VITORIA, BILLETE DE IDA

Posted: 14th octubre 2019 by Aurora in Literatura
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VITORIA-MADRID, BILLETE DE IDA

 

 

 

 

– Os tengo preparada una sorpresa.- empieza diciendo Malena Rajzner, todo lo sencillamente que le es posible.

– Ya no se pueden ni contar tus  sorpresas, Rajzner. Vamos a instituir un premio a LA SALONERA MÁS SORPRENDENTE.- anuncia El Redactor.

– Me apunto!- dice La Catedrática Pelirroja. Acaba de entrar y no ha oído el principio de la conversación. El Búho de Rousseau se cubre la cara con el ala izquierda, para hacer una risita discreta.

– Os cuento. Estaba yo interesada en una poeta vitoriana de la generación del veintisiete. Y fui a la Biblioteca Nacional y me enteré de muchas cosas. Vi luego que podía coincidir, de alguna manera, o no coincidir, con un poeta vitoriano de la generación de los cincuenta. Y volví a la Biblioteca Nacional y me enteré de muchas, muchísimas cosas. Y ya me conocéis; conocéis mi manía de armonizar, es mi contribución a la poesía; a falta de otras cualidades.

– En ascuas nos tienes, Malena.

– Tengo documentos cinematográficos recogidos en mis visitas. La poeta por su lado, y el poeta por el suyo, leen algunas de sus obras ante las cámaras. Ante CIERTAS cámaras, aclaro.

– Qué crees que ha aclarado?- me pregunta La P.C. en un susurro.

– Hay que tener paciencia, es argentina.

– Os cuento. Ernestina de Champourcin nace en 1905, en Vitoria. Ignacio Aldecoa nace en Vitoria en 1925. Ernestina va a Madrid cuando tiene aproximadamente diez años: pongamos 1915. Se casa en el 36. Se exilia en el 39. Vuelve a Madrid en el 72. Muere en 1999, en Madrid. Ignacio Aldecoa, ya hemos dicho que nace en el 25. Va a Madrid en  el 45. Se casa en el 52. Muere en el 69, en Madrid. No vuelven. No vuelven, ni ella ni él.

– Sacas alguna conclusión, Malena, para compartir?

– Cuando hacia primaria, allá en mi Rosario de Argentina, aprendí esta definición: “Líneas paralelas son las que, por mucho que se alarguen, nunca se encuentran”. Quiero decir que los dos eran hondos, serios, de continua búsqueda. En la prosa de Aldecoa, sobre todo porque más trabajó la prosa, está la humanidad ancha, la que lucha con muy pocas posibilidades; la que tiene el corazón forrado de pana. Qué resistente es la pana, y qué proletaria resulta por eso mismo! Pero, no coincidían, no sé siquiera si llegaron a tener consciencia de la existencia mutua. En la poesía de Champourcin, sobre todo, vemos a quien asume la búsqueda de especie; que no se cansa de ser vaso de preguntas y aspiraciones mirando a lo alto; cómo decíamos de pequeños: “…por mis compañeros y por mí el primero”. Por eso, rebuscando y rebuscando, este acercamiento que ofrezco, no sé si tanto conocimiento como acercamiento, me parece necesario; al menos necesario para mí: por una vez al menos, están frente a frente.

 

El Pintor Oficial trastea detrás de los cortinones. Se hace el silencio, sube el telón. En la escena, partida por una mampara translúcida, a la izquierda hay una mujer sentada vestida de negro; mira a la mampara, es decir que da el perfil al público; con papeles de leer en las manos; un foco de luz cruda ilumina su figura. A la derecha, sentado y mirando a la mampara, un hombre vestido de negro;  tiene papeles de leer en las manos; un foco de luz cruda ilumina su figura de perfil. Serían dos mitades perfectas, simétricas.  Se oye el ruidito siseante de la máquina de proyección. La mujer levanta las manos con sus papeles cuya blancura resalta al contraponerlos al vestido negro. La película es antigua, los movimientos algo torpes; parece un reportaje años cincuenta. La mujer lee:

Champourcin: Tres palabras, tres clavos/ sujetándome el cuerpo/ tres alas en mi alma/sosteniéndome el vuelo/ El día se hizo luz/ cuando rompí el silencio./ Después, tú ya lo sabes/ resucité hacia dentro./ Fui distinta y la misma./ Me despojé en secreto/ y me quedé sin mí/ por llenarme de cieno./ Tres palabras; tres clavos/ para aquietar mi cuerpo/ y despertar mi alma./ Tres flechas en lo eterno./ Tres dones de tu amor./ Tres rosas en mi cieno.

