LA FOTO DE CLARICE LISPECTOR

Posted: 7th abril 2013 by Aurora in Literatura
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La foto de Clarice Lispector  ocupa ya su lugar en una pared del Salón. Una cabeza hermosa. Unos pómulos altos y marcados. Una mirada grande que atraviesa las cosas. Hace años, cuando supe que era de origen ucraniano, estudiaba sus fotos tratando de encontrar en su cara rasgos eslavos.  Y no los encontraba. Luego supe que era de origen judeo-ucraniano. Y, entonces sí me cuadraban sus rasgos. Esa mirada se formó ya en la tripa de su madre conviviendo con una horrible historia de persecuciones  y violación de todo derecho, mientras oía cantar las viejas canciones askenazis en su yiddish ancestral. Canciones que hablaban de éxodos, caminatas sin rumbo, miserias y hambres. Y hablarían de un amor por la vida necesario para soportar aquel magma turbulentamente  humano.

En Maceió y sus  playas de cocoteros y manglares, de aguas verde y azul. Y en Recife y sus carnavales de mujeres de colores, y de hombres pintados como  mujeres pintadas. Y en Río indescriptible y barroco. Y en tantos lugares después, iría cuajando esta mirada que atraviesa las cosas buscando el núcleo, el it, lo neutro. Algo imprescindible para su forma de existir. No buscaba  el porqué de las cosas; eso es pasado y no le interesa.

Estoy leyendo estas notas que me ha dejado la periodista comprometida, mientras ella brega con los actores jóvenes. Cambian impresiones. Dónde colocar unos cartelones con pensamientos de  Clarice Lispector  que hemos seleccionado entre todos. “En cada palabra late un corazón”. “Dice tanto el objeto como la palabra, tienen corazón el color y la forma?”

El pintor me viene a la memoria; tiene obsesiones parecidas. Su tema favorito es el clima, es decir, lo que nos acerca y nos lleva más allá de lo aparente. No sé si vendrá.

“Me sumerjo por fin en mí hasta la matriz del espíritu que me habita”. “Que ningem se engane, só se consegue
a simplicidade através de muito trabalho”. “Lo que he pintado en esta tela, es susceptible de ser fraseado?” Esto se lo pregunta un personaje de Lispector, una mujer pintora de nombre Amtala. Nuestro pintor se preguntaría lo mismo, con  palabras muy parecidas. Es curioso.

 

 

Tenemos las sillas puestas en semicírculo. Veo a Malena Rajzner, una amiga que viene de Rosario, Argentina. Para definirla mejor diré que es de origen polacoargentino y está aquí para visitar a su familia política. Hemos hablado otras veces de Clarice Lispector.      Ella ha estudiado su obra y ha visitado sus viviendas brasileñas; ha hecho el camino posible por los lugares importantes de su infancia y juventud. También escribe; así que puede ser una persona muy adecuada para tirar de los hilos de la charla. Veo al pintor, un poco escondido en un extremo. Junto a él hay una chica oriental. Quizá china. Veo caras conocidas, algunas habituales. Y muchas que no lo son.

-Como forma de empezar, yo lanzo una pregunta: Es Lispector una escritora fácil de leer?- la periodista comprometida se tira de cabeza, es su costumbre.

-Un adolescente pierde la virginidad en su primer beso a una mujer; se hace hombre, quiero decir. Ha sido un beso en una boca de la que salía un chorro de agua; tenía sed. Es una estatua, es una mujer fuente. Es eso difícil? En apenas un folio. Otro ejemplo: Una mujer casada y virgen se embaraza. Se le mete en la cabeza que va a tener  un hijo divino, un nuevo Mesías. Como vive en ciudad, se traslada a una estancia de Minas Gerais, porque va buscando un establo, pajitas para que nazca el niño encima. Como no quiere que su hijo padezca una muerte horrible, en vez de ponerle el nombre de Jesús, le pondrá el nombre de Emmanuel. En dos folios poco más. Es eso difícil? Vale, no quiero dar pistas falsas. Podríamos decir que Lispector  puede ser muy asequible y que puede ser muy difícil. Es cierto.- Malena podría llevar, ella sola, toda la tertulia. Durante horas.

