NAVIDEÑAMENTE CRÓNICA

Posted: 23rd diciembre 2019 by Aurora in Literatura
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NAVIDEÑAMENTE CRÓNICA

 

 

VA EL AÑO corriendo mansamente entre noches y días, entre nubes y sol. Y, cuando nos damos cuenta, ya hemos llegado al final y es Navidad. Para incrédulos empedernidos, como yo, el caso no tiene tanta importancia: es una más de las trescientas mil fechas destacadas de que se sirven inteligentemente las religiones para consolidar unas creencias que, con el paso del tiempo, podrían perder vigor y acabar en aguachirle. Pero la Navidad, como las primeras golondrinas, el carnaval, el inicio de las clases y otras efemérides por el estilo, es algo que siempre está al alcance de la atención o de la penuria del cronista, para repetir, por billonésima vez en la historia de la imprenta, las trivialidades del caso: paz en la tierra, los hombres de buena voluntad, la familia, el turrón, el mensaje evangélico, la ramita de muérdago, el Niño Jesús en el pesebre, etc.

Y el cronista, que en el fondo es un pobre diablo que a veces no encuentra el tema, no resiste la conspiración sentimental del establo y suelta la crónica de circunstancias.

Ocurre, no obstante que tengo considerables razones para no estar de buen humor, lo que me permite evitar esta vez, si es que he caído alguna otra en tan ingenua debilidad, el juego cómplice de amplitud universal. De sobra sé que en un abrazo hay siempre quien abraza y quien se deja abrazar. De sobra sé que la confianza, en muchos casos, es una trampa que nos tendemos a nosotros mismos, y que hacia ella nos empujan, sonriendo, los demás. Por eso, esta crónica de Navidad no va a pasar de una charla al desgaire, que es lo único que puedo hacer cuando habría tema para largo. Pero también el lector tiene su vida, quizá dura y difícil, y no va a aceptar que yo venga a agravar sus amarguras. Disculpe el desahogo.

Si me prohíbo a mí mismo hablar de los tópicos de la época navideña, y si igualmente me prohíbo el plantear a todos mis furias personales, qué me queda para hacer esta crónica? Un mundo de cosas; si fuera yo capaz de encontrar tan sólo una, dar con el modo de abordarla, sorprenderla mirando hacia otro lado y cazar su perfil secreto…( pues, en definitiva, a esto se resume el arte de escribir). Pero, hoy no. Todo cuanto dijera tendría un regusto amargo y no creo que se me escapara una flor entre tanta secura. Qué voy a decir, pues?

…….

 

ESTAMOS AHORA en Navidad, no me deje aquí fuera el lector porque aprieta el frío y la maldad de la gente es aún peor que el frío y la lluvia helada o el barro. La maldad de la gente, tome buena nota el lector en su cuaderno, es peor que el barro. Me quedo, pues, sentado aquí, en el extremo de la mesa, y soy testigo sonriente de sus alegrías, si las tiene, o intento comprender sus tristezas, si es que las cosas le van mal. Y podemos recordar los casos que le he ido contando estos días, le diré todo lo que entonces no pude decirle; y, sobre todo, me quedaré callado oyéndolo habla de su propia vida, que, como la nao del romance, también tiene mucho que contar. Sabré qué mallas y qué nudos tejen una existencia que no es la mía, la que ando contando aquí, y una vez más descubriré siempre con el mismo asombro, que todas las vidas son extraordinarias, que todas son una hermosa y terrible historia. Nos quedaremos callados y pensativos, oyendo el reloj que va matando los segundos apenas nacen para que podamos decir nosotros el tiempo que vivimos.

Tal vez dentro de un año, volvamos a encontrarnos en este mismo sitio. Volveré a decir: “Va el año corriendo manso entre noches y días, entre nubes y sol, y cuando nos damos cuenta ya hemos llegado al final y es Navidad”, para que tenga justificación mi título de hoy, y para que la crónica de Navidad sea “Navideñamente crónica”. Pero, no de esta manera.

 

Así, José SARAMAGO sigue entre nosotros.

 

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