LAS GUERRAS CIVILES SIEMPRE DURAN CIEN AÑOS

Posted: 9th octubre 2017 by Aurora in Crítica
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LAS GUERRAS CIVILES SIEMPRE DURAN CIEN AÑOS

 

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–He puesto este título a mi tema de hoy, porque creo que es una sentencia muy cierta. La cojo de un libro que luego os diré- nos dice Yarek Palka– Porque se observa que, después de una guerra civil, hay un silencio impuesto por los vencedores, un silencio público. Y hay un silencio en el ámbito privado, familiar, porque quienes han padecido esa guerra, tienen secuestradas las palabras y la libertad, porque hay miedos que no se curan. Y cuando pasa el tiempo y los vencedores se van muriendo, y hay una apertura hacia las verdades, se da un vacío de voz, porque aquellos que la padecieron ya no están, y los hijos fueron educados en el silencio y para el silencio. Y pasa un tiempo y los hijos de los hijos, finalmente, quieren saber. Esto es así a grandes rasgos. Y se abren las puertas cerradas de los libros, y la gente, por fin, madura y se atreve. Hay un odio familiar y diferido; fuera hipocresía, hagamos limpieza de mentiras y medias verdades, porque a ellos ya no les ha llegado el silencio con la leche de la madre. Y vamos acercándonos a los cien años, cuestión de generaciones, hasta que el aire de lo que todos acabamos por llamar patria, porque no deja de ser el solar común, se limpia y se serena. Cien años de dolor, o noventa, da igual, por el asalto injusto al poder.

PALKA tiene una forma de estar, y de hablar, que induce al silencio respetuoso, a la escucha. Su voz tremola, es tibia y transmite sentimientos, y conmueve. Qué no habrá sufrido el pueblo polaco en su andadura histórica!

–Esto viene a cuento de que preparaba, para mis clases, un tema sobre hombres jóvenes y conocidos en el ámbito cultural, que fueron muertos en la guerra del treinta y seis. Qué os parece un escritor universal: Lorca, a los treinta y ocho años, fusilado. Qué os parece un músico que llevaba camino de convertirse en universal: Antonio José, de treinta y tres años, fusilado. Y como un hermanito pequeño que trae su propio camino y su propia alforja a la espalda, y muere a los treinta y dos años aterido de enfermedad y abandono en un penal de guerra: Miguel Hernández; no muere en la guerra pero muere de la guerra. En seis años se nos van; o nos los quitan, mejor dicho. Pero, seguro, seguro, no son los únicos.

Y me planteo las situaciones y se me viene al corazón de la boca una palabra: MIEDO. Un miedo triste, sorprendido, racional, indignado. Os leo, luego os doy la referencia: “José Caballero, sorprendido por no haberlo visto últimamente, pasa por la casa de Lorca: “Se escondía, huía de los amigos, no respondía al teléfono y sólo aparecía raramente en la casa de los Morla. Cuando llegaba, estaba como ausente, preocupado, y el piano seguía mudo”, dice Marcelle Auclair. Mudo el piano!, se espanta Félix Grande. Federico, en sus reuniones con amigos, solía convertir el piano en la fuente de alegría, del juego, de la improvisación y de la fraternidad. Se convertía en la erupción de la alegría, el talento, la amistad y la risa; y mostraba que podía ser uno de los hombres más fascinantes de la tierra. Federico alegre, la risa de Federico. Pero, la sensibilidad, la imaginación, el terror, la sabiduría, le hacían comprender que los campos de España habrían de llenarse de muertos… No tiene miedo sino que está aterrado, dice Félix Grande, y es lo que quería yo deciros con mis palabras. A los pocos días, ardía el Teatro Español… Y se fue a Granada. Debía haberse quedado, se lo pedían sus amigos, pero él necesitaba el refugio de la lógica seguridad infantil: el hogar, los padres: “En Granada tengo amigos”. Pensaba también en el daño que podía venir a sus propios amigos de Madrid por ser sus amigos. Debía haberse quedado en Madrid, me lo digo todos los días, y se lo digo. Pero, se fue a Granada. Y de allí, en dos días lo llevaron a Víznar. Y de allí a la soledad eterna. “Domador de mariposas, sigo por mi camino. Por aquí, por allí va mi cuerpo multiplicado!”

“La vida es una lágrima testaruda”, decía Luis Rosales.

Cuando oímos hablar del fusilamiento de estas personas, o de otras, nos indignamos, y transitamos por el camino de la política y de los datos externos para justificar la indignación. Es lógico. Hay también quienes piensan en los fusilados, en las horas previas, cuando no pueden creer la evidencia que tienen ante los ojos: “Que no pase esto, que no esté pasando pero no sólo conmigo, que no le pase a nadie, que no pueda ser posible esta barbarie, este mal sueño.” No lo pueden creer y la tristeza los mata antes que las balas; no lloran sólo por ellos: lloran de vergüenza. “Sin brazos, cómo empujo/la puerta de la Luz? Yo dormía tranquilo/ quién taladró mi sueño? Oh, qué frío perfume de jacintos!”

