UNA CULTURA DE ESCALOFRÍO

Posted: 15th enero 2017 by Aurora in Crítica
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UNA CULTURA DE ESCALOFRÍO

 

 

UNA ETAPA de la vida en la que el humano necesita, más que certezas, seguridades. Cuando todo alrededor puede resultar cambiante e inestable, en lugar de ofrecerle una realidad dominable mediante el uso de la inteligencia, se la llena de incertidumbres, inseguridades, miedos y mentiras. Es la INFANCIA.

 

A partir de esta propuesta, compartimos la responsabilidad de investigar sobre el tema, y exponemos los resultados después de un par de ensayos para ensamblar bien los contenidos.

 

– Por qué, lo irracional maravilloso, en relatos escritos por adultos, que surge en narraciones orales iniciáticas para—adultos–, que solían tener un trasfondo cultural y educacional, (Homero, Apuleyo, etc.) se convierten en el siglo XVII con Basile, Perrault, D’Aulnoy, y otros, en aterradores relatos absolutamente desagradables, irracionales, irritantes,–para adultos–. Descreimiento, decadencia, soterrada crítica a las monarquías caras e inútiles; plantar cara al cartesianismo; esnobismo que tiende la vista hacia la Grecia de las intervenciones de dioses y diosas con mayor salero y alegría que lo permitido por la religión vaticana; pero trastocados, los dioses griegos, en seres legendarios como dragones, gigantes, enanos, hadas, etc., que pueblan las narraciones de hechos sin fondo lógico ni sentimental. En efecto, en miles de relatos “de hadas”, no se pueden encontrar sentimientos humanos convincentes; hay un algo de crítica sumado a la moralidad o ejemplaridad, o aviso a los navegantes que diríamos hoy, y van pasando a ser paradigma de narraciones para la etapa más delicada de la maduración: la infancia.

– Desde el Odiseo del siglo –XI “de mente artera”, juguete de los dioses, que aprende y enseña con su largo y trabajoso periplo que la vida es pura lucha, y que la inteligencia humana ayuda a vencer dificultades, y sabe atraerse la ayuda de los mejores. La Odisea es obra de múltiples lecturas y de grandes pasiones: los mejores lo son porque pueden enseñar a los demás con su ejemplo. Vemos vivir, como cualquier humano, a personas excepcionales en un contexto de lo sobrenatural maravilloso. “Odiseo une valor y audacia a su singular astucia, y por eso es el héroe preferido y protegido por Atenea”. Los dioses vienen a premiar la constancia de Odiseo, la ejemplar dignidad de Penélope, la juvenil honestidad de Telémaco: los dioses quieren proteger la institución familiar. Odiseo es constructor de universos y de conciencias. El libro fue imprescindible para la educación-instrucción de los griegos durante siglos. La Odisea es un universo de universos, es una historia total, racional incluso con el concurso de lo maravilloso, porque los dioses funcionaban como los humanos. Si bien, Circe convierte en animales (cerdos…) a los hombres que la habían ofendido. Qué larga propuesta para la posteridad!

APULEYO, en el siglo II, nos deja el segundo testimonio de irracionalismo: Lucio Apuleyo es convertido en asno; sigue teniendo mentalidad humana pero ha perdido la facultad del habla. Sirve a distintos amos, vive múltiples aventuras, etc., y va a dejar un largo rastro en la literatura del siglo de oro. En otro orden de cosas, propone en uno de sus relatos, que dará pie al posterior “Piel de asno,” un ejemplo negativo de padre enamorado de su hija: el incesto. Relato aleccionador que un aya narra a una muchacha para precaverla contra esta horrible desviación, o desvarío de conducta que tanto temor suscita. Y ya tenemos la justificación por la vía de la moraleja. Tomando éstas y otras narraciones arcaicas del mismo Apuleyo,  aleccionadoras a través de una concepción mítica del universo arcaico, en el siglo XVII surgen los relatos irracionalistas napolitanos y franceses, que eran narrados o representados, en principio, en los salones cortesanos. Narraciones para adultos, entiéndase. Los autores insistían en su justificación moralizadora: “No son simples bagatelas sino que encierran una moralidad útil,” dice Perrault. Pero, en su intención no estaba que fueran a convertirse en narraciones para niños. Ahora, un técnico de la cuentística dice: “Los cuentos de Perrault son tan sencillos que hasta un niño puede leerlos”.

