VA DE TANGOS

Posted: 10th mayo 2020 by Aurora in Crítica
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VA DE TANGOS

 

 

Desde que hicieron un viaje juntos a las Asturias, (2-VIII-016, “Asturias, periferia discreta y elegante”) Rajzner  y El Pintor  Oficial se entienden muy bien para trabajar juntos. Proponen, programan, planifican y acaban por crear muy buenos temas. La fogosidad argentina de ella se compensa con la serenidad cántabra de él: se complementan. Nos anuncian que tienen un tema nuevo esbozado, a falta, como suele ser habitual, de los comentarios de los asistentes, que lo complementan. La intención y la conducción son de ellos, de la pareja. O deberíamos decir de ellas, porque ya no se sabe por qué lado coger la gramática. Un profesor mío proponía en clase: “elles”

—Hace tiempo que tengo curiosidad, o mejor que curiosidad: tengo una cierta ansiedad respecto a los tangos.- confiesa El Pintor Oficial Ansiedad cultural, o existencial, algo así me provocan, no sé decirlo de otra manera. La uniformidad de las voces: son voces muy masculinas, cálidas, huecas, con inflexiones de dolor y desesperación muy convincentes, de grandes actores; pocos tangos conozco risueños; los más son puro drama. Y aquí está el hecho de que nos hemos acostumbrado a que el tango sea cosa de hombres; y si oímos a una tanguista nos parece que está usurpando el papel del varón.

—Sí, tienes razón; pasa lo mismo con el fado: nos hemos acostumbrado a que sea expresión de mujeres; quizá estemos equivocados, pero si oímos cantar a un hombre un fado pensamos automáticamente que debería cantarlo una mujer.- es un profesor de latín, emérito, con el pelo muy blanco, el Sr. Segura, asiduo a El Salón.

—Igualito que pasa con la copla: era cosa de mujeres, con peineta. Luego, entraron los coplistas y echamos automáticamente de menos a una de aquellas cantantes de toda la vida: la voz y el contenido eran cosa de mujeres, por costumbre.

—Bueno, estáis haciendo consideraciones muy importantes pero casi se nos va de las manos el tema; lo encauzamos rápidamente: El Redactor recita el primer tango, y luego establecemos unas líneas generales. Porque, traemos algunos, o unos cuantos, más bien.

El Redactor: Tango titulado “El día que me quieras”, de 1934. Letra de Alfredo Le Pera. Música de Carlos Gardel. Va: Ah, bueno; el encargo es para recitar, pero igual se me van los vuelos de las notas y saco la melodía a relucir; no sé; voz ya tengo:

Acaricia mi ensueño/ el suave murmullo/ de tu suspirar./ Cómo ríe la vida/ si tus ojos negros/ me quieren mirar!/ Y, si es mío el amparo/ de tu risa leve que es como un cantar,/ ella aquieta mi herida/ todo- todo se olvida./El día que me quieras/ la rosa que engalana/ se vestirá de fiesta/ con su mejor color./ Al viento, las campanas/ dirán que ya eres mía,/ y locas, las fontanas,/ me contarán tu amor./ La noche que me quieras,/ desde el azul del cielo/ las estrellas celosas/ nos mirarán pasar,/ y un rayo misterioso/ hará nido en tu pelo,/ luciérnaga curiosa/ que verá que eres mi consuelo./ El día que me quieras/ no habrá más que armonías,/ será clara la aurora/ y alegre el manantial./ Traerá, quieta, la brisa,/ rumor de melodías,/ y nos darán las fuentes/ su canto de cristal./ El día que me quieras/ endulzará sus cuerdas/ el pájaro cantor,/ florecerá la vida,/ no existirá el dolor.

Yuyu– Tú has dicho que los tangos son dlamáticos en mayolía, y éste me palece positivo. Plopongo que hagamos difelencia: positivo- negativo. O alegle- tliste.

Malena– Me parece perfecto. Algo así tenía yo pensado. Éste, en concreto, yo lo subtitularía: “Ensueño”. Positivo, como tú dices.

