LOPE Y GÓNGORA SE QUITARÍAN EL SOMBRERO

Posted: 3rd diciembre 2017 by Aurora in Crítica
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LOPE Y GÓNGORA se quitarían  el sombrero

 

MARTA nos ha convocado para hoy con el anuncio de “un tema que es de justicia”. Como ya conocemos su vena dramático-social-literaria heredada de sus ancestros judeo-polaco-argentinos, y conocemos su seriedad, y sabemos que no vamos a salir defraudados, venimos a El Salón con la mejor disposición; porque, ella no suele tomar iniciativas, pero cuando las toma suele cosechar éxitos, tanto por la forma como por el contenido de lo que propone.

 

Vale, pues empiezo. En la sesión anterior, estuvimos acompañados por dos poetas de alrededor de la guerra: Buscarini, de un poco antes, y Marcos Ana, que arranca de la guerra y vive como lo obligaron a vivir, más de veinte años entre rejas. Los dos nos dejan composiciones poéticas que seguramente no formarán parte de ningún texto escolar, porque no hay que contar sílabas ni poner trampas sobre las rimas ni nada parecido. Y además, no puede decirse que sus mensajes sean políticamente correctos. Son dos personas de las que Yarek dice que son personas poéticas. Y por la misma vía, por el mismo hilo, pensé: habrá mujeres poetas que también habrán escrito contenidos políticamente incorrectos. Y traigo a una mujer; hay más, pero me interesa concretamente esta mujer. Se llama Consuelo Ruiz, os suena? Da igual. Nace en mil novecientos catorce y muere en dos mil quince. Cómo la presento, a ver:

Hacemos un repaso de las poetas que nos han visitado en El salón, desde la exquisita Safo, desde Juana de Asbaje o sor Juana Inés de la Cruz, si preferís, que es, como Safo, una intelectual culta, lírica, rica. Desde las modernistas suramericanas con Zamudio para empezar, y Storni, y luego Ibarbourou y Mistral, que son profesoras, o mujeres de estudios. Y ya más cerca, la galleguita Rosalía y más cerca Gloria Fuertes, y también catalanas como Abelló, Leveroni, Marçal, y las del norte Figuera y Salaberri y gallegas para refrescar el concepto de país plurinacional, para luchar contra el olvido de tantas cosas y para luchar contra el olvido de ellas mismas en la sociedad. Lo que me interesa resaltar es que todas ellas eran, o son, por decir, profesionales de las letras, o se movían en ámbitos en los que hacer poemas no era sorprendente. Y la que viene hoy conmigo, Consuelo, se lanzó a escribir un poema que es libro de historia, de sociología, de feminismo, de dolor, de justicia, de memoria; no escribió para crear belleza ni para lanzarse por un camino de reconocimiento; sino que escribió como quien borda y enarbola una bandera y escribió sintiéndose poeta porque para decir lo que necesitaba decir, tenía que buscar una forma que no era la habitual, como Buscarini y como Marcos Ana.

-Memoria histórica, puro lirismo- apunta Asier.

-Justo, eso es!

-Está entre Buscarini, que nace en 1904, y Marcos Ana que nace en 1920. Cuando empieza la guerra tiene 22 años. Si lo que dice en el poema está entrañado en su propia experiencia o no, no nos interesa aquí. Escuchen:

