SEGUNDA DÉCADA DEL XIX

Posted: 4th junio 2018 by Aurora in Literatura
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SEGUNDA DÉCADA DEL XIX

 

 

La Actriz de Televisión lee una nota de Marta y Malena, una nota en la distancia porque han ido a su Argentina y desde allí nos desean buena temporada de lecturas y declamaciones; ellas son las maestras de dicción, muy buenas por cierto. La Catedrática Pelirroja y La Actriz de Televisión cubrirán sus huecos, en principio.

 

– Empezamos hoy con una poeta catalana, de Tarragona.

– Y seguimos en la periferia, entonces.

– Buena observación. María Josefa MASSANÉS y DALMAU nace en 1811 y es conocida como poeta, ensayista y dramaturga, bilingüe. Tuvo gran prestigio en los medios culturales del país.

– A estas alturas, se me ocurre hacer un apunte: una persona que escribe, y, secundariamente, publica, no es sólo una persona que escribe; también lee, viaja, observa, estudia, medita y muestra y propone; es decir: SABE. Y esta mujer catalana fue considerada como una voz muy destacada entre las escritoras-pensadoras catalanas de la época romántica. Incluso fue colocado un retrato suyo en la Galería de Catalanes Ilustres, en 1915.

– El padre es arquitecto, y eso puede querer decir “buena familia y gente de cultura”. Lo envían forzoso a luchar en la guerra de la Independencia como capitán de zapadores. Cuando la niña tiene cinco años muere la madre, sin más; ya se sabe: la madre está ahí o no está, es casi todo. La niña va a vivir con los abuelos.

-Esto me recuerda a Bettina Brentano, a George Sand, en el sentido del papel determinante de las abuelas en aquellas épocas: las madres morían jóvenes, aquí lo vimos.

-Sí. Pasa el tiempo y el padre Massanés está preso o huido en Francia. La niña Josefa aprende a bordar, y con este trabajo y con la abuela, consigue sacar adelante a la familia en medio de grandes penurias económicas. Con estos inicios, qué fortaleza y valor no tendrá para salir adelante y llegar adonde llegó.

– Bueno, traía la observación y la literatura en el ADN, y no hay más que hablar; el ser escritor o escritora es cuestión de rasgos de carácter, no puedes huir de ello. A los doce años ya tenía composiciones poéticas valiosas. Aprende italiano y francés, estudia y lee a su aire: es autodidacta como tantas de las mujeres que hemos visto y que veremos en estos temas. Después de 1833, después de la muerte de Fernando VII y el indulto posterior, vuelve el arquitecto y se van a Barcelona. A los veintiocho años ya se ha dado a conocer suficientemente, porque en 1838 es nombrada “Socia de Honor de la Academia de Buenas Letras de Barcelona”. Escribe en “El Noticioso de Ambos Mundos”, por ejemplo.

– En 1841, a los 31 años, no muy joven ya, publica Poesías, una recopilación de muchas de sus composiciones desperdigadas en las periódicas: revistas literarias y de educación. Y al margen de la valía de los poemas, en el estudio preliminar se coloca claramente a favor de extender la instrucción pública a las mujeres, como ya venían haciendo, y lo vimos aquí, las alemanas con Brentano,  las francesas con Sand como ejemplos; incluso Labé en el siglo XVI. Eso, en principio; luego las había más rupturistas y menos rupturistas. Aquí vamos a ver de todo.

– Se casa dos años después, en el cuarenta y tres.

– Sí. Este matrimonio algo tardío para la época, indica una vida pasada, precisamente, entre penurias y dificultades. El cambio de domicilio, a Madrid, lógicamente extiende el conocimiento de su nombre, porque se incluye, o la incluyen, en los círculos literarios y de cultura. Es admitida como Socia Facultativa del Liceo Artístico y Literario de Madrid. Y, supuestamente, tener que desenvolverse en castellano, pudo suponer una posibilidad extra de  encontrar recursos nuevos para su estilo y sus formas de versificar.

– El matrimonio vuelve a Barcelona al poco tiempo.

