POESÍA Y PROSA. MUJERES. EUROPA

Posted: 17th mayo 2021 by Aurora in Crítica

Cuatro mujeres europeas

de la segunda mitad del siglo XIX.

Una de ellas no entra en el XX.

Bueno, empezamos con una mujer rumana, escritora, luchadora contra viento y marea.  Vive en una época de romanticismo tardío y de sobresalto político continuado, de convulsión: Rumanía está haciéndose como país. Esto no la afecta a ella sola, lógicamente; las coyunturas político-sociales no se alían para ponérselo difícil. Consideramos el contexto político y social como una situación general de pueblo medio mártir que empieza a soltarse de sus cadenas milenarias, aprovechando, quizá, el afán de independencia que trajo consigo el romanticismo en Europa. La guerra ruso-turca, Tratados internacionales y eventos parecidos. Entre nosotros siempre hay alguien que se esmera por mirar datos personalmente. Es lo bueno.

—Territorio masacrado por invasiones, dejadme que recite, porfa: godos, hunos, ávaros, mongoles, eslavos, magiares, turcos, imperio austrohúngaro. Es para pensar un poco. Y dirigido  por gobiernos extranjeros hasta el mismo siglo XIX. En 1859 se unen los estados rumanos de Valaquia y Moldavia bajo el líder Alexandru Ioan Cuza, y posteriormente se une la Transilvania. Y ya en el 78 se unirán las provincias rumanas de Besarabia y la Dobruja. Es la época en que vive esta escritora rumana.

—Es conocida como Verónica Micle. Nacida Campeanu, apellido del padre.

—En 1850 nace en la ciudad de Nasaud. Muere el padre muy pronto. Ella ha estado acudiendo a un centro de enseñanza para chicas, como es de esperar. Se gradúa a los trece años, en 1863, y en el tribunal que la califica con la máxima nota, hay un profesor universitario de cuarenta y tres años, en realidad es Rector de la Universidad de Cluj, en la Transilvania, una ciudad universitaria con rica mezcla de culturas y religiones. La casan con él cuando tiene catorce años, o sea como treinta menos. A partir de entonces llevará el apellido del marido, que se llama Stefan Micle. En el  66 nace la primera hija y en el 68 nace la segunda, es decir con dieciséis y con dieciocho años la madre. Inteligente y culta tenía que ser, y,  quizá ayudada por el ambiente en que se ve envuelta por su matrimonio, comienza a  ser conocida en el mundillo cultural de la ciudad de Iasi, donde se ha establecido la pareja. También es una ciudad universitaria, en la región de Moldova, no confundir con la Moldavia país que está al este, frontera con Ucrania. Precisamente, Iasi fue la capital de los antiguos principados de Valaquia y Moldavia, que hemos visto antes.  Conoce el francés porque traduce  a  Alphonse de La Martine y a Teophile Gautier. Va siendo alguien en el mundillo, es respetada como poeta pero no publica libros, porque en la época es costumbre  la  publicación en diarios y revistas, aquí también, ya que era más rápida la difusión, y más económica, puesto que la gente no compraba libros en masa como ahora. Hasta el 87, dos años antes de su muerte, no aparecerán sus libros. Su obra está traducida a Lenguas Romances cercanas a nosotros: sabéis que el rumano tiene importante influencia latina.

—La ilusión que me hizo, recuerdo ahora, cuando un alumno mío, rumano, me dijo un día que tenía mal en el fécato. Y lo entendí!

—Es latín?

—Es hígado. Tú mismo.

—Bueno, pues Estefan Micle es profesor de la universidad de Iasi, que lleva el nombre, precisamente de Alexandru Ion Cuza, a quien hemos visto antes, y que la fundó. Tenemos presente, entonces, que a nivel nacional se va convirtiendo en una figura. El desconocimiento que para nosotros  existe sobre el país en la actualidad, y no digamos de aquella época de la segunda mitad del diecinueve, dificulta que lleguemos a comprender el alcance de su obra y de su vida.