-Pero es difícil no por gusto de serlo. Sino porque hace pensar.-dice la actriz de televisión.

-Exacto. -dice una mujer de mediana edad con cara de profesora. Es una mujer como un cuadro de Matisse, muy bien pintada- Lispector utiliza mucho los adjetivos de color. Y yo me entretuve en una ocasión en aplicarle a ella algunos adjetivos. Es preciosista, modernista, introspectiva, metafísica y profundamente creativa y original.

-Estoy de acuerdo. Yo digo que escribe igual que un orfebre crea una joya. Pero, la joya de L    tiene que hablar.- dice el pintor. Me ha hecho un guiño.

-Tiene un carácter hiperestésico, muy sensible. Por eso puede utilizar las sinestesias a menudo: las ciudades se habían iluminado con el tañer de las campanas. Por ejemplo, que me venga ahora a la memoria.

-A mí me seduce de esta mujer, y digo bien, no quiero decir escritora todavía. Me seduce su compromiso contra la frivolidad.- ha hablado  un hombre. Cura. O Jesuita. Viste laico pero tiene ese algo casi indefinible: demasiado laico, quizá- Una vertiente de su no frivolidad es el franciscanismo. Pero, completamente exento de ideología, y por supuesto, exento de ñoñez. Que no es sólo amor por los animales. O sea: amor de persona-ser-superior por los animales-seres-inferiores. No. Es deseo de conocimiento de un ser natural por todos los seres naturales. Por todo lo que es vida. Y por tanto,  por todo lo que es creación.

-Ah, sí. Todo lo que es origen y proceso. Creación. Toda la vida fue una obsesión suya. Lees un libro y otro, y ahí encuentras la obsesión. Es que escribe por eso.- dice la señora con cara de profesora.

-Siempre estoy a punto de nacer, y no lo consigo, viene a decir.

-No sé. Crear es prolongar el nacimiento. Y cuando hemos acabado de nacer, caemos desde lo alto del cordón umbilical de Dios, y ya no nos levantamos más.- ha dicho Malena.

-Por eso no  escribimos por y para escribir, sino por y para ser. El problema sin resolver es si nacemos de nosotros o nacemos de Dios.- dice la periodista. Me sorprende. Quizá haga literatura en secreto, la sondearé después. De todas formas, me hace pensar que, de seguir así, acabaremos todos hablando como  la escritora brasileña. Se lo comento a mi vecino de la derecha. Sería mágico, dice.

-Por eso yo creo que a veces ella crea a un autor que crea a una criatura. Todo es literatura, pero todo es ella misma.- dice el redactor amigo de la periodista.

-Ah, sí. Tenemos el caso de las cajas chinas. Crea a un autor que crea a un personaje mujer. En más de una ocasión. Alguien se imagina a Dios contándole sus dudas a Adán? Que miren al techo de la Capilla Sixtina y me digan si el Dios de Miguel Ángel tiene cara de albergar alguna duda. Por suerte para el autor creado por Lispector, la criatura Ángela no razona, sólo cree. Así los hombres inventaron a los dioses: con una seguridad que ellos mismos no tenían; porque si los dioses que inventamos no nos dan seguridad, para qué los creamos.

-El acto de creación es puro lirismo. Es: salgamos de nosotros mismos para conocernos mejor

-A mí me llaman la atención las frases, que te succionan.- dice la profesora- Quieres dejar de leer y no puedes. Y no porque la acción esté muy interesante, al rojo. Si precisamente, suele haber muy poca acción. Hay reflexión y hay especulación. Más que narración o descripción.- Pues debe de ser profesora de Lengua y Literatura- Bueno, de lo que yo conozco. Pero es que sientes que si dejas de leer te vas a perder algo de ti misma.

-Lispector,- dice Malena- bebe las palabras, las paladea, se las come y le dan el ser y la luz. Y te los dan a ti, que lo lees. Lo que escribe Lispector  es como para envolverlo con la merienda y lanzarse al mundo a pensar en ello sin parar. Una no se daría cuenta de que la merienda se acabó hace mucho tiempo.

-El franciscanismo. Mi perro es perro tanto como un hombre es un hombre. Amo la canidez y la humanidad cálida de los dos, dice. No condesciende hasta los animales, no. Es que los diviniza, y se diviniza. Es la creación. La obsesión de lo que supone la palabra. La esencia de las cosas.

