LA ÉTICA, UNA MONEDA TAMBIÉN DEVALUADA

Posted: 14th agosto 2014 by Aurora in Crítica
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LA  ÉTICA, TAMBIÉN UNA MONEDA DEVALUADA

 

Es un librito de cuentos editado en 1933.

Se titula, como puede ser previsible Mis cuentos. Las hojas están amarillentas y tienen alguna mancha marrón de humedad. Tiene un poco mordidos los bordes de las pastas.

La autora es doña María  Martínez y Larrea, “maestra de las escuelas municipales de Bilbao”.

Cuenta con “Ilustraciones de varios reputados artistas”

El editor radica en la calle Fueros, 2

En la dedicatoria, doña María manifiesta que algunos de los cuentos recopilados los narra en clase para “formar el corazón e ilustrar la inteligencia” de sus alumnos.

En el prólogo nos da su visión del valor educativo de los cuentos como género: “….la importancia que tiene en los primeros años, la lectura de cuentos, que en forma asequible a las inteligencias infantiles, suscite en los niños saludables emociones. Así irán adquiriendo conciencia de sus deberes, y se despertarán en sus corazones inocentes, nobles anhelos de perfeccionamiento…. Con el mismo fin, he intercalado en el texto algunas sencillas poesías, que pueden servir para recitados….” (( sobre todo cuartetas básicas, versos octosílabos de fácil memorización y contenido primario)).

El tono es algo ñoño, con abundancia de diminutivos blandenguillos, tono con el que entraban entonces los adultos en el mundo infantil; más en el mundo leído que en el mundo hablado. Pero el fondo de las cuestiones es serio: los pecados capitales y algunos otros de paso; es decir, el tono el tema y el fondo son lo que por entonces podrían llamarse moralizantes. Pero se aprecia una ausencia total de doctrina; no hay dioses ni ángeles ni cielo ni infierno ni Dios- que- todo- lo- ve. Es la Segunda República, y el laicismo se ha instalado en las escuelas (Marcelino Domingo fue un excelente Ministro de Instrucción Pública, catalán, Tarragona 1884) : “La educación pública debe ser laica, gratuita, mixta, esencialmente una función de Estado…”) ((Alguien diría que hemos retrocedido algunos pasos, mentira parece))

Doña María trata de poner, en clave infantil, a un lado la conducta digna por reflexiva y en definitiva humana y evolucionada,  y al otro lado la conducta indigna. Por eso es clarificador el punto de vista de la ética como lo entendemos ahora. Justamente una de las moralejas está dedicada a la irreflexión en la comunicación por afán de protagonismo.

Doña María atiende  no sólo a los niños que representan vicios de conducta, sino a métodos para que los adultos socialicen a esos niños, y sorprendentemente, a veces un adulto recurre a la mentira para hacer reflexionar a una niña indiscreta, que no sabe guardar un secreto. Luego se lo confesará, eso sí; nobleza obliga.

Los adultos “reprenden y afean” el comportamiento poco inteligente de los niños, porque, en definitiva, se trata de luchar contra el egoísmo y la irreflexión.

El ejemplo positivo aquí está en la respuesta de este pequeño dialogo:

  • Qué vas a hacer en la escuela?
  • -Muchas cosas
  • -Por qué?
  • -Porque quiero ser un ciudadano útil a mi patria.

((No me da la imaginación tanto como para ver a un niño de hoy respondiendo con semejantes palabras. Ni siquiera a una niña. En los de entonces, la enseñanza “memorística” haría su papel: algo quedaba siempre. La intención parece positiva, y el contexto general ayudaba))

Una niña es golosa, y esta característica lleva a que  doña María pueda advertir que “toda pasión arrastra y esclaviza si no se la domina a tiempo”. ((Qué pueden comprender de esto niños entre 5 y 12 años, se me pierde. El tono, la mirada, harían lo suyo, eso sí. Y el entorno, una vez más, el contexto))

Si una niña glotona mete la mano en una cesta pensando que hay ciruelas y le cogen los cangrejos un dedo, no es reprendida por la madre porque ya tiene justo castigo con el susto.