—En mil ochocientos setenta y dos va a Viena, tiene veintidós años, sus hijas tienen seis y cuatro años. El motivo por el que viaja a Viena ni está muy claro ni nos interesa mucho, parece que es de índole personal. Lo importante para ella y para su obra, es que allí conoce al poeta rumano, de su misma edad, Mihai Eminescu; ya iremos viendo por qué es importante y hasta dónde. Micle publica por entonces dos obras en prosa en el “Nuevo Mensajero Rumano”. En el 74 publica en la prestigiosa revista “Familia”.

—Pues, imaginaos un “amour fou”, una atracción fatal, romántica si se quiere, son muy jóvenes los dos, él está abriéndose paso en el mundillo de las letras; es un tanto rebelde, iconoclasta; desprecia los títulos y los expedientes académicos brillantes, va por libre; trabaja en el teatro, en la prensa, no importa en qué condiciones pero está claro que lo suyo son las letras. Ella no es libre. Quizá tenga la existencia económicamente asegurada; él, no. Pero ella tiene asegurada la existencia de una mujer casada con dos hijas que educar. Necesita otro tipo de seguridad para convertirse en una figura de las letras.

Eminescu tiene claro, pese a su juventud, que para poder entregarse a vivir su literatura, sus ansias y sus emociones, tiene que ser, precisamente, solo; es decir libre.

—En mil ochocientos setenta y cinco, tienen los dos 25 años, y Eminescu es nombrado Director de la Biblioteca Central de Iasi, que, con el tiempo, llevará su nombre.

—No es difícil imaginarse la vida cultural en la ciudad que luce importantes edificios y palacios y museos. El Parque Copou era vivienda habitual de las musas para los románticos, con sus frondosos bosquecillos, sus murmullos de agua, su luna casi siempre amenazadora, motivo muy romántico. Hay allí un tilo centenario bajo el que el propio Eminescu escribía sus hermosos poemas de amor y desconcierto. Es un parque habitado de soledades que, precisamente, por aquellos años fue considerado parque público. “Amada, cada vez que pienso en nosotros/ un océano de hielo aparece ante mí:/ sobre la blanca bóveda no hay ya ninguna estrella,/ la luna es una mancha amarilla a lo lejos./Sobre miles de témpanos que las olas se llevan,/un pájaro planea, las alas fatigadas,/ mientras su compañera ha seguido adelante,/ unida a la bandada que se pierde al poniente./ Hacia donde ella vuela mira desesperado./ Ya no siente ni pena ni alegría, se muere/soñando en un instante todo el tiempo pasado./ Más lejos uno del otro cada vez nos sentimos,/ cada vez me hundo más en la sombra y en el hielo/ mientras desapareces en la eterna mañana”.

—Va a ser una situación amorosa dichosa y penosa. Perdonad por la aliteración, ha salido sin pensar. Escribe Micle: “Vete”, te digo, pues mi mente presagia sólo males. “No te vayas” susurran misteriosamente mi alma y mi anhelo./ Tú conoces cuánto amor/ guardo para ti/ y después cómo con palabras vanas/ siempre te alejo de mí./ Y no sabes qué creer:/ si en las palabras dichas/ o en el amor que nunca cesa y/ que lees en mi mirada./ Ay!, y yo, perpleja/ esforzándome estoy para entender,/ pues no sé qué sería mejor:/ escuchar a la mente o al corazón.

—La batalla romántica entre la razón ilustrada y el corazón que reclama sus fueros. Bien, seguimos en Iasi. Ahora, nosotros iríamos de tapas, o de pintxos, por el Barrio de Ticau, “Barrio antiguo”, “Parte Vieja” diríamos por aquí, sobre una colina que domina la ciudad, formado por calles peatonales estrechas y rampantes,  y comercios y bares, un barrio lleno de vida. Os imagináis a los estudiantes rumanos, y profesores, románticos, por esas calles estrechas mirando a la luna blanca, o amarilla más o menos amenazante según el momento, y  recitando a Wordswoorth, a Byron o Goethe, por decir.

