POETAS IBÉRICAS DEL XIX

Posted: 2nd abril 2018 by Aurora in Literatura
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POETAS IBÉRICAS, Y PROSISTAS Y DRAMATURGAS, DEL XIX

 

 

El Redactor atiende el buzón de voz del +34 63 35 92 321

 

 

Después de las sesiones dedicadas a “Cuatro pensadoras escritoras” (3 y 22 de enero último) la Periodista Comprometida y Rajzner sintieron “una especie de tirón hacia la cercanía más occidental”, según nos dicen, y se plantearon investigar sobre escritoras pensadoras de  aquí mismo, de esta península nuestra tan colgada. De Europa.

 

– Fue glorioso, me podés creer. Encontramos un panorama cultural femenino como no podíamos imaginar a la vista de lo que hubo en el siglo veinte; qué bajón terrible, desde la guerra!

– Y sin que el resultado sea exhaustivo,- dice la P.C. con toda la modestia de que es capaz-os traemos esto: lo que puede ser considerado como una muestra; digamos un primer peldaño, por si alguien quiere ascender más; materia ya hay.

– Yo misma!- anuncia Chen Yu– Yo meto mis ojos chinos en investigaciones occidentales y esclibo en periódicos chinos muy intelesados.

– Pues, atiende; fíjate qué dato curioso tenemos: la primera mujer que publica a principios del XIX, que sepamos, es una guipuzcoana de Azkoitia; en un euskera que no estaba todavía fijado, o normalizado. Y nace en 1782, dos años después que Karoline von Günderode y tres años antes que Brentano. Y publica su libro en 1804, cuando nace Aurora Dupin , que luego  será George SAND.

– A mí estas coincidencias me chiflan.- dice la P.C. Y, de verdad, parece chiflada y feliz.

– Con sólo 22 añitos publica unas cincuenta fábulas de ESOPO traducidas del latín. No sabemos que escribiera obra original, pero es que queremos resaltar el aspecto que vamos a resaltar también en otras mujeres de la cultura de la época: el afán por el conocimiento, primero; y el valor necesario en una mujer para asumir la seguridad de poder pertenecer al ámbito de cultura que venía siendo privativo de los hombres. Porque hacía falta tener mucho valor, y mucha confianza en una misma. Y, lo que llama la atención: una cierta ambición, o vanidad de género, mezclada con un afán de dar, de hacer partícipes. Y de mostrar que sí se puede. Esta mujer se relacionó con la “Sociedad Económica de Amigos del País”; y mira por dónde, puede ser un principio para hablar de aquellos famosos Caballeritos de Azcoitia ilustrados.

– Pero, te embalas, y aún no has dicho el nombre de esa joven, de Azcoitia, has dicho?- ataja la Catedrática Pelirroja.

– De Azcoitia he dicho, que se expresa corrientemente en su idioma materno; en el idioma ibérico más antiguo que conocemos. Se llamaba Vicenta Moguel. En euskera actualizado: Vizenta Mogel, con sonido de –s- suave, sonoro.

-La obra se titula Ipuin onak, que precisamente viene a querer decir CUENTOS BUENOS, o narraciones moralizantes, positivas, que en definitiva es lo que son los fábulas. Alguna muestra ya traemos.

 

– Y en 1920, año en que nacen Carolina CORONADO y Concepción ARENAL,  traduce al euskera la “Carta Pastoral del Primado de las Españas”, publicada en Bilbao. No encaja del todo, no es que haga poesía, que sepamos; pero yo entiendo que la suya es una naturaleza poética, que es lo que más me interesa de la vida o de la obra poética. Y hay pensamiento, o ideología, si queréis, o sea INTENCIÓN.

– Y nos interesa señalar algunos subtemas que vamos a ir resaltando también en las demás escritoras; iba a decir en las demás concursantes.

– Como es: la procedencia, o sea el ambiente cultural de la familia. La formación.

– En este caso, padre médico; madre, no suele ser mencionada. El padre muere cuando ella es muy pequeña. Junto a su hermano, vivirá con el tío cura y escritor. Y, ya lo tenemos: escritor autor de la primera novela escrita en euskera: Peru Abarka, de 1802. Y cura, o sea que sabe latín y algo de humanidades; y no ve que la niña Vicenta tenga que ser una aldeana sin cultura. Le da lo que tiene, lo mismo que le da al sobrino, que también será cura con el tiempo: les da latín y respeto, por igual. Y cultura.