– Vale, pero falta determinar, psicopedagógicamente, si es conveniente que los niños lean esos cuentos. Aun contrastando opiniones con el Sr. Bettelheim, por qué no.

– Se puede suponer que un ejemplar del Pentamerone de Basile (Cunto de li cunti…) compuesto sobre todo por relatos tradicionales recogidos vía oral, llega a la Francia barroca hacia 1685; y de ahí va a tener una vida muy prolongada y manoseada, pasando de adaptación en adaptación. Las primeras adaptaciones para niños surgen muy lánguido ya el siglo XIX: en Boston (1885) en Florencia (1889) en Londres (1893).

– En 1696 son publicados Les contes de ma mère L’oye, más conocido como Histoires ou contes du temps passé avec des moralités, atribuidos a Charles Perrault. En 1698 aparecen publicados, chez Barbin, los Contes nouveaux, ou les Fées à la mode, firmados por la Baronesa Madame D’Aulnoy. Son dos ejemplos; había más Madames y Mademoiselles, en la Corte del Rey Sol, herederas de “Les Precieuses”; si recordáis el tema “Kaibara” del nueve de julio de dos mil trece, del que hablamos aquí, en el Salón. Estas señoras  escribieron fantasías de hadas y princesas, enanos y ogros. Un cierto abate Dubois escribe a un su amigo Bayle: “Nuestro siglo parece un niño cuando se trata de libros: necesita cuentos, fábulas, novelas e historietas. Todos estos son los que enriquecen a los libreros y se reimprimen en Holanda”.

Entonces, a partir de los ancestros griegos y romanos, y pasando por el recopilador Basile, que pretendió salvar el acervo folklórico de Italia, y de quien sobre todo Perrault es deudor, y luego los Grimm, podríamos localizar ciertos temas recurrentes, tópicos:

LA CRUELDAD Y LA DOMESTICACIÓN FEMENINA: recordemos las mujeres sangrantes de Perrault y la autoridad psicopatológica del azulbarbado. Recordemos los ogros que degüellan y comen niños. Los padres que abandonan hijitos e hijitas, bien porque hay hambre en la familia, bien porque no pueden no hacerlo. La maldición recurrente de las hadas que supone serios e incomprensibles castigos: nacimiento de un hijo no humano sino animal: “El príncipe Jabalí,” “El Serpentón verde”; la conversión en animal de un adulto: “El pájaro azul”. Castigo brutal para una mujer y sus antojos de embarazo: “Gatablanca”.

MENTIRA Y ROBO: a estas desviaciones de la conducta correcta, se les da carta de naturaleza en aras de una moralidad final: “La industria y el ingenio bien usados les valen más que los bienes heredados” (El gato con botas, etc.) “Los lobos más melosos son los más peligrosos” (“Caperucita”, etc.) “El pobre monigote es el que saca la familia a flote” (“Pulgarcito”). “Hay animales que valen tanto como las personas y hay personas que llevan dentro un animal (“El príncipe jabalí”, etc.)

OBSESIÓN POR LA MONARQUÍA, de la que hay superabundancia en D’Aulnoy. Poder omnímodo: prohibición de hilar en todo el reino (“La bella durmiente”). El príncipe jabato trata de conquistar a una mujer que lo rechaza: “¿Podrías nunca llegar a ser reina si no es casándote conmigo?“. “Resultaba bastante sorprendente que una pavera no quisiese llegar a reina”. Qué hacen los reyes y las reinas? Generalmente, nada que resulte en provecho de los pueblos: visten de superlujo, comen de lujo y tienen niños más o menos agraciados y/o problemáticos.  Las reinas son casquivanas con frecuencia y los reyes muy poco inteligentes. Hasta que llegamos a “Finita Favilón” (D’Aulnoy) y resulta que los reyes han sido expulsados por no ocuparse con acierto de los asuntos de su reino: un principio de cordura. Pero la historia va de gran crueldad, (abandono por tres veces de sus hijas en el bosque) e irracionalismo, y al final, gracias a la pequeña, se restablece el orden: ella se casa con el príncipe de turno, los padres son repuestos en el trono porque sí, y las hermanas mayores, que habían sido terriblemente crueles con ella, son casadas con hombres prominentes. No tiene sentido, ni para mayores ni para pequeñitos. Es curioso que se insista en una monarquía tan vana y vulnerable y afanosa de riquezas; podríamos preguntarnos si estas Madames y Mademoiselles cultas y refinadas, no estarían poniéndola en cuestión, precisamente: recordemos lo ocurrido en 1789. “Las hadas son ricas pero les gustan los regalos, igual que a todos los acaudalados del mundo”. “Prudencia y virtud valen más que diez reinos juntos”: una joven ha rechazado el matrimonio con el príncipe. La hermana de los príncipes encantados de Andersen, no quiere, en principio, recibir las atenciones interesadas del rey.