Quisiera escribir un himno/ a un pobre racimo humano:/ las mujeres de los rojos/ que en España nos quedamos,/ para las que no hubo escape,/ para las que no hubo barco./ Las que nos quedamos solas/ con los niños en los brazos,/ sin más sostén ni más fuerza/ que el que daba el estrecharlos/como prendas de un amor/ contra nuestros pechos flácidos./ Todos perdimos la guerra,/ todos fuimos humillados,/ pero para las mujeres/ el trance fue aún más amargo./ Largas colas en Porlier/ con nuestro pobres capachos./ Caminatas bajo el sol/ con los pies semi decalzos./ Caminatas sobre el hielo/ tiritando en los harapos./ Largas, duras caminatas/ en busca de algún trabajo./ Cansancio y humillación/ si lograbas encontrarlo,/ y si no lo conseguías/ humillación y cansancio./ Por el combate de nuestros hijos/ siempre un combate diario./ ¡Esos días siempre solas/ esos días largos, largos/ que fueron semanas, meses/ que duraron tanto, tanto/ que entre dolor y entre lágrimas/ se convirtieron en años!/ Nuestros hombres en la cárcel/ nuestros hombres exiliados/ nuestros hombres cada día/ cayendo como rebaños/ en manos de furia ciega/ de matarifes fanáticos,/ y las mujeres seguimos/ a nuestro modo luchando/ y esa guerra sólo nuestra,/ esa guerra, la ganamos./ Los hijos de nuestros hombres/ quedaron en nuestras manos/ y supimos inculcarles/ un culto casi sagrado/ por los nuestros, los ausentes/ los padres que les faltaron./ Se los pusimos de ejemplo/ porque siguieran los pasos/ y logramos convencerles/ de que eran buenos y honrados/ aunque en la calle, en la escuela/ les dijeran lo contrario./ Éramos pobres mujeres/ y supimos elevarnos/ sobre el dolor, sobre el miedo/ sobre el hambre y el fracaso/ y criamos nuestros hijos/ dignos de sus padres, bravos/ serios, dignos y responsables/ los íbamos cultivando/ pilares para un futuro/ que aún parecía lejano/ y en el que siempre creímos/ con los puños apretados./ Quisiera escribir un himno/ grande, estupendo, fantástico,/ de pobres mujeres débiles/ con heroísmos callados,/ de esfuerzos y sufrimientos/ que eran el vivir diario,/ y a pesar de ello, supimos/ con un esfuerzo titánico/ ir manteniendo la llama/ de amor al padre lejano,/ al padre que estaba preso/ o al que habían fusilado./ Yo quisiera a voz en grito/ poder entonar un cántico/ que dijera todo eso,/ que bastante hemos callado./ Las mujeres de los rojos/ que en España nos quedamos/ creemos tener, al menos,/ el derecho de contarlo.

Marta recita tan bien como su madre y pone un punto juvenil de emoción que Malena ya no puede colocar en su voz. Los aplausos no son obligados, en El Salón; a veces incluso suenan mal, porque rompen un momento de conmoción que mejor se desarrolla en el silencio, hasta que se resuelve por sí sola. Aplaudir es libre, hoy no aplaude nadie y Marta, seguramente, tampoco lo espera, porque está tan conmovida como los demás.

-Este es el amor y el respeto a la vida de una mujer que trabajó hasta la vejez en el mismo noble oficio que la madre de Sócrates; quien quiera se puede informar. Sócrates, según él mismo decía, ayudaba a aprender, a tener ideas, y para ello se inspira en el oficio de su madre, y su método de enseñanza se llama mayéutica. Consuelo…

-Oportuno nombre.

-Exacto, no podía ser más propio! Consuelo, ya muy mayor, escribió esto que os voy a leer, textualmente: “Dentro de poco me voy a morir, derrotada, sola y triste, sin haber conseguido lo que quería, pero sin haber renunciado a nada, sin haber cejado en mi empeño, manteniendo hasta el final la antorcha encendida y con la esperanza de que haya mujeres que despierten a su luz y que no se dejen engañar….”

-Me recuerda el coraje, precisamente, de Buscarini y de Marcos Ana.

-Precisamente!- dice Marta– Es la razón por la que la he traído aquí.

-Eso, por una parte.- dice Malena– Y por otra y que también importa, la pregunta “Qué es poesía”, olvidándonos de la tontita respuesta de Bécquer. Me acuerdo de lo que dice León Felipe:

Deshaced ese verso,

quitadle los caireles de la rima, el metro, la cadencia

y hasta la idea misma.

Aventad las palabras.

Y si queda algo todavía, eso

será

poesía.

-Ante el friso de mujeres poetas que ha recordado Marta, los clásicos no tendrían más remedio que sacarse el sombrero.- dice El Redactor.

– Me pido una pluma.- dice La Periodista Comprometida.

PALKA ha doblado su respetable estatura por la mitad en una reverencia palaciega, y lo curioso es que todos hemos visto en su mano derecha un sombrero antiguo con una pluma tremolosa. Y la P.C. se ha sorprendido tanto que ha dejado caer su vaso con zumo de frutas. Para ser polaco, Palka a veces tiene unos arranques de humor muy sorprendentes.

 

 

 

 

 

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  1. Casablanca dice:

    Ya sería bueno, ver a estos dos poetas magníficos, reconocer algún mérito a las mujeres, además de la belleza

  2. Jesusa dice:

    De la poesía, perfecta forma o menos perfecta, lo que importa es el mensaje

  3. Marián dice:

    Estos hombres y mujeres que han hecho historia sin que la historia se entere, se merecen figurar en monumentos de la memoria que estén en todas las calles del pais