La P.C.-  A mí se me ocurre lanzar algunas preguntas. Cómo, en un momento dado de nuestra existencia, ciframos nuestra “felicidad” en el hecho de que podamos encontrar eco en otra persona, a la que convertimos, casi o sin casi, en arbitro de nuestra razón de ser. Es afán de dominio o es dependencia, es decir una vuelta a la infancia? Por qué, de repente, nuestra vida carece de sentido si no conseguimos el “amor” de esa persona? Entonces, qué es, en realidad, el “amor”, y cuánto tiene de afán de conquista y posesión? O, dependencia.

El Pintor Oficial: Tenemos en cuenta las sugerencias y vamos desarrollándolas. De este tango que acabamos de oír, y supongo que escuchar, a mí se me ocurre una palabra que lo define: ensueño, alguien lo ha dicho antes. Es el único que conozco tan positivo. Ahora, Palka recita el segundo tango.

Palka: Tango titulado “Caminito”, de 1926. Letra de Gabino Coria y música de Juan de Dios Filiberto:

Caminito que el tiempo ha borrado,/ que juntos un día nos viste pasar,/ he venido por última vez, / he venido a contarte mi mal./Caminito que entonces estabas/bordeado de trébol y juncos en flor,/ una sombra muy pronto serás,/ una sombra lo mismo que yo./ Desde que se fue/ triste vivo, yo,/caminito amigo,/ yo también me voy./ Desde que se fue,/ nunca más volvió,/ seguiré sus pasos,/ caminito, adiós./ Caminito, que todas las tardes/ feliz recorría cantando mi amor,/ no le digas, si vuelve a pasar,/ que mi llanto tu suelo regó./ Caminito cubierto de cardos,/ la mano del tiempo tu huella borró,/ yo a tu lado quisiera caer,/ y que el tiempo nos mate a los dos.

Rajzner: A mí, lo que me gustaría resaltar de los tangos, es su carácter entre culto y popular, muy digno, y tan sentimental que cualquiera que los oiga puede empatizar. Cómo lo digo: lo que cuentan los tangos en su mayoría, son experiencias sentimentales humanas; no son poemas sensacionistas de oh, qué ideas se me ocurren a tenor de lo que veo!, y dicho con expresiones raras, nada habituales. Eso no atrae la empatía, digo yo; son sensaciones primarias que se lanzan como cuando uno se mira en el espejo: el espejo no empatiza. El tango, sí.

La Catedrática Pelirroja: La poesía es sinceridad y sencillez, sensación y pensamiento, quieres decir. Incluso filosofía, quizá. De forma que pueda ser compartida, por extensión y profundidad; o rebatida: porque donde hay pensamiento puede haber aceptación o disensión; pero, donde no hay más que sensación, no tiene por qué haber comprensión ni compartimiento. Las sensaciones, o emociones, quedan siempre en la persona que quiere escribir poesía porque se siente distinto o distinta, si no superior. Pero, en mi modesta opinión, no es poeta; ni poeto.

Rajzner: Sí, eso creo que es lo que quería decir. Y en definitiva, no dicen nada. La poesía sensacionista, no se puede reproducir, porque no lleva pensamiento, no hay idea, sólo un esbozo primario al utilizar un idioma articulado. No cuenta nada. Los tangos son biográficos, líricos. Por eso pueden ser comprendidos los contenidos.

Sr. Segura: Cómo convierte a un simple camino, transitado seguramente, por muchas personas, en el símbolo de su propia andadura, y en testigo de la ruptura con el pasado, con su amor y con su propia biografía.

El Actor de televisión: Esta manera de personificar al camino habitual, me recuerda una canción de Yupanqui, que dice: “…Y  el camino lamenta ser el culpable de la distancia”. Ya es personalizar a un simple trozo de tierra, seguramente tierra pisada por tiempo y tiempo. Eso es poesía: trascender.

El Pintor Oficial: Este tango es añorante, lamenta una ruptura pero no es todavía desgarrao; os habéis dado cuenta de que al principio habla del caminito del pasado cubierto de trébol y juncos, y ahora, pasados los años está cubierto de cardos. Es retrato de su mente, de su alma, podríamos decir, en los distintos momentos. El lamento por la ruptura podría ir hacia esa dependencia que señalaba la P.C.: el amor es dependencia?, vuelta a la infancia? Sin respuestas de momento. Ahora, el Actor de Televisión va a recitar otro tango: Yira, Yira.

