Y, SIEMPRE LA MUJER

Posted: 26th abril 2021 by Aurora in Crítica

Y, SIEMPRE, LA MUJER

—Traemos un tema que hace mucho tiempo que no hemos tratado.- anuncia la Catedrática Pelirroja– El plan es éste: Vamos a ir leyendo primero sin hacer comentarios, y así evitamos la introducción y alargarlo demasiado al principio innecesariamente, porque desde la primera línea ya vamos viendo de qué va:

Caio VALERIO CATULO  Siglo -I

Viuamos, mea Lesbia, atque amenus/rumoresque senum seniorum,/ omnes unius aestimemus assis./ Soles occidere…. Vivamos, Lesbia mía, y amémonos,/ hagamos caso omiso de todas las habladurías de los ancianos en exceso escrupulosos./ Los astros pueden ocultarse y reaparecer,/ pero nosotros tendremos que dormir en noche perpetua/ tan pronto como se apague la breve llama de nuestra vida./ Dame mil besos y después cien;/ otros mil luego, luego otros cien./ Empieza de nuevo hasta llegar a otros mil y a otros cien./ Después, cuando hayamos acumulado muchos miles,/ los revolveremos todos para perder la cuenta o para que ningún malvado envidioso,/ sea capaz de embrujarnos cuando sepa que nos hemos dado tantos besos.

Horacio QUINTO HORACIO  Siglo -I

…carpe diem, quam minimum credula postero.

Tu ne quaesieris (scire nefas) quem mihi, quem tibi/finem di dederint, Leuconoe, nec Babylonios temptaris números. Ut melius….. No pretendas saber, pues no está permitido/ el fin que a ti y a mí, Leucónoe/ nos tienen asignados los dioses,/ ni consultes los números babilónicos./ Mejor será aceptar lo que venga,/ ya sean muchos los inviernos que Júpiter/ te concede, o sea éste el último,/ el que ahora hace que el mar Tirreno/ rompa contra los opuestos escollos./ Sé prudente, filtra el vino/ y adapta al breve espacio de tu vida/una esperanza larga./ Mientras hablamos, huye el tiempo envidioso./ Vive el día de hoy, captúralo!/ No te fíes del incierto mañana.

Decimo MAGNO AUSONIO  Siglo IV

…collige, virgo, rosas dum flos novus et nova pubes…

Conquerimun, Natura, brevis quod gratia florum/,/ ostentata oculis ilico dona rapis./ Quam longa una diez, aetas tam longa rosarum/ quas pubescentes iunata senecta premit… Lamentamos, Naturaleza/ que sea tan breve el regalo de las flores:/ les arrebatas rápidamente las gracias mostradas a los ojos./ Tan larga como un solo día es la edad de las rosas./ Tan pronto llegan a su plenitud, las oprime su propia vejez,/ A la que el lucero brillante vio nacer,/ a ésa, al regresar por la tarde la vio anciana./ Recoge, doncella, las rosas mientras la flor está lozana/ y la juventud fresca,/ y acuérdate de que así se apresura también tu edad.

Dante ALIGHIERI  1265 1321

Vita Nuova     1293

Tanto gentile e tanto onesta pare/ la dona mia quand’ ella altrui saluta,/ ch’ogne lingua deven tremando muta/ e li occhi no l’ardiscon di guardare./ Ella, si va sentendosi laudare…. Tan gentil, tan honesta en su pasar, es mi dama cuando a otros saluda/ que toda lengua tiembla y queda muda/ y los ojos no se atreven a mirar./ Ella se va, oyéndose alabar benignamente de humildad vestida/ y parece que sea cosa venida para un milagro del cielo mostrar./ Se muestra tan grata a quien la admira,/ dan al pecho sus ojos tal dulzor/ que no lo puede entender quien no lo prueba,/ parece de sus labios que se mueva un soplo suave tan lleno de amor/ que al alma va diciéndole/ suspira.

Francesco PETRARCA  1304 1374

Cancionero   1350

Onde tolse Amor l’oro et di qual vena/ per far due tracce bionde?/ en quali spine colse le rose, e’n qual  piaggia le brine tenere et fresche et die lor polso et lena?… Dónde cogió el amor, o de qué vena, el oro fino de tu trenza hermosa./ En qué espinas halló la tierna rosa/ del rostro/ o en qué prados la azucena?/ Dónde las blancas perlas con que enfrena/ la voz suave, honesta y amorosa?/Dónde la frente bella y espaciosa/ más que el primer albor pura y serena?/ De cuál esfera en la celeste cumbre/ eligió el dulce canto que destila al pecho ansioso regalada calma?/ Y de qué sol tomó la ardiente lumbre/ de aquellos ojos que la paz tranquila/ para siempre arrojaron de mi alma?

