LOCURA DE AMOR

Posted: 8th marzo 2015 by Aurora in Crítica
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LA LOCURA DE AMOR COMO RECLAMO TURÍSTICO

SEMANA DE LOS AMANTES DE TERUEL

SE LLENAN LOS HOTELES Y LAS CALLES DE LA CIUDAD DE ISABEL DE SEGURA Y DIEGO GARCÉS DE MARSILLA. CADA AÑO.

HARTZENBUSCH INMORTALIZÓ A LA PAREJA. «Parado el corazón, la frente helada….»

((Sea en el siglo XIII de la acción, o en el XIX de la creación de la obra, «la condición de la mujer», que subsiste en ciertas culturas, se refleja claramente en este parlamento de la madre de Isabel:

Margarita: Vuestro padre le ha creído/digno de ser vuestro esposo.

Prendarse de quien le cuadre/ no es lícito a una doncella,

pues entonces atropella/ los derechos de su padre.

A él toca la elección/ de esposo para su hija,

y a ella a quien su padre elija/ darle mano y corazón.

Hoy día, Isabel, así se conciertan nuestras bodas;

Así nos casan a todas/ y así me casaron a mí.

((Cuando Isabel va asimilando que su boda con Azagra prácticamente es un hecho, puede responder:

Isabel:      Sí, madre, haceos justicia/ y emplead al punto, ahora,

esa magia seductora/ que la voluntad desquicia.

Mirad que vais a abogar/ por mi eterna salvación;

mis bodas de maldición/ crímenes van a engendrar.

((Porque, no sólo es el páter familias quien decide en este caso llevado, en principio por la ambición. La madre teme un chantaje de honor que la boda de su hija podría sofocar:

Margarita:   Por mis culpas llevo/ el cilicio y el sayal…

… Tú has dictado mi sentencia/ mi suerte me vaticinas.

No serás tú quien se vea/ de un monasterio en la cárcel

sepultada con afrenta, destrozada, emparedada/ seré yo, yo que deshecha

en lágrimas, a tu padre/ pediré por gracia extrema

que el corazón me atraviese/ y veré que me la niega

porque más lento, más crudo/ suplicio es justo que sienta.

Isabel:         Vos, a quien mi padre adora!

Margarita:   Quizá hoy mismo me aborrezca/ cuando le haga ver Azagra

con irrecusables pruebas/ que su amor puro y leal

en una adúltera emplea

Isabel:          Gran Dios!… Conque hay también un infortunio

que a mi infortunio supera?/ Hay un ser a quien salvar

yo de su infortunio pueda?/ Oh, madre, pudierais dudar

de lo que hacer debo/ de lo que haré?

… No soy hija?/ No se encuentra mi madre en riesgo?

No puedo librarla?/ Vuestra fama está en mi mano.

La conservaréis ilesa./ Se casará vuestra hija,

no importa lo que le cuesta…/ Mi vida es vuestra, tomadla: así Dios, así

lo manda Naturaleza./ Casarme con Don Rodrigo!

Albricias, alma, no temas!

((Cuando Isabel cree en la muerte de Marsilla, debido a las tretas de Zulima, la madre dice:

Margarita:    El cielo, que os presenta este cáliz de amargura, os dará fuerza para beberlo. Sosegaos.

((Sin tanta fe y tanto credo, «la liberación de la mujer» habría llegado mucho antes. Hasta el momento de la acción, sólo quedaba el convento o el suicidio:

Isabel:        Mil veces no./ Podrán enhorabuena/ de los cabellos asida

arrastrarme hasta la iglesia,/ podrán maltratar mi cuerpo,

cubrirle de áspera jerga/ emparedarme en un claustro/ donde lentamente muera.

Todo esto puede mi padre,/ pero arrancar a mi lengua

un sí perjuro, no.

Marsilla:    Y tus promesas?/ Cuando resuelta la partida aciaga/ de ti me despedí

qué me dijiste?/ Parte, que tu Isabel, fina te aguarda.

O mi mano mis padres te conceden/ o me consagro a Dios.

……..

((Isabel tiene bien claro que, una vez casada, el marido podría decirle:

Azagra:      «Me despreciabas, me odiaste/ y a la autoridad sujeta

estás del que despreciabas»

ya que es capaz de decir a la madre, una vez casados:

Azagra:       Si Isabel no me ama, yo me pasaré sin su amor, y esta espada me responderá de su conducta……

porque podemos pensar que quiere obtener a Isabel por orgullo, despecho, afán de dominio (vanidad) etc.:

Azagra:        Yo, mi bien, yo necesito/ el nombre de vuestro esposo. No más que el nombre!