– Dice el padre Villasante, historiador, quien parece conocerla bien, que en su época; lo voy a leer textualmente: “Por aquellos tiempos estaba muy difundido el prejuicio de que a las mujeres no se debía dar demasiada instrucción. Si aprendían a leer, ya era bastante; el enseñarles  a escribir se tenía por más perjudicial que conveniente”. Se ve que el tío cura no comulgaba con ese prejuicio, y por tanto, su sobrina recibió una esmerada educación humanística. Y lo que es importante, ella era consciente de ello, y a la vez temerosa. Porque en el prólogo de su libro, confiesa sin querer este miedo, cuando dice que así como ha habido mujeres santas, también las ha habido  amantes de los libros y la cultura, sin que esta afición tuviera que ser una mancha para las virtudes que naturalmente tuvieran.

– Y aquí vemos repetido ese empeño que vimos en Monsieur du Guillet al declarar que a pesar de haber sido poeta, su mujer Pernette fue muy virtuosa. Pues el mencionado historiador padre Villasante, opina que Vicenta o Vizenta, tuvo que tener cocimientos humanísticos que se reflejan en la elección de las fábulas de tema social, y su intención era limar disensiones y asperezas entre los señores o jauntxos, que eran terratenientes más o menos caciques, y los aldeanos; del tipo de moralidad de: El que pisa al de abajo/ terminará encontrando su lugar, o lo que es lo mismo: Zapaltzen duenak behekoa/hartuko du bere lekua.  Un lobo, o alguien en realidad, no importa, se mira en el espejo y se extasía con su belleza, y hace que Moguel proponga: La belleza dura un día corto/ la sabiduría es para toda la vida; o lo que es lo mismo: Edertasuna da egun laburrekoa/ jakituria bizitza guztirakoa. Et. Etc.

– Y, atención: algo parecido, pero que muy parecido, vamos a encontrar más adelante en una cumbre gallega como es Concepción Arenal. Es que, éste va a ser un tema con muchas sorpresas.

– Y, si no os importa, pasamos a la segunda voz ibérica decimonónica: Francisca de Paula Possollo da Costa. Y apunto que Costa es el apellido del marido y que este apoyarse en el apellido del marido lo vamos a ver con profusión.

– Bueno, en Europa renunciaban de entrada al propio.

– Propio del padre.

– Bueno, era el que habían llevado toda la vida hasta que se casaban. En la península, por lo menos conservaban el propio, y el del marido iba en segundo lugar.

– Bueno, pues esta dama portuguesa nace en 1783, un año después que Vizenta. De familia, podemos decir de gran familia; por lo tanto va a tener una formación muy cuidada, con música e idiomas, sobre todo francés, puesto que llegó a traducir a Madame de Stäel. Va a firmar con un nombre inventado: Francilia, que suena a Égloga renacentista. Luego lo utilizará para su primer libro, un libro de poemas.

– Como no podía ser menos, dado el gran paso que ella misma daba, se tiene por liberal. Avanzada y feminista, sí; pero, nos situamos en la época y en el lugar, y vemos que no es el suyo un feminismo de ruptura, sino de sentido común, para empezar.

– Bueno, vamos con las obras: en 1816 publica su primer libro: Francilia, pastora do Tejo. Poezías de D.F.P.P.C.

– Ya os dais cuenta de que en estas iniciales van ella y su marido.

-El segundo libro es una novela histórica que lleva por título, Henriqueta de Orleans ou o heroísmo, de 1810, una historia que había comenzado allá en su adolescencia. Para ser sincera, la obra no podemos juzgar, tampoco es nuestro propósito; es más juzgar el impacto social que ejercían ellas a través de sus obras. Sí podemos decir que debió de ser, ella y/o su obra, muy bien valoradas en el momento, ya que unos Sonetos que escribió, fueron leídos en un acto político- patriótico como fue  El Juramento de la Carta Constitucional, en el Teatro de San Carlos, en 1826.

– Escribió también dramas históricos, por ejemplo: Ricardo ou a força do Destino

– Un tema muy romántico, la fuerza del destino.

– Y El Duque de Clèves

– Señora de su Salón, al que acudían figuras conspicuas del romanticismo portugués, como Almeida Garrett y Costa da Silva. Y figuras de la nobleza cultivada, como la Marquesa de Alorna. Declamaban poesía y representaban piezas teatrales, traducidas o adaptadas por la propia anfitriona.

