HOLA Y ADIÓS

Posted: 3rd enero 2019 by Aurora in Crítica
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HOLA Y ADIÓS

 

 

 

—((Las pensadoras–escritoras más o menos poetas, más o menos feministas y luchadoras, que desarrollan ya, gran parte de su producción en el siglo XX, van a pasar de largo por El Salón. Eso me parece haber oído cuando entraba.- confía Rajzner a El Pintor Oficial

—Como quien dice Hola y Adiós?

—Algo así. Ha debido de haber votación, pero yo estuve en una boda.))

—Lo puedes anunciar en voz alta.- dice La Catedrática Pelirroja– Lo hemos votado así. Por ejemplo: Carolina de Soto y Corro, conocidísima en ciertos sectores de su  época como escritora muy religiosa de obritas didácticas y morales, para estudiantes, que se representaban en los Centros de Enseñanza, sobre todo. Y qué decir de Concha Espina, de Beatriz Pinheiro, de Carmen de Burgos, Ana de Castro Ossorio, María Luz Morales, Rosa Chacel, si cada una merecería un monográfico; pero ya desde otros puntos de vista que los que teníamos en un principio. Y por no cortar tan bruscamente, cómo no vamos a mencionar a María Zambrano y a las Mercedes:   Mercé Rodoreda y Mercé Salisachs.  Y tantos etecés que podríamos traer, y presentar con todo el respeto del mundo ya desde principios del veinte.

— La intención era hacer notoria a la mujer; mostrar que, a poco que pudieran, las mujeres, a lo largo de la Historia, han podido demostrar que, en cuanto a capacidad cerebral no son inferiores al varón, como quería el Señor Moebius, y no sólo él, allá por el siglo XIX;  época, por otra parte, como hemos visto, de gran peligro para los misóginos, puesto que las mujeres empiezan a despuntar en masa. En masa, no como hechos aislados o de pandillita de amigas.

— Pues, tengo el capricho de empezar un rosario de recuerdos desde María de Francia, en el siglo XII-XIII, por no empezar con la gran Safo, a quien ya hemos traído más de una vez a este Salón, o Hipatya, que idem. Christine de Pizan, siglos XiV-XV.  La Latina, en el XV. Ana Caro de Mallén en el XVI, poeta y dramaturga.  Pernette de Guillet y Louise Labé en el XVI; ya han estado en El Salón, si lo recordáis, “Desde el inocente Carpe Diem horaciano” de marzo pasado.  Artemise Gentileschi, del mismo siglo, famosa pintora barroca italiana.   Sor Juana Inés de la Cruz, Ángela de Azevedo y Leonor de la Cueva y Silva, en el XVII; sin olvidar a  Doña María de Zayas y Sotomayor, de quien se ha dicho que, con Cervantes, fue la  gran narradora, prosista de la época. Los dos, ella y él. Sophie Germaine, matemática del XVIII-XIX

— También es cierto que sólo mencionamos  de pasada a mujeres sobresalientes en otros campos como ciencias y artes. Que las ha habido y las hay.

— Por eso viene muy oportuno el alegato de Maria de Zayas,  no importa si lo publica en una novela o lo esculpe en piedra para arrojarlo a la plaza pública o a la cabeza de alguien. Lo leo: “¿Por qué, vanos legisladores del mundo, atáis nuestras manos para las venganzas, imposibilitando nuestras fuerzas con vuestras falsas opiniones, pues nos negáis letras y armas? ¿Nuestra alma no es la misma que la de los hombres? Pues, si ella es la que da valor al cuerpo, ¿quién obliga a los nuestros a tanta cobardía? Yo aseguro que si entendierais que también había en nosotras valor y fortaleza, no os burlaríais como os burláis; y así, por tenernos sujetas desde que nacemos, vais enflaqueciendo nuestras fuerzas con temores de la honra, y el entendimiento con el recato de la vergüenza, dándonos por espadas ruecas y por libros almohadillas”.

— Ahí queda eso. Se extrañaría, o no, esta señora, si supiera que cuatrocientos veintiocho años después de su nacimiento, la lucha por el reconocimiento de la igualdad, vamos a dejarlo en igualdad de capacidades, sigue costando sangre, sudor y lágrimas?

— No se extrañaría, conocía muy bien al varón.

— Y, como postre doble, os leo parte de un discurso pronunciado por doña Josefa Amar y Borbón

—Amar y Borbón?

— Sí, pero  de los Amar Borbón aragoneses de toda la vida, un dato muy curioso; es decir de antes de l@s Borbón franceses coronad@s. Pues esta señora ilustrada de pleno siglo XVIII, pronunció un discurso “en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno”.

—Saplosti!

—Leo: “Ninguno que esté medianamente instruido negará que en todos los tiempos y en todos los países, ha habido mujeres que han hecho progresos hasta en las ciencias más abstractas. Su historia literaria puede acompañar siempre a la de los hombres, porque cuando éstos han florecido en las letras, han tenido compañeras e imitadoras en el otro sexo”. Y sigue, naturalmente. Buscad la revista “Memorial Literario”.

— Si las mujeres, como los hombres, para ser, sólo necesitan que se les permita ser, en libertad.

— Let it be.

— Eso mismo. Igual ahora, en inglés, lo entienden mejor.