IRRACIONALISMO: Qué se les da a los niños del sentido oculto de “los tres trabajos” o del número tres de herman@s de l@s cuales siempre el/la menor es diferente y mejor que l@s otr@s; o que el número de tres pruebas quiera decir que la tercera siempre puede ser la del éxito, lo que conlleva una ideología de la paciencia y constancia, pero hay que explicarlo; qué se les da si las pruebas o trabajos planteados escapan al más mínimo índice de racionalidad en el territorio cultural de los últimos siglos. Los trabajos de Hércules, el viaje de Odiseo, el de Jasón, eran ejemplos y señales para adultos. En todo caso, jamás se dio en ellos crueldad y animalismo semejantes a los cuentos de Basile, Perrault, D’Aulnoy, Grimm, sobre todo. Qué bien puede hacer a las mentalidades infantiles el poder omnímodo de las hadas, y la maldad de las brujas, si luego se les dice que no existen. Al menos, respecto a las religiones, ven y palpan la existencia de las iglesias-edificio, observan ritos, celebraciones de calendario, etc.

MATRIMONIO COMO PREMIO: corrientemente entre príncipes y princesas. Tanto si ella salva al príncipe, pasando por encantamientos aberrantes, como si es salvada, la culminación feliz es el matrimonio real. Como Zeus en sus estupros, si el príncipe ama, no es para hacer feliz a la chica sino para serlo él. Ella debe ser hermosísima siempre, eso sí. Tenemos a la mujer-objeto dada como pasto a la infancia.

BELLEZA FEMENINA como sinónimo de bondad. La chica fea es mala. Viciada idea y negativo mensaje. Además, o es princesa o merece serlo, por su belleza. Muchas veces, por ser bellas están en peligro. (“Piel de asno”. La princesa tiene que huir de su padre bajo una piel de asno) “Si eres tan buena como bella, te vestiré de seda y terciopelo, te pondré una corona en la cabeza y vivirás en el más lujoso de mis palacios” (“Los patos salvajes” de Andersen). Quieras o no quieras; a veces, pocas, las mujeres se defienden del acoso principesco.

OBSESION POR LA OPULENCIA Y LA SUPERFICIALIDAD: cubiertos de oro macizo para las hadas. Brazaletes de una sola esmeralda tallada. Siempre joyas como regalo a las mujeres. “Todo el atuendo de esta princesa era de diamantes, hasta los zapatos”. El rey dispone mil toneles llenos de oro y grandes sacos  de terciopelo bordado de perlas que parecían atiborrados de monedas, con motivo de la boda (riqueza desorbitada de la realeza). Sábanas de tejido de oro adornadas con perlas. Cestillos de oro con broches de pedrería. Cajita recamada de rubíes y repleta de diamantes. Los pantalones de los infantes son de tejido de oro. Llamador incrustado de diamantes, puertas de coral, una bata de paño satinado en oro y bordados de pequeñas esmeraldas. Delirio: un palacio todo de diamantes y diamantes para techos y suelos; claro, está construido con tres golpes de varita mágica. “Joven señor muy elocuente que gozaba de cien millones de renta”.

– Tengo yo aquí que, en el Siglo de las Luces, fueron olvidados, o postergados, los cuentos de hadas, bajo la opinión general de que se trataba de un cúmulo de supersticiones que entontecían al pueblo.