– Abrió brecha?

– Quizá abriera una pequeña brecha en las alturas de pelucas empolvadas. Dejó testimonio, y eso es lo que vamos buscando, dejó testimonio del Sí Se Puede. Yo, mujer, puedo; tú, mujer, puedes.

-Es evidente que cualquiera no podía, por clase social, es decir por acceso o no acceso a la cultura. Pero en cuanto capacidad, puede. Y a eso vamos y en eso estamos.

 

– Venga, la tercera mujer que cierra esta primera parte del tema, es nada menos que Cecilia Bölh de Faber. Por qué?, preguntaréis. Pues, porque con catorce años menos que Mogel, es la última que tenemos nacida en el siglo XVIII, puesto que nace en 1796.

– Mira, a veces, la dama portuguesa escondía su verdadero nombre, y esta señora suizo-alemana recriada en Andalucía, que empezó a publicar siendo ya un poco mayor, se encontró cómoda bajo un nombre no sólo de hombre sino de un pueblo manchego. Qué motivos reales tuvo para querer “trocar las modestas faldas de Cecilia por los castizos calzones de Fernán Caballero”, se pueden suponer: era modesta y educada en un cierto rigor de burguesía alta. Su padre, teórico del romanticismo español, burgués hamburgués, no simpatizaba con las revueltas de ningún tipo, y la educó en el conservadurismo más elegante: tradición, monarquía, catolicismo, y la mujer:mujer. Propio de señoras y señores como se debe.

– Ya que tocamos el subtema FAMILIA, y queda dibujado el padre; la madre en cambio, una gaditana apasionada de rompe y rasga, era escritora y traductora de Byron, y le puso más de una vez los puntos sobre las íes al alemán. Pero Cecilia salió así, ardiente, curiosa, respetuosa  y tímida.

– Entre viajes, y matrimonios desdichados, escribía mucho, literatura costumbrista sobre todo, que guardaba en un cajón para dar gusto a su padre. Para su tercer matrimonio no eligió mucho mejor, pero esta vez el marido era mucho más joven, tuberculoso, y se fue a Filipinas para hacer fortuna y luego se suicidó. Quiero decir que, en tanta soledad, a Cecilia no le quedaba mucho más que su interés cultural y sus obras. Y siguió escribiendo y comenzó a publicar sus historias idealizadas de temática tierna y abuenadora. En realidad, un punto de vista más ilustrado que romántico.

– Y aquí comenzamos con otro subtema, como es el de la PRENSA de la época, donde tantas mujeres y hombres podían hacer públicos sus trabajos literarios. Doña Cecilia apareció pudorosamente bajo su recio nombre masculino en periódicos sevillanos como “La Bética”, “La España Literaria”, “Revista de Ciencias. Y en “El Heraldo de Madrid”, publicó La Gaviota, por ejemplo. “La Gaviota”, de Fernán Caballero

– Hablaremos más adelante del papel de las publicaciones periódicas en la difusión de la literatura, buena, regular o mala.

-Abrió brecha?

– Ésta es la pregunta repetida, y seguramente la vamos a oír muchas veces. No abrió brecha en el sentido que pudiéramos darle ahora, era conservadora. Opinaba que escribir es cosa de hombres. Renunció a una medalla que le ofrecían en Bélgica por uno de sus libros de recopilación de cantares, decires, tradiciones, folklore, que pasó a ser libro de texto en aquel país, aduciendo que ella era “una señora”.

– Entre los muchos títulos, hay uno que me llama mucho la atención: Matrimonio bien avenido, la mujer junto al marido.

– Ya. Recuerda a las feministas posteriores que ensalzaban el papel de la mujer como “ángel del hogar”, y cosas así. Pilar de Sinués, por ejemplo.

– Cierto.

– Como era como era, rechazó durante un tiempo conocer, o dejarse conocer por Gertrudis Gómez de Avellaneda, que la admiraba. Sabido es que Gertrudis estaba en la oposición, por así decir: el ser señora o no, le importaba muy poco; ella era persona. Finalmente, Doña Cecilia se avino y se conocieron, y eso; pero la cosa no pasó a mayores.