Aldecoa: Sobre los altos chopos la tarde virgiliana/ dora el ave canora su medroso plumaje./ Un azul palatino se enciende en el paisaje/ como si despertara una breve mañana./ Tiene la tarde plena un sabor de manzana/madurada en la brisa; y prende en el follaje/ los redondos sonidos de su extraño lenguaje/ la lejana campana de la torre lejana./ Se me vuelan palomas de los ojos, ungidos/ de la paz del paisaje que a los ojos aflora,/ hacia el término duro de la quieta llanada./ En la tarde palomas. La tarde en los sentidos/duerme el nevado trino con que el ave canora /saluda de la tarde la plenitud dorada.

SE HACE el silencio y se hace la luz; queda en negro total la pantalla.

– Este soneto en alejandrinos es Modernismo total. O neo-modernismo, para ser exactas. – opina La Catedrática Pelirroja.

– Curiosamente, el Modernismo cogía a Champourcin más de cerca. Pero calla, que tenemos proyección otra vez. Habrán cambiado ya los rollos; o les habrán quitado el polvo.

Champourcin: Inercia de la muerte. Qué distancia/ me aleja ya, segura, de lo humano!/ Aquella rosa que murió en mi mano/ será pronto recuerdo de fragancia./ Silencio de silencios. En mi estancia/diluye su perfil lo cotidiano/ y retorna sin hieles a su arcano/ esa amargura que la vida escancia./ Nada será de todo lo que ha sido./ Voy a ofrecer al sello del olvido/ mis párpados febriles y mis labios/ que inmoviliza el rictus de lo eterno./ Quiero escapar indemne del infierno/que arde en la trama de tus labios

Aldecoa: En el delfín alegre y en la yerta/ nube salada, con que el viento juega,/ rueda la lontananza ante la brega/ de la ágil proa con la mar abierta./ La mar, la antigua mar; la mar desierta,/ mar infinita, mar: alfa y omega!/ La ola del horizonte muere en ciega/ lucha de sueño con la tarde incierta./ Pulso del mar frente a la nave sola,/recia la mar al viento de la tarde/ como un enorme pecho de mastín./ Tañe la noche su negra caracola/en el ocaso que en las velas arde/ y el mar ciñe su brazo al bergantín.

 

Rajzner: Una cuestión importante, os propongo: podéis decirme si os ha parecido el soneto de Champourcin, un soneto femenino? Quiero decir: se nota que está pensado y escrito por una mujer? Recordad: “Inercia de la muerte, qué distancia me aleja ya”, etc. Lo pregunto porque, ya es opinión generalizada, y lo hemos comentado aquí alguna vez, que la mujer pensante y escribiente, es mujer por lo general feminista, al menos en el sentido del feminismo que llamamos suave o femenino: que quiere darse a conocer como ente individual; que no asume la conciencia del rebaño que se le ha impuesto durante milenios y tiene el valor suficiente para romper las amarras, o algunas amarras. Ella era muy admiradora de “Las lobas del modernismo” con Delmira Agustini a la cabeza, ya la hemos conocido en El Salón. Del gesto de: mi familia es muy de derechas, orante y comulgante comme il faut, “a mesa puesta”, como quien dice;   y yo, sinceramente, quiero ir por mi propio camino, y me considero republicana y poeta libre y lo asumo libremente. La persona inadaptada empieza siendo crítica y va en busca de su irrenunciable originalidad, de la luz personal que se apaga y se enciende y se apaga, y eso supone una búsqueda continua de luces entre las sombras; pero el camino es lo que importa, la conciencia del camino propio.

Champourcin: No quiero saber nada./ Ni de esa luz incierta/ que retrocede vaga,/ ni de esa nube limpia/ con perfiles de cuento./ Tampoco del magnolio/ que quizá aún perfume/ con su nieve insistente./ No saber, no soñar,/ para inventarlo todo.

Aldecoa: En julio, señores, siendo cobrador de tranvía, cuesta sonreír. En julio se suda demasiado; la badana de la gorra comprime la cabeza; las sienes se hacen membranosas; pica el cogote y el pelo se pone como gelatina. Hay que dejar a un lado, por higiene y comodidad, el reglamento: desabotonando el uniforme, liando al cuello un pañuelo para no manchar la camisa, echando hacia atrás, campechanamente, la gorra.

APARECEN unas rayas temblonas en la pantalla y después sale el negro total poniéndose el sombrero. Quedamos pensando en este hombre de julio sufriente y Rajzner se levanta a la vez que El Pintor desparrama la luz por el Salón.

– Hasta aquí las películas que he conseguido. Hemos visto a Champourcin y Aldecoa frente a frente juntando sus destinos paralelos, al menos en una proyección.

Rajzner, es verdad que las has conseguido en la Biblioteca Nacional?- pregunta El Redactor

– Dije la Biblioteca Nacional? Oh, quise decir la Biblioteca de las Naciones! Y de todas formas, qué más da? Lo segundo importante es que hemos preparado la aparición de Juan José Domenchina, compañero de Champourcin, y de Josefina Rodríguez, compañera de Aldecoa. Se da entre ellos eso que ya saben que me atrae tanto que me hace saltar en la silla: se da la casualidad, la unión de constelaciones; y se da también lo que ofrece igualdad en la disparidad.