Pietro BEMBO  1470 1547

Soneto IV   Quizá dedicado a Lucrecia Borgia

Crin d’oro crespo e d’ambra tersa e pura,/ ch’all aura su la neve ondeggi e vole,/ occhi soabve e pie chiari che ‘l sole/da far giorno seren la notte oscura… Cabello rubio y rizado que como ámbar claro y puro/ ondea en el viento sobre un rostro blanco como la nieve./ Ojos dulces y más brillantes que el sol/ como para iluminar la noche más oscura./ Sonrisa que acepta el dolor más severo, / rubíes y perlas de donde las  palabras salen tan dulces que el alma no desea nada más./ Mano de marfil que toma y secuestra corazones./ Canción que parece armonía divina./ Sentido maduro para una edad tan tierna./ Beldad suprema unida a suprema honestidad./ Todo esto fue causa que encendió mi fuego./ En ti hay gracias que el cielo concede a pocas mujeres.

Garcilaso de la VEGA  1501 1536

Soneto XXIII.

En tanto que de rosa y de azucena/ se muestra la color en vuestro gesto/ y que de vuestro mirar ardiente, honesto/ con clara luz la tempestad serena./ Y en tanto que’el cabello,/ que en la vena del oro se escogió con vuelo presto,/ por el hermoso cuello blanco, enhiesto/ el viento agita, esparce y desordena/ coged de vuestra alegre primavera el dulce fruto/ antes que ’l viento airado cubra de nieve la hermosa cumbre,/ marchitará la rosa el viento helado,/ todo lo mudará la edad ligera/ por no hacer mudanza en su costumbre.

Góngora!, espera, Góngora también, yo me lo sabía: Mientras por competir con tu cabello, como seguía, que yo siempre pensaba en una rosa rosa pálida, antes que lo que fue en tu edad dorada, cómo era, oro, lilio, clavel, cristal luciente, y sigue, sigue no sólo en plata, o viola troncada se vuelva, mas tú y ello juntamente en tierra, en humo, en polvo, en sombra, en nada.

Ronsard!, ahora que me acuerdo, yo estudie muchos años el francés, espera: Mignone, si es el mismo tema!: Mignone, allons voir si la rose qui se matin avait déclose sa robe, el mismo tema, termina: Cueillez, cueillez votre jeunesse: comme à cette fleur, la vieillesse fera ternir votre beauté; o sea el carpe diem de Horacio: aprovéchate de los pocos años para vivir a tope porque luego serás una rosa ajada y ya sabes lo que te espera, y lo que no te espera ya, tomando lo efímero de la vida de la rosa: por la mañana está fresca y lozana y a la noche esta faneé. El mismo tema; pero, lo que alguien ha dicho aquí antes, puro paternalismo. Pero, bonito, con rima. Ronsard dice a una jovencita que si no es porque él le dedica una composición, ella ni habría sido consciente siquiera de que estaba viviendo. Con delicadeza se lo dice;eso sí

ESTOS clásicos,  y renacentistas y barrocos, ante la belleza de la mujer, real o más o menos idealizada, sienten ternura, y necesidad de filosofar a tenor de lo perecedero, de la brevedad de la vida, incluso puede que en secreto, se compadezcan de ellos mismos. De todas formas, la cosifican, y de una manera peligrosamente paternalista que hace recordar el imbecillitas sexus romano.