—En Iasi hay un Jardín Botánico fantástico creado por entonces, en 1856. Como veis, era una ciudad de fuertes aires nuevos unidos a lo tradicional. En esta ciudad de corrientes culturales diversas, de etnias, culturas y religiones como la ortodoxa, la católica, la musulmana y la judía conviviendo, se veían y se amaban Micle y Eminescu.

Este mundo tan grande, tan/ desierto delante de mí se extiende,/ ni tan siquiera con mi mirada/ o mi mente puedo comprenderlo;/ y en este caos sin imagen, sin/ comienzo ni sentido,/ me has dado tú, amado mío, refugio para mi alma;/ y por eso, cada vez que pienso/ en ti,/ al amor como a este mundo final no puedo hallarle.

—Son versos de Micle. Yo vería aquí una clara sensación de desamparo y dependencia junto con un anhelo de horizontes infinitos. A fin de cuentas, amor romántico. Siempre he respetado mucho el amor romántico, la mentalidad romántica, en realidad: viven como dentro de un txunami. Dice Micle:

—“Cuando en la profundidad de la noche hay paz y silencio,/ cuando el dulce céfiro suavemente duerme en las ramas,/ y es la única vigilia en la durmiente naturaleza,/ entonces mi alma muerta de tanto anhelo,/ ingeniosamente, sin reposo, vigila incesante…” es un largo poema lleno de susurros, anhelos, visiones del amado a través de cuyo amor pretende, o desea, conocer y comprender el universo: “… y entonces veo que mi corazón está lleno de ti”.

—Así va a ser una relación tempestuosa. Se ven en secreto, como se puede comprender. En mil ochocientos setenta y ocho, entre vaivenes políticos, Rumanía consigue la región de Dobruja: contexto bélico y político de incertidumbre, el país está haciéndose; entonces, hay una mentalidad nacional? Es una cuestión para pensar, favorita de un romántico como Eminescu.

–Me vais a perdonar, pero Dobruja, sin la velarización de la jota, a mí me suena a eslavo; la raíz es eslava: dobro.

Rumanía está rodeada de países eslavos, puede haber influencia, gracias por el apunte. Un romántico como Eminescu, piensa  y siente que el hombre está dotado de alas para el vuelo inspirado en la mujer, pero que la mujer no tiene alas para seguir en el vuelo al hombre. Ahí lo dejo.

—Una cosa es el amor de las pasiones poéticas y patrióticas y trascendentales, y otra cosa es la prosa diaria: el dinero necesario para alimentar a una familia. Ahí, Eminescu parece que no llega

— Un año después, Stefan Micle muere, con cincuenta y nueva años. Ella tiene veintinueve y dos hijas adolescentes. Ella ha quedado sin dinero, sin pensión de viudedad. Ante el desamparo, Eminescu y ella intentarán formar una familia y vivir en familia. Y el intento  no da resultado.

—De mil ochocientos setenta y siete al ochenta y tres, es redactor jefe del periódico TIMPUL, “El tiempo”, periódico oficial del partido conservador.

—Qué raro, en un romántico!

—En mil ochocientos ochenta y tres cae con una grave enfermedad de origen psíquico, quizá de un trastorno bipolar. En mil ochocientos ochenta y nueve, en el mes de junio, muere Mihai Eminescu, poeta nacional, con traducción de sus obras a muchísimos idiomas.

—En agosto del mismo año, muere Verónica Micle, quizá debido al arsénico que había ingerido. Tiene 36 años y había escrito poco antes: Oh muerte, si vinieras/ a mi solitario corazón para/ apaciguar mis pensamientos/y oír cómo el huracán grita en/ crueles cantos,/ caminando sobre la nada, alejado/por ásperos vientos!/ Anhelo un largo reposo para/ poder dormirme./ Dormirme para siempre.