Un hombre que se consideraba hermano de todos sin hacer caso de diferencias ideológicas; hermano con hermandad de especie, se quedaba con lo bueno que pudiera haber en todos: católico-anarquista-comunista: ser humano. Para tener que enfrentarse a la gran acusación y al juicio sin letrados ni pruebas, sin defensa ni amigo que lo ampare. En Granada, Queipo de Llano había recomendado al Gobernador que le dieran café, mucho café. Que es espía de los rusos con quienes  mantiene  contacto vía radio. Que es socialista. Que es masón. Que fue secretario de Fernando de los Ríos. Que es homosexual. Yo recuerdo ahora una sentencia: “Por lo que más se nos castiga es por nuestras virtudes”. Justo un mes después de aquel Alzamiento, pagó con su vida el ser un hombre honesto, talentoso y libre. Y no hay más.

Un muro de malos sueños/me separa de los muertos/ ¡É a lúa! ¡É a lúa / na Quintana dos mortos!

–Dos días de agonía.

Un hombre que andaba por su exclusivo camino, “balido sin lanas”. El camino se hizo muy luminoso y eso era la fama sin fronteras. Y esa fama, algunas mentes enfermas no la toleran ni la perdonan. Y es que, lo vamos a ver repetido, precisamente, en el compositor Antonio José. Y luego, más.

–Las guerras civiles son escenario para el odio y la envidia y su corolario: la venganza. Me pregunto si estas tres víboras que muerden las tripas de algunos hombres, no serán, precisamente, las que desencadenan las guerras civiles.

–Puede ser que sea así. Y no es Moral, es Antropología.

–Cosa de hombres, sin discusión. Hablas ahora del compositor, Jarek?

–Sacado del sueño, llora. Algunos funcionarios ya querían protegerlo desde el principio, “por su carácter bueno y aniñado”. Desde su ingreso pensó que iba a salir pronto, que aquella detención era producto de un error. Como ocurría tan a menudo, por todas partes. En el momento de salir, ni siquiera iba su hermano Julio con él. Es que, como estaba enfermo, piadosamente lo dejaban para otro día. Es maestro afiliado a la UGT; no es que sea una justificación, pero, Antonio José, por qué? Ah, es que ha organizado un Orfeón con obreros y campesinos, en la Casa del Pueblo. Ah, y también conoce a García Lorca desde que estuvo en Madrid becado por La Diputación, con sólo dieciocho años. Ah, y conoce a Dalí, a Sainz de la Maza, a Falla, Arbós, a Guerrero. Entonces volaba; y ahora, cómo cuesta dar un paso. Lo esposan junto al aprendiz de la Revista, lo ha pedido él, por si puede darle ánimos, y piensa, como tantas veces: “La vida es bella y buena para el hombre sencillo y sensato”. Pero, cómo cuesta ahora, dar un paso!

Qué de éxitos y de premios. Cuánto trabajo! La “Sonata Castellana” de 1920, vibrante, con sus tres tiempos. Sólo elogios y críticas admirativas. Y, con 22 años, las “Danzas burgalesas”; la número Tres fue estrenada en Comillas y en Bilbao con una Coral de cien voces; y él, casi un adolescente, dirigía todo aquello, y no pesaban los pies. Hasta el Ayuntamiento de su ciudad le da beca para estudiar en Paris, eso era volar. Y, quién iba a decir que ganaría el Concurso de la Sociedad Filarmónica coruñesa con su “Sonata Gallega”, con 25 años. Y el “Himno a Castilla”, y el “Cancionero Popular”. Y el Premio Nacional de Música de 1932. Y las conferencias, los artículos y los conciertos. Y el “Romancillo infantil” y la “Sonata para guitarra”, la guitarra de su amigo Regino Sainz de la Maza. Hace bien poco ha sido elegido Miembro Correspondiente de la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid, con treinta y un años. Y ahora, cómo pesan las esposas! Tiene las manos de hacer música amarradas con hierro.

Ya había pensado irse a vivir fuera, para tiempo, porque el ambiente no era limpio. Más que la incomprensión, la envidia se masca a su alrededor. Por qué, si él no hace otra cosa que trabajar. Cuánto aprietan los grilletes en una ciudad pequeña y castellana. Hay también sones de guerra, o son acordes de sinfonía wagneriana. Mejor marchar, bien lejos.

En abril, seis meses hace, como invitado especial del Institut d’Estudis Catalans de Barcelona, del que es presidente de honor nada menos que el Sr. Companys, ha sido muy elogiada su ponencia.

