Sexismo en el lenguaje

Posted: 12th octubre 2012 by Aurora in Crítica
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(A partir del respetable trabajo de Don Ignacio Bosque, Académico de la RAE: El País, 4-III-012: “Sexismo lingüístico y visibilización de la mujer”. Su lectura es muy útil).

En principio, la gramática no es sexista; tiende a la economía, a la simplicidad posible. El sexismo en el lenguaje viene dado por la intención del hablante, y digo bien: del hablante (artículo determinado, género masculino, número singular; en cada caso, lógicamente).

“Viajaban dos noruegos con sus mujeres” es una expresión sexista. ¿Por qué no, dos noruegas con sus maridos?, también sería sexista. “Dos parejas de noruegos”: se le puede sacar filo, puede tratarse de cuatro hombres. “Cuatro personas de Noruega”. “Dos mujeres y dos hombres de Noruega” sería igualmente exacto y correcto. Hay expresiones varias de las que echar mano si no queremos ser sexistas, esto es, si no queremos poner al hombre por delante, el primero, como base comparativa, plantilla, jefe, patrón tipo. Y a la mujer como apéndice. Aunque no olvidemos que puede haber un sexismo por ultracorrección: un sexismo feminista.

LEEMOS EN EL DRAE:

Testa: cabeza del hombre y de los animales. En el hombre y algunos mamíferos, parte superior y posterior de ella.

Cabeza: Parte superior del cuerpo del hombre, y superior o anterior del de muchos animales. (Entre estos, ¿estará la mujer? Esperemos que la cabeza le sirva mejor que a algunos académicos)

Si dijéramos “persona” por “hombre”. Es más justo, pero suena raro. Porque es femenino y estamos pensando en el hombre, que es masculino.

A veces caemos en los extremos y en el absurdo, que es peor caída. Hay una propuesta seria
respecto a la siguiente cláusula: “Los afectados, hombres y mujeres, recibirán una indemnización….”, por la sencilla razón de que si no mencionamos los dos géneros, las mujeres pueden pensar que la indemnización será solamente para ellos.

Qué barbaridad, añaden una explicación innecesaria –hombres y mujeres- y mantienen el genérico masculino: los afectados. ¿Los afectados mujeres?  Es el genérico masculino el que se debería pretender suprimir, no completar. En vez de esta fórmula ofrecida, quizá no por lingüistas, sería más aséptica: “Las personas afectadas recibirán una indemnización”. Espero que nadie exija el barbarismo las personas y “los personos”. Si los hombres se empeñan, ya la tenemos montada. Y es que se puede llegar, y se llega, al absurdo. Es el mismo ingenuo error de: “todos  mis amigos y amigas”. Si mantienen el genérico masculino, no añadan sustantivos femeninos, queda ridículo y dispendioso.

Personalmente no me hiere el genérico masculino; es una convención, por costumbre ya pensamos en los dos géneros;  si digo “mis padres” podemos visibilizar tanto a la madre como al padre; padres no está marcado, no es masculino (el artículo “los” sí es masculino). Es sólo cuestión de un poco de estudio; pero reconozco que hay un abuso en el uso del masculino y que se pueden y deben buscar fórmulas alternativas; pero parece exagerado decir: “Todos y todas los y las que vivimos en esta ciudad”. De esta forma visibilizaríamos a las mujeres y a los hombres, pero habríamos caído fritos antes de terminar.

Estas personas llenas de buena intención, que han elaborado guías no sexistas, más que a la letra se fueron al sentido: “Los trabajadores y las trabajadoras”, proponen. ¿Por qué no “la plantilla?”. La plantilla,  es la “relación de dependencias y empleados (mejor gente empleada, señores Académicos!) en una oficina, universidad etc. DRAE). Pero, cielos, es femenino. Los hombres podrían quejarse.

TITULACIÓN

(a partir de un artículo de Don Francisco Rico, de 1976)

Hay una Real Orden para expedir el título académico en femenino. En 1930, una mujer universitaria que se licenciaba, pidió al rey Alfonso XIII que el título se lo dieran en femenino. Era tal el problema que se organizó, que fue necesaria una Real Orden para solicitar el informe pertinente a la Academia. …. “Se examinó la consulta y sin sombra de duda… se someten a votación las dos proposiciones:

a)      si el título debería enunciarse con el sólo uso de la desinencia masculina o

b)  precisando en su caso la femenina. Fue aprobada la propuesta que dice: “El título tendrá distinta denominación, masculina o femenina, según el sexo (¡el género!) de la persona que lo posea. Es decir, título de bachiller, licenciado o doctor si el que lo posee es varón, y de bachillera, licenciada o doctora si quien lo posee es hembra” (ya es apelar al sexo, en un caso como éste, de estudios y titulaciones)…. “No dudaron los ilustres Académicos…..” sigue diciendo el Señor Rico. Pues sólo faltaba que hubiesen dudado. Lo que se explica menos es que no hubieran caído en la cuenta solitos, sin que la consulta del rey les hiciera pensar en ello. Fue una mujer (una “hembra”) la que puso en marcha el motor del asunto. Que salió lista, la “hembra”, y pudo soportar los mismos estudios que soportaban los “machos” en la universidad.

