SONETOS DEL XVII

Posted: 7th julio 2013 by Aurora in Crítica
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Amig@s visitantes del Salón:

 

Me voy al este europeo. Es una zona a la que siempre quiero volver. Voy a viajar con mi amigo Yarek Palka, uno de los personajes de mi novela El proteus anguinus. La periodista comprometida y el redactor, colaboradores habituales, vienen con nosotros. Y, a última hora, se ha sumado el pintor oficial del Salón, proveedor de obras de arte. Para hacerse perdonar, no sabemos el qué, porque es una persona encantadora, ha prometido conducir todo el rato.

Dejo las llaves del Salón a mi amiga Malena Rajzner. Si recordáis, la presenté en “La foto de Clarice Lispector”, en abril pasado. Vino para visitar a su familia política, pero parece que se queda, y el ofrecimiento de atender el Salón le cae como una ducha de agua de rosas, dice; lo acepta con entusiasmo: es argentina.

Así que, ella queda encargada de la programación de las actividades y de las crónicas posteriores.

Buenas vacaciones para todos, dovidenja!

 

 

 

Salud, visitantes!:

Clarice Lispector preguntaba, un tanto molesta, por qué decís que soy judeo-ucraniana? Yo vine a Brasil cuando tenía dos meses, luego soy brasileña!

Pues yo, Malena Rajzner, la gozo presentándome como judeo-polaca-argentina. Todo lo que eso significa lo llevo encima y dentro, y no puedo ni quiero disimularlo, porque no es una carga ni una vergüenza; no es ni siquiera una etiqueta. Es yo.

Para la programación de actividades del Salón, estoy dando vueltas a un par de ideas. Para desarrollarlas, tengo que contar con los jóvenes actores, y va a ser problemático.

De momento, y ya que los últimos temas se refieren a mujeres  del siglo XVII, algunas peninsulares que resultaban, casi en su totalidad, mujeres anónimas que tomaban chocolate varias veces al día, que tenían amantes, eran vacías y vestían muy raro, se me ha ocurrido pensar en  Juana Inés de Asbaje y Ramírez de Santillana, estudiosa y escritora. De quien otra mujer estudiosa (Georgina Sabat de Rivers) ha escrito: “Las últimas poesías significativas del siglo de Oro español, fueron escritas por una mujer, la única poetisa importante de la tradición renacentista. Y lo que puede asombrar a algunos es que no se escribieron en España, sino en el virreinato de la Nueva España, o sea, en México…..Como poetisa se nutre de la tradición española, y muestra al mismo tiempo una profunda originalidad”.

Si señalo que sus padres no estaban casados cuando ella nació, en 1651, es sólo para hacer pensar que sus  méritos debían de ser tantos como para ser admitida en la Corte virreinal, tan formulista o más que la corte de Madrid,  a pesar de ser hija de “madre soltera”. No parece que el padre asumiera alguna responsabilidad en su educación, de hecho, nunca reconoció su paternidad. Aprendió a leer a los tres años y ya en la infancia componía muy buenos versos. Atraída por la literatura, las matemáticas, la música, la filosofía, la astronomía, la teología,  calculó que para dedicarse a llevar una vida de estudio, como deseaba, no debería casarse. Y se hizo monja jerónima con el nombre de Sor Juan Inés de la Cruz. Nos suena. ((Su madre nunca se casó. Era muy rica, era terrateniente))

Pero la joven hermosa, culta, rica y monja jerónima, no vivió muy retirada, porque su celda era punto de reunión de nobles y sabios. Hay una contingencia chusca, en su vida: Manuel Fernández de Santa Cruz era obispo de Puebla. En 1690 hace publicar una “carta athenagórica” de Juana de Asbaje en la que responde  duramente al sermón del mandato del jesuita portugués Antonio de Vieira, que se centra en “las finezas de Cristo”. EL Obispo acompaña  la edición con una carta propia pero firmada con un pseudónimo femenino: Filotea de la Cruz.  En esta carta, el obispo recomienda a la intelectual cargada de méritos, que no duda en reconocer, incluso se habla de que eran amigos,  que se dedique a la vida monástica, más acorde con su condición de monja y mujer. Y que olvide su interés por la teología, materia reservada a los hombres.