-Utiliza la palabra como cebo, que pesca lo que no es la palabra.- digo yo- Pero, creo que es ella quien lo dice. Te escribo porque no me entiendo. Te escribo algo como palabras ciegas. Escribe ella.

-Claro.- dice el cura- Porque en el principio todo era caos. El proceso de la creación trae la luz.

-Liberdade é pouco. O que eu desijo ainda nao tem nome.- dice Malena. Capaz que haya aprendido brasileño para comprender mejor a Lispector.

-Mi, atrae lo que muerde la liberdade. Cuando comprueba que el hombro al que ha estado amando, no forma unidade con ella y con su liberdad, se aleja del hombro.- Hay un cierto revuelo hacia atrás. Miramos. Está hablando la joven oriental. En realidad está leyendo de unas hojas de papel rayado- Porque, el ser natural ha de ser libro. Sólo el ser que es libro, aprende utilizar su liberdade. Ser libro, para ser. Ser libro, libre, para pensar. Ser libre para escribir, para buscar siempre liberdade. Ser libre para amar universo. Para amar liberdad.

-Pero qué es la libertad, tú qué crees que es la libertad?- le pregunta un señor mayor.

-Si tú pregunta, tú no sabe. Lispector sabe. Y busca siempre dónde estará liberdad. Cuando uno sabe que está viviendo, rompe con su propio pico cáscara del huevo, y se nace. No hay tantos seres vivos como se mueven, y van a tiendas, y suben en metro. Habitar es fácil. Existir, es difícil: sabiduría china. Yo leo esta escritora y me conozco. Parece escrito por persona sabia  china.

-Esta escritora puede tomarse las cosas muy en serio.- dice la periodista- Pero tiene un sentido del humor finísimo. Alguien ha pensado, alguna vez, que de miedo, a una gallina se le escape un huevo? Y que considere al huevo como a un hijo suyo? Seguramente, ella está en muchas de sus protagonistas pensantes. En Ángela, en Macabea, en G.H. Pero, también está en protagonistas que se burlan de sí mismas.

-Sí, sobre todo en las obras menores.- dice Malena- En los relatos cortos, que son más narrativos, son menos reflexivos.

-Nuestros actores van a representar una versión libre y esquematizada de un relato. Tendríamos aquí a la escritora fácil de la que hablaba Malena.

 

Esto no lo esperaba nadie. Un hombre joven con gafas y un portátil del que suelen salir fogonazos, se queda con la copa a medio camino, de ida. Han aparecido Nuria          vestida de monja y Luisa como narradora. Van a representar  un monólogo que Luisa hace bastante divertido. Se sientan juntas, han subido a un avión.

Luisa: Yo necesito conocer a las personas. Para conocer a las personas, me encarno en ellas. Nunca juzgo, sólo trato de conocer y comprender. Creo que vivo su vida. Por eso se me ocurre pensar si mi vida es exclusivamente mía, o si está hecha de sucesivas reencarnaciones. Durante unos días seré esa persona en cuyo interior acabo de colarme. Aquí tengo al lado a una misionera. Y lo siento en cierto modo, porque mi vida, en estos momentos,  es muy agradable y ligeramente amoral. Pero, ya me siento pálida y delgada. No me pinto. Leo la biblia. Miro el mundo desde un prisma que me condiciona, ya desde mi forma de vestir. Me sonrojo, como ella, cuando se me acerca el sobrecargo a ofrecer chicles. Nos dice que habrá una corta escala. Bajamos. Hay viento. El viento remueve mis faldas. Soy ella, siento su pudor, me sujeto las faldas grises, me domina la vergüenza. No quiero mirar las faldas cortas de las demás mujeres, porque sé que los hombres las miran y mi mirada chocaría con las suyas. Volvemos al avión. Sé que durante días voy a estar sintiendo la vida como una monja. No lo podré evitar.

 

Luisa, Nuria y Alber han actuado
según el texto iba sugiriendo los movimientos. Nuria ha reaparecido vestida de Preety woman tal como la vemos al principio de la película. Se sienta junto a Luisa y hace su papel.

