Comentarios desactivados en Segunda parte. LUCY, la primera que aparece, y con esos pelos

Curiosamente, hay en este libro de los Cavalli-Sforza, un apartado que analiza la importancia de la sintaxis, del orden en que en la frase ocupan el verbo, el sujeto y el objeto, porque el orden puede alterar el significado para quien no cuente con la clave interpretativa (186-7)

Pero, parece que cuesta en exceso tener en cuenta que el continuo bombardeo de la palabra hombre-s, sobre todo en lo que supone excelencia, avance, desarrollo, deja a la mujer fuera de la historia, fuera de la realidad por así decir, y crea, como ha creado, las aberraciones sufridas por la concepción virilista y  a la vez misógina de quienes han tenido oportunidades para reflejar por escrito sus pensamientos, a derechas o a torcidas.

Indudablemente, “miembros y miembras” puede ser considerado algo naïf. No algo, mucho. Pero es evidente que algo hay que hacer, y no precisamente como deservicio para los científicos, si en pleno año de la edición del libro (1999) tenemos que luchar todavía contra la concepción evolutiva que margina a las hembras (féminas, mujeres) con tal descaro, que nos retrotrae a los ilustrados como un Rousseau, (XVIII) que era capaz de interpretar y asegurar lo que la Naturaleza pretende en y con el cuerpo de la mujer, mezclando lo moral, lo sexual, lo cultural y lo social con total desparpajo:

“Se deben parecer tan poco un hombre y una mujer perfectos en el entendimiento como en el rostro”

(En el rostro y  diversos componentes sexuales, vale. Pero, en el entendimiento, ¿por qué? ¿Es que el cerebro de todos los hombres funciona igual? Ni siquiera todos son machistas, afortunadamente)

Concede que, en la unión de los sexos, los dos tienen la misma importancia, pero de distinta forma, y

“….. de esta diversidad surge la primera diferencia notable entre las relaciones morales de uno y de otro. El uno debe ser activo y fuerte y el otro (sexo por género, seguramente….) pasivo y débil. Es indispensable que el uno quiera y pueda y que el otro no ofrezca resistencia (… o, no)

(Y ya  está decidido el carácter de la mujer para siempre, dado que su sexo no es activo y tiene que limitarse a no ofrecer resistencia; entenderíamos antes del acto, en el acto y después del acto, lo que ya nos remite al carácter; o sea está considerada como género.

Los embarazos, los partos y las lactancias (sin remisión posible) hacen de ella:

“un ser dominado por el sexo durante toda su vida, o por lo menos durante toda su juventud” (“dominado” por condicionado. PERO las mujeres ricas de todas las épocas podían tener personas asalariadas que incluso amamantaban a las crías y se ocupaban de ellas. Entonces, la Naturaleza no manda; manda el status, y los ideólogos, varones, marcan las directrices. Las mujeres no podían tener acceso a la cultura. No debían tener acceso a la cultura, lo veremos más adelante).

(Pero, lo que dice, en parte es cierto y parece cierto también que, aprovechando que esto es así porque no se han creado aún en el siglo XVIII las píldoras anticonceptivas y demás artilugios (sí el preservativo) y ni siquiera la idea de libertad individual, tenemos a la hembra humana como esclava útil sobre la que ejercer dominio masculino).

“Demostrado ¿? que ni el hombre ni la mujer están ni deben estar constituidos  del mismo modo en lo que respecta al carácter y al temperamento, se infiere que no se les debe dar la misma educación. Siguiendo las directrices de la Naturaleza, deben obrar acordes, pero no deben hacer las mismas cosas….” “…veamos también cómo debe formarse la mujer para que le convenga al hombre”. (AH!)

En cuanto a la última parte, “para que le convenga
al hombre”, la intención se ve clara; no la de la Naturaleza, a menos que la Naturaleza quiera discriminar a la mujer, y por qué había de ser partidista; sí se ve la intención del señor Rousseau gurú de la Naturaleza, que sólo demuestra que no demuestra nada. Porque si entre los hombres y las mujeres hay diferencia de carácter y temperamento, también las hay entre los hombres. O es que este señor se consideraría, en ambos aspectos, igual a un gañán. Ni siquiera en los niveles de testosterona son siempre iguales los hombres entre sí. Y en cuanto capacidad mental, tampoco. Sin embargo, no ceja:

“Queréis estar siempre bien dirigidos? Pues no os apartéis nunca de las indicaciones de la Naturaleza. Se debe respetar todo lo que caracteriza al sexo, tal como ella lo ha establecido”

( Lo ha establecido dónde, cuándo, a quién;  hay TABLAS DE LA LEY DE LA NATURALEZA, hay un Moisés, una zarza que arde sin consumirse? ¿Eh?)