 Sin embargo, los romanos fueron concediendo a las romanas más y más importancia frente al menosprecio que mantenían en la Grecia clásica por sus mujeres: no las consideraban aptas para la guerra, ni para la vida política ni civil. Homero muestra en la Odisea  a la mujer deseada: la fiel y paciente Penélope que teje y desteje en el hogar mientras su marido mosconea por el Mediterráneo envuelto en aventuras de todo tipo. Al considerarla como cosa,  resolvían los posibles problemas que pudieran derivarse de un cierto grado de libertad por su parte a la hora de asentarse como madre y esposa fiel (Havel). Por tanto, carente de instrucción y consideración, se la mantenía ignorante y embrutecida; quién iba a respetarla, si ERA así! Los maridos, aburridos, buscaban a las hetairas (no especialmente prostitutas, sino más bien tipo gheisas). Hay que tener en cuenta, que Esparta y sus gentes, diferían un tanto en la consideración de las espartanas: entrenaban con sus compañeros desde la infancia: eran “uno más”. Viene Sócrates, quien, en boca de Platón, hace pensar en que, si a las griegas no se les permite ser más que como los griegos quieren que sean, no se les puede reprochar que sean como son. Platón, por su parte y con sus labios propios, exige que las mujeres sean educadas para la guerra, en la misma forma que los hombres. (Leyes). Aristófanes y Aristóteles, sin embargo, sostendrán la minoridad intelectual congénita de la mujer: como protesta al comediógrafo tendremos el tipo de Lysístrata, un cierto feminismo del –VI. “En cuanto a los sexos, la diferencia es indeleble: cualquiera que sea la edad de la mujer, el hombre debe conservar su superioridad” (Aristóteles: Política) Y aquí, el señor Aristóteles está cargando claramente la superioridad en la  fuerza física.

En Roma, progresivamente, fue disminuida la autoridad del pater familias y con ello fueron aumentando los derechos de las féminas al final de la República y durante el Alto Imperio; no estaba recluida en el gineceo (las griegas sí), eran instruidas y educaban e instruían a los hijos, aunque en las grandes familias existiera la figura del preceptor; se sentía ligada e igual al marido y fue siendo admitida la elección libre de marido,  con lo que se daba prioridad al individuo sobre la autoridad del pater familias. Cicerón exigía la igualdad  de derechos civiles y políticos para ambos “sexos” (De Republica). Era admitido el divorcio, tanto si era promovido por la mujer como por el hombre: bastaba que el disidente invitara al otro a abandonar la casa común. No obstante, este reconocimiento de los derechos de la mujer-individuo, tenía por debajo un deseo de protección paternalista del imbecillitas sexus, es decir: leyes dictadas por hombres protegían a la mujer otorgándole algunos derechos para no ser excesivamente atropellada por los propios hombres que reconocían la inferioridad de ella.

Este afán de protección a la mujer, que en medio de todos los vicios de fondo respetaba jurídicamente a las mujeres en la misma medida que a los hombres, enlazará con el mensaje igualitario, vía amor al prójimo, que sale del mensaje de Cristo y de sus evangelistas.

Según Havel, la versión más antigua de los libros sagrados judíos, habla de la creación del hombre y de la mujer en la misma tarde, a imagen y semejanza del Creador, los dos. Una versión posterior habla de un hombre creado solo, a imagen y semejanza de Dios, y posteriormente habla de la creación de la mujer “semejante a él”, al hombre. Lo de la costilla.

—Hay invenciones de mucho lujo, que daban para que los primeros que conocieron a Joshua ben Josef se asombraran de que hablase con una mujer. Y sin embargo, este hombre “hijo de Dios” que pensaba por su cuenta y pensaba muy bien, de entrada no creía en la inferioridad de la mujer, o en la historia de su “impureza” que la mantenía a expensas de las leyes discriminatorias de los judíos. “Amarás al prójimo como a ti mismo” incluye a las mujeres. Hay en los evangelios ejemplos varios en los que trata con ternura a las mujeres sufrientes, con respeto y con afán de ayuda; y esta medida  no estaba en la Biblia.

 Pero, luego viene  Pablo de Tarso, y escribe que: “la cabeza de la mujer, es el varón”, “Vosotros los hombres, amad a vuestras mujeres; y vosotras, mujeres, reverenciad a vuestros maridos y estad sujetas a ellos”. Dos siglos después,  aparece Tertuliano y dice que: “la mujer es la puerta del infierno, toda mujer debería sentirse avergonzada de ser mujer”. Etc. Etc.

Vamos viendo que, ni siquiera los seguidores de Cristo lo siguen en esto; por siglos y siglos; no es nuestra intención el ser exhaustivos.

