NEW YORK, NEW YORK

Posted: 14th agosto 2018 by Aurora in Crítica
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NEW YORK, NEW YORK

 

 

 

Yarek Palka se levanta y se aleja unos metros; ha dejado sobre el banco el libro que estaba leyendo y empieza a disparar con la cámara. Hay una luz extraña, en Nueva York. La que dejan ver los altos edificios.

Siento curiosidad y cojo el libro que ha quedado sobre el banco, lo abro. Salta a mis ojos un párrafo prieto en una página con párrafos prietos. Leo:

“Así pues, si Dios tiene una intelección intuitiva de la piedra, sin que ésta sea de ningún modo su causa, es necesario que la piedra, incluso en su propia cognoscibilidad, no añada nada a la cognoscibilidad de la esencia del Primer Principio, por cuya congnoscibilidad la piedra se reconoce a sí”.

En esta Nueva York abigarrada puede ocurrir de todo, y pasa con naturalidad un mariachi cantando:

“Una piedra en el camino, me enseñó que mi destino/ era rodar y rodar. También me dijo un arriero/ que no hay que llegar primero/ pero que hay que saber llegar./ Con dinero y sin dinero/ hago siempre lo que quiero/ y mi camino es la ley,/ no tengo trono ni reina,/ ni nadie que me comprenda,/ pero sigo siendo el rey”.

El rey de la piedra, pienso mientras el helado de polvo de limón, lametón a lametón, va perdiendo su cresta.

La palabra “piedra” se me ha quedado en la memoria quizá porque sigo teniendo enfrente las moles inmensas de los rascacielos neoyorkinos de la Quinta Avenida. SÍSIFO y el tormento de no llegar nunca arriba, subiendo a espaldas la famosa piedra que rueda ladera abajo cada vez que creemos ser más inteligentes que ayer, y  a veces los hombros no pueden aguantar la piedra  porque están desollados y duelen y están cansados; y qué hacer: o te quedas abajo aplastado por tu propia mediocridad o agarras la maldita piedra y te la calzas a la espalda, otra vez, sobre un hombro, sobre el otro, y, a fin de cuentas, mientras subes no estás hundido. Y en definitiva, qué hace el sol rodando hacia la noche cada noche para recoger la piedra de luz  que abra las puertas del día, y volver con ella para volver a caer en la noche y volver a coger la piedra de luz que abra las puertas del día.

“Tires la pedra,/ on anira?/Aixi es l’home/ qui sap on va? Aquí, sota la nit, et diría/ que el mar es etern./Aquí, sota la pluja que cau/ ent diría/ que tot es pau/ Pero, qui sap el home/ qui sap on va/ qui sap el home/ on anirá./ Aquí, entre els amics/ et diría que ens vorem més enllá de tot cel,/ aquí, sota la pluja que cau/ et diría/ que tot es pau./ Tires la pedra/ on anirá?/Així es l’home/ que sap on  va?,/ que sap l`home/ on anira?”.

 

Tengo delante y encima los estirados edificios pétreos de la Quinta Avenida que cortan el aire y la respiración. Palka recoge en su cámara la luz que queda en los intersticios entre los remates de los edificios pétreos. Y como  desprendida de uno de ellos, cae a mis pies una piedrecica con los ojos cerrados, menudo golpazo se ha tenido que dar; si no le han saltado los dientes y las muelas. Piedra pequeña; me quedo meditando y van saliendo de la memoria unos versos sin mucha voz pero con mucho sentimiento.

“Así es mi vida, piedra, como tú./Como tú, piedra pequeña, como tú/piedra ligera, como tú/canto que ruedas por las calzadas/ y por las veredas,/ como tú/ guijarro humilde de las carreteras,/ como tú, que en días de tormenta/ te hundes en el cieno de la tierra/ y luego centelleas bajo los cascos/ bajo las ruedas:/ como tú, que no has servido/para ser ni piedra de una lonja/ ni piedra de una audiencia/ni piedra de un palacio, ni piedra de una iglesia, como tú/ piedra aventurera, como tú/que tal vez estés hecha sólo para una honda,/ piedra pequeña/ y ligera”.

 

Abro los ojos y me digo que yo también prefiero las ermitas a las catedrales, creo que he dormido un rato. A mi lado en el banco, Palka se roe las uñas mientras sigue leyendo a  Duns SCOTO; cómo era el parrafito del Primer Principio y la cognoscibilidad de la piedra en sí. No sé si era eso exactamente, si era así; de todas formas me parece demasiado sutil para Nueva York. Estos edificios matan la perspectiva vital, eso sí. No te elevan: te aplastan.

Quiero volver a dormir para traer conmigo a León Felipe, al mariachi a Raimon, a  Seifert, que habla de “tristes piedras traídas de la luna”, y merendar ligerito con ellos.

Nueva York es como una digestión pesada.

 

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