RECIBIMOS UNA VISITA

Posted: 20th marzo 2019 by Aurora in Obras propias
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RECIBIMOS UNA VISITA

 

anunciada y muy esperada: la de unos personajes de EL AÑO QUE VIENE EN SANTIAGO!, novela de Palacios publicada en   junio del diecisiete

Contra nuestra costumbre, hemos preparado el picoteo para el principio, dado que son personas ya conocidas porque entran y salen del libro como y cuando les apetece, o son llamados aquí o allá porque interesa lo que dicen. Entonces, podría considerarse como una visita informal, y siempre animan las bandejas de copas y platillos pretendidamente atractivos y atractivas.

– Ay, yo propondría a la Academia la creación de un tercer género gramatical que abarcase a los dos que se tiran del moño actualmente. Del moño y de las barbas- dice El Redactor.

– A ver si te hacen caso.- responde La Actriz de Televisión.

– Yo ya sé lo que te van a responder- asegura El Pintor Oficial.

-El qué?

-Que la Academia no está para eso.

Entretanto, las chicas de Jaca, Ricardo, Emmanuel y Elisa Laura, están haciendo fotos de los cuadros que cuelgan sobre las paredes, y fotos de los demás asistentes. Quizá porque son humildes y no se consideran personas importantes. Una señora asidua les pregunta si están contentos de verse convertidos en personajes famosos.

– No es que Palacios haga personajes de nosotros; es que nos coge personajes ya hechos, como quien dice. Ella va detrás de las personas. O al lado, y elige. Por eso, el comentario de Lucio, no sé si fue aquí o en otro encuentro, no lo recuerdo ahora, el comentario de que:  “Qué raro, no? que todos los personajes sean tan culturetas”, quedaba corto de miras, porque ella elige a los que saben cosas que a ella le van a interesar, y les da voz para que hable cada uno de lo que sabe, no de lo que ella les dice que hablen, o sea que les da voz para que sean ellos mismos; que les deja vivir y va tomando notas, como quien dice.- estas explicaciones, más o menos claras, las ha desgranado Elisa Laura, la señora que tiene nombre de culebrón, según el comentario inevitable, al que ella responde siempre que a mucha honra.

Elisa, a veces, se expresa mejor en latín que en romance.- dice Vanesa.

– Ah, aquellos momentos en que aparece hablando en latín, os acordáis, Matilde, Emmanuel: estábamos allí, los tres, y yo quise representar la escena de San Juan de Ortega que acabábamos de ver, de la Anunciación, porque Mati estaba igual, allí, entre dos luces y con los brazos cruzados sobre el pecho, o los pechos para ser más exacto y me atrevo a decir y es muy mujer, y empecé yo con las palabras del ángel y apareció Elisa hablando en latín; qué momento, no se me va de la memoria.- Ricardo es tan expresivo como en la obra, igual de espontáneo.

– Y yo en medio de todo y sin enterarme de nada.- dice Emmanuel- Y creía que hablabas de mí y habías dicho Manuel por Jesús el Redentor.

– Cómo eran esos latines, Elisa?- pregunta Matilde.

– A ver si lo recuerdo. Eran de un Auto Sacramental que habíamos representado unos años antes, un grupo de aficionados, nos dirigía un cura. Y yo hacía de Ángel Anunciador, a ver si recuerdo el principio al menos: Quia respexit humilitatem ancillae suae, no digo más porque parezco pedante; total, estaba aprendido de memoria.

– Yo a veces no entendía nada de lo que pasaba; esto por latín; y cuando hablaba el danés, que parecía una biblioteca de ojos azules de tanto leer, creía estar en el extranjero siempre.- dice Emmanuel.

Yo también recuerdo aquel momento en que Elisa cosió un botón de la camisa de Alberto, y la tenía puesta, Alberto, la camisa, allí casi de noche, y resultó un momento clarísimo de erotismo- dice Vanesa– De erotismo dulce, Elisa, no te ofendas.

– No me ofendo.

Elisa, de verdad, no sentiste lo que vimos todos? A lo mejor, tú estabas a lo que estabas y nada más: a coser el botón de la camisa.