– Ya, pero a finales del mismo siglo XVIII, con Herder y Goethe a la cabeza, surge un movimiento que tiende a reencontrarse con los orígenes del ser alemán, y buscan en los relatos y canciones tradicionales, sobre todo de transmisión oral, la esencial poesía, la mitología y la historia alemanas, nos suena, es el proto-romanticismo. Se suman a esa intención los hermanos Grimm:

Jacob (1785-1863) es el científico, y Wilhem (1986-1859) es el poeta. Como intención: trabajo y método de lingüistas e historiadores, de recopiladores que intentan salvar del olvido el acervo cultural alemán. En principio no pensaron que los destinatarios de su trabajo fueran niños.

– Es que, y leo textualmente, “A comienzos de la Edad Media, los cuentos de hadas aportaban, a través de su lenguaje imaginativo, contenidos muy profundos al ser humano adulto, que, en aquellos tiempos, aún no estaba tan desarrollado intelectualmente como en el momento presente.” (Eduardo Valentí) Fueron muy atacadas estas narraciones primitivas por su extremada crueldad, (bien vía Perrault bien vía Basile en algunos casos; en otros de raíces puramente germánicas) y ellos, precisamente, se defendieron diciendo que NO estaban destinadas a los niños: “Pulgarcito”, “Caperucita”, “Los siete suabos”, “Piel de oso”, “El sastrecillo valiente”, “Hansel y Gretel”, “La casa del bosque”, “El lobo y las siete cabritas”, y extenso etc. En la época de la invasión napoleónica, sacaron de las colecciones los que pudieran tener raíz no estrictamente germana, por puro afán nacionalista. Suavizaban el mensaje, por ejemplo, convirtiendo a las madres crueles y desnaturalizadas, en madrastras; qué alivio para los niños; y qué papel para ellas, así fueran de naturaleza arcangélica, las verdaderas, quiero decir, las de carne y hueso. Hasta la tercera edición, en 1825, no fueron destinados a la infancia, edición condenada y rechazada en Estados Unidos por su contenido crudo y falto de buenas cualidades de conducta. Bien que rodeados, ellos mismos, por la Ley de la Frontera; no deja de ser curioso.

– Yo os tengo que decir que después de estudiar todas estas terribles narraciones, me desquité con poesía de Pedro Salinas, porque estaba hecha polvo. Lecturas para niños? Ni de coña, qué idea aberrante! Pero, ¿es seguro que los niños disfrutan leyendo este cúmulo de insensateces, mejor dicho: seguro que es apropiado a la mentalidad infantil este cúmulo de insensateces?

– Es que, pretendes racionalizar lo irracional. No puedes pedir razones a la sinrazón. Sólo valorar, si acaso, si la moraleja final ayuda tanto como para justificar la historia, el relato.

– Yo pienso que aquellos adultos, quizá infantilizados, quizá decadentes, se divertían con los relatos-disparate, por claves adyacentes posibles, alusiones veladas que ellos podían descifrar y nosotros no, porque no tenemos las claves. Y los niños, menos.

– No sé. Yo tuve que leer la Biblia adaptada, y siempre he profesado un sincero ateísmo.

-Cuando era pequeña, a mi madre le dieron para leer un libro cuyo protagonista era un niño huérfano, Juan Clemente se llamaba, al que todo le salía mal, y tocaba tristemente el clarinete en un circo, y nadie lo quería, y estaba muy solito, y cosas así; se lo he oído contar decenas de veces. Seguramente, el autor, J. Lillo Rodelgo, se propuso moralejear de lo lindo: hay que ser fuertes, hay que luchar contra las dificultades, y cosas así. Mi madre dice que aquel libro la hundió en una grandísima tristeza; ahora diríamos depresión. Pero que tendría alrededor de diez años!

– Bueno, retomamos la historia. En el siglo XIX tenemos a Hans Christian Andersen (1805-1875) en la misma línea, en parte de su producción, de crueldad extrema en los relatos folklóricos, que no iban destinados al público lector infantil en principio. Quizá porque los niños no estaban considerados aún como público lector, también es posible. Es en la segunda mitad del siglo, cuando los burgueses ascendentes comienzan a contratar a señoras para que se ocupen de sus hijos, en la propia casa; y estas señoras tenían que enseñarles algo: a leer, por ejemplo. Y echan mano de los relatos irracionalistas pensando que lo maravilloso es sinónimo de infantil. Secundariamente, poder asustar a los menores y hacerlos dóciles a base de lobos, ogros y brujas, quizá fuera muy práctico para la educación-domesticación. Quizá lo siga siendo.

