LA MUJER DOMADA ARREBATA EL LATIGO AL DOMADOR

Posted: 17th enero 2016 by Aurora in Crítica
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LA MUJER DOMADA ARREBATA EL LÁTIGO AL DOMADOR

 

OPINA Úrsula von Kardorff que vivimos en un mundo en transición (1973). Se descompone el mundo patriarcalista. La mujer- por vez primera en la historia de la especie- está liberada, por la píldora, de que un hombre le quiera o no le quiera hacer un niño….  El invento de la píldora, la revolución más silenciosa, pero más profunda, que hemos conocido desde hace milenios, altera la relación entre el hombre y la mujer. Claro que eso no sólo implica felicidad, sino también acrecienta dificultades viejas: miedo del hombre.

“La mejor es la suerte del que en el templo de su himeneo tiene una mujer necia, una pobre sombra”, escribió Eurípides hace 2.500 años. “El que se fía de la mujer, se fía de los ladrones”, Hesíodo, -800. La Biblia no se queda corta: “La mujer no es el dueño de su cuerpo, sino el varón”, san Pablo, primera epístola a los Corintios, 7, 4. Citando al señor Lutero: “No hay manto ni saya que peor siente a la mujer o a la doncella que el querer ser sabia” (1566). El Goethe de Hermann y Dorothea, escribió: “Aprenda a tiempo a servir la hembra, por su propio destino, pues sólo mediante el servir llega a dominar”. Lessing: “La mujer que piensa da tanta repugnancia como el varón que se pinta”. Y Schiller: Tiene que obedecer la hembra en esta tierra/ dura paciencia su destino encierra… Y Nietzche: “La felicidad del varón dice: yo quiero; la de la mujer: él quiere”. El superhombre implica la inframujer.

LOS ANTERIORES NOMBRES CITADOS eran elementos cultos. Veamos un poco de sabiduría popular: “La mujer, el barro y la nuez, necesitan buenos golpes” (Alemania) “El mundo y la mujer son de los que los engaña, los goza y los pisotea” (Italia). “La felicidad en esta vida es un caballo veloz, un patio espacioso y una mujer obediente” (cultura árabe).

SE PREGUNTA Hannelore Schütz (1973): ¿Qué es un hombre? Y busca un ejemplo en los “caballeros” que exponen la siguiente peregrina opinión: “Se ha afirmado alguna vez que el negar a una dama sola el acceso a un club nocturno (restaurante…) es una discriminación inaudita. Pero, de lo que razonablemente se trata no es de negar el acceso a la dama, sino de evitarle situaciones que puedan resultarle altamente penosas”.

((Se puede entender: teniendo en cuenta que un hombre es libre para ofender a una mujer, evitemos a la mujer colocarse en situación de ser ofendida))

LOS HOMBRES temen a las mujeres independientes que no se ponen inmediatamente a bailar al son que ellos les silben. La reacción es casi histérica. Para mostrar a las que no tienen hombre que sin tenerlo son nada, los hombres discriminan absolutamente a todas las mujeres sin hombre. En todas partes y en todo lugar. Salvo en el lavabo de señoras.

SI NO FUERA PORQUE EL HAMBRE EMPUJA A COMER, mujeres habría que se dejarían morir de inanición por no soportar el trato que se les dispensa en los restaurantes, sobre todo en los que se comería muy bien… si una estuviese acompañada. El camarero intenta alejar a la mujer de las mesas libres, los caballeros ya sentados miran a la intrusa, sus señoras miran incluso con gemelos de teatro: ha entrado una señorita, desgraciada, no tiene hombre. Qué confortador es estar amaestrada. Sí habrá mesa libre, pero alejada; quizá con el mantel menos blanco y peor planchado: la señorita ((por qué se presupone que es soltera?) pide su comida. El camarero entiende: “Por favor, acuéstese un poco conmigo”. El camarero asiente sin saber muy bien a qué. Esta mujer no tendrá derecho a comer bien ni a ser bien servida. Para eso hace falta un hombre al lado, “aunque sea un imbécil”.

LA ANTERIOR visión de la hombría referida a la “caballerosidad”, se complementaría con la de unos extraterrestres propuestos por la señora Schütz, quienes graban este diálogo:

Hombre A: Ayer por la tarde me tiré a Karen

Hombre B: Qué te costó?