Por cierto, había habido un “intenso y después muy extenso movimiento feminista siendo ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes la gloria del periodismo español Señor Don Julio Burell, quien acuerda por Real Orden de 2 de septiembre de 1910 abrir a la mujer española todas las carreras y todos los títulos…. Antes de esta fecha, la mujer sólo podía ser en España, acudiendo siempre a las mismas palabras de Concepción Arenal, maestra, estanquera o reina. (En el subconsciente tenemos: o ama de la casa del marido, que ya sabemos lo que suponía). Sabemos que Arenal tenía que disfrazarse de varón para acudir a las clases universitarias. Posteriormente, la mujer o hembra que quisiera ir a la universidad, debía contar con un permiso especial del ministro, “que en algunos casos lo otorgaba”; (lamentablemente no tengo los datos en los que podía basarse el ministro para otorgar o denegar el permiso). Pero, lo otorgaba “…. siempre que el Rector de la Universidad se responsabilizase del escándalo e incidentes” que provocaría la citada matriculación de una mujer en la citada institución…….Las primeras universitarias que consiguieron esta gracia, continúa el Sr. Rico, entraban en las aulas rodeadas de grandes precauciones y requisitos. Tenían que ir acompañadas por varón respetable, (¿por edad se ganaba el varón la respetabilidad?) y el catedrático las sentaba en  el estrado junto a él, en las explicaciones, y siempre lejos de los universitarios.” (No se conocía el burka, entonces).

Una justificación de peso, debe de ser el que a la Virgen y a Santa Teresa siempre se las ha llamado abogadas y no abogados. Y nave capitana y bandera coronela. Tiene en cuenta la eufonía para no decir alféreza sino mujer-alférez; y mujer fiscal y mujer juez. De donde, no comprendo bien al señor Bosque cuando dice que una mujer debe poder elegir entre ser juez o jueza. ¿Y la gramática? ¿El artículo no adelanta el género cuando el sustantivo no termina en o/a? ¿No? Afortunadamente, que yo sepa al menos, no se ha extendido la noticia de que en Alemania exista una Cancillera.

CUOTA DE PARTICIPACIÓN

En cuanto a la cuota que regule el acceso a la mujer a puestos de trabajo, como llamada de atención, quizá lo pueda admitir; “Contemos tanto con hombres como con mujeres para los puestos de responsabilidad….” y para los otros, quedaría bien. Pero determinar la paridad; haya o no haya cerebro bien amueblado, ni cincuenta por ciento de mujeres ni cincuenta por ciento de hombres: todos a examen; anónimo, el examen, firmado con una cláusula determinada, axesuada o agenérica. A mayor calificación, ascenso. Sin tener en cuenta el género gramatical. Mucho menos, el sexo. Sólo el seso.

Recordamos a un jefe de partido que decía: “ Yo tengo colaboradoras eficientísimas que a la vez de trabajar para el partido atienden su casa, y cuidan a los hijos……” Qué barbaridad, ¿por qué no se le ocurriría decir lo mismo de sus colaboradores, también eficientísimos? No, es que pretendía enaltecer a sus colaboradoras, sí o no. La mujer, madre y señora de su casa. Es que el hombre no llega hasta ahí.

DESDOBLAMIENTO LÉXICO

En cuanto al desdoblamiento léxico (utilizar los dos géneros: ciudadanos y ciudadanas, -pero ¿con qué artículo?- padres y madres, primos y primas….) se puede llegar a verdaderas aberraciones. Porque, por ejemplo, el femenino de soldado sería soldada; que en perfecto castellano, es la paga que cobra el soldado. Si se nos ocurre hacer un chascarrillo: cada soldado con su soldada….

El femenino de deudos es deudas, que, sabemos, literalmente no tienen nada que ver. Y para qué recordar el tristemente famoso y delirante miembros y miembras. ¡Qué ministerio, señor!

VISIBILIZACION DE LA MUJER

El problema de fondo es la invisibilización (horrenda palabra y certero concepto) de la mujer en el lenguaje. Podría pensarse que es un aspecto más sociológico-histórico que idiomático. Realmente, las mujeres, ¿dónde han estado metidas, en bloque, en conjunto, como la mitad de la población que han venido siendo?

Pero, en la actualidad, la mujer no está invisibilizada en el habla cotidiana. En corrillos, en las aceras al pasar, en la playa, en todas partes, ¿cuántas veces al día oímos puta madre, la puta que te parió, hijo de puta? Alusiones a la mujer, a todas horas!

Quizá se debiera empezar por ahí a discutir la visibilización o invisibilización de la mujer. Y el sexismo en el lenguaje.

Me pregunto qué tipo de insulto es “hijo de puta”. ¿Bastardo? ¿Qué no sabe quién es el padre? ¿Y?

Basta con que conozca a la madre. Eso es lo verdaderamente importante. En una sociedad no discriminatoria, claro.

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  1. Luisa dice:

    interesante, serio y exacto. De acuerdo en todo. Arriba el género femenino. Un diez!