– En 1847 da a conocer una “Oda epitalámica” dedicada a los duques de MONTPENSIER, un dato curioso que no deja de ser sorprendente; se lo agradecieron con sendos retratos y una pulsera de pedrería. También, había sido invitada oficialmente a participar en el Libro Regio que el Principado ofreció a los reyes en alguna visita. Parece muy curioso, sorprendente, esta relación con la monarquía.

– Tres años después, en 1850, pleno romanticismo meridional, da a la imprenta su segundo libro de poemas: Flores marchitas. Ya es una figura consagrada, puesto que vienen siendo habituales sus colaboraciones en diversas publicaciones, por ejemplo en “El Vapor”. “El Guardia Nacional”.  “La Religión”. “La Caridad Cristiana” de Madrid. “La Floresta” de Barcelona. “La Violeta” de Madrid. “El Parthenon”, de Barcelona. “La Ilustración de las mujeres”, de Barcelona. “La Veu de Montserrat”, de Vich. Es invitada a formar parte de diversas Instituciones culturales de ámbito estatal: Círculo Artístico-Científico de Almería” en 1858, por ejemplo.

– El 59-60 es un año crucial para su desarrollo intelectual y expresivo y en su proyección profesional, puesto que comienza a escribir en lengua catalana, y surge una actividad más frecuente en ese ámbito: Jocs florals de Barcelona, colabora en la antología Trovadors nous y sigue publicando en los medios.

– Ya es la escritora catalana más sobresaliente, es nombrada Reina de los Juegos Florales de Barcelona.

– Es una mujer sin suerte. No tienen hijos. Y las penurias económicas la rodean de nuevo, porque el marido se queda sin trabajo. Abre entonces un colegio para niñas, y le van a llegar, lógicamente, debido a su fama, niñas de buenas familias.

– Me recuerda a Safo.

– Cierto, el mismo proceso.

– Ya anciana, en 1878, recibe otro premio. Es, esta vez de la Asociación Bibliográfica Mariana de Lérida, o Lleida.

– Curioso, el mismo año de su muerte, 1887, aparece un librito con este título: Importància de la perfecció dels brodrats.

– Claro, ella había sido bordadora en su adolescencia y juventud. Algo sabía sobre lo que podía significar conocer un oficio cuando no había ingresos en la familia.

– Mujer, marcadita de por vida.

– Traigo dos composiciones que avalan, efectivamente, que la mujer era primero mujer, en aquella época, o, al menos, para ella misma. No como ahora, que podemos reivindicar nuestra categoría de persona, de ser humano; y luego, lo que se tercie. Conducimos camiones.

– Y somos ingenieras.

– Y criamos pollos.

– Pues, sí. Un poema suyo, de los primeros tiempos, alcanzó tal fama, según parece, que pudo ser incluido en libros de texto en países de habla inglesa. Se titula “El beso maternal”, y no sé si darlo entero o no, ya que no están Marta ni Malena. Pero, pienso, que lo que tenga yo de pésima recitadora, lo tendrá el poema de interés y enjundia, por decir. Así que, voy: Felices los que han sentido/ su tierno rostro oprimido/ por el labio maternal./ Dichosos los que han oído/ y al canto se han adormido/ de aquella voz celestial./Tú no puedes comprender la dicha de poseer/ lo que tienes, niño, ahora./ Lo que vale esa mujer/ que ríe con tu placer/ y que si tú lloras, llora./ Que vela siempre a tu lado/ con solícito cuidado/ y tu querer adivina./ Su amor desinteresado/ tan dulce,/ tan sosegado/ como el aura matutina./ Niño, cuando la razón/ alumbre tu corazón/ y veas como es debido,/ recuerda con qué ilusión/ con qué delirio y pasión/ esta mujer te ha querido./ Besa el polvo que pisó/ y la cuna que meció/ con un afán tan prolijo,/ respeta lo que tocó/ lo que te dijo y mandó;/ mucho debe hacer un hijo!/ Alza su lánguido brazo,/ forma con el tuyo un lazo/ no le sueltes jamás. /Dirige su tardo paso/ no andes en mirarla escaso./ Nunca cual ella amarás!