– Ya. Que primero les metemos miedo y luego les reñimos porque son miedosos. Ya pasa eso, sí.

– Sigo con Andersen. Él rechaza cualquier reproducción literaria de la realidad. Con su abuela, visitaba a las ancianas y escuchaba sus relatos locales, y con ellos pretendía crear un espejo en el que se vieran reflejados culturalmente los daneses adultos; es la misma intención de los Grimm. Por lo demás, hay irracionalismo y crueldad en muchos de sus cuentos folclóricos apenas elaborados literariamente, como preconizaba el científico Jacob Grimm: no añadir ni elaborar; porque, otra cosa es la elaboración poética de los cuentos de hadas. Como muestras de Andersen, tenemos “El encendedor de yesca”. “La princesa y el guisante”. “Pulgarcita”. “La sirenita”. “El patito feo”, y larguísimo etc. “La sombra” es un cuento claramente para adultos, como tantos otros, muy notable si se valoran las constantes de Andersen: la muerte y el amor desgraciado a través del pesimismo y la misoginia. “Una de las funciones de su didactismo era, claramente, mostrar “cómo debe comportarse” una mujer. Los hombres, en cambio, deben comportarse, simplemente, como seres humanos” (Enrique  Bernárdez). Cara al lector infantil y juvenil, ni te cuento lo que esto puede suponer.

– En el mismo siglo XIX tenemos a la sueca Selma Lagerlöf (1858-1940), única autora, entre los anteriores, que escribió pensando en un público lector infantil. El maravilloso viaje de Nils Holgersson respondió a un encargo del ministerio de enseñanza sueco, para que los niños aprendieran la geografía de su país, y, parece ser que pudo inspirarse en Los Cuentos de la Selva de Rudyard Kipling, en cuanto interacción humano– medio natural. Aquí tenemos un realismo mágico antes de Rulfo y no digamos de García Márquez, y tenemos un prodesse et delectare lejos de la sospechosa etiqueta de “lleno de moralina” por el simple hecho de no presentar  casos de maldad irracional. Este “Pulgarcito” nada tiene que ver con el mediterráneo: es un adolescente empequeñecido en su físico mediante conjuro, pero que observa, razona, analiza y decide como un boreal, en un relato tipo diario bastante realista día por día desde la primavera hasta el otoño, es decir, lo que dura el viaje migratorio que hace con los patos silvestres hasta la Laponia, y vuelta. Pero, no todo es placentero y tranquilo en la Naturaleza idealizada: Nils (Pulgarcito), el carnero y el pato Martin acaban con las raposas asesinas de corderitos en la pequeña isla de Gottland, porque “matan por matar y no tienen derecho a vivir”. Nils deja, por así decir, sus mañas de humano; deja de sentirse superior y colabora con los animales con los que va entrando en relación; y ellos colaboran con él. De ellos aprenderá lo que es la solidaridad; por ejemplo: los patos silvestres no vuelan muy alto en este momento porque el joven pato doméstico no puede seguirlos. Ejemplo de fortaleza y dignidad: un pato herido en el pecho sigue volando para no caer en manos de quien lo hirió. Nils se sorprende, a veces, de ser un elemento más de la naturaleza, y se sorprende de lo sorprendente: “Este hombre no ha podido llamarme, porque es de madera”. Pero, sí, le habla un hombre de madera. Y le habla el hombre de bronce que lo persigue y que resulta ser el rey Carlos X. Y en una gozosa y provechosa interacción, Nils decide en un momento que no querrá volver a ser hombre, pero la Conductora de la bandada de aves silvestres, Okka, le aconseja que vuelva a visitar a sus padres, porque quizá  pueda serles útil.

Es un libro escrito pensando en sus destinatarios niños que puede resultar útil y provechoso para los adultos; justo lo contrario de los aberrantes ejemplos que hemos visto antes. Cuando leí, al final, que el pato blanco vuelve a la granja “con su mujer y sus hijos”, no me sorprendí, hasta pasado un rato.