((Sin embargo, cuando ha escuchado las penas de amor de boca de la propia Isabel, tiene una reacción inesperada y noble:

Azagra:       … Y concluyo de desear y pedir:/ de mí todo afán excluyo/

Sólo con poder decir:/ «Me llaman marido suyo».

Separada habitación/ distinto lecho tendréis…../

Pues bien, amad, Isabel, y decidlo sin reparo,/ que con ese amor tan fiel

aunque a mí me cueste caro/ nunca me hallaréis cruel.

…Pero qué he de hacer, si en vano/ lucho con mi condición?

Piedad de mi orgullo insano,/ yo con vuestra condición,

no me mostraré inhumano.

((Generosidad sorprendente. Sin embargo, tenemos en Margarita un egoísmo que raya en la crueldad, en este lamento de conciencia:

Margarita:    Santo Dios, qué es lo que hice?/ Soy madre yo?/ No lo soy…

Pero, si se divulga… Viva Segura,/ Dios mío, si nueva culpa cometo

por conservar mi secreto/ Tú verás cómo la expío.

Yo de mi Isabel confío;/ su amante ya pereció,/

La suerte me sujetó/ este partido a tomar:

me puedo sacrificar/ pero a mi marido, no.

((Y a pesar de la generosidad apriorística de Azagra, Isabel sabe muy bien en qué  convierte la simple ceremonia del matrimonio a una mujer:

Isabel:          Sí, me han dicho en la iglesia no sé qué cosas, me han hecho pronunciar no sé qué palabras; y con esto ya

no soy mía; ya soy de otro, y yo debo ser otra también. No es eso lo que queríais decirme, madre? Ya veis     que no es necesario: yo lo sé como vos.

((De haberse casado con Diego, es decir a su gusto o «siguiendo los dictados de su corazón», esta condición seguiría siendo la misma; pesaría menos, pero la consideración de la mujer casada sujeta al esposo, habría sido idéntica))

Isabel:        … Todos me han querido dejar libre y todos me han presentado cadenas

((La única persona que no le presenta cadenas; la única persona de esta historia que ama a Isabel con un amor humano, o quizá no: quizá con un amor animal, sin elaborar, sin condiciones ni condicionantes previos, es Mari-Gómez. Quiere a Isabel como madre y como padre, como amante quizá; con un amor protector y generoso de Naturaleza plena.

– Mari-Gómez. Y quién es Mari-Gómez?

– No conoces la obra?

– Pues no sé si tengo que sentir vergüenza, pero tengo que decir que no.

– Yo la leía en el bachillerato. Pero no recuerdo detalles.

– Pues recuerda aquella propuesta de Plinio: No hay libro, por malo que sea, que no contenga algo bueno.

– Incluso en los míos, espero.- dice la P.C. Y mira al vacío.

((Me quedo pensando en el hado adverso del romanticismo, está en la respuesta de Diego cuando su padre le pregunta:

Don Martín:     Quién tu llegada ha retardado?

Diego:                 El cielo. El infierno. No sé. Facinerosos. Una mujer.

 

((Todo en su contra. Don Martín es para Diego lo que Mari-Gómez para Isabel: un amor sin ataduras ni aspavientos románticos o no. Y me olvido del amor encrespado de Zulima y de los demás. Incluso del de los amantes de Teruel.

Va bajando la luz en el Salón. Veo que hay un nido nuevo en mi árbol favorito de Henri Rousseau. Lo tomo como buena señal.

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  1. Leyre dice:

    La verdad que el amor romántico que conocemos del teatro es siempre crispado y desesperado y no tiene mucho que ver con el carácter romántico de las personas que sentían y creaban en la época, que eran generosas y visionarias.

  2. Renata dice:

    La locura de amor literaria siempre nos hace pensar en lo bello que pudo ser y no fue. Como un modelo que no tiene por qué dar buenos resultados.
    Buen trabajo de síntesis.

  3. Alphon dice:

    Yo veo en esta obra a Romeo Y Julieta de Teruel, no lo puedo remediar. El ensayo si breve, dos veces bueno. Y es breve.

  4. Aurora dice:

    «Un amor al que le sobra condimento y le falta un hervor», es un acierto pleno para hablar de aquel, o este, tipo de amor. Feliz hallazgo.

  5. anne dice:

    La locura de amor nos traía confusión en la adolescencia. Ahora nos parece un amor al que le sobra condimento y le falta un hervorluts