– Siempre al margen de una valoración técnica, que no nos compete, se me ha quedado una idea brillante que quizá nazca en su época, precisamente: la de sumar sentimiento y razón; bueno ya venía de los románticos ilustrados, cuando dice: “cuando la razón alumbre tu corazón y veas como es debido”; no? Pero no es doctrina, es intuición de mujer, me parece a mí.

– Es posible. En definitiva, lo cierto es que aunque las mujeres reivindiquemos primero nuestra cualidad de seres humanos, no tenemos por qué renunciar a las características de género ni de sexo: somos hembras y tenemos un cerebro femenino, forjado por milenios de especialización en gestar, parir, cuidar, atender, curar, etc. eso nos hace, precisamente, tener el tipo de inteligencia que tenemos: pacífico, empático y simpático, etc. Afortunadamente.

– Bien, pues aquí traemos otra muestra de pensamiento femenino puesto en rimas, de esta mujer pensadora y escritora romántica catalana.

– Qué curioso. No recuerdo haber estudiado nunca que había escritoras románticas, o sea del período romántico. Siempre suenan los mismos nombres de hombres, en Europa.

– Los libros de texto estaban hechos por hombres. “Con cien cañones por banda/ viento en popa, a toda vela/ no surca el mar, sino vuela/ un velero bergantín.

– Ignorantes.

– Pues sí. Para qué iban a investigar. Os acordáis de lo que hicieron con Louise Labé y con Pernette du Guillet, en la charleta del cuatro de Marzo.

-Pues sí. Así han escrito la Historia y la Literatura los hombres. Y así las han hecho.

– Pues digo que traemos unos versos de un larguísimo poema, porque Massanés escribía muchos poemas-río, y seleccionamos. Viene a decir que no quiere escribir para no ser ridiculizada por ser mujer culta; recuerda al poema que vimos de Micaela Silva, con el mismo motivo. Dice: Que yo escriba? No, por cierto./ No me dé Dios tal manía,/ antes una pulmonía,/ primero irme a un desierto…. Escribir yo? Cielo Santo!/ Mal me quiere usted, don Juan/ Olvida usted el qué dirán/ y a cuánto me expongo, a cuánto./Oh, no habrá quien me convenza/ bien puede usted argüir:/ una mujer escribir en España?/ Qué vergüenza!/ Pues no se viera en malhora/ que la necia bachillera/ hasta francés aprendiera?/ Ha de ir de embajadora?

– Ese término “bachillera” me recuerda a LOPE, cuando así llamaban a las “preciosas”, a las leídas, como la Dama Boba, os acordáis.

– Efectivamente. Y yo daría por terminada la exposición de Massanés y pasaríamos a otra escritora periférica.

– Pero que MUY periférica, porque era cubana.

– Muy periférica, sí.

– Pero recriada en la península: Gertrudis Gómez de Avellaneda; a ver, que no se la quitamos a los cubanos, la compartimos, con permiso: “La divina Tula dio sentido y emoción al romanticismo español, encendiendo su antorcha teatral…” dice Ramón Gómez de la Serna.

– Respecto a la familia: padre perteneciente a la Armada española, madre cubana; padre muere, la madre vuelve a casar, la niña es problemática: vienen a la península.

– En cuanto al carácter: al azar cogemos dos composiciones: “El día final” y “Al sol”. El tono es vibrante y, podríamos decir, si nos dejáramos llevar, que es un tono varonil y es una actitud varonil; “Es mucho hombre esta mujer”, dijo de ella Bretón de los Herreros. Y Zorrilla vino a decir que Dios metió por error un alma de hombre en un bello cuerpo de mujer. Qué disparates y que agravios: mujeres de carácter fuerte siempre ha habido.

-Y cómo se las llamaba; a las mujeres “poco femeninas” cómo se las llamaba? Se las llamaba “marimachos”.

– Pero, si NOSOTROS nos detenemos a pensar, podemos decir que la actitud y el tono son de una personalidad fuerte y valiente, sin caer en la cansina división de géneros.