– Ahora viene que en el siglo XIX-XX, con la escolarización progresivamente masiva, los maestros instructores echan mano de aquellos escritos irracionalistas (excluyendo los de Lagerlöf debido a su localismo y en cierto modo realismo), y los dan como pasto a los niños olvidando que no se trata de lecturas infantiles sino infantilizadas, pueriles, y sin levantarse a valorar el efecto que el miedo (monstruos, situaciones que superan a una criatura, etc.) y el mal proceder-mal ejemplo, y la crueldad y la violencia, y frecuentemente, la falta de buenos sentimientos que abundan en los relatos “de hadas,” pueden dejar en la conciencia del menor: además de miedo, una gran confusión mental, sentimental y ética. Muy posiblemente, en estas narraciones, ni ideas ni hechos hay que resulten positivos para la educación apropiada de los niños. Por muy expurgados y adaptados que los adaptadores y expurgadores quieran presentar, no dejan de ser relatos surgidos para adultos y manoseados después, más o menos interesadamente.

– Bueno, y ya vamos terminando.- avisa Malena Rajzner- Os presento lo que me tocó exponer: la figura estrambótica de Don Quijote, y lo que más vale de él, su visión del mundo ideal, han sido objeto de manipulación para acercarlo a los lectores infantiles. Cuando yo hacía primaria, allá en Argentina, tuve que leer una adaptación del Quijote, no recuerdo la Editorial ni ningún otro dato externo. Sólo recuerdo de él un dibujo esquemático; quizá hubiera más dibujos pero no lo recuerdo; ni recuerdo el texto ni la historia. En el dibujo que tengo en la memoria, y que debí de mirar muchas veces, veíamos a un señor mayor, muy delgado, en camisón, las canillas al aire, sentado en un pico de monte que sería de Sierra Morena, y en las manos tenía un rosario o algo así. Creo que me quedó, para muchos años, la vergüenza, o un sentimiento parecido, de haber sido cómplice forzosa de alguien que se reía de un pobre hombre que debía de estar majara. Pasaron muchos años antes de que pudiera soportar la idea de leer un Quijote para adultos, y fue como un acto de reparación que yo necesitaba hacer, por él y por mí. Desde  entonces, y quizá con un talante quijotesco, siento la necesidad de defenderlo de las versiones adaptadas para niños, por él y por los niños. Por eso me surgen  preguntas: por qué los niños deben conocer a don Quijote, si no pueden comprenderlo? Infantilizamos a don Quijote y/o confundimos a los niños? Pero por qué, por qué? Se burla Cervantes de Don Alonso Quijano? Es más bien en la Corte de los Duques donde se da la cruel e ignominiosa burla.

-Modestamente, o no, siempre he pensado que no hay que acercar la figura de don Quijote al lector, hay que acercar al lector a don Quijote. Ascender, nunca descender. Para eso, hay que preparar al lector en sentido amplio, durante años.

-No es que hayan caído EN mis manos, es que he ido a buscar quijotes adaptados y quizá se hayan caído DE mis manos, eso sí. En algunos, prima lo visual, las ilustraciones infantilizadas de trazos más o menos descoyuntados, de un quijote que tiene poco o nada del Quijote manchego, salvo la delgadez y la barba y el rocín: de entrada, en uno de ellos se comenta que don Quijote se volvió loco de tanto leer libros de caballerías, vaya presentación; ¿explican a los hipotéticos lectores que don Quijote es un loco sublime? No, el mensaje queda fuera. Os cuento, si puedo: un niño que juega a ser don Quijote, lanza su lanza y brota del pecho del monstruo una cascada de sangre “que forma enseguida un charco muy grande de sangre”. Previamente ha gritado un “Hideputa!” cuadrao, el niño. Otra lanza entra por el ojo de un gigante, que muere, y don Quijote alaba la puntería. Viene a ser una mezcla de sueño y realidad soñada teniendo como fondo la verdadera historia del manchego, que estaba leyendo y que produce sopor en el niño; porque cuando se despierta, ve que no ha llegado a leer la muerte de Don Quijote porque no ha terminado de leer el libro, aunque SABE que Sancho dice: “Señor, no se muera usted, hágame caso…!” Yo, a la tercera página ya me había perdido.

Luego viene un cómic o tebeo traducido al castellano. Están los personajes prisioneros en viñetas de colores átonos, ásperos. Los retratos son tópicos, vale, sí se reconoce a los personajes principales, pero no me preguntéis por el contenido de esta novela gráfica de personajes que dicen: “ Agg! Plaff! Slap!, Slap! Miau! Skritch. Scritch! Cierra el pico!”, a lo largo y ancho de las dos partes de El Quijote.

