LOS PELLIZCOS DE QUEVEDO

Posted: 29th abril 2015 by Aurora in Literatura
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EN UNA REUNIÓN que tuve recientemente en Buenos Aires con antiguos compañeros de Instituto y de Facultad, salió Quevedo a relucir. Y como ellos me recuerdan recitando desde la infancia, me pidieron algún soneto de Quevedo y Villegas, como la cosa más natural.

Y si algo no tiene Quevedo es naturalidad a la hora de escribir sonetos. Es el autor difícil como Góngora es el autor oscuro.

VEINTE AÑOS, alrededor, me ha costado poder recitar este soneto quevedesco. Veinte años. Alrededor:

Cerrar podrá mis ojos la postrera/sombra que me llevare el blanco día,

y podrá desatar esta alma mía/ hora a su afán ansioso lisonjera;

mas no de esotra parte en la ribera/ dejará la memoria en donde ardía;

nadar sabe mi llama la agua fría/ y perder el respeto a ley severa.

Alma que a todo un dios prisión ha sido/ venas que humor a tanto fuego han dado;

medulas que han gloriosamente ardido/ su cuerpo dejarán, no su cuidado;

serán ceniza más tendrán sentido, / polvo serán, más polvo enamorado.

 

LISI es la destinataria, amada Lisi. (No quiero citar el apellido porque siempre lo estropea todo, pobre mujer). Me pregunto qué pensaría de este bellísimo poema de amor. Pensar sobre él, yo pienso fácil. Decirlo, ya es otra cosa. He sentido durante veinte años, alrededor, como si Quevedo estuviese pellizcando las carnes de mi memoria.

CUANDO VOS LEÉS un soneto por primera vez, sabés si es memorizable. Por la acentuación, el ritmo, la propiedad entre contenido  continente, o significado y significante. Por el silabeo de fácil articulación. Y decís: ya lo tengo! No lo tenés, pero a vos te parece que sí porque ha entrado en el alma de la memoria. Y a la tercera vez, o a la quinta, ya empezás a irte con él por la calle y en unos días sois uno. Así no más.

DESDE EL PRINCIPIO, los dos cuartetos y yo no nos llevamos bien. Íbamos a tomar algo juntos pero no ligábamos. Con los tercetos sí, íbamos del bracete por la calle sin dificultad.

DÓNDE ESTÁ la dificultad,

en la articulación?

DEMÓSTENES se metía en la boca piedritas para convertirse en buen orador desde su tartamudez. Una vez le pregunté a un logopeda qué función exactamente cumplirían las piedrecitas, y de mal talante me respondió que añadir dificultades.

YO NO METÍ piedrecillas por aquello de los microbios y que no sabés lo que podés pillar. Metía garbanzos. Podrán decirme que los garbanzos también podrán aportar algo de suyo, pero los había pasado por el horno para quemar lo que pudieran traer de suyo.

CERRAR PODRÁ mis ojos la postrera sombra que me llevare, me di cuenta de que no era solamente dificultad articulatoria. También era dificultad de comprensión. El hablar retorcido.

QUÉ CURIOSO mecanismo el de la memoria, que rechaza la expresión antinatural y sabe que lo difícil de comprender es difícil de decir.

Estas que me dictó, rimas sonoras/ culta, sí, aunque bucólica Talía

¡oh, excelso Conde! en las purpúreas horas….

… Treguas al ejército sean robusto/ ocio atento, silencio dulce, en cuanto

debajo escuchas de dosel augusto/ del místico jayán el fiero canto…

LO QUÉÉ?

Claro, Góngora el oscuro; yo lo tengo siempre en papel; nunca en la memoria.

PERO, PUDE RECITAR el soneto a Lisi en Buenos Aires, y se impone la cuestión: es que, con el tiempo, lo difícil se hizo fácil? Lo comprendés mejor?

No. Quevedo sigue y seguirá siendo difícil. Pero yo he podido domar, en veinte años, a un potro rebelde, y puedo decir de corrido cerrar podrá mis ojos la postrera noche etc. Al margen de mi memoria y de mi entendimiento, porque si me detengo a pensar en el significado no retomo el ritmo ni enlazo palabras. He domado al potro rebelde, pero sigue sin saber a dónde va. Como una máquina ciega. Hagan la prueba. Qué diferencia con estos versitos de nada, de pacotilla:

Quedéme y olvidéme, el rostro recliné sobre el amado. Cesó todo y dejéme, dejando mi cuidado entre las azucenas olvidado.

A VER quién los mejora.

O, ESTOS OTROS versos de pacotilla:

Pobre barquilla mía, entre peñascos rota, sin velas, desvelada, y entre las olas sola!

A VER quién los iguala.

 

Y, POR EL HILO de lo fácil culto, llega  mi memoria a lo fácil popular .

UN PROFESOR que tuve en la Universidad, hambrentón de expresiones populares, me enseñaba cartas escritas por aquellas chicas de aldea que se iban a servir a la capital. O por aquellos chicos que se iban al servicio (militar).

LLEVABAN una maleta de madera o de cartón, sujeta con una cruz de cuerda en las dos caras. Y escribían a la familia del pueblo una vez al mes contando las menos cosas posibles, o falseando la realidad muchas veces, y encabezaban:

– Queridos padres y hermanos. Me alegraré que al recibo de estas cuatro letras disfruten de buena salud como yo por el momento gracias a dios.

– Y se despedían siempre con la misma muletilla:

– Reciban todos un abrazo de esta que lo es: Martina. O Justina. O Bonifacio. Etc. Etc.

COLECCIONABA estas cartas con la misma fruición que si se tratara de papiros egipcios:

– Vox populi, Malenita,- me decía-  vox populi!

 

 

 

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  1. Luis-Luis dice:

    He leído que alguien tiene la lengua hecha nudos de recitar a Quevedo. Es lo mejor que he oído en toda la semana. Nudos entre las neuronas, también. Y sin embargo, cuánta belleza en conjunto, asequible

  2. Anne dice:

    He leído tres veces el soneto de Quevedo y tengo la lengua hecha nudos

  3. Judith dice:

    La verdad es que me ha interesado y divertido, El lenguaje de las cartas populares lo he oído mencionar en casa, que había como plantillas que utilizaban todos al principio y al final. No les daba que pensar

  4. Alphon dice:

    Instruye y deleita. Como debe ser. Fantástico!