– Pasó la vida trabajando muchísimo, y ni los críticos más entendidos y famosos le quitan méritos como escritora, Menéndez Pelayo o Blanco Aguinaga y otros, ni se muerden la lengua cuando quieren decir que pretende ser moralizadora; bueno, porque la señora era así. Te canto algunos títulos: Trafalgar de 1835, La familia de Alvareda de 1849, La gaviota de 1849, Clemencia de 1852, Un servilón y un liberalito de 1857

– Ahora que hablas de cantar, recuerdo que en La familia de Alvareda, por ejemplo, recoge una coplilla popular que yo aprendí en música del bachillerato: “Cuando voy a la casa/ de mi María/ se me hace cuesta abajo/ la cuesta arriba./ Y cuando salgo/ se me hace cuesta arriba/ la cuesta abajo”. Lo que pasa es que yo tengo en la memoria algo distinto: “Cuando de mi Patrona/ voy a la ermita/ se me hace cuesta abajo/ la cuesta arriba”. Y me recuerda otros cambios de lo popular a lo divino, porque estábamos en la larga postguerra de este país: por ejemplo una jota que va y dice: “Traen flores en los labios, los mozos  para las mozas”. Y el cambio posguerra iba de: “traen flores en los labios/ los mozos para la Virgen”.

– Te has ido un poco del tema, pero está bien el apunte. Y por recoger, doña Cecilia recoge con tanta minuciosidad la forma de vestir de una señora bien del campo que alguien podría reproducir la vestimenta hasta el último botón, es realismo puro; que lo tengo en un papelito y lo leo: “María, cómodamente sentada sobre las almohadas en su jamuga, llevaba unas anchas enaguas de indiana, plegadas alrededor de su cintura, y un jubón de lana negro, cuyas mangas, ajustadas, se cerraban en la muñeca con una hilera de botones de plata. Al cuello, un pañuelo de muselina blanca, recogido cerca de la nuca con un alfiler, para que no se rozara con el cabello, de suerte que parecía un  figurín anticipado de la moda que había de regir treinta años después a las elegantes. Su cabeza la cubría un pañolito, cuyos picos venían a atarse por debajo de su barba”.

– Se me ocurre decir que, bueno, por ejemplo me recuerda a George Sand por lo que se fija en los tipos del campo, rústicos, pero sin el respe socialista de ruptura de Sand, de grito contra el orden injusto establecido no sólo para las mujeres pero sobre todo para las mujeres: es una señora; Doña Cecilia es de tono mesurado.

– Y para colmo, le tocó vivir, pero no a ella sola, claro; le tocó vivir una época de convulsiones políticas y sociales, agárrate: la proclamación de la Constitución Liberal de 1837.

– Por cierto, año en que nace Rosalía de Castro. Y alguna otra escritora que veremos más tarde.

– Sigo: El Bienio Progresista de 1854-56, el Pronunciamiento de la Escuadra de Cádiz contra Isabel II en 1868, el Primer Congreso Obrero Español en Barcelona de 1870. Sexenio Revolucionario con la proclamación de  la primera República en 1873.

– La veo, la voy viendo encogidica a cada acontecimiento de esos, hasta 1877 en que muere. Ella, monárquica y de paz y orden, sinceramente humanitaria y pacífica.

– Pobre, mayor y sin hijos, fue protegida por la reina Borbón; y después, ya cuando tuvo que salir pitando en 1868, la protegió la hermana, la duquesa de Montpensier.

– Ves, lo que ella decía: era una dama.

– Una señora.

-Es igual. Demostró que tenía cabeza.

– Veremos muchas de estas señoras a lo largo del tema.

– Largo y ancho tema.

– Vale.

 

Por qué será que, poco a poco y sin ponernos de acuerdo, nos vamos girando hacia los retratos que cuelgan de Böl de Faber, Gómez de Avellaneda y Coronado. Ya hace unos años que el Pintor Oficial los colgó, haciendo  comentarios sobre la maestría de Madrazo, sobre si él podría pintarlos hoy, o Madrazo los pintaría igual. Pasa el tiempo.

 

 

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  1. Richard dice:

    Una idea genial, traer a pensadoras escritoras sin fronteras, que la fama o la importancia que tuvieran en su momento no es tan importante como el hecho de que cumplieron con un destino con fortaleza

  2. Angelinha dice:

    Buen programa se presenta si seguimos con autoras seriadas de la época romántica. Frótome las manos