– Sí, pero me faltaba el antecedente. Luego me enteré de que habían saltado dos botones cuando se sacó la camisa para tapar el cuerpito desnudo de Malena cuando llegaron bastante bebidos los tres de Logroño. Yo todavía no estaba con vosotros.

– La verdad es que, si sumamos no sé cómo decir mejor, si aventuras o circunstancias o algo así, de aquel viaje,- dice Vanesa es para querer escribir otro libro.

– El tercer libro lo escribiré yo!- dice Emmanuel, sonrisa blanquísima, pura, entre su piel negra- Porque, Palacios hizo SU selección, y yo haré MI selección.

– Yo tengo muy en la memoria aquel “Viejo de las cañas”, como tú lo llamabas, que vino desde Jaca detrás de  vosotras, según tú decías, Vane.- recuerda Ricardo– Un tío fortachón, mayor pero de edad incalculable, mudo; raro, raro, raro.

– Sí, que luego se juntó con dos amigos después de que Malena hubo cantado subida en aquel quiosco un romance del Camino, del Camino francés medieval; un romance en francés, recuerdo.

– Sí, y luego los tres se juntaron con otros cuatro y un jefe que se llamaba Yeik Morton.

– A mí me hicieron pensar en Los Siete Varones Apostólicos. Porque soy muy dada al teatro, ya lo sabéis.

– Sí, aquellos cuatro que venían por la Ruta de la Plata con aquellos pobres chavales andaluces.

– Por qué, pobres chavales?

– No sé. Parecían tan desprotegidos, despistados, como que necesitaban protección.

– Por homosexuales, quieres decir?

– Ah, te diste cuenta también. No sé. Quizá sí. Y, quizá, ellos pudieran protegerme a mí. Quién sabe.- Vanesa, como siempre, resulta algo misteriosa, tan sencilla y complicada como una adolescente. Será porque es artista.

– Y Los Siete Varones, qué historia tienen? Lo pregunto por si me servirá saberlo para mi trabajo como guía del Camino.- se  interesa Emmanuel.

Mucho no te puedo decir, Manu, porque no he estudiado la historia a fondo. Sé que vinieron a la península con Santiago, y se desperdigaron para predicar. Creo que todos acabaron mal, como mártires. Indalecio está enterrado en Jaca, pero empezó siendo obispo de Málaga. Luego, si os acordáis, de la Ruta de la Plata, uno de ellos se llamaba Cecilio, y coincide con el nombre de otro varón apostólico. Cuatro venían, y el de Jaca, cinco, y los dos que venían acompañado al Jefe, a Yeik Morton, siete. Si Yeik, o Jake, o Jacques, Saint Iaques o  San Iago, o sea Santiago, pero bueno; esto ya sería realismos mágico, y en la práctica no se da.

– Quién sabe.- dice Matilde. Como es psicóloga está acostumbrada a bregar con las múltiples realidades que se pueden dar en la cabeza de ciertas personas.

– Os acordáis de que acababan de robar el Códice Calixtino?

– Sí, nos enteramos allí, orillas del río Tuerto, cuando coincidimos todos, los del Camino Francés y los de la Ruta de la Plata.

– Casi me da un síncope cuando lo leí en aquel periódico.- recuerda Ricardo.

– Qué habrá sido de Hendrik y de Carmen?

– Es verdad. Qué habrá sido de ellos. Creo que ya no aparecieron aquella noche.

-Y de Alberto, Elisa Laura, qué fue?

-“Doñita”. Él me solía llamar doñita. Al principio. Luego ya, no.

– Y qué ha sido de él, y de los otros dos chilenos?

– El Camino nos trae y nos lleva.- responde Elisa. Pierde la mirada entre los visitantes, se ve que no quiere hablar de Alberto. Chen yu deja su silla habitual en la última fila y se acerca a Emmanuel:

– Tlanquilo. A mí también me ocurrrre muchas veces que no les entiendo nada de nada. Pelo, es norrrmal. Poco a poco, nos entelamos de todo.

 

Elisa Laura, que parece la más artista de todos, se levanta para marchar, y va cantando una cancioncilla que suena muy antigua: Aonde irá meu Romeiro/ Meu Romeiro aonde irá/ Camiño de Compostela,/ non sei si alí chegará.

 

 

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