—Queríamos resaltar que, una mujer que en plena pubertad lleva el apellido de su padre a su boda; y luego llevará el del marido, y luego será retenida en la memoria de la literatura de su país por el apellido de su amante, y a la luz de lo que dejó escrito, cómo no iba a sentirse ahogada y prisionera, al margen de que fuera romántica o no lo fuera. Bueno, y aún queda, en cierta medida, en la memoria de la Literatura más o menos cercana.

—Un amigo mío rumano, poeta, Pamparau, tiene traducidos los  poemas de Micle en un volumen editado aquí mismo, y una revista de Literatura. Vale la pena que lo busquéis.

—Tomo nota. Y pregunto: dónde queda la personalidad de esta mujer? Dónde hubiera podido llegar, de haber sido mínimamente ayudada y respetada? Y si se hubiera querido olvidar que fue la musa de Eminescu, poeta nacional, y que tenía valor por sí misma?

—De eso venimos y a eso vamos, y hasta Suecia llegamos, más o menos en la misma época. Tenemos a dos escritoras que habrían comprendido y ayudado a  Micle. Segurísimo. La Sororidad surge en esos tiempos; Unamuno  habla de ella en las primeras páginas de La tía Tula; viene a decir que si podemos hablar de paternal, maternal y fraternal, por qué no hay equivalente que venga de hermana, soror en latín, y de ahí sororidad o sororal. Y estábamos en 1907.

— Y ahora, me viene a la memoria: hay una mujer rumana de ascendencia germana, los que se llaman suabos, que es premio Nobel de Literatura 2009: Herta Müller. Hablamos de ella aquí en fecha, espera  que lo mire: 6 de marzo de 2013. Qué existencia tan distinta habrá llevado, de la sufriente Micle!

—Bueno, cada quien sufre lo que le toca.

—Pues, sí. Bien, hace ya un rato que hemos querido subir a Suecia, para conocer a dos escritoras muy importantes: Sophie Elkan y Selma Lagerlöf. Por orden de nacimiento, como siempre:

Sophie Elkan, mejor dicho: Sophie Solomon nace  en 1853, tres años después de Micle. Ya os dais cuenta de por qué he dado marcha atrás con el apellido: Para seguir la costumbre castrante, llevará el apellido del marido, con quien se casa en 1872, con diecinueve añitos. Él es un editor de música: Nathan Elkan. Sabemos que siete años más tarde, en 1879, el marido muere tuberculoso, y la niña, de siete años, también; apenas en una semana los dos. Y en Navidad, para que la tragedia sea más dura. Y fuera de casa, porque habían ido a Niza por ver si los aires mediterráneos les venían bien.

—Afortunadamente, el entorno familiar ayuda, son gente culta, la acogen. Tiene un hermano que escribe obras pedagógicas y colabora con él, se introduce en el mundo de las letras. Y en 1889, con treinta y seis años publica su primer cuento en prensa diaria, para seguir la costumbre que señalábamos antes: era la mejor y más rápida forma de darse a conocer.

—Inténtalo ahora.

—“Una historia sin nombre”, se titula. Ella, con pseudónimo Rust Roest. Publica su primera colección de cuentos: Tono Mayor y Menor.

—En 1891, publica otra colección de cuentos. Y en 1896, la primera novela: Chicas afortunadas.

—En 1896 otra novela y otra colección de cuentos. La gente que lee sus obras, y la crítica, coinciden, porque es fácil coincidir en esto: la literatura, las historias de Elkan ponen el foco en la mentalidad femenina, con mayor o menos carga crítica a la situación familiar y social de la mujer. Muy posiblemente conoce las novelas de Jane Austin; la temática es la misma, con un punto de rebelión siguiendo más o menos las ideas de Mary Wollstonekraft, de quien ya hemos hablado aquí en fecha 16 de octubre 2012. Conoce, seguro, el movimiento feminista sueco del que vamos a tener noticia enseguida.

—En 1893, ya con cuarenta años, conoce a Selma Lagerlöf. Y aquí vamos a tener tema.