En el cuento cuyo tema es respetar la propiedad ajena, no recurre al cielo ni al infierno,  al premio o al castigo infligido por la autoridad divina o humana: recurre al mundo de las hadas, que tienen poder sobrenatural; y, simplemente, la leña robada no arde. “Nunca es lícito hacernos dueños de lo que no nos pertenece”. ((Quiere decir que no es práctico, o no renta, que es tiempo perdido, robar. Ahora, sencillamente, no lo creerían. O lo dudarían mucho: una vez más, por el contexto))

Con máximas rimadas como “La belleza es pasajera/como las rosas de abril/Es la bondad duradera/y sus encantos son mil//, qué puede quedar en las mentes infantiles de toda esta sana intención de la buena maestra. Quiero pensar que algo sí, un día con otro. Al recitarlo, los niños sabían, o intuían que estaban diciendo algo importante.

Qué es ser correcto como algo que recompensa:

Un botón de muestra: Paquito es un niño que obedece prontamente, no es embustero, ni llorón, ni riñe con sus hermanitos. Pero, como es difícil ser perfecto, Paquito tiene un defecto que disminuye mucho su mérito: es preguntón. Moraleja: “Los niños preguntones, son mal educados y resultan molestos e impertinentes”. ((A ver a quién no le gustaría caer bien. Pueden reflexionar los niños: unas cuantas preguntas menos, y ya está, me salvo. Podría ser buen sistema))

Un niño saca a su primita del río en el que ha caído, lo que le vale un: “Tú has comprendido sin egoísmo el valor de la vida”. Qué puede entender el niño de estas palabras, no lo sé. Pero parece claro que en 1933 no se recurría al aplauso manual con tanta facilidad como desde que se vive tanto ante las cámaras: aplauso fácil y frívolo: tú me aplaudes  y yo te aplaudo porque me aplaudes y quizá me aplauda a mí también y todos sonreímos porque hay cámaras delante y es un momento guay. Las palabras hacen pensar; los aplausos son ruido de aire, algo infantiloide.

Otro niño, vía doña María, manifiesta: “Yo iba todos los días al bosque a coger fresas para que tuvieran postre una viejecita pobre y su hija enferma”.

Allí no aplaude nadie, pero  el maestro  dice: “Bien, denotas buen corazón”. Esto es serio, hondo; no es infantil ni frívolo.

Dos niños han realizado una acción humanitaria. Y el maestro les dice: “Diré a vuestro padre que tiene dos hijos de buenos sentimientos”.

Ante otro caso de buena acción en vacaciones, el maestro dice: “Veo que eres un muchacho reflexivo y razonable”.

Por cierto, el maestro suele llamar a sus alumnos, “hijos míos”. Al menos aquí, en Mis cuentos. Y sigue diciendo: “Vuestras nobles acciones serán el catálogo de recompensas al trabajo que he realizado para educaros, y para formar en vosotros unos ciudadanos honrados y conscientes” ((Se lo diga de viva voz el maestro, o lo lean escrito por la señora maestra, suena serio, maduro, importante. Contrasta con el tono de diminutivos aniñados. Es la doble cara de doña María: no sólo es tierna, también muy inteligente)) “Toda la sociedad se honra con la nobleza y heroísmo de cada uno de sus miembros”. ((De haber crecido con la seguridad en esta valoración, en las últimas generaciones ¿habría menos corruptos en todas las capas sociales?))

“La crueldad con los animales denota mal corazón” ((Pues, en algún país supone la “fiesta nacional”. Lástima, doña María habla en un momento político que, de haberse prolongado en el tiempo y tanto en las bases como en las cumbres, habría formado, quizá, una mentalidad nacional que buscara otra fiesta representativa))

Incluso el hundimiento del Titanic, previos los datos de su filiación y características navegatorias, (porque la educación también es instrucción)   sirve para hacer pensar en la justicia distributiva: “El valor de las joyas y alhajas pertenecientes a los muchos multimillonarios que iban en el paquebot, se calculaba en unos treinta millones de pesetas” ((Se podría erradicar el hambre del país, en aquella época. Con creación de empleo, quiero decir, no con beneficencia))

“El cumplimiento del deber es sagrado y está por encima de nuestros egoísmos y de todas nuestras conveniencias”. Aquellos niños de doña María pudieron aprender el nombre del telegrafista del Titanic: John George Phillips, “que murió en el cumplimiento de su deber”.  ((Hace no mucho, un capitán italiano abandonó su mole de lujo flotante antes de que lo hicieran  (todos)  los pasajeros)).