Hombre A: Una comida de 18 marcos

Hombre B: Valió la pena?

Hombre A: Para mí, sí

Hombre B: Es que te quieres quedar con ella?

Hombre A: Con esa cachonda? Ni hablar!

EN OTRA OCASIÓN, los extraterrestres graban una “orgía masiva de hombres”: “Sí, -dice el observador– hay unos cuantos corriendo detrás de una pelota, y uno entre ellos que toca de vez en cuando un silbato; 100.000 hombres se abrazan cada vez que la pelota toca la parte interior de una red de cuerda. Empiezo a creer que los hombres son oligofrénicos”.

((LO ANTERIORMENTE NARRADO ocurría en la cercana mitad del siglo anterior. Y, en un capitulo esperanzador, la periodista nos propone la idea del futurólogo Robert G. JUNGK respecto a que el  siglo XXI será “El siglo de la mujer”.

 

QUÉ ES LO QUE CAMBIARÁ?

LA DOMA

Por lo pronto, el matrimonio. En su presente forma, es una institución tan anómala como un dinosaurio en una tienda de objetos de plástico. Y la monstruosidad es para los dos miembros de la pareja: para el hombre y para la mujer, aunque para el hombre sea un poco menos anómalo, puesto que tiene reconocido su derecho a la expansión sexual. “Negar las necesidades sexuales de la mujer, afirmar llanamente que no las tiene, ha sido y sigue siendo el objetivo principal de la doma. El resto es secundario. La coacción a través de los hijos, de la idea de un destino querido por Dios, de la prédica sobre supuestas tendencias innatas a cuidar de la casa del hombre, y sobre no menos ficticias incapacidades ante el trabajo responsable, son técnicas de doma subordinadas todas ellas a aquel objetivo fundamental. Pero, ocurre que ese objetivo ha dejado de existir. Toda mujer puede hoy separar sexo de embarazo (ah, la píldora)

PROBABLEMENTE habrá uniones transitorias. La gente se casará al modo como hoy concierta contratos de inquilinato, de trabajo, de educación… Por qué no hacer la prueba de renovarse al cabo de algún tiempo?

HABRÁ PAREJAS MÁS FELICES. No hay duda de que los hombres, y las mujeres, volverán a hacerse la corte cuando se acerque el término de rescisión del contrato; nadie tendrá necesidad de hablar de “cadenas”, y cada cual, si quiere, tendrá su propio seguro.

FEMINISMO NO COMBATIVO. “Yo creo que no se trata de declarar la guerra a los hombres. A mí me parecen imprescindibles para el amor”. ((Ahora están reconocidas otras formas de amor, o de amar. Pero la autora contrapone el mundo de los hombres=poder, al mundo de las mujeres=sumisión). Lo que hay que conseguir es que el juego entre ellos y nosotras no sea siempre el ataque y gol, con una sola portería y nosotras de porteras”.

Robert G. JUNGK, y no una mujer, ha previsto que el siglo XXI será el siglo de las mujeres. Los hombres librarán escaramuzas cubriendo su retirada, apelarán energuménicamente al viejo Adán, y repetirán que la abuelita fue feliz precisamente porque no fue más que la mujer del abuelito.

PERO TODO SERÁ EN VANO, y el final resultará muy sencillo: los hombres dejarán de mentir y las mujeres no se verán ya obligadas a hacerlo. Y habrá-es seguro- camareros que las atiendan tan bien cuando entran solas a un restaurante, como atienden a los hombres que entran solos.

A VECES, es cierto, es difícil ser varón, igual que es difícil ser domador sin más razón que la de que existe una tradición circense. Tened compasión, quitadles bondadosamente el látigo de la mano y dadles un abrazo. Es lo que están esperando”. FIN DE LA CITA.

(( A veces sospecho que esto último está escrito por un hombre))

CUANDO PUSIMOS EN COMÚN la intención de tratar este tema, una señora visitante asidua del Salón, nos trajo unos folios que pertenecen a un libro de MEMORIAS de próxima publicación. Dijo que venían muy bien los folios, o que encajaban perfectamente en lo que habíamos adelantado sobre el feminismo de esa época. Así que, proponemos su contenido a continuación. Y, quizá den los folios para otra sesión; ya lo debatiremos.