– ¡Cumpliéronse los tiempos! De sus obras/ retira el Criador su excelsa mano/ y aquella voz que enfrena el océano/ terrible e indignada: “¡Toma!- dice a la nada-/ cuanto de ti saqué, de mí recobras”.

– Estos versos son del larguísimo poema “El día final”. Es un poema estrófico en el que narra el fin del mundo: “Espectáculo atroz! La mar devora campos y pueblos que no dejan rastros/ y se alza bramador/ amenazando al cielo/ como si el apagar fuese su anhelo/ la ya marchita lumbre de los astros.” Y sigue y sigue y sigue, con ideas originales, fuertes, y tono necesariamente fuerte, también.

– El precioso soneto “Al sol” es una manifestación típicamente romántica: el sol es fetiche para el romanticismo ya desde el siglo XVIII: el astro rey, el que domina el universo y encarna el poder máximo: “A tu influjo feliz brote la grama/ el hielo caiga a tu fulgor deshecho./ ¡Sal!, del invierno rígido a despecho/ rey de la esfera:/ ¡sal, mi voz te llama!”

– Si me permites, entiendo un poco a Bretón de los Herreros, porque hay que ponerse en aquellos tiempos; poquísimas mujeres se expresarían así.

– Eran las que aportaban algo, por eso se las estudia todavía, aunque sea poco. Abrían brecha, como se empeña en decir Chen Yu.

– Pero, también era delicada, Tula: compadece al jilguero que tiene en una jaula, en un largo poema con versos de arte menor que en realidad le sirve para reflexionar sobre la libertad: “En la jaula preciosa/ ¿qué falta a tu recreo?/ Mi mano cariñosa previene tu deseo/… Mas no me escucha,/ que tristemente/ gira doliente/ por su prisión/…Ni un solo trino/ su voz exhala,/ mas bate el ala/ con languidez/ … Qué triste cual tú vivo/ por siempre separada/ de mi suelo nativo/ ¡De mi cuba adorada!”.  Es decir: si ella sufre su alejamiento del entorno que le era familiar, también sufrirá el pájaro preso entre barrotes: “Torna a tu campo/ torna a tu nido/ tu bien perdido/ te espera allá/… Mas no me olvides/ y a mi ventana/ llega mañana/ saliendo el sol./ Que yo te escuche/ sólo un momento/ libre y contento/ cantar tu amor!”

– Vale la pena conocer entero este precioso poema de respeto y amor a la libertad, propia y ajena.

Gómez de Avellaneda fue famosa en su época, también por su actividad teatral. Estrenó obras dramáticas con éxito desigual, como ocurre a toda persona que estrena. Entre 1844 y 1858, escribió al menos siete dramas y tragedias de tema histórico y- o- bíblico. Sólo ella y José María Díaz, figuran entre los prolíficos dramaturgos románticos de la época. Títulos como Leoncia, Alfonso Munio, El Príncipe de Viana, Egilona, Saúl, Recaredo. Le comenta a  Cepeda: “Mi última tragedia ha hecho mucho ruido; (se refiere a Recaredo, 1850), se ha dicho mucho bien y mucho mal de ella, que es lo bastante para darle celebridad. Se han gastado gruesas sumas en ponerla en escena; augustas distinciones la han favorecido; severos críticos la han encomiado; un público ávido y curioso ha llenado el teatro largo tiempo; en fin ha sido un  suceso teatral que me ha puesto en evidencia más de lo que ya estaba….”.

– Escribió abundantísimas novelas; una novela indianista, por ejemplo: Guatimocín, que resulta ser un importante testimonio histórico. Sab tiene como asunto la oposición a la esclavitud en Cuba, y se adelanta en el tiempo a La cabaña del tío Tom, escrita por otra mujer: Harriet Beecher Stow en 1852.

– Lo curioso es que, en el mundillo de la cultura dominado por los hombres, la editaran y representaran sus obras. Aquí tenían que pesar el ambiente, la familia, las amistades, los matrimonios, esas cosas, quiero decir.

