HERNÁNDEZ Y PARRA

Posted: 21st agosto 2013 by Aurora in Crítica
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HERNÁNDEZ Y PARRA

Durante toda la semana hemos estado comentando y puliendo,  y ensayando el texto precedente sobre los “vientos del pueblo”. Los actores me hicieron pensar en la conveniencia de limar aquí y allá, y suprimir algunos versos de los más cultos, tanto de Hernández como de Parra. Y sus opiniones han venido muy bien, porque a mí me costaba meter la tijera; yo hubiera querido incluso hacer la letra más pequeña para que cupieran más versos. Y  hay que saber podar, lo reconozco.

También cambié de idea respecto al final. Quería incluir la canción “Gracias a la vida” cantada a dúo por Mercedes Sosa y Violeta Parra. Incluso pasé horas haciendo la grabación. Y cuando me pareció que estaba todo lo perfecta posible,  pensé que eso quitaría protagonismo a Violeta Parra, precisamente. Mercedes Sosa también lo habría visto así, estoy segura.

El resultado en conjunto ha sido bueno, los visitantes han estado interesados y de eso se trataba. Al final de la representación, por cierto: los actores han estado soberbios, un grupo de señoras y señores de edades varias, me han dicho a coro que, a veces, segundas partes SÍ que son buenas. El portavoz o cabecilla, de pelo blanco y ondulado y unos ojos muy azules, me ha regalado  una sonrisa de a palmo para decir el . Pues yo estaba temblando. Por cierto, una chica
me ha preguntado por el foulard que se olvidó entre nubes. Se lo tenía guardado en un sobre. Me ha dicho: casi que lo dejaría para que me guardases la silla para otras veces.

Pero si no hace falta, aquí caben todos.

Se me acercan dos jóvenes, chica y chico, sorprendidos porque, embocando el estrado del Salón hay una pancarta con la palabra “Feminismo”. Por qué, me preguntan, si en esta historia no hay lucha ni reivindicación feminista. He reflexionado un poquito: no todo feminismo es combativo, les he contestado. Aquí  se trata de hablar del papel de la mujer.  Alguien ha inventado la palabra “visibilizar”, que me produce tiritona; pero vale: hacer visible. Solo que no era necesario el invento, en la modesta opinión de una argentina, porque existen expresiones como: resaltar, poner de manifiesto, poner de relieve.  Han existido mujeres, siempre en menor cantidad que  varones, que han hecho cosas positivas que hacían ellos, tan bien o mejor. Se trata de decirlo y demostrarlo, y de no mantenerlas relegadas en el olvido. Cuando toca levantar la voz, se levanta donde sea necesario. Más o menos les he dicho esto, y debían de estar de acuerdo, porque me han dado unas palmadas en la espalda que casi me tumban.

Hasta que vuelva Palacios, dejo colgados en el Salón unos poemas de Miguel y de Violeta.  Es que me quedé con ganas de más, ya  lo dije.

Pues ha sido un placer estar con ustedes durante este tiempo. Pueden contactar con Malena Rajzner en la dirección del Salón cuando gusten. Chau, visitantes; de corazón hasta siempre.

“Guerra”

La vejez en los pueblos. El corazón sin dueño. El amor sin objeto.

La hierba, el polvo, el cuervo.

¿Y la juventud?     En el ataúd.

El árbol solo y seco. La mujer como un leño de viudez sobre el lecho. El odio sin remedio.

¿Y la juventud?           En el ataúd.

Tristes guerras

si no es amor la empresa.  Tristes,    tristes.

Tristes armas, si no son las palabras. Tristes,    tristes.

Tristes hombres, si no mueren de amores.    Tristes,     tristes.

“Canción última”

Pintada, no vacía: pintada está mi casa del color de las grandes pasiones y desgracias.

Regresará del llanto adonde fue llevada con su desierta mesa, con su ruinosa cama.

Florecerán los besos sobre las almohadas.

Y en torno de los cuerpos, elevará la sábana su intensa enredadera nocturna, perfumada.

El odio se amortigua detrás de la ventana.

Será la garra suave.

Dejadme la esperanza.

Miguel Hernández (1910-1942)     Murió de darse

“Qué dirá el Santo Padre”

Miren cómo nos hablan de libertad, cuando de ella nos privan en realidad.

Miren cómo pregonan tranquilidad, cuando nos atormenta la autoridad.

Qué dirá el Santo Padre, que vive en Roma, que le están degollando a sus palomas.

Miren cómo nos hablan del paraíso, cuando nos llueven penas como granizo.

Miren el entusiasmo con la sentencia, sabiendo que mataban a la inocencia.

Qué dirá el Santo Padre, que vive en Roma, que le están degollando a sus palomas.

El que oficia la muerte como un verdugo, tranquilo está tomando su desayuno.

Con esto se pusieron la soga al cuello, el quinto mandamiento no tiene sello.

Qué dirá el Santo Padre, que vive en Roma, que le están degollando a sus palomas.

Entre más injusticia, señor fiscal, más fuerza tiene mi alma para cantar.

Lindo se dará el trigo en el sembrao, regado con tu sangre, Julián Grimau.

Qué dirá el Santo Padre que vive en Roma, que le están degollando a sus palomas.

Violeta Parra (1917-1967)        Se dio hasta que no tuvo nada para sí misma

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  1. Victoria dice:

    Murió de darse. Seguramente a Miguel Hernández le habría gustado mucho esta expresión. Tan exacta, por otra parte.

  2. Vanesa dice:

    Conocía a Violeta Parra más por las versiones que por ella misma. Me parece ahora una persona llena de interés, muy valiente y muy valiosa. Gracias por traerla para que la podamos conocer.
    Un trabajo muy valioso de imaginación, respeto y sentimiento. Muy enriquecedor.

  3. Antón dice:

    Se agradecía el anterior y se agradece éste, una unidad inteligente. Ya esperamos el siguiente. Gracias por el trabajo que tiene que suponer. Y gracias por el resultado.