Otra adaptación, muy meritoria, “podada” para hacer la versión más asequible a los niños. La poda siempre afecta a la forma, en el sentido más venial de la palabra. El contenido es lo que supuestamente queda después de la poda, si es que las ramas podadas no se han llevado parte del tronco. Lo que queda tampoco es comprensible para una mente infantil o adolescente.

-Cada día, Sancho, te vas haciendo menos simple y más discreto.- dice don Quijote.

– Gracias, mi señor don Quijote. Pues, quise ver que el apresto de estos libros estaba intacto; que no habían sido abiertos después de algunos años de su edición, y con este deseo volví a dejarlos en sus estantes de bibliotecas públicas para niños.

-Mira, volvemos a la pertinencia, o no pertinencia, de ciertas lecturas en la enseñanza básica, incluso en secundaria.- dice la P.C.- Y no tiene por qué ser indiscutida una resolución política respecto a que el Quijote debía ser leído a diario en las escuelas, de 1912 la resolución, creo, y 1920. Por qué debería ser leído? La oposición, hoy y aquí, no estaría en la línea del Sr. Zozaya, porque en la escuela también caben la imaginación y la creatividad, que también pueden capacitar para la vida. Es más la línea de Ortega y Gasset: “La cuestión está en que la capacidad receptiva del niño es limitada en volumen, en calidad y en tiempo”. Y en comprensión, añadiríamos; en comprensión sobre todo. La imaginación y la creatividad más asequibles para los niños son las propias según sus aspiraciones, aprendizajes y experiencias. La imaginación de adultos, para adultos, con poquísimas excepciones válidas hacia el campo infantil.

– Poquísimas.- dice el Redactor.- Yo propongo a Kipling y a Lagerlöf. Y si alguien ha encontrado más, que lo diga, no?

– Habría que revisar a Mayne Read. Fenimor Cooper. Joana Spyri. Julio Verne. Emilio Salgari. Karl May. Enith Blyton. Elena Fortun. Lewis Carroll.

– Yo creo que la irónica magnanimidad, o más bien retranca, de Cervantes Quijano, al mencionar veladamente en su testamento los desatinos de Avellaneda, podía haber servido de aviso a quienes una vez y otra utilizan las tijeras, o la propia cuchara para meterla en la sopa de Cide Hamete Benengeli.

 

 

LA INFANCIA

– Ni el Quijote, ni el Hamlet, ni Lope, ni Quevedo, ni Tirso, ni Calderón, ni Jovellanos, ni Meléndez Valdés, ni Bécquer etc. etc. son escritos, ni autores, para niños. Alguien puede plantearse re-escribir los sonetos de Quevedo para niños de ocho-doce años? En qué quedarían los amores a Lisi ? Y, qué niño puede entender el amor por Dulcinea?—después de una pausa para tomar aire, Rajzner sigue, incontenible:

– No castren a los varoncitos para que canten como mujeres.

– No seccionen el clítoris a las niñas no importa por qué razón.- pide la P.C.- No conviertan a los menores en bombas ambulantes.

– No quieran hacerles creer algo que no pueden entender y ustedes tampoco, ni leer algo que les dé una idea aberrante de la existencia, y quizá de sí mismos.- continúa Rajzner.

– No los conduzcan hacia la cultura de la brutalidad, del armamentismo y del machismo a través de la violencia, en los facilones grafismos simplistas de películas o cómics. Les regalan armas de juguete y ellos encuentran divertido apretar el gatillo. No los conviertan en pieza de mercadeo. Dejen a los niños crecer a su ritmo en paz, y limpien su camino de malezas, no las amontonen a su paso!

Como es bastante habitual, la P.C. ha echado su vehemencia sobre nosotros, ayudada por Rajzner esta vez.  Y entre la ira y la tristeza, el búho de Rousseau parece petrificado en su rama. Los ojos enormes.

 

 

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  1. Antton dice:

    Escalofrío que viene y se queda a meditar conmigo debajo de una lámpara que alumbra mi memoria. Lo que daría el tema, para una segunda parte, por lo menos

  2. Mirena dice:

    Excelente trabajo bello e interesante; no se puede decir mejor ni hace falta decir más. Como suele ser la conclusión, así nos va