Ya el sexo (género) es categoría inmutable frente al libre albedrío, la mujer será hembra por encima de todo, animal hembra dedicada a la procreación en exclusiva (esto es mentira, las mujeres pobres trabajaban mucho a la vez que parían hijos) Pero hay que seguir. Sexo por género, sexo por capacidad intelectual: ya es mezclar conceptos. Es un empeño, parece que les va la vida en ello).

“Lo que nos inspira respeto en la mujer- comenta Arthure Schopenhauer en el siglo siguiente- y no temor, es su naturaleza, mucho más simple que la del hombre; es su movilidad, su agilidad de verdadera bestia salvaje, las uñas de tigre que esconde bajo el guante perfumado; su egoísmo ingenuo, su ineptitud para aprender, su esencia íntimamente selvática; la inconcebible, ilimitada movilidad de sus pasiones y su virtud….. ¿Y todo esto debe concluir? ¿Y se estudia romper el encanto de la mujer? ¿Y se está por formar, poco a poco, el más aburrido de los seres…? Es evidente que la mujer, por naturaleza, está destinada a obedecer. En realidad, precisamente porque su naturaleza repugna el estado de independencia absoluta en que se encuentra desde el principio, ella, apenas puede se adhiere a un hombre, a un hombre cualquiera, a alguno que la dirija y la domine porque necesita un patrón. Joven, se elige un amante; vieja, un confesor” (C.y C.30)

¿Algún comentario?

“Se puede hablar de la deficiencia mental fisiológica de la mujer en dos sentidos”, nos advierte el neurólogo Paul Julius Moebius en su libro de 1900.

“No es tarea fácil explicar en qué consiste la deficiencia mental. Puede decirse que se encuentra entre la imbecilidad y el estado normal… En la práctica no puede establecerse una diferencia esencial entre la estupidez (no hay capacidad para la crítica) y las formas leves de deficiencia mental” (3)

Tiene dudas respetables, en su momento: “Es indudable que las facultades mentales del hombre y de la mujer son muy diferentes entre sí, pero ¿existirá un equilibrio por el hecho de que las mujeres tienen mayor capacidad para una cosa y los hombres para otra, o son las mujeres verdaderamente deficientes respecto a los hombres?” (5)

No se atreve, a veces, a asegurar por sí mismo, y recurre a datos de otros autores: “….. son fundados sus argumentos que demuestran la inferioridad mental de la mujer”. “Desde el punto de vista corporal, haciendo abstracción de las características del sexo, la mujer está entre el niño y el hombre, y lo mismo sucede, en muchos aspectos, en lo mental….”  “He encontrado muchas veces en las mujeres de mediana estatura una circunferencia craneana de 51 cm. Este hecho no se registra en los hombres físicamente normales, sino sólo en los deficientes mentales o idiotas. Las mujeres antes citadas son, por el contrario, perfectamente capaces, según demuestra su examen” (6) “…. Rüdinger ha probado que en el cerebro femenino, el derrame de toda la circunvolución media del lóbulo parietal y la del pasaje superior superointerno, presentan un desarrollo insuficiente” ¿?

“Ella está obligada a realizar ciertos trabajos que requieren especial destreza debido a su debilidad, y de aquí tiene su origen la creencia de que los dedos femeninos están dotados de una agilidad peculiar; pero apenas el hombre emprende un trabajo femenil, tal como los de sastre, cocinero, tejedor, etc. produce mejores obras que la mujer” (8)

(Es que si UN hombre, no “el” hombre, emprendía un trabajo femenil, lo hacía inclinado a él naturalmente, como profesional; y quizá tuviera dinero o apoyos para establecerse como tal. La mujer en cambio realizaba “sus” trabajos femeniles como esclava, sin elección, sin reconocimiento ni sueldo ni horario libremente escogido, ni, necesariamente, aptitudes para él. De otra manera: el hombre era libre para elegir una profesión. La mujer era obligada a ser profesional de siete, o diez habilidades, o catorce, como puericultora, psicóloga, cocinera, planchadora, limpiadora, costurera, bordadora, enfermera, etc).

La mujer es más instintiva y el instinto es más fiable que el sentimiento, nos dice: “De modo  que el instinto hace a la mujer semejante a las bestias, más dependiente, segura, alegre….” “…. Muchas de las características femeniles dependen de esta semejanza con las bestias. Ante todo, la carencia de opinión propia” “….Como los animales que obran de la misma manera desde tiempos inmemoriales, el ser humano se hallaría estancado en su estado original si no existieran más que mujeres. Todo progreso parte del hombre” (9-10)

(Paciencia, no todo hombre que escribe tiene, necesariamente, la razón. Estos comentarios, u opiniones, son desmontables, ya lo veremos)

“Ellas viven pendientes de sus hijos y de su marido. Lo que es extraño a la familia no les interesa” (Aquí hay mucha verdad. Pero, es que estaban amaestradas para ser así, desde la cuna. Y ellas mismas, las mujeres, servían de correa de transmisión de semejantes valores masculinos) Sin embargo nos sorprende, una vez más, el señor Moebius:

“Cuando quieren, comprenden perfectamente y recuerdan todo cuanto aprenden, lo mismo que los hombres…”

(Entonces, tienen capacidad para el aprendizaje, igual que los hombres!)