Desde el quinientos occidental, se ha hecho necesario retornar a la antigüedad, para tratar de comprender por qué la mujer ha salido tan mal tratada en un mundo de hombres, so capa, las más de las veces, de las leyes “protectoras” dictadas siempre por varones. Ternura paternalista, exaltación de la belleza, motivo para filosofar hacia lo inevitablemente perecedero (también un varón bello podía ser motivo de la misma reflexión, porque un solo ser humano nos toca a todos en todo).  Pero, insistían en la belleza-frágil cultivada en la mujer, más perecedera que la belleza del varón, sin duda. O, no.

Porque en otra civilización, una y diversa: la germana en conjunto, las mujeres iban a la guerra y a la caza igual que los varones  y eran de talla tan grande como ellos (Tácito: Germania): “No hay invernáculos para las niñas, su juventud transcurre de la misma manera que la de los varones, su estatura es igualmente elevada…”

Un germano del siglo XVI, Martin Lutero, al suprimir el celibato de los eclesiásticos, suprime el concepto de impureza de las mujeres y de las relaciones sexuales, y les concede con esto igual importancia humana, social y política que sus antepasados concedían a sus mujeres: en las iglesias luteranas, las mujeres ostentan los mismos cargos que ellos.

Y cuando podía pensarse que el avance, los avances de las masas humanas abrirían la mente de los varones respecto al cincuenta por ciento de la población sobre todo por la existencia, aunque mínima, de mujeres talentosas en toda cultura conocida, y porque si nacen de mujer, algo le deberán o tanto como al progenitor según pura matemática, en el siglo XIX aparecen cerebros privilegiados que aportan más leña para el fuego; bastan pocos botones de muestra: Heinrich HEINE y  Paul Julius MOEBIUS, ambos alemanes; qué contradicción. O, quizá no tanto, porque el primero era de familia hebrea, lo cual no tiene por qué marcar carácter, eso es verdad. Nacido en Düsseldorf en 1797-1856, escritor, poeta, filósofo,  de quien Nietzsche dijo: “El concepto más elevado de lo que es un poeta, me lo ha dado Heinrich Heine. Poseía aquella perversidad divina sin la que me es imposible imaginar lo perfecto”.

—Pues con su perfección de perversidad divina, estas ideas tenía y así escribía: “No quiero decir aquí que las mujeres no tengan ningún carácter. A fe mía que no! Tienen más bien uno cada día. Tampoco quiero censurar, en modo alguno, esos cambios continuos de carácter. Esto hay que verlo hasta como un mérito… Decimos también que se es consecuente cuando alguien se aferra a lo que pensó y expresó de una vez por todas, y somos lo suficientemente tolerantes como para admirar a locos y  disculpar a malvados con tal de que se pueda decir de ellos que han actuado de manera consecuente. Esta autosumisión moral se encuentra, sin embargo, casi exclusivamente entre los hombres; en el espíritu de las mujeres permanece siempre vivo y en vivo movimiento el elemento de la libertad”.

—Qué sarcasmo!

—“Cada día cambian sus concepciones sobre el mundo, la mayoría de las veces sin ser conscientes de ello. Se levantan por la mañana como niños despreocupados, hacia el mediodía se construyen un sistema de pensamientos que, como un castillo de naipes, se derrumba por la tarde. Si hoy poseen malos principios, me atrevería a apostar que mañana serán excelentes. Cambian sus opiniones con tanta frecuencia como sus vestidos. Cuando en su espíritu no domina ningún pensamiento, dan muestras del mayor encanto, se encuentran en el interregno de las facultades sensitivas. Y éstas son, entre las mujeres, lo más puro y lo más fuerte, siendo conducidas por ellas de manera más segura que con los faros del entendimiento y la abstracción, que con tanta frecuencia nos lleva a nosotros, los hombres por el camino equivocado. No creáis que  pretendo desempeñar aquí el papel de advocatus diaboli ni alabar, encima, a las mujeres por esa falta de carácter………”

—Bravo, como no piensan, no se equivocan! Cuando sólo sienten, son como animalicos, qué monas!

—De qué os sorprendéis ahora; nunca habéis oído cantar la donna è mobile qual piuma al vento, muta d’accento e di pensiero, sempre un amabile leggiandro viso in pianto o in riso, è menzognero?

—Tienes razón, cantan lo mismo.

—Cambian de carácter varias veces al día, pero no de ideas!

—Es que no tienen ideas, no pueden cambiar  lo que no tienen.

—Cuánto sarcasmo!