– Qué duda cabe, en este caso concreto, sí; fíjate que los reyes apadrinaron una de sus bodas. Pero ten en cuenta que, si sus obras no hubieran valido, los prominentes masculinos de la época, los del sanedrín que yo digo, no se habrían fijado en ellas ni en ella, por muy bella que fuese. Es que ella abría brecha.

– Así es, y queda este apunte para el capítulo de conclusiones. Mira: para justificar sus flaquezas o justificar un fracaso, las mujeres de LOPE, por ejemplo, pero no sólo de Lope sino de todo el Barroco por lo menos, decían algo como: “Mucho me aprietas, que soy mujer”. O, “Soy mujer, qué he de hacer?” Y Tula, en vez de justificar sus debilidades o sus fracasos, mordería los labios y luego encontraría las palabras más ajustadas: “Oh, yo te juro, yo no soy de esas mujeres que aman impunemente a un hombre digno. Yo sabré levantarme hasta la altura a la que llegue mi amado; yo no sufriré jamás que para hablarme tenga que bajar los ojos…”, esto es de una carta a su amigo Cepeda, a quien escribe tiempo después: “No existe lazo ya: todo está roto;/ plúgole al cielo, ¡bendito sea!/ Amargo cáliz con placer agoto:/ mi alma reposa al fin, nada desea” . Y a su examigo Tassara, desleal, puede escribirle: “…Pero, si no vienes, te buscaré, te arrojaré tu hija moribunda o muerta en medio de tus queridas del  Circo a la hora en que te presentes allí… Tassara, te espero!”. Tenía carácter, sí. Los hombres no estaban todavía acostumbrados a que, si abandonaban a su mujer y a su hija, la mujer podía no quedarse callada y resignada.

– Y, como pasaba antes, con el jilguero en la jaula y su compasión, que chocaba con el tono altisonante del soneto “Al sol”, ahora puedo demostrar que también era profunda y tierna en el poema que dedica “A mi madre”.

– Sí, es uno de los más bellos poemas que se han podido escribir a la figura universal de la madre, extensa composición en octosílabos: Vuela, Aquilón, y no temas/ con ninguna equivocarla./ Si ves, hermosa matrona/erguida como la palma,/ frente pura, grave paso,/ la mirada dulce y blanda…..”. Estaba muy unida a la madre.

– Vale la pena conocer este poema fechado en 1841, época de valores familiares, amor y respeto.

– Valores. Sí. Familiar y tierna igual a mujer. “A la poesía”. “A la muerte del célebre poeta cubano D. José María de Heredia”: “¡Voz pavorosa en funeral lamento/ desde los mares de mi patria vuela/a las playas de Iberia!…”. “A Napoleón”. “Paseo por el Betis”. “Imitación de Petrarca”. “A la juventud”. “A Francia”. “La vuelta a la Patria”. “El genio poético”: “Parece, brilla, pasa la hermosura,/ cual flor que nace y muere en la mañana;/ sombra es el mando, sueño la ventura;/ humo y escoria la grandeza humana…” “A Polonia”: “….Pronta a ver al esposo trocado en asesino,/ pálida, y hasta el suelo doblada la cerviz,/ vencida, encadenada te ofreces al destino,/ bella y triste Polonia, por víctima infeliz…” Este poema es una traducción del original de Víctor Hugo. Lo que quiero decir es que vemos a una mujer interesada y preocupada por todo lo que compone su realidad, aparte de sus propias vivencias, de su biografía: le importan las ideas. Amante del todo y por todo; por tanto, generosa, inteligente, humana: persona. No fue feliz, no  supo “hacerse la tonta”.

– No supo querer hacerse la tonta; tenía dignidad y la respetaba, como respetaba la dignidad de los demás.

– Me recuerda, y mucho, a von Günderode, la que decía: “Por qué no soy hombre!” El carácter, muy parecido

-Sí. La divina Tula vivió entre admiraciones, igual que escribía sus versos. En momentos duros, muy duros, que los vivió, podía escribir: “¡Tú eres, señor, amor y poesía!/ ¡Tú eres la dicha, la verdad, la gloria!/ ¡Todo es, mirado en ti, luz y armonía!/ Todo es, fuera de ti, sombra y escoria!”