 

Hemos tenido que poner gafas al búho, porque tiene la vista cansada. El filósofo de pelo blanco y gafas livianas, con un montón de libros publicados, iba a decir a sus espaldas pero no lo digo, que nos visita de vez en cuando en El Salón, cuando puede; tiene a Ojazos en sus rodillas y se miran fijamente. Cada vez se parecen más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

HOLA Y ADIÓS

 

 

 

—((Las pensadoras–escritoras más o menos poetas, más o menos feministas y luchadoras, que desarrollan ya, gran parte de su producción en el siglo XX, van a pasar de largo por El Salón. Eso me parece haber oído cuando entraba.- confía Rajzner a El Pintor Oficial

—Como quien dice Hola y Adiós?

—Algo así. Ha debido de haber votación, pero yo estuve en una boda.))

—Lo puedes anunciar en voz alta.- dice La Catedrática Pelirroja– Lo hemos votado así. Por ejemplo: Carolina de Soto y Corro, conocidísima en ciertos sectores de su  época como escritora muy religiosa de obritas didácticas y morales, para estudiantes, que se representaban en los Centros de Enseñanza, sobre todo. Y qué decir de Concha Espina, de Beatriz Pinheiro, de Carmen de Burgos, Ana de Castro Ossorio, María Luz Morales, Rosa Chacel, si cada una merecería un monográfico; pero ya desde otros puntos de vista que los que teníamos en un principio. Y por no cortar tan bruscamente, cómo no vamos a mencionar a María Zambrano y a las Mercedes:   Mercé Rodoreda y Mercé Salisachs.  Y tantos etecés que podríamos traer, y presentar con todo el respeto del mundo ya desde principios del veinte.

— La intención era hacer notoria a la mujer; mostrar que, a poco que pudieran, las mujeres, a lo largo de la Historia, han podido demostrar que, en cuanto a capacidad cerebral no son inferiores al varón, como quería el Señor Moebius, y no sólo él, allá por el siglo XIX;  época, por otra parte, como hemos visto, de gran peligro para los misóginos, puesto que las mujeres empiezan a despuntar en masa. En masa, no como hechos aislados o de pandillita de amigas.

— Pues, tengo el capricho de empezar un rosario de recuerdos desde María de Francia, en el siglo XII-XIII, por no empezar con la gran Safo, a quien ya hemos traído más de una vez a este Salón, o Hipatya, que idem. Christine de Pizan, siglos XiV-XV.  La Latina, en el XV. Ana Caro de Mallén en el XVI, poeta y dramaturga.  Pernette de Guillet y Louise Labé en el XVI; ya han estado en El Salón, si lo recordáis, “Desde el inocente Carpe Diem horaciano” de marzo pasado.  Artemise Gentileschi, del mismo siglo, famosa pintora barroca italiana.   Sor Juana Inés de la Cruz, Ángela de Azevedo y Leonor de la Cueva y Silva, en el XVII; sin olvidar a  Doña María de Zayas y Sotomayor, de quien se ha dicho que, con Cervantes, fue la  gran narradora, prosista de la época. Los dos, ella y él. Sophie Germaine, matemática del XVIII-XIX

— También es cierto que sólo mencionamos  de pasada a mujeres sobresalientes en otros campos como ciencias y artes. Que las ha habido y las hay.

— Por eso viene muy oportuno el alegato de Maria de Zayas,  no importa si lo publica en una novela o lo esculpe en piedra para arrojarlo a la plaza pública o a la cabeza de alguien. Lo leo: “¿Por qué, vanos legisladores del mundo, atáis nuestras manos para las venganzas, imposibilitando nuestras fuerzas con vuestras falsas opiniones, pues nos negáis letras y armas? ¿Nuestra alma no es la misma que la de los hombres? Pues, si ella es la que da valor al cuerpo, ¿quién obliga a los nuestros a tanta cobardía? Yo aseguro que si entendierais que también había en nosotras valor y fortaleza, no os burlaríais como os burláis; y así, por tenernos sujetas desde que nacemos, vais enflaqueciendo nuestras fuerzas con temores de la honra, y el entendimiento con el recato de la vergüenza, dándonos por espadas ruecas y por libros almohadillas”.

— Ahí queda eso. Se extrañaría, o no, esta señora, si supiera que cuatrocientos veintiocho años después de su nacimiento, la lucha por el reconocimiento de la igualdad, vamos a dejarlo en igualdad de capacidades, sigue costando sangre, sudor y lágrimas?

— No se extrañaría, conocía muy bien al varón.

— Y, como postre doble, os leo parte de un discurso pronunciado por doña Josefa Amar y Borbón

—Amar y Borbón?

— Sí, pero  de los Amar Borbón aragoneses de toda la vida, un dato muy curioso; es decir de antes de l@s Borbón franceses coronad@s. Pues esta señora ilustrada de pleno siglo XVIII, pronunció un discurso “en defensa del talento de las mujeres y de su aptitud para el gobierno”.

—Saplosti!

—Leo: “Ninguno que esté medianamente instruido negará que en todos los tiempos y en todos los países, ha habido mujeres que han hecho progresos hasta en las ciencias más abstractas. Su historia literaria puede acompañar siempre a la de los hombres, porque cuando éstos han florecido en las letras, han tenido compañeras e imitadoras en el otro sexo”. Y sigue, naturalmente. Buscad la revista “Memorial Literario”.

— Si las mujeres, como los hombres, para ser, sólo necesitan que se les permita ser, en libertad.

— Let it be.

— Eso mismo. Igual ahora, en inglés, lo entienden mejor.

 

 

 

Hemos tenido que poner gafas al búho, porque tiene la vista cansada. El filósofo de pelo blanco y gafas livianas, con un montón de libros publicados, iba a decir a sus espaldas pero no lo digo, que nos visita de vez en cuando en El Salón, cuando puede; tiene a Ojazos en sus rodillas y se miran fijamente. Cada vez se parecen más.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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