Ha cambiado tanto el país desde abril. Ahora está puesto patas arriba, manos arriba, cabezas abajo, no hay paz ni orden. Ahora, un hombre preso en un penal sin que sepa por qué está preso, puede recibir una carta anónima saturada de envidia y rencor que viene a decir: muertos en el país tantos hombres importantes, quién perderá el tiempo en llorar la muerte de un musiquillo cualquiera, por endiosado que esté. Los colmillos destilan tinta de veneno con el que están escritas estas insidias que matan antes que la muerte física. Antonio José, cándido, sin poder comprender, adjunta este texto miserable a la carta que escribe a quien él cree persona comprensiva y de calidad: “¿Es posible que mi vida, consagrada exclusivamente al estudio y exaltación de nuestra ciudad, merezca este odio, este desprecio y este espantoso trato?”  Ya hace un mes de esto, cuánto pesan los grilletes camino de nadie sabe dónde ni quiere saber. Ha esperado la respuesta a su carta en la que también decía o suplicaba: “Dígame que Vd. me cree un hombre honrado incapaz de lo que en este papel se me atribuye, soy incapaz de un sentimiento innoble”.

Prensa de Burgos, 9 de octubre de 1936: “El afamado músico Antonio José Martínez Palacios, de 33 años, ha sido fusilado esta pasada noche en las proximidades de Estépar”.

–Dos meses de agonía.

Después de un silencio pesado, incómodo, pesaroso, el Actor de Televisión quiere intervenir y lo miramos como saliendo de un mal sueño:

–Me vienen a la memoria unas estrofas de Lorca como dedicadas a la muerte de este músico, y luego os digo por qué encuentro ahora un momento complicado. Dicen: “Quiero llorar mi pena y te lo digo/ para que tú me quieras y me llores/ en un anochecer de ruiseñores,/ con un puñal, con besos y contigo./ Quiero matar al único testigo /para el asesinato de mis flores/ y convertir mi llanto y mis sudores/ en eterno montón de trigo”. No os suenan, pero que mucho- mucho, a la Elegía que Hernández escribe para Sijé cuando dice: “Quiero escarbar la tierra con los dientes/ quiero apartar la tierra parte a parte/ a dentelladas secas y calientes”. Yo no sé, esta Elegía está escrita en enero del 36 y los “Sonetos del amor oscuro” de Lorca, también en el 36. Afinidades o algo más, entre los dos grandes poetas de lo popular, Lorca y Hernández; dos cerebros llenos de corazón.

–Seguramente como el de Antonio José. Y no es que lo dude, es que las palabras nos hablan siempre con más posibilidades de ser entendidas que la música.

–Niño en Orihuela, cabrerito de las cabras de su padre. Así empezó a transitar por la vida uno de los seres poéticos más extraordinarios que conozco.

–A qué llamas exactamente “seres poéticos”, Yarek?

–Están llenos de amor generoso hacia lo y los demás. Poeta no es sólo quien hace versos, rimados o no, porque un ser depravado puede hacer versos; ver el tópico de Nerón. La poesía es amor que trasciende. Un ser poético puede no hacer poesía y seguir siéndolo. Cuando Jorge Luzuriaga ve a Hernández en una playa, y unos nombres que ha escrito en la arena, y le pregunta a quiénes corresponden, Hernández responde: “Son mi madre, mi mujer y mi hijo”. Y a este hombre, que aprendió a ser queriendo conocer a los demás, Vicente Aleixandre dedicó estos versos: “Nadie gemirá nunca bastante./ Tu hermoso corazón nacido para amar/ murió, fue muerto, muerto, acabado cruelmente/ acuchillado de odio”. Porque, cuando acaba la guerra, el 28 de marzo del 39, Miguel no sabe qué hacer, a dónde ir. Se ha movido en pueblos pequeños donde viven su familia y la de Josefina. Neruda, Aleixandre, Alberti le aconsejan que salga del país, porque pertenece al ejército vencido. Le niegan asilo en la embajada chilena por eso mismo. Va a Valencia, a Cox y a Orihuela. Va a Alicante y vuelve a Cox, con Josefina y el niño. El 22 de abril empieza la huida por Andalucía. Llega a Sevilla, llama a tantas puertas pero las aldabas suenan a silencio. Va a Portugal; en la raya vende su traje elegante de visitar Rusia, vende el reloj regalo de Aleixandre. Y el comprador lo entrega a la policía de Salazar y la policía de Salazar lo entrega a la Guardia Civil. Abril de 1939. Primera Estación del Vía Crucis.