El Actor de Televisión: Es un tango de 1929. La letra es de Enrique Santos Discépolo y la  música es de Enrique Santos Discépolo. Pido perdón, me apetecía decir dos veces el nombre:

Cuando la suerte qu’es grela, fayando y fayando/ te largue parao./ Cuando estés bien en la vida,/ sin rumbo desesperao./ Cuando no tengas ni fe/ ni yerba de ayer secándose al sol./ Cuando rajés los tamangos/ buscando ese mango/ que te haga morfar,/ la indiferencia del mundo/ que es sordo y es mudo/ recién sentirás./ Verás que todo es mentira,/ verás que nada es amor,/ que al mundo nada le importas:/ yira, yira./Aunque te quiebre la vida,/aunque te muerda un dolor,/ no esperes nunca una ayuda,/ ni una mano/ ni un favor./ Cuando estén secas las pilas/ de todos los timbres/ que vos apretás,/ buscando un pecho fraterno/ para morir abrazao./ Cuando te dejen tirao/ después de cinchar/ lo mismo que a mí./ Cuando manyés que a tu lado/se prueban la ropa/ que vas  a dejar,/ te acordarás de este otario/ que un día, cansado,/ se puso a ladrar.

YuYu: Este poble homble, se muele? Da mucha pena.

Marta: Yo diría que está atravesando una mala racha, un mal momento. Lo que dice puede ser cierto. Y puede no serlo. Es una visión negra de un momento negro de su vida.

YuYu: Ah, bueno. Eso de que la lealidad tiene dos calas, lo estudié en China, ya hace tiempo. Cleía yo que ela sabidulía china, polque aquí la gente se ve liendo y de juelga siemple.

Marta: Bueno, ahí también tenemos las dos caras de la realidad. Según tú, este sería negativo, o triste, no?

YuYu: Afilmativo

Palka: Este tango me encanta mucho. Se titula “Madreselvas”, es de 1931, letra de Luis Cesar Amadori y música de Francisco Canaro. Es de los más poéticos que conozco. Tenemos en cuenta que personifica a una simple pared, a la sombra que proyecta, a la planta trepadora de la pared, y hace con ellas una familia de afectos y comprensión. Una persona así puede soportar lo que sea de la vida: la prosopopeya acompaña mucho; pero también es cierto que hay que saber mirar. Empiezo:

Vieja pared/ del arrabal/ tu sombra fue mi compañera./De mi niñez sin esplendor/ la amiga fue/ tu madreselva./Cuando, temblando,/ mi amor primero/ con esperanzas/ besaba mi alma,/ yo, junto a vos/ pura y feliz,/ cantaba así/ mi primera confesión:/ Madreselvas en flor/ que me vieron nacer/ y en la vieja pared/ sorprendieron mi amor,/ tu humilde caricia/ es como el cariño/ primero y querido que siento por él./ “Madreselvas en flor/ que trepándose van,/ es tu abrazo tenaz/ y dulzón como aquél./ Si todos los años,/ tus flores renacen/ hacé que no muera mi primer amor”./ Pasaron los años,/ y mis desengaños/ yo vengo a contarte,/ mi vieja pared./Así aprendí/ que hay que fingir/ para vivir/ decentemente;/ que amor y fe/ mentiras  son,/ y del dolor/ se ríe la gente. /Hoy que la vida me ha castigado/ y me ha enseñado/ su credo amargo,/ vieja pared,/ con emoción/ me acerco a vos/ y te digo como ayer:/ Madreselvas en flor…

La P.C. Yo me meto, de rondón: veo tres partes o apartados, el principio o  A) supone remembranza. El B) supone plegaria y el C) Desengaño y adiós. Pero, como decía Palka, fíjate qué idea asociativa más brillante: se dirige a una pared, que siempre ha estado ahí, como símbolo de fidelidad, y cuya sombra fue compañera, y amiga fue la madreselva que cubre la pared, una madreselva que acaricia a la chiquita en las dudas de su primer amor. Es de una belleza enorme; y como las flores llegan cada año a la vieja amiga, espera que el amor viejo renazca. Es bello. Después, viene la experiencia, tremenda y decepcionante: la falta de amor, real, de la gente. Volver a la pared, volver a los tiempos de fe. Haber envejecido, y haber aprendido esa parte de la realidad, YuYu, esto va para ti.