“En todos los países donde las mujeres se obstinan en seguir estudios superiores, está universalmente reconocido que son excelentes alumnas, y cuanto más corto de comprensión sea el profesor, tanto más satisfecho estará de la aplicación de sus alumnas, aplicación que se reduce a aprender de memoria las materias que se les enseñan” (13)

(O sea que, para empezar: un profesor que admite alumnas en sus clases, de entrada es tonto)

“Otra cosa es la capacidad para comprender algo muy difícil, dada la “esterilidad mental” de la mujer. Porque, si puede aprender manejando el método que dé el profesor, por lo contrario, el crear, el inventar nuevos métodos, resulta imposible para ella; no puede, por así decirlo, hacerse maestrO, porque maestrO es EL que inventa” (13) (las salidas de tono gráfico son de mi propia cosecha, lógicamente) “…Los hombres que han sugerido a las mujeres (¿?) la manía de la emancipación, y sus seguidoras, ponen en práctica el ardid de persuadirlas de que sólo les ha faltado el ejercicio mental, porque, como las negras de África, han sido esclavas del macho de robustos músculos, y porque en la esclavitud su mente se ha atrofiado…. No se puede contradecir la verdad con tanta insolencia como lo hacen las feministas” (13)

(De entrada, son tan tan cortas, que han sido algunos hombres los que les han abierto los ojos sobre su situación. Lo sorprendente es que hayan comprendido de qué se trataba, no?)

“Si en la música, en la pintura, se encuentra, raramente, algún talento, muestra rasgos de hermafroditismo psíquico (13) (Ya, quizá haya sido este componente masculino del talento de las artistas, lo que ha dado el pistoletazo de salida.)

(Es una página sin desperdicio, y no la única)

“Procurar el sustento, protegerlos, encargarse, en suma, de los negocios exteriores, son las verdaderas ocupaciones del varón, porque la hembra debe ser, ante todo, madre. …la Naturaleza exige de la mujer amor y abnegación maternales. (16) (Abnegación: “sacrificio que uno hace de su voluntad, de sus afectos o de sus intereses en servicio de Dios o para bien del prójimo”. DRAE. Se entiende: voluntariamente. Es que, si no hacían ese sacrificio no se casaban)

“La mujer sólo necesita ser valiente para defender a su prole. Mas en otras circunstancias, el valor le sirve de estorbo y carece de él”

(Las mujeres de familias con pocos recursos, que trabajaban tanto o más que el hombre, (cuando el hombre permanecía junto a la familia y no se emborrachaba demasiado, por ejemplo), qué eran, abortos de la Naturaleza? A veces trabajaban incluso para alimentar a la prole de otros, o de otras. Algo difícil de creer en un hombre de la época. Estos filósofos, o ideólogos, parecen resumir la condición femenina a la de las burguesas bien casadas en matrimonios bien apañados).

“Si las facultades femeninas alcanzaran un desarrollo igual al de las facultades de los hombres, veríamos atrofiarse los órganos maternos y hallaríamos entre nosotros un repugnante e inútil andrógino”…. “Una excesiva actividad mental hace de la mujer una criatura no sólo rara sino también enferma” “…. La mujer debe comprender que es así por voluntad de la Naturaleza, y abstenerse de rivalizar con el hombre. Las exaltadas locas modernas, paren mal y son pésimas madres” (17)

(¿Apreciamos en el señor Moebius un afán desmedido por obligar a la señora Naturaleza a decir lo que él quiere que diga? Al fin y al cabo, la Naturaleza es mujer. Pero, no es el  único hombre que lo intenta, antes de él y después de él).

Aquellas
“exaltadas locas modernas” (Moebius murió en 1907) solían tener hijos, y no consta que fueran peores madres que pudieran serlo las encopetadas damas que usaban miriñaque o polisón bajo la falda, o las lavanderas empobrecidas con sabañones en las manos):

Olympe de Gouges, tuvo una hija.

Mary Wollstonekraft tuvo dos hijas, la segunda conocida como Mary Shelley, autora romántica (Frankenstein). Abundantes mujeres hubo en Europa y EE.UU. de  América, entre el XVIII y el XIX, que el señor Moebius tenía que conocer siquiera de oídas: Lucrecia Mott, Nelly Roussell, Ana María Mozzoni, Concepción Arenal, Emilia Pardo Bazán, las admirables anarquistas de La Comuna de París, que tienen en común al menos dos cosas: inteligencia y carácter, siempre negadas por los misóginos como el señor Moebius y tantos otros. Y tienen en común también algo muy importante: luchan a favor de los derechos de alguien.  Y los  misóginos se pronuncian en contra de los derechos de alguien.