—Sí, porque en esos años, ya Lagerlöf empieza a ser  una personalidad en el ámbito literario, tiene treinta y cinco años y sus obras empiezan a ser traducidas. Precisamente, se conocen a través de la común traductora danesa. Un año después se conocen personalmente. Y ahí va a surgir la chispa de una amistad, una compenetración, una sororidad. Eso de la sororidad se va a dar, precisamente, porque está en auge el movimiento feminista en Suecia. Cómo empieza. Os lo voy a contar como si fuera una historia previamente escrita, para que lo vivamos con mayor claridad. Para comprender por qué dos mujeres como éstas, no jóvenes ni glamorosas, pueden llegar a sentirse tan próximas y a compartir tanto.

En 1829, comienza a publicar obras literarias una joven finlandesa afincada en Suecia: Fredrika Bremer. Tiene 28 años, o sea que ha nacido en 1801. De muy buena familia tradicional: el hombre: hombre; y la mujer: esposa y madre. De presentaciones en sociedad y viajes por Europa para hacerse chicas cultas. Fredrika no está de acuerdo con ello ni se ve enmarcada en ese cuadro. Critica la forma de ser tratada la mujer en la familia; falta de libertad, de reconocimiento; de respeto. Por hacer algo permitido, se dedica a las obras de caridad; al menos, sale de casa y se afirma por sí misma. En sus obras defiende los derechos de las mujeres, es feminista y sufragista. Sus obras se difunden rápidamente por los EEUU de Norteamérica.  Evidentemente, van a ser obras románticas, es la época de relaciones muy sentimentales y envueltas en insatisfacciones femeninas y deseos, más o menos claros, de emancipación; lo que decíamos antes de las obras de Sophie Elkan.

—El acento va a llegar con su novela Hertha, de 1856, donde resume y concentra todo lo dicho. Con ella y con el revuelo que se monta, va a conseguir que la política sueca gire en torno a este tema, y consigue nuevas leyes que favorezcan la mayoría de edad y el reconocimiento de los derechos de las mujeres. Como buena burguesa, era más bien liberal, pero con simpatías hacia el socialismo. El debate que se origina en la sociedad sueca, conduce a la abolición de la tutela sobre las solteras y a la concesión de mayoría legal a las mujeres (1858-1863)

—Sólo veintiún años más joven tenemos a Sophie el apellido me lo vais a excusar, porque es muy sueco, inderescififlible; pero será conocida, cómo no, por el apellido del marido ADLERSPARRE, más asequible a mi rústica articulación meridional. Él es Barón, viudo y tiene cinco hijos. Y, según parece, fue un puntal seguro en la lucha de ella.

—En el primer momento, llama la atención  esta revolución desde arriba; sorprende que ellos, que son los que podían vivir superbién, como les diera la gana, se preocuparan y se ocuparan de facilitar la vida a quienes no podían hacer otra cosa que sufrirla.

—Vale, sí. Hay gente y gente. Ten en cuenta que es momento de abolicionismo y feminismo en los EEUU de Norteamérica y en Inglaterra sobre todo. Países quizá con tradición de mayores libertades; los yanquis eran jóvenes en el funcionamiento del Estado, y tenían aún la esclavitud vigente. El levantamiento por los negros fue el motor de salida: mujer y negro equivalía.

—Y más cerca, en Inglaterra por ejemplo, nacida el mismo año  que Lagerlöf y  con el mismo patrón que todas ellas: sus padres eran sufragistas y su marido la ayudó en su lucha, tenemos a Emmeline Goulden, de casada Pankhurst, quien decía: “Nosotras, mujeres sufragistas, tenemos la misión más grande del mundo: liberar a la mitad de la raza humana, y a través de esa libertad, salvar al resto”.

