ERA BONITA, LA NOCHEBUENA

Posted: 26th diciembre 2021 by Aurora in Crítica

La Catedrática Pelirroja nos había prometido un relato navideño de experiencia propia, de la época en que estas festividades tenían magia, o al menos, se procuraba que la tuvieran; sin mucha bullanga, hacia dentro, familiar y casero.

Con algo menos de diez años. Qué era la Navidad. Os lo digo:

Un Belén que me parecía enorme, en un ángulo de la habitación de estar todos juntos en casa, cada uno a lo suyo. Levantado del suelo, seguramente sobre bancos, cubiertos con tela de hule, en perspectiva: en primer plano, como a la altura de mi cintura, estaba un río de cristales cortados iguales, rectos: En las orillas había hierba recién cortada en el patio de la escuela, bien verde y fresca. Hombres pescando. Lavadoras lavando sobre sus cajas de madera y su tabla de lavar y su cesto de ropa; no se si ya limpia o todavía sucia.

El río terminaba en un estanque redondo de cristal azul donde mi madre colocaba el queso cubierto con su tapa de cristal azul, a juego con el plato.

– O sea, era la quesera.

– Era la quesera, a mí me parecía enorme. Campos de labor. Era diciembre y, lógicamente el trigo estaba segado y la tierra cubierta de paja. Qué hay en un campo de paja? Hay ovejas pastando, con sus pastores. De allí salía un camino de arena y por la arena iba un hombre con uno de aquellos corderos al cuello, como una bufanda, bien agarrado por la patas. Adónde iría? El camino iba bien derecho hacia alguna sitio del fondo.

A derecha e izquierda había molinos de aspas, todo de corcho; maravilla: soplabas sobre las aspas y giraban. Casitas de labradores, cada vez más lejos; pastores o labradores atizando una hogueras en la que hervía la comida en un puchero de barro. Gente por allí, pastores con corderos a la espalda. Unos niños, más pequeños que yo, eso era importante: eran más pequeños!

Allá, lejos, en ultimo plano, pegando ya a la pared estaba el Portal, pero la sagrada familia pernoctaba fuera porque si no no se la hubiera visto.

Encima de la casa, cuadra, corral, lo que quieran decir que era, estaba el ángel con la linternita en la mano dando luz a la estrella del Portal. A la derecha, sobre cajas de cartón forradas de verde, había un segundo nivel por donde caminaban los camellos de los reyes camino del nacimiento. Además de todas las maravillas que suponían todo aquel mundo rural, rústico y fino a la vez, estaba, cada dos o tres días, la distancia que habían recorrido los Reyes Magos con sus porteadores. Se acercaban al portal a medida de que en el calendario las casillas en rojo se acercaban al seis de enero. Los reyes y sus regalos iban por el lado derecho, pegados a la pared, sobre sus montañas de cartón. Los rústicos a pie con los corderos en la espalda, iban por el camino de arena en el centro. Y andaban. O, adelantaban en el camino.

Eso era lo más importante para mí, que se movían. Yo no los veía, ese era el portento Quién me diría, andando el tiempo, que mi hermano mayor era el encargado de adelantar unos pasos, o centímetros a bestias y personas de barro, cuando los pequeños estábamos dormidos.

Ese es mi gran recuerdo de Navidad, junto con el olor de coliflor y besugo al horno, cena típica de Noche Buena.

Y, junto a ello, la alegría desusada de mi madre. La recuerdo diferente del resto del año, día por día. La recuerdo alegre, con una alegría desde dentro, no de cara solamente; casi saltarina, como un duende, un hada, un personaje de cuento. Se escondía detrás de las puertas para vernos felices sin ser vista. Lo intentaba. Mi padre, estaba por allí. A veces decía: «Estos chiquillos». Y eso er todo.

Con la noche de Reyes, ocurría igual. Los pequeños estábamos en la cama, pronto. Los mayores esperaban que nos durmiéramos para colocar los regalos en los zapatos primorosamente lustrados por mi padre. No sé cuánto tiempo llevaríamos dormidos cuando mi hermano mayor nos despertaba, nos decía !Han llegado los reyes! Para evitar nervios, nos llevaba los regalos él mismo a la cama, los extendía por la colcha. Yo recuerdo que los veía con un ojo cerrado todavía por el sueño. Veía mis juguetes pedidos en la carta con borrones que había escrito a los reyes, chupaba un caramelo y volvía a dormir. Pero sé, que mi madre estaba detrás de la puerta, observando, supongo que muy feliz. Supongo incluso que era ella la que no podía esperar hasta el día siguiente para ver la reacción nuestra. De mi padre no tengo recuerdo, no lo veo.

El recuerdo que queda, o lo que se deduce, la reflexión, no sé. La Navidad es un cuento para niños y para madres sobre todo. Ah, sí, un ligero regusto a turrón duro de almendra en la boca que se reproduce cada año. Navidad, dulce navidad, canciones infantiles, relatos infantiles, regalos esperados durante meses alimentados por la insistencia de si eres bueno o buena te los traerán; regusto a turrón y a que conviene ser obediente. La figura del padre, figura siempre grande y seria del padre como pensando siempre en cosas serias de verdad.

Lo demás, lo que llamaban Religión, con el tiempo queda como algo que ni de niños ni de mayores era algo que entendían. Ellos.

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  1. Ricardo Luis González dice:

    Pues sí Aurora,
    los recuerdos infantiles de la Navidad, son algo que nos traen una dulce melancolía.
    A veces se crispaban los nervios en la cena de Nochebuena, pero la llegada de los Reyes resolvía siempre todos.
    A veces, como hermano mayor, me tocó hacer de Rey Mago, comprar y colocar los juguetes para mis hermanos menores, pero lo que más recuerdo era la noche en la que había que ir pronto a la cama, para evitar problemas de interferencias con Sus Majestades, y el frío lleno de ilusión al abrir el balcón por la mañana…..
    … pero en los villancicos que cantábamos ante el Portal, había un entendimiento de que Alguien había llegado a traernos algo de felicidad.

  2. Alfonso dice:

    La Navidad siempre es volver a nacer. Ilusión, Alegría, Esperanza, Fe, Amor en definitiva. Nace el Amor y así hemos de vivirla, pero no solo de niños. Siempre. Si no, no es Navidad. Besicos … ¡Y Feliz Navidad!