesore terminaran benerando akademiko de la lengua epañola ke an desidio aser rreforma klabe para ke nasione ipanoablante gosemo verdaderamente del idioma de Servante y Kebedo” (El Semanal-6-II-2000)

Pero hay libros de estilo, creo, “Libros blancos” del idioma, libros de especialistas en los que podríamos aprender, entre otras cosas, a preguntarnos si podemos o debemos permitirnos el lujo de ir entendiéndonos peor.

Hay quienes pretenden contemporizar, y dicen: “La Lengua puede asimilar nuevas aportaciones, es un organismo vivo”.

Y es verdad; tanto el literato como el usuario común, pueden enriquecerla con aportaciones. Pero sin olvidar que se trata de un sistema de signos, y que, como tal sistema, debe funcionar con unas normas que todos deberíamos respetar. Sabemos lo que ocurre cuando un conductor interpreta libremente las señales de tráfico, ¿o no?

Pues es otro sistema de signos.

 

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  1. Antón dice:

    Hace poco me preguntaron unos jovencitos que estudian inglés con mucha afición: ¿Por qué no se suprimen todos los inconvenientes y absurdos de nuestra Lengua?
    Todavía no he reaccionado. Qué pregunta tan sesuda!

  2. Luis dice:

    Buen libro blanco. Se espera una segunda y una tercera parte

  3. Angela dice:

    Me gusta este repaso por los usos que se hacen costumbres. Son modas a partir de la tele. En la calle no se habla tan mal. Afortunadamente.

  4. Michel Muñoz dice:

    Como tener, tiene toda la razón. Algunos Académicos ya lanzan avisos: se habla mal, hay decadencia; tenemos ahora un idioma zarrapastroso.
    Pero yo creo que, precisamente, la Academia debía vigilar y controlar y llamar la atención. Eso no quita la libertad de crear palabras que tengan motivación.
    Pero parece que hablar con corrección, sin utilizar cuatro tacos de seis palabras es de blandos. Y blandas. Si nos preguntamos por qué. Es que a lo mejor no nos preguntamos por qué.