— Pues, Sophie Adlersparre, es otra de las mujeres excepcionales entre burguesía y baja nobleza, que se empeñan en sacar a la mujer del limbo forzado en que vivía, en Suecia como en Cerdeña o Portugal. No con algaradas ni violencias, sino por la vía del cambio de leyes. De hecho, Adlersparre fundó la primera revista de Escandinavia, tomad en serio el título, por favor: “Revista para el hogar”, entre 1859 y 1885, con una socia, Rosalie Ross, con la que va a colaborar estrechamente; era una sufragista vuelta a Suecia desde los EEUU de Norteamerica y traía un bagaje muy interesante. Y volviendo a la sororidad: una rica dama que tiene abierto un Salón Literario: Fredrika Limnell, apoya financieramente la edición de la revista, que fue la primera plataforma de uso legal para el debate sobre los derechos de las mujeres, los roles de género y el feminismo en general, en Suecia. Así que, el nombre de la revista puede inducir a error. Claro que, el disfraz le viene bien, porque hablando a la mujer en “su medio, el hogar” se la ayuda más que si se le empieza a hablar de antropología  o física cuántica. Cofundadora también con Ross, en 1884 de la “Asociación Fredrika Bremer”, quien ya ha muerto en 1865.

—Una cosa justa hay que decir de los hombres: algunos son capaces de estar a la altura de sus mujeres: el marido era noble y militar, viudo con cinco hijos; y la ayuda.  El objetivo para Adlersparre es claro: el acceso de las mujeres a la instrucción, porque supone acceso al empleo y por tanto a la independencia. Su lema: “Las mujeres necesitan trabajo y el trabajo necesita a las mujeres”. Entonces, ofrece esa instrucción en Centros que ella funda y cofunda; proporciona trabajo por medio de una Agencia que crea, y consigue de los gobernantes que la mujer tenga acceso a Instituciones de enseñanza en igualdad con los hombres. De 1885 a 1887, el Gobierno le pide ayuda en forma de sugerencias para aplicar reformas en el sistema educativo femenino. En el Comité se integran por primera vez, dos mujeres; Hilda Casselli y la propia Adlersparre. Casselli fue una mujer que también trabajó por el cambio de orientación en la educación de las mujeres, una reformadora que nace en 1836

—Haciendo camino.

—Ahí te quiero ver.

—Es el camino que van a seguir Sophie Elkan y Selma Lagerlöf. Es una amistad muy curiosa; sobre todo se tratan por correspondencia, no hacen por vivir en la misma ciudad ni mucho menos juntas. Claro, no es una correspondencia vulgar, o tópica, porque en realidad son dos pensadoras, críticas; hablan de la situación social y laboral, de feminismo, y se ayudan mutuamente en sus escritos porque se envían originales para comentar, en línea recta, entre iguales. Sophie es hipersensible  y refinada, muy culta. Selma también, pero tiene el carácter más recio.

—En 1899, Elkan deja ya su pudor y firma con su nombre la novela John Hall. Es la consagración.

Lagerlöf publica Reinas de Kungahälla, libro de cuentos

—Lagerlöf, ya de cuarenta y un años, ha tenido una vida combativa pero bastante cómoda a la vez, de familia terrateniente aunque venida a menos; un hermano la ayuda económicamente para que haga Magisterio, que en el Norte es carrera universitaria y de primera importancia, no como aquí. Y ya se da a conocer en su ambiente por sus poemas, que se hacen famosos, incluso sonetos; cielos, en sueco sonetos!

—Nuestro espíritu/ desea alzarse de la densa sombra/ del cuerpo, a las alturas luminosas/ a aquellas sendas que concibe apenas/ el hombre, aquellas azuladas, vírgenes/ excelsas altitudes/ en las cuales, apenas se destacan las estrellas…, poemas de larguísimo aliento  en los que  plasma una forma de ser y pensar alta, enormemente alta,  Lagerlöf.

—Ha conseguido algo muy importante: no el éxito de su primera novela, precisamente: La saga de Gösta Berling, de 1888. Ha conseguido ser conocida y respetada y becada y ayudada. Precisamente,  Adlesparre, baronesa y primera figura del feminismo, le escribe invitándola a visitarla en Estocolmo, y le consigue una beca para que pueda dedicarse plenamente a escribir.

—Una pregunta: cómo, la baronesa Adlersparre conoce a una maestra de provincias que quiere ganar un concurso de novela promovido por un periódico de provincias?