Marta: Tan real como la vida misma. Pero aquí me parece a mí que no hay el tremendo amargor de otros tangos.

El Pintor Oficial: Con el mismo tema de base, pero con más amargor, tenemos el siguiente, que recita El Redactor.

El Redactor: Tango “Volver” de 1934. Letra de Le Pera y música de Gardel. Va, cantado:

Yo adivino el parpadeo/ de las noches que a lo lejos/ van marcando mi retorno./ Son las mismas que alumbraron con sus pálidos reflejos/ hondas horas de dolor./ Y aunque no quise el regreso,/ siempre se vuelve al primer amor./ La vieja calle donde el eco dijo:/ tuya es su vida, tuyo es su querer,/ bajo el burlón mirar de las estrellas/ que con indiferencia hoy me ven volver./ Volver, con la frente marchita,/ las nieves del tiempo platearon mi sien./Sentir que es un soplo la vida,/ que veinte años no es nada, que febril la mirada, errante en las sombras te busca y te nombre./ Vivir con el alma aferrada a un dulce recuerdo/ que lloro otra vez. /Tengo miedo del encuentro/ con el pasado que vuelve/ a enfrentarse con mi vida./ Tengo miedo de las noches que pobladas de recuerdos encadenan mi soñar./Pero el viajero que huye/tarde o temprano detiene su andar./ Y aunque el olvido que todo destruye, haya matado mi vieja ilusión,/guardo escondida una esperanza humilde/ que es toda la fortuna de mi corazón. Volver ………., ya se sabe, al estribillo.

El Actor de Televisión: Si no hay comentarios paso con el siguiente: “La última copa”´ de 1926. La letra es de Juan Antonio Caruso y la música es de Francisco Canaro:

Eche amigo, eche nomás, écheme y llene/ hasta el borde la copa de champán,/ que esta noche de farra y alegría,/ el dolor que hay en mi alma quiero ahogar./Es la última farra de mi vida,/ de mi vida, amigos, que se va,/ mejor dicho que se ha ido tras de aquella/ que no supo nunca mi amor apreciar./ Yo la quise, muchachos, y la quiero/ y jamás yo la podré olvidar;/ yo me emborracho por ella,/ y ella quién sabe qué hará./ Eche, mozo, más champán,/ que todo mi dolor, bebiendo lo he de ahogar,/ y si la ven,/ amigos díganle,/ que ha sido por su amor,/ que mi vida ya se fue./ Y brindemos, nomás, la última copa,/ que tal vez ella ahora estará/ ofreciendo en algún brindis su boca,/ y otra boca, feliz la besará./ Eche, amigo, nomás

La Periodista comprometida: Ya, el estribillo. Aunque da mucho gusto oírte cantar, me perdonas si te interrumpo porque no quiero que llegues al final y quiero decir que, después de oír estos trozos de vida, real o imaginada, con todo y lo tristes que son, lo que queda dentro es un enorme mar, o un río de sentimiento que nos hacen seguir, agradecidos de poder sentir tanto las desgracias ajenas, que pueden ser las nuestras también, porque eso precisamente, nos humaniza y nos humiliza, pido perdón por este palabro, hace que sintamos amores y anhelos, no sé cómo decirlo mejor. Y hace que nos sintamos humildes; al menos, antes de conseguirlos.

El Actor de Televisión: Bravo, P.C.!, acabas de escribir tu propio tango. Sí, yo estoy de acuerdo, nos hacen más humanos, los tangos. Algunos, porque este que viene a continuación, yo, me vais a perdonar, pero por más veces que lo oigo, me quedo sin comprender lo que dice. Se titula “Por una cabeza”, es de 1935, la letra de Alfredo Le Pera y la música de nuestro amigo Gardel. Va, yo no canto: aprendí a declamar con Rajzner y eso es garantía:

Por una cabeza/ de un noble potrillo/ que justo en la raya/ afloja al llegar,/y que al regresar, parece decir:/no olvides hermano/vos sabés, no hay que jugar./ Por una cabeza/ metejón de un día/ de aquella coqueta, risueña mujer,/ que, al jurar sonriendo,/ el amor que está mintiendo/ quema en una hoguera/ todo mi querer./ Por una cabeza/ todas las locuras/ su boca que besa/ borra la tristeza/ calma la amargura./ Por una cabeza/si ella me olvida/ qué importa perderme/ mil veces la vida/ para qué vivir./Cuántos desengaños/ por una cabeza,/ yo juré mil veces no vuelvo a insistir./Pero si un mirar/ me hiere al pasar/ su boca de fuego/ otra vez quiero besar./ Basta de carreras,/ se acabó la timba./Un final reñido yo no vuelvo a ver./ Pero si algún pingo/ llega a ser fija el domingo,/ yo me juego entero,/ qué le voy a hacer.

La Catedrática Pelirroja: Fíjate que, estoy dando vueltas a un recuerdo, y con este tango en concreto, me ha venido a la memoria una novela en la que un chico joven, croata, y una mujer menos joven, de aquí mismo, bailan este tango por el pasillo de una casa particular; y lo rememoran después, algo más tarde, en una situación muy emotiva, o sentimental; Palacios, que no te estoy mirando.

Palacios: Ya puedo suponer a qué novela te refieres, si me miras con intención: El hombre que regalaba sueños, a que sí. Sí, es un idilio conmovedor, muy muy interesante; en un contexto difícil y un tanto desgarrado. Sí.

Sr. Segura: He oído decir que hay algo de autobiográfico, o mucho, en esa novela suya, Palacios.

Palacios: Vale, no tengo nada que decir al respecto; opinar es libre. Quizá ahí escribiera yo mi propio tango. Quizá no sea el único tango que haya escrito, tengo por el mundo viviendo unas cuantas novelas mías; a ver si van a resultar otros tantos tangos. Pero, si lo que quieren es una confesión, en el sentido de si viví el tango, si lo bailé además de escribirlo, pues, ya pueden imaginar la respuesta, con todo el respeto del mundo.

El Pintor Oficial: Es perfectamente comprensible la respuesta y la no respuesta. Bien. Entramos en una recta final, de las muchas que podíamos plantear. Lamentablemente, son tangos oscuros. Yarek nos da el tono, con su hablar báltico resistente al frío:

Yarek: Titulo del tango: “Sus ojos se cerraron” Es de 1935. De Le Pera. Todo de él.

Sus ojos se cerraron y el mundo sigue andando./ Su boca, que era mía,/ ya no me besa más./ Se apagaron los ecos de su reír sonoro,/ y es cruel este silencio que me hace tanto mal./ Fue mía la piadosa dulzura de sus manos,/ que dieron a mis penas caricias de bondad./ Y ahora que la evoco/ hundido en mi quebranto,/ las lágrimas trenzadas se niegan a brotar,/ y no tengo el consuelo de poder llorar./ Por qué sus alas tan cruel quemó la vida,/ por qué esta mueca siniestra de la suerte?/ Quise abrigarla/ y más pudo la muerte,/ cómo me duele y se ahonda mi herida./ Yo sé que ahora vendrán caras extrañas/ con su limosna de alivio a mi tormento,/ todo es mentira, mentira es el lamento./ Hoy está solo mi corazón./ Como perros de presa las penas traicioneras/ celando mi cariño galopaban detrás. /Y escondida en las aguas de su mirada buena/ la muerte agazapada marcaba su compás./ En vano yo alentaba febril una esperanza,/ clavó en mi carne viva sus garras el dolor,/ y mientras, en la calle, en loca algarabía/ el carnaval del mundo/ gozaba y se reía, burlándose,/ el destino me robó su amor/ Por qué sus alas tan cruel quemó la vida…

YuYu: Yo anoto un plimer momento o A- Példida. Un segundo momento o B- Lamento telible. Momento telcelo o C: Példida, holfandad. Él está llolando.

Rajzner: Les anuncio que me he auto-asignado este tango próximo, luego les diré por qué, y lo van a entender perfectamente. “Adios, muchachos”, de 1927. Letra de César Vedani y música de Julio César Sanders.