Luisa: Una vez, también en un viaje, encontré a una mujer vestidísima y peinadísima, perfumadísima. Me fijé en que entrecerraba los ojos cuando metía el cigarrillo en la boca, cuando expelía el humor. Parecía en todo muy profesional; el cruce de piernas. El hombre que ella tenía enfrente parecía a punto de la congestión, con ganas de caer hipnotizado. Empecé a imitarla. Entrecerraba los ojos mirando a un hombre que estaba frente a mí. Todo, para experimentar y poseer el alma de la prostituta. Pero, el hombre estaba más interesado en su Financial Times, no le llegaban mis señales. Es que mi perfume era demasiado discreto, lo traía puesto de casa. Y todo salió mal!

 

Aplausos. Habían ido incorporándose nuestros dos actores. No han tenido gran cosa que hacer, pero lo han hecho bien. El hombre joven de las gafas y portátil no ha parado de teclear y de disparar fotos. Parece extranjero. Pasan las bandejas de picoteo mientras Nuria y Luisa desaparecen y vuelven vestidas de señoras mayores, con idénticos vestidos y peinados. Parecen clonadas, porque, en realidad, representan el desdoblamiento de una de ellas. Va a ser un pequeño diálogo que ella sostiene consigo misma.

L-1: Estás haciendo algo?

L-2: Sí, claro. Estoy siendo triste.

L-3: No te molesta estar sola?

L-4: No. Pienso.

L-5: A veces, no pienso. A veces me quedo sólo siendo. No necesito hacer

L-6: Ser ya es un hacer. Se puede ser lentamente o un poco deprisa.

 

Aplausos y bebidas. Las caras satisfechas me llenan más que el batir de las manos. Se acerca la joven china. Me dice que se llama Yoana. Estudia en la Universidad. No quiere volver a su país. Quiere casarse y tener dos hijos por lo menos. No le importa si son dos niñas.

-Esta escritora hace que yo siente bien de ser mujer.

Es importante para ella, decirlo. Vuelve a su sillón, cerca del pintor, quien ahora está preguntando:

-Si me entrego yo a las palabras, perderé la inocencia?

-Yo pienso que la gente que crea, los pintores también, quizá menos, sienten ese miedo de crear. Y atracción, o sea vértigo.

-Por qué los pintores menos?

-Los pintores sólo tienen color y línea. No pensamiento.

-No estoy de acuerdo. Munch. Goya. Picasso. Tantos

– Vale. Pero quería referirme a las palabras. Yo trabajo para encontrar las palabras de la pintura.

-Si encuentras las palabras, quizá pierdas la inocencia. Porque, una semilla sólo da una planta. Pero las palabras crean, se renuevan. Recrean y recrían.

-Hablas de las palabras.- dice el cura- Hay que tener mucho valor para hablar a las piedras del desierto. Y seguir viviendo. Martim está aniquilado porque hizo algo indebido, y tiene que renacerse. Y dice te amo, a una piedra del desierto. Y va ascendiendo en la recuperación del yo destruido, y ya está en contacto con  animales  y con personas. Y puede mirar con ojos de vaca el establo que debe limpiar. Y decías, refiriéndote a la seguridad de un dios creador de hombre. Pues, Martim tiene como jefe a una mujer, que es el colmo de la humillación para un hombre. Tiene una diosa creadora, en cierto modo.

-Que adopta el papel inapelable del varón, por cierto. Y eso me da que pensar.

-Encuentro mucho parecido entre el mundo de Lispector  y el mundo de Kafka. La vida de Gregorio Samsa, antes y después de la metamorfosis, es tan miserable como la de la nordestina Macabea. O como la que tiene G.H. después de asimilar la cucarachez. O la de la señora mayor abandonada por su gigolo que trata de superar el mal trago oyéndose decir que va a llover. Por cierto, que Lispector la trata con mucho respeto. Son vidas de gente errante. No sé si sólo de judíos errantes desde Mesopotamia y el Sinaí. Sino de toda la gente que no encuentra lugar en su mundo. Piensa en el castillo de Kafka, en el proceso. Puede ser por un desalojo que llevan en los genes. En la memoria colectiva.

-Nos remontaríamos entonces al Paraíso Terrenal.

-Habría que pensarlo si no resultase anecdótico. Porque, es que creo que ella no acusa la influencia hebrea, ni en su vertiente cristiana. Es un espíritu libre.