– Es verdad que tenía carácter bien fuerte. Pero, hay muchas mujeres así, aunque no escriban versos ni obras de teatro.

– Pues sí. Aquí presentamos ahora a otra escritora, también periférica, ya es casualidad: Dolores Gómez de Cádiz, nacida en 1818; presentada como poeta, narradora, dramaturga y crítica literaria, malagueña y prolífica escritora. De familia acomodada, de esmerada educación humanística y escritora precoz. En 1839 se casa con un médico ESCRITOR malagueño: Antonio José de Velasco, director del semanario “El Guadalhorce”, una de las revistas más importantes de Málaga y en este periódico aparecen sus primeras colaboraciones,  y en  el granadino “La Alhambra”. Y, cosa curiosa y quizá insólita: firma con el apellido del marido en primer lugar, cuando lo corriente era que las mujeres firmaran con el suyo en primer término y el del marido en segundo término.

– Tendría peso en el mundillo, el del marido.

– Si dirigía un semanario de éxito, ya me dirás.

– Tenemos, entonces, que van apareciendo en las periódicas, artículos, crítica literaria, poemas: “A la Aurora”. “El zapato blanco”, un romance. En “La Ilustración”, de Madrid: “Sueño y Dolor”. En “El Museo Universal”, también de Madrid: “La soledad del alma. Psicología y cuadro fantástico”. Y un curioso ensayo: “Carta a María sobre la emancipación de la mujer y si debe tomar o no la iniciativas en las declaraciones de amor”. “El escepticismo y la fe”, etc. etc.

-También formó parte en publicaciones colectivas, costumbre muy extendida en la época; con motivo de visitas reales, o acontecimientos políticos o religiosos, se editaban libritos compuestos por escritores más o menos afines. Nos sirve el dato para constatar el arraigo, o la conexión de esta escritora con el entorno y con el medio.

– Tiene dos narraciones interesantes: Santa Casilda, una novela original, editada en 1861 en la Imprenta de Manuel Galiano y reeditada en París en 1869 con el título de Casilda. Episodio del reinado de don Fernando I de Castilla y León.

Historia de una semana, novela editada en Madrid en 1878

El azote de dios es un drama trágico publicado en Madrid, en la imprenta de J. Rodríguez, en 1879.

– En cuanto vida privada, poco nos gusta decir, pero conviene resaltar que fue un matrimonio mal avenido y que ya en 1859 dejó de firmar con el apellido del marido y volvió a su apellido de soltera. Ya viuda comenzó  una vida aventurera de viajes y colaboraciones desde los lugares más insólitos: vivió en Francia, en Orán, en México, y en los medios afines de su ciudad era conocida por su vida arriesgada y valiente. De tal forma, no sé si como anécdota, resulta que cuando la Comuna de París en 1871, corrió la noticia de que había sido abatida por las balas de Versalles porque había tomado parte en la revolución. Desde México llega un largo poema en el que lamenta su vida solitaria, sus hijos muertos, en fin. Se pierde su rastro a partir de un artículo fechado Niza en 1880.

– De la importancia que pudo tener en su época, se puede decir que tuvo honores, por ejemplo, “Miembro de Mérito del Liceo de Granada”. Y de los de Madrid, Zaragoza y Málaga. Precisamente fue amiga de la divina Tula. Parece que no tuvo suficiente vanidad, o afán de gloria, dijo un periodista de la época que “si la señora Gómez de Cádiz hubiese sido más ambiciosa de renombre literario, es seguro que gozaría de mayor popularidad en España, donde escritoras de mucho menos mérito han sido ensalzadas…” etc.

– Pero, una vez más, una mujer demostró que sí se podía. Los resultados de cada una, como los de cada uno, son cosa que no traemos aquí para juzgarlos.

 

Algunos ASISTENTES han tomado notas para discutirlas, y poner en común datos ahora, con el amable tentempié amenizado por la música de El Pintor Oficial, que acaba de volver de sus Asturias.  Seguramente saldrán, también, proyectos para más adelante.

 

 

 

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