“Era una época en la que si una mujer emitía una opinión que chocaba con la del hombre u hombres cercanos, éste o éstos podían decirle: “Alguien te ha comido el coco”. O bien: “Alguien te ha lavado el cerebro”. Y si chocaba mucho, el marido se ponía nervioso y podía decir: “Anda, vete a la cocina”. Como si una mujer no fuera capaz de tener pensamientos propios generados a partir de lo que ve y oye y medita. Esto último, realmente era raro por entonces. Incluso se le negaba el derecho a equivocarse.

En esa época, el mocete me animó a prepararme para conseguir el permiso de conducir, y se lo agradecí y me alegré de que él no tuviera que cargar siempre con la responsabilidad de conducir el cochecito: siempre me ha gustado compartir riesgos y trabajos. Disfrutaba conduciendo; le ponía tanto entusiasmo que el monitor solía llamarme miss Fangio. En las semanas de aprendizaje no tuve percance alguno y estaba muy satisfecha de esforzarme por superar las timideces o lo que fueran, que siempre quedaban, y quizá queden siempre. Una vez obtenido el correspondiente permiso oficial, mi marido me animaba a conducir su coche, pero con un talante que más parecía imposición que oportunidad. Yo no conducía mal, lo aseguro, y no tenía miedo, algo que, creo yo, es un rasgo positivo; iba bastante tranquila al volante. Bueno, pues a él no le tranquilizaba nada; decía que yo debía sentir miedo. Iba en el asiento del copiloto con la mano derecha agarrada a la manilla de la puerta y con la izquierda al freno de mano, y no perdía oportunidad para gritarme qué era lo que debía hacer, como si yo fuera sorda o imbécil perdida. Yo le decía, más o menos: Querido, cuando tú cogiste el coche por primera vez, yo iba contigo, ¿te acuerdas? Patinabas en las curvas que era un contento, y yo no te decía nada. Más adelante, tuvimos algún percance serio. Pero si había hielo, yo estaba convencida de que el culpable había sido el hielo, y si grava, la grava. Tiempo después, cuando ya tenías seguridad, soltabas el volante para dar palmadas a lo flamenco y asustar a mi madre, que iba detrás, y yo la tranquilizaba asegurándole que eras muy buen conductor y no había nada que temer. Nunca te avisaba de lo que tú ya debías saber porque ibas conduciendo. Entonces, por qué no me dejas tranquila cuando conduzco yo? Silencio. La primera vez que aparqué de un tirón, o en una sola maniobra, lo hice tan bien, tan paralelo a la acera que estuve a punto de enorgullecerme. Pero, cielos, salió él bufando del coche, trató de meter el pie en el espacio dejado entre la rueda y el bordillo, y por lo visto no le cupo con la holgura prescrita, aunque a mí me pareció que sí. Se enteraron todos los tenderos de la acera y un primo mío que pasaba por allí. Acabó poniéndome tan nerviosa en una ocasión, que frené sin molestarme en embocar bien la fachada que tenía delante. Bueno, nos salvó el bordillo. No transcribo lo que le dije, en aquella ocasión ni en ninguna otra similar, y no volví a coger su coche, en eso nunca le fui útil. De todas formas, cosas similares pasaban a mi alrededor y yo las veía, y las oía contar con rabia femenina: “¡Como si ellos fueran perfectos en todas las cosas!” En cierto modo, a mí me parecía interesante ver la inestabilidad de los hombres respecto al “creciente papel de la mujer en la sociedad”; la querían activa, inteligente y autónoma, para utilizarla más y mejor. Pero perdían seguridad y golpeaban con su cetro ya convertido en porra vulgar.

 

 

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  1. Andrés dice:

    Interesante me parece el enfoque, aclarar malos entendimientos seculares, aunque tarde en llegar la igualdad no en la política pero en la mente sobre todo de los varones, de todo el mundo

  2. Anne dice:

    Cambio de mentalidad no se consigue en años. Externamente algo, quizá puede ser notado, distinta actitud, pero milenios de división del trabajo necesitan tiempo para abrir mentalidades

  3. Richard dice:

    Bien por la historia. Nos coloca, o recoloca en el momento presente. Hace falta conocer las causas, o los porqués