LA PEDRADA

Posted: 19th abril 2019 by Aurora in Literatura
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Cuando pasa el Nazareno/de la túnica morada,/con la frente ensangrentada,/ la mirada del Dios bueno/ y la soga al cuello echada./ El pecado me tortura,/ las entrañas se me anegan/ en torrentes de amargura,/ y las lágrimas me ciegan,/ y me llenan de ternura./ Yo he nacido en estos llanos/ de la estepa castellana,/ cuando había unos cristianos/ que vivían como hermanos/ en república cristiana./ Me enseñaron a rezar,/ enseñáronme a sentir/ y me enseñaron a amar;/ y como amar es sufrir/ también aprendí a llorar./ Cuando esta fecha caía/ sobre los pobres lugares,/ la vida se entristecía,/ cerrábanse los hogares/ y el pobre templo se abría./ Y detrás del Nazareno/ de la frente coronada,/ por aquel de espinas lleno/campo dulce, campo ameno/ de la aldea sosegada,/ los clamores escuchando/ de dolientes Misereres/ iban los hombres rezando,/ sollozando las mujeres/ y los niños observando./ Oh, qué dulce, qué sereno/ caminaba el Nazareno/ por el campo solitario,/ de verduras menos lleno/ que de abrojos el Calvario!/ Cuán suave, cuán paciente/ caminaba y cuán doliente/ con la cruz al hombro echada,/ el dolor sobre la frente/ y el amor en la mirada!/ Y los hombres abstraídos,/ en hileras extendidos,/ iban todos encapados,/ con hachones encendidos/ y semblantes apagados./ Y las mujeres enlutadas, apiñadas,/ doloridas, angustiadas,/ enjugando en las mantillas/ las pupilas empañadas/ y las húmedas mejillas./ Viejecitos y doncellas/ de la imagen por las huellas/ santo llanto iban vertiendo./ Como aquéllas, como aquéllas/ que a Jesús iban siguiendo./ Y los niños, admirados,/ silenciosos, apenados,/ presintiendo vagamente/ dramas hondos no alcanzados/ por el vuelo de la mente./ Caminábamos sombríos/ junto al dulce Nazareno,/ maldiciendo a los judíos,/ «que eran Judas y unos tíos/ que mataron al Dios bueno»./

Cuántas veces he llorado/ recordando la grandeza/ de aquel hecho inusitado,/ que una sublime nobleza/ inspiróle a un pecho honrado./ La procesión se movía/ con honda calma doliente,/ qué triste el sol se ponía!/ Cómo lloraba la gente!/ Cómo Jesús se afligía!/ Qué voces tan plañideras/ el Miserere cantaban!/ Qué luces, que no alumbraban/ tras de las verdes vidrieras/ de los faroles brillaban!/ Y aquel sayón inhumano/ que al dulce Jesús seguía/ con el látigo en la mano,/ qué feroz cara tenía!/ Qué corazón tan villano!/ La escena a un tigre ablandara!/ Iba a caer el Cordero,/ y aquel negro monstruo fiero/ iba a cruzarle la cara/ con el látigo de acero!/ Mas un travieso aldeano,/ una precoz criatura/ de corazón noble y sano/ y alma tan noble y tan pura/ como el cielo castellano./ Rapazuelo generoso,/ que al mirarla silencioso/ sintió la trágica escena,/ que le dejó el alma llena/ de hondo rencor doloroso./ Se sublimó de repente,/ se separó de la gente,/ cogió un guijarro redondo,/ miróle al sayón de frente/ con ojos de odio muy hondo;/ paróse ante la escultura;/ apretó la dentadura,/ aseguróse en los pies,/ midió con tino la altura,/ tendió el brazo de través./ Zumbó el proyectil terrible,/ sonó un golpe indefinible,/ y del infame sayón/ cayó botando la horrible/ cabezota de cartón./ Los fieles, alborotados/ por el terrible suceso,/ cercaron al niño airados,/ preguntándole admirados:/ «Por qué, por qué has hecho eso?»/ Y él contestó agresivo,/ con voz de aquellas que llegan/ de un alma justa a lo vivo: «Porque sí, porque le pegan/ sin haber ningún motivo!»

Hoy que con los hombres voy/ viendo a Jesús padecer,/ interrogándome estoy:/ «Somos los hombres de hoy/ aquellos niños de ayer?»

– Este largo poema, yo diría que épico, es de José María Gabriel y Galán.- nos dice Rajzner, que es quien acaba de recitarlo y con no poca emoción.

-De qué época, del diecinueve?- pregunta la Actriz de televisión

-Vivió desde mil ochocientos setenta hasta mil novecientos cinco. Yo señalaría, si me permitís, el regusto por el idioma, además del sentimiento que pone; es poesía de la tierra, muy castellana; es más de hondo sentir que de extenso pensar. Hay que ponerse en la época, también.

-Tengo entendido que Unamuno respetó ese casticismo sincero, en el hondo sentir coincidían. Además, Gabriel y Galán tuvo sus reconocimientos a nivel de premios, y tal. Dijo de él, que yo recuerde ahora: «No ha pasado por la tierra como cansada sombra»

-Qué pensaría ahora, de las procesiones de Semana Santa?

-Buena pregunta.

Siempre acabamos reflexionando un poco

 

 

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