—Y te digo, quizá no estuviera tan equivocado respecto a lo que ve. Pero, no se le ocurre pensar que, si son así, en plural, como con plantilla hechas, como los churros,  a lo mejor es que él y los hombres en general las hacen así porque les gusta que sean así. No es que nazcan así, es que si no son así, no se casan!

—Dicho queda, para los Anales de El Salón. Y, presentamos al último gran hombre de este tema por hoy: Paul Julius MOEBIUS 1853  1907  Filósofo, teólogo, médico, neurólogo…

—… misógino… “La mujer está destinada a ser madre: todo lo que la obstaculiza en esa tarea es falso y dañino”. “El hombre, que con la cultura se ha hecho extraño a la Naturaleza, necesita de la mujer natural como contrapeso”. “Un cierto grado de libertad es una condición imprescindible para la vida del hombre… pero la mujer natural no busca en absoluto la libertad; su felicidad, al contrario, consiste precisamente en sentirse atada”. “Se puede hablar de la deficiencia mental fisiológica de la mujer en dos sentidos”. Recurre a un proverbio: “Cabellos largos, cerebro corto”.

—No quiero saber más!!

—Calla, que es neurólogo, algo sabrá.

—“Una de las diferencias esenciales se encuentra ciertamente en el hecho de que el instinto desempeña un papel más importante en la mujer que en el hombre…Obrar por sentimiento, decir que algo es verdadero, a ciegas, como suele decirse, significa obrar a medias por instinto…   De modo que el instinto hace a la mujer semejante a las bestias, más dependiente, segura y alegre; él  le da esa fuerza singular y la hace aparecer verdaderamente admirable y atractiva”.

— De aquí a la  zoofilia?

—Jesús, Jesús!

— Sigo: “Muchas de las características femeniles dependen de  esta semejanza con la bestia.”

—La puerta de salida, por favor?

— Él era implacable, yo también, sigo, no hay puerta abierta: “Las exaltadas locas modernas paren mal y son pésimas madres”.

—Se refería a los movimientos feministas que iban apareciendo; a escritoras, pintoras, intelectuales y físicas que iban apareciendo. Y no lo podía tolerar, y no estaba sólo en esto. Sigo: “Yo creo que el punto más importante para los médicos es que ellos se formen un claro concepto del cerebro o del estado mental de la mujer, y que comprendan bien el significado y el valor de su deficiencia mental”. “También la ley debe tener en cuenta la deficiencia mental fisiológica de la mujer. Nuestras leyes están hechas solamente para hombres…” por hombres añado yo. Los hombres han vivido respecto a las mujeres, como en un club de solteros. Y aquí aflora el inbecillitas sexus romano, otra vez.

—Esto no enlazará con la histeria de las mujeres, en Freud? Es la misma época.

—“Debilidad mental  dice ya algo muy cercano a deficiencia mental,  pero no contiene el concepto de hecho originario, de ley general”.  45

—O sea, la mujer NACE deficiente mental, como la mona nace sin capacidad para articular el sonido: no puede hablar aunque quiera.

—“Si se toman medidas entre un gran número de varones, se llegará a la conclusión de que todos aquellos cuyas facultades mentales sobrepasan el término medio, tienen una cabeza relativamente voluminosa, 57 centímetros de circunferencia y acaso más”.

—Yo soy hembra y mido 56 centímetros de corona, es decir de cráneo. Teniendo en cuenta que sólo mido uno sesenta y dos de altura, me hace superior a LOS hombres que generalmente miden bastante más que yo.- dice la Actriz de Televisión.

—A ver si vas a ser hombre, y no te has dado cuenta todavía!

—A mí siempre me ha gustado la idea de ser los Beatles– dice el Actor de Televisión.

—Tú sólo, los Beatles?

—Sí, yo sólo, los cuatro Beatles, yo.

—Eso sí que no se me hubiera ocurrido nunca pensar a mí- dice la Actriz de Televisión.

—Claro, esperable. Con tus cincuenta y seis centímetros de diadema!

El Actor se arrodilla ante la Actriz de Televisión y le ofrece un florero que tiene dentro una ramo de calas, esas flores que siempre parecen artificiales, como hechas de cera fina. Parece todo un poco de circo; de verdad pero menos:

—La concepción de LA mujer por EL hombre, a lo largo de milenios, ha sido bastante deplorable.

—Circense.

—Interesada. Infantil.

—Sí.

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