 

Un señor desconocido levanta la mano para intervenir. Es la mano de la copa de oporto:

-Puede ser porque, el autor o autora, aquí Lispector y Kafka, se machacan a preguntas e inseguridades. Kafka es más simbólico aún, menos explícito. Puede ser porque las criaturas no se hacen preguntas, como Macabea. Y la autora quiere darles ese soplo de vida que viene con la asunción de la duda. Como si pensara que cada lector es su criatura del libro que está trabajando. Y quiere darle el empujón: hala, a pensar!

-Surge música de la fricción delicada del silencio contra el silencio?- pregunta Yoana- Es pregunta de la autora. Pero, yo piensa parecido cuando soy muy joven. Escuchas el silencio y oyes música del aire, porque el silencio cambia de sitio, y se frota, y suena.

-Esa inquietud por la creación, por lo que está en proceso, llámese dios o llámese verbo. Eso me interesa de esta mujer.- dice el cura- Y eso hace de ella una mujer de nuestro tiempo. Sin nacionalidad ni dogmas personales. Sin espacio concreto. Sólo de nuestro tiempo. Y se enfrenta al creador tradicional como criatura y como creadora mujer. Se enfrenta doblemente. No es extraño que a veces sienta miedo.

-Usted dice que no, pero a mí me parece que sí acusa la feminidad sojuzgada propia de los hebreos y los cristianos.

-Sin embargo,- dice la profesora- ella decía, con toda la sencillez, que escribe porque no tiene otra cosa que hacer en el mundo. Y que moriría sin escribir. Es decir, que escribir es vivir, para ella.

-Coloque sua música favorita para tocar. Respire fundo e faça o que melhor sabe fazer: ser você- recita Malena Rajzner.

-Pues, con esa misma sencillez, nos enseña a pensar en extensión en una inmensidad de aspectos de la realidad, real y virtual, que corrientemente nos pasan inadvertidos. Y nuestra vida se adensa.

-En una ocasión, pide permiso para morir un poco. Con salero dice: no tardo, gracias. El sentido del humor del que hablabas.

-Y, junto a esa supuesta ligereza, El Autor y Ángela la criatura, no se hablan. Hay parlamentos alternos, No hay diálogo en la historia, no hay comunicación entre el creador y la creatura. Y con toda mi fe, eso me asusta.- dice el cura.

-Cuánto de nosotros tiene el espejo que nos refleja?

-A eso voy!- responde muy serio.

-La lectura de Clarice Lispector, nos hace saborear cualidades desconocidas de la literatura. Ella es tan múltiple, que por fuerza podemos contactar con algunas de sus numerosas facetas.- el redactor nos acaba de leer lo que seguramente mañana será la entradilla de su artículo.

 

Hay siempre un momento en el Salón, no sé qué o quién lo decide, en que los visitantes sienten que la cosa se acaba. Van levantándose. Van saliendo. Dejan su tarjeta o escriben su comentario en el libro. Quien da besos, quien da palmadas en la espalda. Cada uno se despide a su manera. El joven extranjero dispara fotos y sonríe, le brillan las gafas. Se va haciendo reverencias, anda hacia atrás. Yo diría que podría tratarse de un japonés disfrazado de occidental.

Veo al pintor revolviendo en la mesita en la que hemos colocado los libros de Clarice Lispector. Coge tres y va hacia la salida.

-Psch. Te llevas tres libros de Lispector?- le digo.

-Sí. A cuenta del cuadro de Müller.

Nos reímos los dos. Es muy buen pintor, y muy simpático.

Pero, yo estoy segura de haber liquidado aquel asunto!

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  1. Richard Larrabe dice:

    Cierto, se hace difícil separar expresiones y esencias de Clarice Lispector de expresiones y esencias de los tertulianos. Muy, muy bueno y útil. Anima a buscar.

  2. aurora dice:

    Muchas gracias por los comentarios. Seguiremos viéndonos en el Salón.

  3. Mario J. dice:

    Genial.

  4. Tonia Alvar dice:

    Acercar a los autores y sus valores mejor que hablar de títulos. Es libertad para buscar por uno mismo. Me parece un acierto el enfoque. Felicitaciones.