“Cuanto mejores son las escuelas tanto más difíciles son los partos y tanta más escasa la secreción de la leche; en suma, tanto más inepta se hace la mujer” (18)

(En definitiva, parece que estos caballeros, lo que desean es que la mujer no abandone su condición de hembra).

Anna Palmer, Williamina Fleming, Antonia Maury, Annie Cannon y Enrietta Leavitt, trabajaron a finales del XIX en el laboratorio astronómico de la universidad de Harvard, en la clasificación de las estrellas, utilizando un sistema que resultaría revolucionario, (Cannon) que fue adoptado como estándar por la unión astronómica internacional. Cobraban bastante menos que los hombres. Leavitt descubrió las cefeidas (estrellas variables), hallazgo tan importante que fue reconocido con una nominación al Nobel de física en 1925 ( el señor Moebius no llegó a conocer semejante enfrentamiento ante la Naturaleza de aquella “loca moderna”)

Rosalind Franklyn experta en rayos X, posibilitó el descubrimiento de la estructura de doble hélice del ADN (Premio Nóbel 1926 para Watson y Crick; a ella no se la menciona)

Marie Sklodowska se consagró figurando reglamentariamente con el apellido de su marido: Curie. ¿Quién obligaba a la mujer a perder el apellido de su padre para portar el del marido? LOs que hacían las leyes pretendían claramente que todo hombre que pasara por la vida de toda mujer, de forma legal, dejara su marca en el lomo. Tuvo un hijo y una hija; ésta, también química y física, gran investigadora.

Selma Lagerloff, escritora sueca y Premio Nobel de Literatura (1809)

María Montessori, muerta en 1953, le pilla a Moebius un poco mayor, ya; se doctora en Medicina, es agregada a la cátedra de psiquiatría de la universidad, es fundadora y directora de la Escuela Ortofrénica, profesora de antropología pedagógica de la Universidad de Roma, fundadora de escuelas de párvulos, crea el método pedagógico que lleva su nombre para la edad preescolar, basado en la libre espontaneidad de los niños de ambos géneros para elegir sus trabajos… tiene como finalidad (además de la coeducación) despertar en ellos la propia iniciativa y facilitar el libre desarrollo de sus posibilidades. Naturalmente, con este espantoso método, las niñas dejaban de estar condicionadas por la Naturaleza, tratadas en igualdad con los varoncitos. Así iban sabiendo que la Naturaleza no se metía en sus vidas más de lo que los misóginos querían.

Concede el señor Moebius que las mujeres puedan prepararse para ejercer la medicina, y debidamente guiadas y vigiladas, puedan hacerse útiles, por ejemplo, entre los mahometanos, y precisamente “….. serán las no aptas para sus deberes maternales” (18) (Las monjas, ya en el siglo XVIII estaban mal vistas: iban contra Natura, renunciaban a ser madres! Pero se libraban del yugo del hombre (de la Naturaleza). Al menos, en apariencia. Estaban los confesores)

“Los médicos deberían conocer el estado de deficiencia mental de la mujer, y hagan todo lo posible para combatir, en interés del género humano, las aspiraciones contra natura de las feministas. Se trata de la salud de un pueblo en peligro por la perversión de la mujer moderna” (18)

Vemos temblar al señor Moebius. Dónde estaría nuestra civilización si no fuera por el trabajo que las mujeres realizaron durante las dos terribles guerras mundiales, mientras los hombres se liquidaban con una saña inaudita. Y por último, nos regala con un tic justiciero que no le honra, precisamente: PUESTO QUE LA MUJER ES DEFICIENTE MENTAL, no se le deben aplicar las mismas leyes que al hombre; qué es eso de juzgarla al “mismo nivel de los hombres” Es injusto puesto que “la gran influencia que ejercen la menstruación y el embarazo en su vida psíquica….causan notables alteraciones en su equilibrio mental y perjudican el libre albedrío en el sentido legal” (18)

Y, la guinda :

“Si juzgamos necesario declarar que la mujer es mentalmente inferior al hombre, no por eso creemos haber dicho nada que sea perjudicial para ella: simplemente, ella tiene otros méritos” ¿?

Animalico.

Hay historiadores (mujeres y hombres)  que explican, más o menos: “Desde el siglo XVIII, (con Rousseau, etc.) la mujer ya no es “inferior”; es “distinta”.

Distinta e inferior. Parece. ¿No hay ningún Moebius en nuestro tiempo?

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