((La falta de naturalidad, y/o de libertad, de la época, se puede ilustrar con el hecho de que, para acceder al mundo de la cultura, la niña Juana Inés manifiesta su decisión de vestirse de hombre cuando su madre le advierte que una mujer no podrá nunca formar parte de ese mundo, ir a la Universidad, etc. Y el obispo se oculta tras un nombre de mujer para meterse con ella, ya adulta y monja. Qué astracán))

Lo cierto es que fue poeta y dramaturga como mujer, como ser laico; no más religiosa en sus versos y sus aspiraciones que un Lope de Vega, que tiene bellos y sentidos suspiros religiosos, que recibió Órdenes menores pero que ejerció toda su vida como hombre por encima de tonsuras  y de  hábitos.

El sueño es una composición de más de mil versos en la que Juana Inés va vertiendo su cartesianismo, su escolasticismo, y un “entusiasmo poético por la ciencia; y en definitiva,  es un canto al impulso del conocimiento humano, si este impulso sobrepasa las barreras físicas y temporales, y se convierte en un ejercicio de puro y libre goce intelectual”.

En la prosa es brillante. En sus obras dramáticas posee un acento muy personal. Su poesía es bella, laica, deliciosa e interesante:

 

En perseguirme, mundo, ¿qué interesas?

¿En qué te ofendo, cuando sólo intento

Poner bellezas en mi entendimiento,

Y no mi entendimiento en las bellezas?

Yo no estimo tesoros ni riquezas;

Y así, siempre me causa más contento

Poner riquezas en mi entendimiento

Que no en mi entendimiento riquezas.

Y no estimo hermosura que, vencida,

Es despojo civil de las edades,

Ni riqueza me agrada fementida,

Teniendo por mejor, en mis verdades,

Consumir vanidades de la vida

Que consumir la vida en vanidades.

 

De su época y en  la península, tenemos:

 

Ah de la vida! Nadie me responde?

Aquí de los antaños que he vivido,

La fortuna mis tiempos ha mordido,

Las Horas mi locura las esconde.

Que, sin poder saber cómo ni adónde

La salud y la edad se hayan huido!

Falta la vida, asiste lo vivido,

Y no hay calamidad que no me ronde.

Ayer se fue; mañana no ha llegado,

Hoy se está yendo sin parar un punto.

Soy un Fue, y un Seré, y un Es cansado.

Es el hoy y mañana y ayer, junto

Pañales y mortaja, y he quedado

Presentes sucesiones de difunto.

 

De Francisco  Gómez de Quevedo y Villegas (1580-1645) autor del soneto precedente, qué se puede decir que no sea conocido. La notoriedad que quizá le sobre, es la que no le llegó a Juana Inés de Asbaje, refugiada en un convento para poder tener una vida dedicada al estudio como un hombre. Y que puede firmar el soneto siguiente:

 

Verde embeleso de la vida humana,

loca esperanza, frenesí dorado,

sueño de los despiertos intrincado,

como de sueños, de tesoros vana,

alma del mundo, senectud lozana,

decrépito verdor imaginado;

el hoy de los dichosos esperado

y de los desdichados el mañana:

sigan tu sombra en busca de tu día

los que, con verdes vidrios por anteojos,

todo lo ven pintado a su deseo;

que yo, más cuerda en la fortuna mía,

tengo en entrambas manos ambos ojos.

y solamente lo que toco veo.

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  1. Martina dice:

    Algo conozco a Sor Juana y tengo que decir que escribía muy poco como mujer, o sea que no hacía poesía de género. De las pocas mujeres hispanas que se consideraban primero personas. Entonces, de las primeras feministas.

  2. alfonso dice:

    Quién me iba a decir que me aficionaría a los sonetos, soy ingeniero! Para pensar y hasta para ligar. Enhorabuena por la página, es lo mejor que conozco en cuanto crítica, información, formación y arte.

  3. Karmele dice:

    El tema me ha venido de fábula, en la playita. Yo alguna vez oí hablar de Sor Juan Inés, pero sin más. Mira de lo que nos enteramos!