En tres años justos, día más o menos, se tumbará en el jergón de doce reclusiones. Golpes en los riñones: orina sangre: como es de Alicante, forzosamente ha intervenido en la muerte de JAPR, es la lógica sectaria que anida en esos sitios. HUELVA-SEVILLA-MADRID. Escribe cartas. En realidad, para haber comenzado su carrera como cabrero, tiene muy buenas relaciones, ganadas a pulso de un talento de dioses. Ahora, las aldabas suenan en falso: quién se atreve a exponerse a pedir, con la que está cayendo. Josefina, sus hermanas y el niño viven hacinados en una barraca alimentándose de lentejas, cebollas “y poco pan”. La canción de navidad de 1939 que envía a su hijo será “la más bella canción de cuna de la poesía universal”, en palabras de Concha Zardoya: En la cuna del hambre, mi niño estaba/ con sangre de cebolla/ se amamantaba.

LO EXCARCELAN. Personas de calidad que han podido ayudar: Neruda, Ridruejo, Aleixandre, Spitteri, García Viñolas. Y otros.

CONSEJO: que no vuelva a Cox, que no vuelva a Orihuela. Se extraña: por qué?, si no soy culpable de nada. Lo apresan en Orihuela, su pueblo. Escribe a Josefina que sus paisanos no le perdonarán nunca que haya ofrecido su inteligencia y su alma “al servicio del pueblo de una manera franca y noble”.

–Os suena algo? Esto ya lo hemos visto en Lorca y en Antonio José: van y te cogen y te llevan y te encierran y ya está.

–Pasa hambre, miserias, vergüenza. No sólo se pregunta por qué a mí; lamenta que les ocurra también a otros: a Buero Vallejo, a German Bleiberg, que va dejando en otras cárceles, y a tantos y tantos. MADRID: estudia francés, escribe, hace juguetes para su hijo. JUICIO DE GUERRA. CARGOS: Haber sido Comisario de cultura, haber actuado en la toma del santuario de Nuestra Señora de la Cabeza, ser escritor y poeta revolucionario, pertenecer a la Alianza de Intelectuales Antifascistas. CONDENA A MUERTE. VISITAS: que se retracte. ENFERMEDADES: parásitos, sarna. Hambre.

“Sonreír, con la alegre tristeza del olivo./ Esperar, no cansarse de esperar la alegría…”

PALENCIA-FRÍO: “Al que le da por reír, le queda cuajada la risa en la boca. Y al que le da por llorar, le queda el llanto hecho hielo en los ojos”. NEUMONÍA. HEMORRAGIAS. ABANDONO. Es ahora, cuando constata la poca importancia que se da al deterioro de un ser humano, cuando masca la maldad, en definitiva la carencia de calidad humana; ahora es cuando comienza la tristeza extrema. El hundimiento. Minado el sentido del humor que parecía indestructible.

YESERÍAS-OCAÑA: BIENVENIDA: incomunicación. SUPERADA. Brindis de navidad 1940 con los presos: “Entrechocando los puños ya que no tenemos vasos, nuestro odio no es el tigre que devasta, es el martillo que construye”.

BRONQUITIS. HAMBRE. Visitas y ofrecimiento de indulto a cambio de retracto: IRA. Alcázar de San Juan. Albacete. Alicante. BIENVENIDA: un mes de incomunicación. TIFUS. “Varios tragos es la vida y un solo trago la muerte”.

FANTUCCI escribe un poema en prosa para el amigo: “A Miguel, que se muere solo”. Josefina, “resuelta en luna”, siempre ha estado ahí, en la medida en que se lo han permitido.

Es denegado a la familia el permiso para velarlo.

Sus ojos verdes, claros, quedaron mirando. Nadie los pudo cerrar.

–Tres años de agonía.

 

–Han pasado setenta y cinco años y seguimos sufriendo con estos recuerdos.

–Hechos polvo, quedamos. Al menos, Yarek, tus alumnos podrán hacer unos trabajos estupendos.

–No creas, a mí también, todo esto me entristuriza mucho.

–Te qué?

–Vaya, ya he utilizado la palabra que no es buena. Pero, soy polaco, no? Y si no encuentro la buena palabra, por lo que se ve me invento otra. Mira, puedo ofrecérsela a la Academia.

Hay un aleteo muy sonoro y miramos hacia el árbol de Rousseau. El búho Ojazos, que ya ha vuelto, mira a Yarek y con la puntita del ala derecha se barrena la sien. Y con la patita izquierda se aventa una lágrima.

Como todos.

 

 

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  1. Marian dice:

    Marcos Ana podría opinar sobre cuánto duran las guerras civiles. Y tampoco sería el único

  2. Juana María dice:

    Y además es una idea válida para cualquier parte del mundo y del tiempo. Y aún diría que sin poner apellido: civiles o no civiles; las guerras matan de cuerpo y de alma durante mucho tiempo. Es cierto