Doña María pretende crear una sana conciencia individual, sin recurrir a temores postizos, estén Más Arriba o Más Allá: “¿Estás seguro de que nadie nos ve lo que hacemos?- Claro, tonta.- Te equivocas, lo sabemos tú y yo”…….. “La conciencia es un juez y es un amigo.”

Que sí, que obrar correctamente no es que sea moral, es que resulta práctico:  “El egoísta oculta, con su defecto, otras buenas cualidades que haya en él, y hace que nadie lo estime”.

Incluso: “¡Qué bueno es ahorrar!” es un canto a las Cajas de Ahorro, que premiaban el ahorro sistemático de los niños. “El ahorro es tan útil como educativo”. ((En aquellos tiempos sería cierto. Ahora, el ahorro se puede volatilizar en una entidad de ahorro, y los responsables parecería que parecen impunes)).

Si algunos relatos son tan naturales como la vida misma, no falta la fantasía, encuadrada en los sueños, eso sí. Hay una niña bondadosa (rubia, de ojos azules) que quiere regalar un abrigo a una compañerita pobre. En sueños, un cordero le ofrece su propia lana; un rosal carda la lana con sus espinas, una araña teje la tela de lana, un cangrejo corta el abrigo y un pajarito lo cose con su pico. Entre otras cosas, supone un bello acercamiento a la Naturaleza. El sueño revierte en la bondad natural de la madre de la niña, que regalará el abrigo a la niña pobre.

Que la familia es una célula en la que todos tienen derechos, y obligaciones adaptadas a las circunstancias de cada uno, es una idea que se está perdiendo. Ella dice: “El amor es en la familia origen de los más puros goces. Desde niños debemos acostumbrarnos a ser útiles a nuestros padres”. ((Es que el egoísmo es una característica natural de la infancia. Y quien se acostumbra sólo a recibir, no madura)).

El concepto obediencia es vidrioso:

Un niño sube a la trasera de un camión, contra el consejo de su madre. Se cae y se rompe algo, no importa ahora qué.

Si es consejo de obediencia ciega para luego ser carne de cañón, no, claro que no. Pero ahí está el enseñar a discernir. Lo que ocurre es que si no se enseña a aprender a discernir, los adolescentes son más manipulables, y por huir de la “obediencia respetuosa” a los padres, caen en el seguidismo de los que sabrán manipularlos y utilizarlos. Es lo que pasa en este relato. Y en la realidad.

Finalmente: La solidaridad viene de la sencilla máxima confuciana: “Haced a los demás el bien  que os gustaría que os hiciesen”.

No me resisto, reproduzco una estrofa: Por la selva va corriendo/un cordero triscador/el zagal le va siguiendo/y silbando con amor.

((Parece que doña María esté llena de amor, como su zagal. O de ternura, quizá de ternura. Qué tiempos extraños, aquellos tiempos de fe y de esperanza, laicas, que enlazan en cuanto espíritu y en cuanto letra con los ideales de la Nueva Pedagogía del XIX (ver “Educación o Instrucción”, 8-oct-013). Ideas de Tolstoi, Tagore, Ferrer y Guàrdia, Sanz del Río, Decroly, Freinet, Montessori: respeto por el individuo y respeto por el grupo. Ideas y espíritu tronchados por las guerras europeas de 1914-1945, que no han sido rescatados)).

 

 

 

 

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  1. Marián dice:

    Ética, literatura y pedagogía. Hoy, los métodos podían ser otros. Pero, es que no hay métodos, verdaderamente la ética está devaluada

  2. ZAG dice:

    Muy interesante.

  3. antoine dice:

    La verdad, da mucho para pensar