Adiós, muchachos, compañeros de mi vida/ barra querida, de aquellos tiempos./ Me toca a mí, voy a emprender la retirada,/ debo alejarme de mi buena muchachada./Adiós, muchachos, ya me voy y me resigno,/ contra el destino nadie es la talla,/ se terminaron para mí todas las farras,/ mi cuerpo enfermo no resiste más./ Acuden a mi mente recuerdos de otros tiempos,/ de los bellos momentos/ que antaño disfruté,/cerquita de mi madre,/ santa viejita,/ y de mi noviecita,/ que tanto idolatré./Se acuerdan de que era hermosa,/ más bella que una diosa,/ y que brioso de amor/ le di mi corazón,/ mas el Señor celoso de sus encantos,/hundiéndome en el llanto/ se la llevó./ Es Dios el Juez Supremo/ no hay quien se le resista./ Ya estoy acostumbrado, su ley a respetar,/ pues mi vida deshizo con sus mandatos,/ llevándose a mi madre/ y a mi novia también./ Dos lágrimas sinceras derramo en la partida/ por la barra querida/ que nunca me olvidó,/ y al darles, mis amigos, mi adiós postreros/ les doy con toda el alma/ mi bendición./ Adiós muchachos, etc. etc.

Yo les comentaría, mucho, el texto, la música, el arte de Gardel, hermano o hijo de todos los argentinos; lo que suponía la muchachada, la barra, tantas cosas. Pero, ahora, si me permiten llorar un poco, no por el texto sino porque echo de menos mi matesito, que me ayuda a pensar, como a todos los argentinos.

Palka: Mientras te repones, empiezo con “Esta noche me emborracho”, y no es una declaración mía, porque yo no bebo alcohol. Es de 1928. Letra y música de nuestro ya conocido Santos Discépolo.

Sola, fané, descangallada/ la vi esta madrugada/salir de un cabaré./ Flaca, dos cuartas de cogote,/ una percha en el escote, bajo la nuez./ Chueca, vestida de pebeta, teñida y coqueteando su desnudez./ Parecía un gallo desplumao/ mostrando al compadrear/ su cuello picoteao./ Y yo, que no aguanto más, al verla así rajé,/ p’a no yorar./ Y pensar que hace diez años/ fue mi locura!/ Que llegué hasta la traición/ por su hermosura!/ Y lo que hoy es un cascajo/ fue la dulce metedura en que yo perdí el honor!/ Que, chiflao por su belleza,/ le quité el pan a la vieja,/ me hice ruin y pechador! Que quedé sin un amigo,/ que he vivido en mala fe,/ que me tuvo de rodillas / sin moral,/ hecho un mendigo/ cuando se fue./ Nunca creí que la vería/ en un “requiscat in pace”/ tan cruel como el de hoy./ Miren si no es p’a suicidarse/ que por ese cachivache sea lo que soy!/ Fiera, venganza la del tiempo,/ que hace ver hoy deshecho/ lo que uno amo!/ Y este encuentro me ha hecho tanto mal,/ que si lo pienso más,/ termino envenenao./ Esta noche me emborracho yo,/ me mamo bien mamao,/ p’a no pensar.

La P. C. Yo insisto en mi pregunta del principio. O sea que, vamos por la vida como dando tumbos por unos pasillos estrechos y oscuros, llenos de rincones. Y cuando conocemos a determinada persona, nos parece que se hace la luz. Y si no responde a nuestras expectativas, aquí, en los tangos, es malvada y perversa y tiene la culpa de que volvamos a los rincones. Bien mamaos, eso sí.

El Pintor Oficial: Bueno, pero no dejan de ser una lección de vida. Quizá de época y lugar bien concretos; como una moda, podría ser: un tiempo, una situación. Pero, simplemente, hacen patente lo que en otros lugares y en todas las épocas ocurría, ocurre y puede seguir ocurriendo. Te dan la posibilidad de asomarte a una ventana y ver el panorama triste y bello, real, como la vida misma.

 

Por qué será que, poco a poco, unas y otros hemos ido yendo hacia el árbol de Rousseau. El búho tiene las puntas de sus alitas cubriéndole los ojazos; la cabeza gacha. Parece que tiembla un poco. Le pasamos las manos por el cuerpillo, le damos toquecitos, queremos darle ánimos. Y, luego, nos miramos.

Quizá haya que ser más grandes que él, para soportar tanta hermosa tristeza. La vida misma.

 

 

 

 

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