—Buena pregunta: porque unas antiguas compañeras de Lagerlöf envían unos sonetos suyos a un periódico feminista: “Dagny”. La baronesa los valora y la ayudará en el futuro. Es lo que me parece más positivo de este movimiento. No nos han dicho siempre que las mujeres se odian, se envidian y son malísimas entre ellas?

—La novela no va a tener exitazo, precisamente. Es algo convencional, localista. Va a tener éxito en Dinamarca quizá debido a que dos amigas danesas la  aconsejan que envíe la novela a un prestigioso crítico: y va a ser el delirio.

—En 1894 publica el libro de relatos Lazos invisibles. Y conoce a Sophie Elkan.

—En 1895 hacen juntas un gran viaje, pensemos en la época, dos señoras de mediana edad por Europa central. De ese viaje, va a surgir la novela de Lagerlöf  Los milagros del anticristo. Es considerada como de tendencia socialista ambientada en Sicilia.

—En 1897 va a vivir a Falon  y ya tiene nueva novela Una aventura en Vineta. Es una celebridad a nivel nacional. El año siguiente Sophie ingresa en un hospital para una operación quirúrgica y Selma la cuida, está a su cabecera, como se decía entonces.

—Entre 1899 y 1890, durante seis meses están viajando, atraviesan toda Europa, llegan a Egipto y pasan a Palestina.  Hay un motivo curioso para el inicio del viaje: Resulta que en la región sueca en que vive Lagerlöf, ella vive en la ciudad de Falun, pero en la región de Dalecarlia, vivían familias suecas de ascendencia judía, que emigran al territorio del antiguo Israel. Lagerlöf siente interés por conocer la región asiática, y comprobar si estas familias suecas enraizan allá.

—Este viaje será fructífero profesionalmente para las dos; pero Selma sacó mayor provecho por ser más conocida o porque se movía más en los ambientes culturales y literarios. Publica: Jerusalén en Dalecarlia, y dos años después Jerusalén en Tierra Santa. Ya es la novelista más vendida y respetada de Suecia. En esta obra, reconstruye lo que había ocurrido con su propia finca familiar, que había sido vendida por la madre por carecer de recursos, y Selma acabará comprándola para restituirla a la familia. En la novela ocurre esto mismo: una heredad, o una tierra ancestral abandonada, es recuperada por un hombre bueno y valiente.

—Y Sophie publica El sueño de Oriente.

Lagerlöf es generosa y le escribe diciéndole que El sueño de Oriente vale más que sus dos novelas puesto que su Jerusalén es terriblemente “simple y un libro muy sencillo, bueno para campesinos”.  Sophie sigue estando encasillada por la crítica como  escritora especializada en mujeres. Por tanto, va a escribir, entre 1904 y 1906, dos obras sobre la vida del rey Gustavo II Adolfo, novelas históricas.

—En 1904,  Lagerlöf publica El dinero del Señor Arne, novela. Y Leyendas de Cristo, libro de cuentos

—En 1906, publica la obra más conocida fuera de su país: El maravilloso viaje del pequeño Nils Holgersson. Se lo había encargado especie de Ministerio de enseñanza de su país. Es un libro de geografía entre fantasía, realidad y ética a la vez; y crítica social; instruye y deleita, algo influida por Kipling y su Libro de la selva.

—En 1909 recibe el Premio Nobel. Primera vez que se concede a una mujer.

—Qué bonito, la primera mujer, tenía que ser sueca.

—Ojo, primera vez a una mujer literata.  Curie fue la primera en 1903. Y  Bertha von Suttner la segunda en el cinco, Premio Nobel de la Paz.

—Vale la pena recordar el porqué de los académicos: “En reconocimiento al altivo idealismo, la vívida imaginación y la percepción espiritual que caracterizan todas sus obras”. Ahí lo dejo

—En 1914, publica la gran obra El Emperador de Portugalia

—En 1918, Proscrita, una novela pacifista como no podía ser de otra manera; recordemos a Berta von Suttner y su libro de 1889 Abajo las armas! Lógicamente, hablan de las miserias de la guerra, mujeres inteligentes, pacifistas.