– No me digas que hay que tener paciencia porque es argentina.- me sopla la P.C. en la oreja.

– Si no esperas que te diga otra cosa.

Juan José Domenchina nace en 1898

– Como Lorca!– apunta YuYu desde la última fila, en su silla habitual.

– Veis, esas cosas me hacen saltar!- dice Rajzner con todo entusiasmo- Así que entra en la generación del 27 totalmente acompañado. Champourcin y él se casan en el 36. Pero esperen: él TAMBIÉN es escritor y poeta! Y está ligado a publicaciones gubernamentales, estamos en el gobierno republicano. En una de las publicaciones que él dirige, colabora Antonio Machado, por mencionar a alguien. En el 38 es secretario particular de Manuel Azaña, en fin: se supone que es alguien que a Champourcin no le queda pequeño, precisamente, es una suerte para los dos. El exilio empieza en Valencia, como podía ser esperable; allí es miembro del Consejo de Redacción de la revista “Hora de España”. Los exiliados van subiendo hacia los Pirineos, lo sabemos de otras figuras, recuerden a los Machado, pordiós. En Barcelona colabora en “La Vanguardia”. Ya en México, Azaña le consigue trabajo de editor y traductor en La Casa de España. Muere en México en el 59. Y ahora, nuestro Actor de Televisión leerá un soneto, de Domenchina:

Actor de Televisión: En la noche sin fin, la desvelada/ noche, que con sus filos de cuchilla/ implacable recorta en amarilla/ muerte, nuestra silueta enajenada./ Vivir, cuando vivir no vale nada/ equivale a sembrar, con la semilla/ infecunda, el dolor, que tanto humilla/ de una existencia rota y postergada./ Y el insomnio repite inexorable/ el pasado de la vida irrevocable,/ que, sin dejar de sentir, se aleja./ Dónde nos llevará, tan sin camino,/ tan juguete irrisorio del destino,/ nuestra razón destartalada y vieja?

– Waw! Me ha sonado a puro Quevedo. Un poco menos difícil, quizá- dice La Estudiante de Periodismo.

Hay que recordar que en la generación del 27 hubo mucha admiración por el Barroco, más quizá por Góngora por aquello del tricentenario; así que Domenchina, aquí, es algo más original por quevedesco.- nos instruye La Catedrática Pelirroja. No lo puede remediar.

La Actriz de Televisión vestida y peinada, suponemos, de Josefina Rodríguez de Aldecoa, tiene un libro en las manos y parece que va a leer. “La enredadera”, se puede ver en la portada.

– No te parece que esta chica y este chico de la tele, se parecen un poco a Champourcin y Aldecoa?– me pregunta la P.C. Lo que dice está tan a la vista que no contesto, porque Rajner y El Pintor, amigos del alma, colaboran en silencio y ya nos vamos acostumbrando a sus montajes de todo tipo.

La Actriz de Televisión: “Sin saber cómo, Sara empezó a hablar de su hija recién casada:” Y yo le dije: No te enfrentes a tu suegra. Déjalo, que él ya se irá dando cuenta de la madre que tiene. Aguanta un poco, que el marido, ya sabes, siempre tira para la familia de la mujer”. Las palabras de Sara despertaron en Julia una incómoda revelación. Un día ella sería la suegra de una mujer, la mujer de Bernal. La mujer de Bernal arrancaría a Julia del corazón de su hijo, lo llevaría hasta una madre fantasmal, adorable y lejana”

– Aquí sí se puede encontrar temática típicamente femenina.- dije Rajzner– Hay que tener en cuenta que, además de escritora, Josefina fue pedagoga: creó un colegio con ideología krausista ya que su madre era muy devota de la ILE, que también fue creada con esta ideología krausista que se da la mano con “La Nueva Escuela” de Pestalozzi y de tantos otros, y a fin de cuentas todos vienen de la Ilustración, lo hemos ido viendo  aquí desde hace algún tiempo: clases experimentales, contacto con la Naturaleza, sistema laico, aprender desde dentro. Hay cosas que se heredan o que se aprenden por propia educación.

– Tengo aquí que Aldecoa ha sido reconocido en su ciudad de nacimiento: tiene estatua, calle, colegio público, premio literario. Champourcin, al menos que yo sepa, sólo tiene un premio de poesía que lleva su nombre en su ciudad natal. Tú hablabas de líneas paralelas; yo hablo de distinta vara de medir. Claro, me vais a decir que la prosa es menos minoritaria, que Champourcin vivió muchos años exiliada en México…-dice El Redactor, con una cierta indignación, se diría. Cosa muy de agradecer.

 

El Pintor va cercenando la luz, por paneles. Nos levantamos. Algunos irán al rincón de pensar, otros buscarán un árbol para sentarse debajo y meditar. Salen a relucir vasos y copas: mucha agua mineral. Es según los días.

 

 

 

 

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