Durante este período bélico ha sido nombrada miembro de la Academia Sueca. Y seguirá siempre dedicando gran parte de su tiempo, atención y esfuerzos a la lucha por los derechos de las mujeres, en un país pionero en estos asuntos.

—En 1921 se le muere Sophie.

—“Tú me enseñas a ser libre”, le había escrito Selma una vez. Dos mil quince cartas de Selma, mil doscientas diecinueve de Sophie. Veintiocho años de amistad casi siempre en la distancia física, que no mental ni sentimental.

—1925 va a ser el gran año de la gran trilogía El anillo de los Löwensköld. Charlotte Lonwensköld. Anna Svard. Tres años después escribe la biografía del escritor finés Zacharías Topelius, de lengua sueca, quienescribió poesía y relatos infantiles muy interesantes. Y seguirá, Selma, escribiendo su Autobiografía.

—Y vuelve la guerra y ya es octogenaria. Y se ocupa en trabajar fuerte para ayudar a intelectuales perseguidos por los nazis, esconderse en sus países de origen y salir de ellos cuando era posible. Así consiguió, por ejemplo, un visado de salida para la escritora Nelly Sachs, alemana, nacida en 1891.

— Precisamente en 1921, el año en que muere Elkan, Nelly Sachs dedica su primer libro: Leyendas y relatos, a Lagerlöf. Esto nos hace ver que la escritora sueca era muy conocida y respetada, al menos, en los países de habla germana.

Sachs llega a Estocolmo en mayo de 1940. Selma ha muerto en marzo.

—Desde 1947 a 1966, fecha en que se le concede el premio Nobel de Literatura, escribe las siguientes obras: En las moradas de la muerte. Eclipse estelar. Eli. Y nadie sabe más. Huida y metamorfosis. Señales en la arena.

—Hay que tener en cuenta que el premio es compartido con el novelista Shamuel Josef Agnon, nacido en 1888, israelí, sionista, alemán, cuyo tema constante va a ser la diáspora en Europa Oriental. Las obras de los dos tienen un tinte marcado de defensa de los derechos humanos y contra la guerra y el nazismo y los campos de concentración y todo el horror de aquellos años. Como parece lógico. En 1983, ya póstumo, aparece  Poemas y prosas tempranas. El lenguaje de Nelly es hermético, muy culto e intenso.

—Nos ha parecido oportuno pedirle prestado unos versos, fragmentos de poemas, y se los dedicamos, con todo amor y respeto, a las poetas anteriores:

—Para Micle: Tu nombre se te ha perdido/ pero el mundo acude/ y te ofrece bella variedad./ Agitas la cabeza y niegas,/ pero tu amado/ encontró una vez la aguja en tu pajar./Escuchas: él ya te llama.

—Para Elkan: Cama, silla y mesa/ salieron en puntillas del cuarto/ tras el cabello de la separación./ Todo ha emigrado contigo,/ toda mi posesión fue expropiada./ Solo que tú, lo que más amo, me bebes/ las palabras del aliento/ hasta que enmudezco.

—Para Lagerlöf: Mi amor fluyó en tu martirio./ Se abrió paso a través de la muerte./ Vivimos en la resurrección.

—Qué colofón pondríamos a este relato?

—Qué gracia me hace recordar ahora que, cuando yo hacia el bachillerato, puse algunas veces “Colofón Final” en algún trabajo para entregar.

—Bueno, es una reiteración un poco infantil, sí. Yo se lo he oído decir hace poco a alguna de esas figuras del arte que están muy en el candelero.

—No sé, a mí se me ocurre un paralelismo: Micle queda eclipsada por Eminescu. Elkan queda eclipsada por Lagerlöf. En medio de las dos parejas, grandes amores.

—Es una propuesta; ahí queda.

Y empezamos a dar vueltas a esta idea.

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